La elección

Vaya por delante que entendí la renuncia de Benedicto XVI como un síntoma de normalidad y de modernidad en la Iglesia católica. Que un hombre de casi 86 años quiera dejar sus responsabilidades, retirarse de los focos y acabar sus días alejado del mundanal ruido no sólo es comprensible y lógico, sino que es absolutamente razonable. Por eso, lo que más me ha sorprendido no es la decisión de Ratzinger, por muy histórica que sea, sino las extrañas interpretaciones que algunos han hecho de la misma.

Y digo extrañas porque el Papa alemán expuso con justeza y por escrito la razón que le ha llevado a tomar esta insólita decisión: “He llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio pretino”. El Papa no renunció por su avanzada edad. Renunció porque no se veía con capacidad suficiente para ejercer “adecuadamente” el cargo para el que fue elegido hace ocho años.
Pope Benedict XVI waves to the faithful as he arrives in St Peter's Square to hold his last general audience at the Vatican

La misión es doble: “gobernar la barca” y “anunciar el Evangelio”. Para el anuncio quizá baste con la palabra y con la oración. Pero gobernar significa mandar, decidir, enfrentar los problemas, resolver. Ninguna institución, tampoco la Iglesia, puede permitirse en el mundo de hoy, “sujeto a rápidas transformaciones”, el lujo de tener al frente a una persona inactiva, estancada. Como dice el propio Papa, el ejercicio del poder requiere “vigor tanto del cuerpo como del espíritu”. Requiere reflejos, cintura para adaptarse a los cambios, facultades para comprender y controlar situaciones complejas (no se olvide que la palabra ‘obispo’ viene del griego ‘epíscopo’, que significa el que vigila). Requiere, en definitiva, juventud o, al menos, una madurez activa.

Y aquí es donde creo que Ratzinger ha mandado un claro mensaje a los cardenales que tienen que elegir a su sucesor. El cónclave debe encontrar para la sede de Pedro a un hombre fuerte, capaz de llevar las riendas de una multinacional tan compleja como la Iglesia católica. Hasta Ratzinger, ningún romano pontífice había renunciado en 600 años. La elección del polaco Wojtyla rompió una tradición de papas italianos que duraba casi 500 años. ¿Vendrá la fumata blanca a recuperar las buenas costumbres?

Luis Sala

Sobre la incompetencia

En su célebre ensayo sobre la incompetencia militar (‘On The Psychology of Military Incompetence’), el doctor Norman Dixon expone una serie de aspectos que aparecen con sospechosa regularidad en la gestión de los grandes desastres militares de la historia. Son los 14 puntos de Dixon (se ve que los decálogos aún no estaban de moda en 1976):

– Un grave desperdicio de recursos humanos y el incumplimiento de uno de los primeros principios de la guerra: la economía de fuerzas.

– Un conservadurismo fundamental (aferrarse a tradiciones anquilosadas e incapacidad para sacar partido de la experiencia).

– Una tendencia a rechazar o ignorar informaciones que sean indigestas o que choquen contra prejuicios.

– Tendencia a subestimar al enemigo y a sobreestimar el potencial propio.

080313_dixon– Falta de decisión y tendencia a abdicar de la obligación de tomar decisiones.

– Una obstinada persistencia en llevar a cabo una determinada tarea, a pesar de la presencia de pruebas decisivas en sentido contrario.

– Desaprovechamiento de las posibilidades ofrecidas por una situación ventajosa.

– Falta de reconocimiento adecuado.

– Predilección por los ataques frontales, a menudo dirigidos contra el punto más fuerte del enemigo.

– Fe en la fuerza bruta.

– Falta de utilización de técnicas como la sorpresa.

– Indebida predisposición a encontrar víctimas propiciatorias para los reveses militares.

– Supresión o distorsión de las noticias del frente, justificada generalmente por la necesidad de conservar la moral o la seguridad.

– Creencia en fuerzas míticas, como el destino o la mala suerte.

Si hacemos el ejercicio de despojar al listado de sus connotaciones bélicas (algo tan simple como sustituir enemigo por competidor, militar por comercial o frente por mercado), obtendremos un valioso manual para evitar las conductas que llevan al desastre en nuestras organizaciones. Un manual para aquellos que ejercen el liderazgo al más alto nivel y que, en lo que a comunicación se refiere, menciona dos cuestiones de rabiosa actualidad: la tendencia a distorsionar o suprimir las malas noticias y la tendencia a rechazar o ignorar informaciones que choquen con nuestros prejuicios. La lección es sencilla: el camino hacia el desastre está empedrado de informaciones valiosas que, al margen de toda lógica, preferimos dejar de lado para seguir haciendo “lo que siempre se ha hecho”.

Luis Sala

Las 10 preguntas mágicas en comunicación de crisis

Comentaba en mi anterior post que enfrentarse a una crisis de comunicación es como subirse a una montaña rusa o cabalgar sobre un tigre desbocado: las emociones son fuertes y especialmente intensas. Como la mayoría de crisis se presentan sin previo aviso, la tendencia inicial es dejarse arrastrar por la vorágine del momento sin pararse a reflexionar antes de actuar.

En este sentido, resulta crucial dedicar un mínimo tiempo a reflexionar sobre la naturaleza de a lo que nos enfrentamos, su alcance e implicaciones, nuestras capacidades y recursos y, lo que es más importante, filosofía y mentalidad corporativas ante este tipo de situaciones. Y es aquí cuando se plantea el primer dilema. ¿Qué es realmente una crisis? ¿Puede ser catalogado de crisis lo que le está pasando a mi empresa/organización?

A continuación, planteo una de las definiciones de crisis que más precisa y convincente me parece: “Toda situación que puede atraer la atención de los medios de comunicación, de las autoridades o del público en general, y que implique un riesgo potencial para la reputación de la empresa”.

Los especialistas hablan de más de 200 tipos de crisis: sanitarias y de salud, provocadas por acontecimientos políticos y conflictos sociales, fenómenos naturales, accidentes, eventos de origen criminal, asuntos legales, de tipo económico, retirada de productos, ataques informáticos, etc.

Para mí, y ya hablo a título personal, hay dos grandes categorías: sin víctimas mortales (afortunadamente la gran mayoría) y con víctimas mortales (cruzad los dedos para que no os toque ninguna).

Y ahora sí, aquí van las diez preguntas que debemos plantearnos antes de afrontar una crisis, y que yo doy en llamar mágicas por ser las mejores aliadas de nuestra salud:

1. ¿Qué representa una crisis para nuestra compañía? Hay que diferenciar entre crisis, emergencia e incidente.
2. ¿Conocemos las vulnerabilidades de nuestra empresa?
3. ¿Somos capaces de reaccionar inmediatamente?
4. ¿Disponemos de un manual actualizado de crisis en donde estén definidos los escenarios, mensajes y acciones a emprender para adaptarlos a las situaciones específicas de una crisis?
5. ¿Enfoca la empresa la crisis conforme al principio de responsabilidad o de culpa?
6. ¿Tiene la empresa capacidad para definir de forma eficiente quiénes son los principales perjudicados en una crisis?
7. ¿Se ha designado un portavoz? ¿Ha sido debidamente entrenado? ¿Es el adecuado para liderar/gestionar la crisis de forma proactiva? ¿Protege a la empresa o a sí mismo?
8. ¿Contamos con los recursos (humanos, técnicos y económicos) necesarios para afrontarla con mínimas garantías?
9. ¿Está concienciada la dirección de la compañía para asumir y aceptar el criticismo inherente a la gestión de toda crisis (por muy bien que se haga)?
10. ¿Está preparada nuestra empresa para aprender de crisis pasadas? ¿Se ha institucionalizado un proceso de aprendizaje?

Si cuando os sobrevenga una crisis tenéis respuesta definida para cada una de ellas, vuestra tensión os lo agradecerá. Por contra, cuantas más dejéis en blanco o contestéis con un rotundo “No” más riesgo correréis de sufrir algo más que un simple mareo.

Joaquín Rodríguez Villar

¿Cómo era una crisis?

Nadie duda hoy de que atravesamos una época convulsa marcada por la incertidumbre que genera la constante evolución tecnológica. Parece que la única certidumbre que nos queda es ese adagio clásico de que el cambio es lo único permanente.

En el ámbito de la comunicación corporativa, estos tiempos excepcionales generan constantes amenazas que implican un riesgo potencial para la reputación de las empresas. Una prestigiosa encuesta internacional informa de que un altísimo porcentaje de los Dircoms de todo el mundo considera que, en los últimos años, sus compañías han experimentado alguna amenaza a su reputación (http://www.webershandwick.com/resources/ws/Rising_CCO_IV.pdf).Esto les ha llevado a considerar que la experiencia en gestión de crisis es un requisito fundamental para el éxito de sus firmas.

Disciplina apasionante donde las haya, la comunicación de crisis constituye un ente propio dentro del amplio universo de la comunicación. Lejos de cualquier ánimo enciclopédico, a lo largo de las próximas semanas –y en sucesivos posts– me dedicaré a abordar esta tipología comunicativa desde una óptica empresarial, ofreciendo una serie de pautas y recomendaciones prácticas para superar con unas mínimas garantías de éxito este tipo de situaciones.

Pero, para ir abriendo boca, nada mejor que recordar cómo era una crisis. Para aquellos afortunados que nunca habéis vivido una crisis, u os queda tan lejana que ni la recordáis (en cuyo caso probablemente no pudiera catalogarse como tal), permitidme que os abra los ojos con la siguiente diapositiva.
Panico

Lo que veis es una descripción muy fidedigna de los distintos estadios por los que, invariablemente, atraviesa cualquier persona que se enfrenta a una situación de crisis.

Las crisis son muy traicioneras, porque casi siempre nos suelen pillar de sorpresa. Sentimos que nos falta información; los acontecimientos se suceden sin que parezca que podamos controlarlos; y todo ello al tiempo que sentimos que todo el mundo está pendiente de nosotros; lo que indefectiblemente genera una mentalidad de asedio; que finalmente conduce a esa horrible sensación que tanto desequilibra: el pánico.

Si el escenario que acabo de describir no parece lo suficientemente acongojante, o el lector es un tipo curtido en mil batallas al que nada asusta, quizá la siguiente diapositiva resulte más esclarecedora.
Reacciones

Porque, ¿acaso hay alguien al que alguna de estas reacciones no le resulte aterradora? ¿Y qué tal la combinación de varias de ellas?, puesto que rarísima vez se dan en solitario. ¿O todas a la vez?, algo muy común en buena parte de las crisis, especialmente en las de cierta envergadura.

No es de extrañar que con este panorama, y ante la posibilidad de encarar una nueva crisis, el mismísimo Henry Kissinger, exsecretario de Estado EE.UU., dijera una de sus frases más lapidarias: “No podemos tener una crisis la próxima semana. Mi agenda ya está completa”.

Y es que el problema de las crisis, como muy bien ha señalado el gran experto en la materia, el profesor Patrick Lagadec –de la Ecole Polytechnique de París– es que pueden ser cualquier cosa menos rutinarias.

Joaquín Rodríguez Villar

Álvaro Nieto: “La situación del periodismo es dramática”

El subdirector de la revista ‘Tiempo’, Álvaro Nieto, ha participado en la IX edición del Observatorio Proa de la Comunicación. Nieto ha destacado que “la situación del periodismo en España es dramática”. Desde noviembre de 2008 hasta hoy, un tercio de los periodistas han sido despedidos: 10.000 de los 30.000 periodistas que trabajaban en medios de comunicación. “Y licenciados en Periodismo hay 75.000”.

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Según Nieto, “ningún periódico español de información generalista gana dinero. Y de las radios, sólo ‘Onda Cero’ logra beneficios. Ya no se compran periódicos como antes, por la crisis e internet. Y la publicidad ha bajado hasta límites insospechados. Antena3 y Tele5 sí van bien, porque se reparten casi toda la publicidad en televisión. En ‘Tiempo’, llevamos cinco semanas seguidas con sólo dos páginas de publicidad, algo que nunca había ocurrido. También hay mucha dependencia de los pocos anunciantes que quedan; y eso te ata las manos”. Respecto a otros medios más específicos como las revistas del corazón, “sí se venden muy bien; son una máquina de hacer dinero”.

Además, “las empresas están despidiendo a los periodistas veteranos, y se están quedando con los que tienen sueldos más bajos. Ya no hay trasvase de conocimientos y de experiencia, porque las redacciones se están quedando sin periodistas senior. Y como no hay dinero, los enviados especiales se reducen al máximo. Vamos hacia un periodismo low cost. Pero los medios de comunicación son negocios con una gestión muy mejorable. No tiene sentido que periódicos líderes como ‘El País’ estén haciendo un ERE”.

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Respecto a las ediciones online de los periódicos, Nieto opina que, antes o después, los medios tendrán que aplicar algún tipo de “cerrojazo”; de lo contrario, “la situación no va a ser sostenible. El desafío es crear un modelo de negocio sostenible, que permita la existencia de un periodismo tradicional en internet. Porque los medios en internet no se consume del mismo modo que en papel. En cualquier caso, sin prensa escrita, una democracia”.

En este difícil contexto, Nieto opina que los casos de corrupción están dando oxígeno a los medios: “Bárcenas y Urdangarín ayudan a vender periódicos”. Sin embargo, “ha habido una gran parte de la prensa que ha estado muy cerca de los políticos; y eso ha generado un periodismo demasiado sectario”.

Por todo ello, Nieto considera que las agencias de comunicación deben ofrecer a los periodistas “materiales muy bien organizados y redactados, pues ahora, los destinatarios son más junior y tienen menos tiempo, dado que las redacciones están bajo mínimos. Si no se hace así, puede salir publicada cualquier cosa”.

Observatorio Proa de la Comunicación es un foro para analizar nuevas tendencias en el ámbito de la comunicación corporativa. El Observatorio nace con la vocación de ser un laboratorio de ideas donde se fomente un diálogo genuino para debatir temas como: la reputación corporativa, la marca y los asuntos públicos como elementos importantes para la mejora empresarial.

Asunción Velasco, de PwC: “Estamos potenciando la figura de los embajadores digitales de marca”

La responsable de comunicación 02128 cash advance interna de PricewaterhouseCoopers (PwC), Asunción Velasco, ha señalado en la octava edición del Observatorio Proa de la Comunicación: “Queremos que todos los empleados de PwC sean embajadores de nuestra marca”. Concretamente, cuentan ya con unos 130 embajadores digitales de la consultora. “Son gente joven, dispuesta a ayudarnos a difundir nuestros mensajes en las redes sociales”.

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Según Velasco, “tenemos que estar donde está todo el mundo, con el lenguaje de la calle. Nuestros embajadores digitales hacen que ganemos en visibilidad y en reputación de marca, algo que consideramos muy importante. El mundo digital es el futuro, y tener presencia en él tiene un retorno indirecto en nuestro negocio. Es positivo para reclutar gente joven y ganar en notoriedad. Queremos ser líderes de pensamiento y líderes de contenidos”.

Entre otros instrumentos, PwC cuenta con siete blogs que llevan desde el área de comunicación. “El departamento lo formamos 17 personas, de los cuales tres nos dedicamos a la comunicación interna. Los de comunicación interna y externa trabajamos muy alineados, más unidos que nunca. Nuestra misión es que todos nuestros profesionales conozcan la estrategia de la firma a nivel internacional; y que todos seamos embajadores de nuestra marca. Cualquier empleado de PwC, aunque lleve poco tiempo con nosotros, nos representa con su lenguaje, con su vestimenta. Por eso es tan importante la formación”.

Para lograrlo, cada uno de los 4.000 empleados de PricewaterhouseCoopers en España recibe información personalizada a través de una newsletter y de la intranet. E información corporativa a través de grandes pantallas de televisión y de una “mini agencia de noticias”, que forma parte del departamento de comunicación.

El sitio web de PwC cuenta con una sala de prensa multimedia. “Todas las semanas publicamos un informe sobre los temas más actuales, con infograma incluido y un lenguaje muy directo”, señala Velasco, que hace años trabajó en el diario económico Expansión. “En nuestro departamento, también hay tres personas que se dedican a hacer más fácilmente entendibles nuestras propuestas, con un lenguaje más sencillo y una mejor redacción. Así convertimos documentos muy extensos en textos breves y fáciles de leer por parte de nuestros clientes”.

Asunción Velasco aseguró que la comunicación en PwC es bidireccional. “Cada dos meses, preguntamos a los responsables de equipo cómo está la gente, en qué podemos mejorar. Y cada año, realizamos una encuesta de opinión, la Global People Survey”.

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También subrayó que PwC quiere ser diferente a las otras tres grandes consultoras del mercado, “porque lo hacemos mejor, no porque criticamos a la competencia”.

Observatorio Proa de la Comunicación es un foro para analizar nuevas tendencias en el ámbito de la comunicación corporativa. El Observatorio nace con la vocación de ser un laboratorio de ideas donde se fomente un diálogo genuino para debatir temas como la reputación corporativa, la marca y los asuntos públicos como elementos importantes para la mejora empresarial.

“Conversaciones con…”

Bajo este título, la Universidad de Navarra (UNAV) ha creado una página web donde se recogen las opiniones de conocidos periodistas que realizaron sus estudios en la Facultad de Comunicación de esta institución académica.

La UNAV ha sido una universidad pionera en España en el ámbito del periodismo. Desde sus inicios supo ver la necesidad de una profesión que en sus orígenes era considerada como un oficio.

Por sus aulas han pasado multitud de alumnos que recibieron una de las mejores formaciones posibles en esta disciplina, y de las que han salido numerosos y conocidos periodistas que hoy vuelven a la UNAV para dar su punto de vista sobre la complicada situación del periodismo y su futuro.

En palabras de Iñaki Gabilondo, quien a lo largo de su dilatada carrera ha vivido en primera persona la transformación del periodismo, la esencia del periodista es la misma. “No tenemos un gen añadido, ni un cromosoma… solo somos administradores de un bien colectivo: el derecho de la gente a la información. Lo tiene que hacer alguien y lo hacemos nosotros”.

David Córdova en la séptima edición del “Observatorio Proa de la Comunicación”

El pasado viernes 14 de diciembre, se celebró la séptima edición del “Observatorio Proa de la Comunicación”. En esta ocasión, el ponente invitado fue David Córdova, artífice e impulsor del concepto de la normalización del lobby en España. Córdova es socio-fundador de Vinces, firma especializada en asuntos públicos, regulatorios y de gobierno. Asesora a asociaciones empresariales y compañías del sector turístico, sanitario, alimentario, tecnológico  y energético, entre otros. También es director del Programa Superior de “Lobby & Advocacy: gestión de intereses públicos y privados” del Instituto de Empresa Business School y ha trabajado como asesor en la Commission on Government Reform del Congreso de EEUU.

La ponencia comenzó con una breve reflexión sobre la desconfianza reinante en Occidente. Desconfianza hacia el sector público y los gobernantes, que provoca una desestructuración de la sociedad, la cual no se encuentra representada, y no participa  en los procesos legislativos. Según Córdova, el problema de esta desafección, es que la participación es beneficiosa para todos, sea constructiva colaborando en la redacción de leyes, o como forma de presión al poder legislativo para tratar de parar una ley o un determinado aspecto, que consideren negativo para sus intereses.

El lobby debe hacerse de forma transparente y debe regirse por el principio de igualdad, recalcó el ponente. Una igualdad que debe facilitar que todas las empresas se presenten a los procesos públicos abiertos y participen de forma activa en la legislación sobre sus áreas de trabajo, expuso Córdova.

Hasta ahora, la forma habitual de llegar al legislador era a través de contactos, que generaban un primer acercamiento a la figura del político. Poco a poco esta idea está pasando a un segundo plano, ya que si se quiere participar en la redacción de la legislación, debe hacerse con profesionales, destacó Córdova. Profesionales que sepan cuáles son los principales intereses y que tengan claro los aspectos que se van a poder tratar con el interlocutor y cuáles no.

Otra forma de influir en el legislador para captar la atención y generar una presión que suponga un incremento en las posibilidades de ser escuchado, es utilizar los medios de comunicación como foro de diálogo entre los stakeholders. Para el socio de Vinces, es el lugar idóneo para exponer el punto de vista y la opinión sobre aquellos temas que afectan directamente.

Observatorio Proa de la Comunicación es un foro de discusión para analizar nuevas tendencias en el ámbito de la comunicación corporativa. El Observatorio Proa nace con la vocación de ser un laboratorio de ideas donde se fomente un dialogo genuino para debatir temas como: la reputación corporativa, la marca y los asuntos públicos como elementos clave en la mejora empresarial.

La socia fundadora de PROA Comunicación, Lucía Casanueva, participa en el IV Foro sobre “El futuro de la biotecnología, medios y opinión pública”

El pasado 4 de diciembre, Lucía Casanueva, socia fundadora de Proa Comunicación ha participado en la cuarta edición del foro “El futuro de la biotecnología, medios y opinión pública” que ha tenido lugar en Áliter.

En su intervención, Lucía Casanueva ha explicado la creciente importancia de la comunicación en la empresa y ha expuesto su opinión sobre el reto que supone la comunicación de la “marca España”. En su exposición ha analizado las consecuencias de la mala imagen de España, los problemas a los que nos enfrentamos y las medidas que se están tomando para que la reconstrucción de la marca España-empresa España retome una reputación sólida.

En el foro también han participado Rogelio Pardo, de Biocluster Spain, Irene Tato, Directora General de SC-Salud y Comunicación y Rafael Camacho, exDirector de Genoma España entre otros.

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“El esquema de influencia ha cambiado por la crisis de confianza” según Juan Cardona

El pasado lunes 19 de noviembre tuvo lugar la sexta edición del “Observatorio Proa de la Comunicación”. En esta ocasión acudió Juan Cardona, director de Operaciones de Corporate Excellence-Centre for Reputation Leadership. Cardona es miembro del Consejo Estatal de la Responsabilidad Social Empresarial (CERSE) y forma parte del Consejo Asesor del Foro Inserta Responsable. Anteriormente fue director del Foro de Reputación Corporativa y jefe del Departamento de Responsabilidad y Reputación Corporativa de Ferrovial.

El ponente inició su charla destacando la importancia que ha tenido la aparición de internet y las nuevas tecnologías. Todo esto, apuntó Cardona,  supone una revolución que ha traído un mayor flujo de información, una mayor conectividad y el aumento de posibilidades a la hora de compartir la información entre personas. Según sus propias palabras, “hemos vuelto a la comunicación de persona a persona”.

El esquema de influencia ha cambiado, expuso el ponente, sobre todo por la crisis de confianza en todos los ámbitos de la sociedad. En su opinión, la comunicación corporativa no vale de nada a efectos de credibilidad y para recuperar dicha confianza hay que encontrar a aquellas personas que la generen como pueden ser los empleados de la propia empresa y la gente de a pie.

En este punto, Juan Cardona quiso destacar la importancia del empleado como altavoz de la situación de la empresa. En el caso de que uno hable mal, la reputación de la empresa y la credibilidad podrían hundirse al instante. Este ejemplo explicaría el auge de las redes sociales y la crisis de los medios tradicionales, que ya no convencen ni influyen como lo hacían antes. A su juicio, la comunicación se ha simplificado y ahora hay que hacerlo en 140 caracteres, lo que complica mucho la argumentación.

Todos estos cambios suponen un nuevo modelo de generación de contenidos, donde cabría destacar el auge del storytelling, una técnica de la comunicación en la que se trata de contar historias. La generación de estos relatos aportan más credibilidad y generan un mayor recuerdo en las personas.

Según Cardona tampoco quiso dejar de lado el por qué las empresas no arriesgan y rechazan todos estos cambios, ya que en su opinión se encuentran ancladas internamente en el inmovilismo, donde cada departamento se ocupa de lo suyo, sin generar una interconexión con los demás. Para entenderlo mejor, el directivo puso de ejemplo cómo el Dircom no debe centrarse exclusivamente en la relación con los medios, sino que debe tener contacto con todos los departamentos para tener el mayor conocimiento posible de lo que ocurre dentro de la empresa y evitar futuros problemas.

Siguiendo esta idea, Cardona expuso como ejemplo de buena gestión el caso de Mercadona. En su opinión ha generado un sistema de comunicación viral en el que ha incluido a sus trabajadores, lo que ha supuesto un éxito a la hora de crear una relación de confianza entre la empresa y el cliente, llegando incluso a ser estudiada por la Universidad de Harvard.