Así se crea un plan de ciberseguridad eficaz

Para poder disponer de un plan de ciberseguridad eficaz, primero hay que saber que bienes hay que proteger, sean de carácter material o inmaterial (edificios, ordenadores, programas, datos…), una vez conocido, hay que investigar las posibles vulnerabilidades para determinar los riesgos, es para prevenir, evitar o eliminar los mismos, para y por lo que se hace el plan.

En la primera mitad del pasado año 2017, muchos equipos informáticos de todo el mundo se vieron afectados por un programa dañino llamado “WannaCry”, que una vez ejecutado en los equipos codificaba los datos, de tal manera que impedían la ejecución normal de los programas. Y los usuarios se veían obligados a pagar en bitcoin en una dirección de la red oculta, una vez realizado el pago recibían la clave para descodificar los datos, y poder volver a la normalidad, si es que esa situación de abuso podía llamarse así. Cuando tanto particulares como empleados recibieron un correo simulando una empresa conocida y ejecutaron un programa adjunto iniciaron el proceso.

¿Por qué se vieron afectados tanto los particulares como las empresas? Porque el camino que siguieron hasta caer en el engaño era fácil y sencillo. Ya que en ambos casos habían recibido un correo que simulaba una empresa conocida en el mercado y ejecutaron un programa adjunto iniciando el proceso, volviéndose imparable. Cuando tanto particulares como empleados recibieron un correo simulando una empresa conocida y ejecutaron un programa adjunto iniciaron el proceso. ¿Se podría haber evitado la situación anterior?

Colaboración ¿intencionada?

Hoy en día sabemos que en el mundo hay muchas personas dedicadas a entender las vulnerabilidades de los sistemas operativos, ya sea para grandes corporaciones o para servicios de seguridad, incluso patrocinados por países, lo que podría facilitar a este colectivo, dado sus profundos conocimientos del tema les permitiría realizar ciberataques de carácter intrusivo sobre los equipos. Pero a esta especialización de la que acabamos de hablar hay que añadir lo importante que es la colaboración, intencionada o no, de personas que reciben o usan los email. Surgen algunas cuestiones adicionales ¿todos los empleados necesitan tener acceso a internet? ¿todo el mundo puede introducir o sacar datos pinchando un disco duro externo, (pendrive) o similar? ¿qué empleados pueden tener comunicaciones abiertas? ¿cuáles restringidas o ninguna? ¿son seguras las claves de acceso que se utiliza? Si tenemos equipos a nuestro cargo ¿aplicamos las políticas de seguridad que los fabricantes de software recomiendan? Se ha constatado y es suficientemente conocido que, aunque se conozca la vulnerabilidad, muchas empresas no aplican las políticas adecuadas.

Todo esto nos lleva a pensar sobre cuántos recursos, en tiempo y dinero, hay que dedicar a la ciberseguridad y hasta donde llegar. Cuestiones que todo el mundo tiene que responderse de una manera u otra. Por último, para evitar que la ciberseguridad sea tomada como una actividad que impide el desarrollo diario de cualquier negocio y vivirla como una aliada que permite trabajar de manera segura, aunque haya que seguir ciertos procesos y procedimientos, debemos tener una política de comunicación adecuada.

Vídeo resumen del Observatorio Proa Comunicación de Olga Cuenca

“El secreto del éxito es trabajo duro, formación continua y estar con otros, no encerrarte, negociar, compartir puntos de vista”, resumió Olga Cuenca, médico, fundadora y ex presidenta ejecutiva de Llorente y Cuenca, artista (Ty Trias es su heterónimo) y asesora en varias empresas, en el Observatorio Proa celebrado el lunes 21 de octubre. Lo dijo en respuesta a la pregunta de uno de los directivos que asistieron al evento, tras resumir su trayectoria profesional una vez presentada por Iñaki Ortega, director de Deusto Business School en Madrid, y Lucía Casanueva, socia directora de Proa Comunicación junto a Valvanuz Serna.

Repetición (y II): La cara B

¿Otro artículo sobre debates electorales en televisión? ¿Otro artículo más sobre los seis debates retransmitidos, dos de RTVE, dos de la Sexta, uno de TVE-3 y uno, el primero en celebrarse, de Barcelona Tribuna-La Vanguardia? Eso querría leerlo yo, dirá alguno, más que verlos (como dieta para una sola semana es de gravosa digestión).

Pero, ¿un artículo sobre esos debates televisivos después de las elecciones mismas, luego de una campaña electoral correosa y una noche electoral amarga para casi todos? Se corre un serio riesgo de que la atención se haya ido irremisiblemente a otro capítulo de la inacabable serie política, no menos dramática, pero forzosamente más sosegada, sólo sea por agotamiento. O bien que el gusto estragado por tanto análisis a posteriori no quiera saber más de candidatos y partidos durante algún tiempo.

Sin embargo, a beneficio de inventario, y con la ventaja de mirar atrás y en perspectiva a un objeto todavía cercano, aparece con más nitidez la impronta de varias lecciones prácticas, de algún pequeño progreso, de ciertas posibilidades dignas de explotarse. Ya hay periodistas, justo es decirlo, profesionales de la televisión, que han sacado conclusiones al respecto.

Una cuestión de formatos

Diría que si una cosa ha quedado patente es que el formato del debate ha de garantizar buena conducta, un comportamiento presentable, ya que no irreprochable, de parte de los políticos que intervienen. ¿Qué significa esto y cómo se consigue?

Estos espacios televisivos no funcionan como correccionales ni son guarderías de menores, pero tampoco pueden responder al modelo populista (por usar la palabra por una vez con propiedad) que induce al conflicto como forma de espectáculo inacabable, inextinguible, cual es el caso de buena parte de la programación de Tele 5 (donde pueden verse cosas como “Gran Hermano 7: el Debate”, no se olvide).

En realidad, el formato de debate se ve generalmente escindido, y así lo sienten los periodistas, entre el deseo de un intercambio dialéctico vivo y reñido, que puede lindar con la acritud y la demagogia, y la exigencia de rigor en lo que se dice. Y lo común es que una cosa vaya en detrimento de la otra. No perder la fe en que ambos extremos son compatibles y que los mejores debates se producen cuando se combinan los dos tiene que ser la clave guía.

Todo esto viene a cuento de lo observado esta semana: la contraposición entre debates supuestamente más “sueltos” que corrían, y caían, en el riesgo de degenerar, de volverse monotemáticos (sobre Cataluña) y maleducados, y debates en los que un formato más riguroso, más “vigilado” forzó a los participantes a no salirse de la calzada, a no acabar en la cuneta, a no pasarse al carril contrario y arrollar al que viene de frente respetando las normas. Este fue el caso del debate sólo de mujeres en La Sexta el jueves, 7 de noviembre, y en la mesa redonda posterior dirigida por Antonio García Ferreras, los periodistas fueron bien conscientes de esa ventaja.

La diferencia puede parecer superficial para un espectador no avezado, pero también puede ser considerable. Pongamos por caso el primer debate de TVE, donde la obsesión del moderador (y moderado) Xabier Fuertes por “favorecer el debate” y que fluyera espontáneamente se vio ensombrecida por momentos en los que no es que se entrecruzaran opiniones, sino que se superponían voces, anulando al orador en el uso legítimo de la palabra.

En estos casos, los de peores modos, los más reduccionistas y obsesivos se imponen a los más corteses, que parecen, sin más, apocados (véase la diferencia entre Cayetana Álvarez de Toledo e Inés Arrimadas frente a Irene Montero y Adriana Lastra en ese mismo debate de RTVE).

Aquí topamos con un problema grande en la vida pública española. A saber, lo de siempre: están por un lado las reglas y, por otro, la forma de hacer caso omiso de ellas. Si la manera habitual de conducirse se decanta más por romperlas que por respetarlas, el resultado final es que todo se degrada y los aprovechados hacen su agosto. Ergo, lo que se penaliza, al final, es respetar las reglas.

Por eso mismo, hay que garantizar la igualdad de oportunidades. De nada sirve darse pisto con la excelencia técnica de que el tiempo lo controlan árbitros deportivos profesionales (así se recalcó en el primer debate de RTVE y en el de la Sexta Noche conducido por Iñaki López) si no hay garantía de que se puede jugar limpio sin temor a embestidas antirreglamentarias del contrario.

No estaría de más, cabría añadir, y dicho sea con ironía, que los periodistas fueran los primeros en predicar con el ejemplo. Antes de embarrarse, el debate de La Sexta Noche pareció más civilizado precisamente por comparación con el que le había parecido, el habitual de los sábados noche, con sus enfrentamientos, muy poco edificantes, entre plumíferos de opuesto signo (más de exclamación que de admiración). Lo cual nos lleva a la melancólica interrogación de si no estará el espacio público más contaminado todavía por la mala sangre que corre en los medios que por la bilis de los profesionales de la política.

Efectos secundarios

Pero hay un efecto añadido que no cabe olvidar. Cuando los debates se concentran en las obsesiones de campaña, el resto (de las cuestiones, de los intereses, de los puntos programáticos) queda relegado de tal modo que sólo se cita impostadamente como recetario, como lista de la compra, como añadido. Los políticos han de aprender que cada cosa tiene su importancia, y los periodistas deben no sólo recordárselo, sino apremiarles a discutirla a su tiempo. Y eso es más fácil en un formato por bloques.

Se dirá que todos lo son, pero no es lo mismo un debate nominalmente temático que otro en el que el moderador obliga a ceñirse al tema e interroga con precisión.

Así se obliga (recalco esto) a centrarse en asuntos específicos, a ofrecer propuestas factibles. Valga un ejemplo, el de Ana Pastor (la periodista) preguntando por medidas precisas para combatir el cambio climático. Dado que Vox no parece creer en el fenómeno, Rocío Monasterio se puso en evidencia.

Saber estar y estar sin saber

Con la cautela como norma, pero no como límite, los candidatos han de saber con claridad qué quieren sacar de un debate y cómo lograrlo. ¿Comunicar directamente con sus electores, batir al adversario, ser protagonistas, para bien o para mal?

Ser protagonista del debate no significa ganarlo, signifique esto lo que signifique, sobre todo si se genera más rechazo que adhesión.

Este sigue siendo el problema de Cayetana Álvarez de Toledo, y no se resume en dar la impresión de ser aún más arrogante que agresiva. Se cifra, antes bien, en que su retórica es básicamente de oposición, más que propositiva, de aspirante al gobierno, como si estuviera en un debate a cara de perro en el Parlamento. Pero también es un problema de competencia. Si se ataca al PSOE no se puede hacer sólo con palabras gruesas, se han de respaldar estas con datos y nombres y fechas y casos.

Es llamativo que Iván Espinosa de los Monteros diera una impresión mucho más “profesional” por esa precisión a la hora de ofrecer datos y porcentajes (levantando gestualmente, ya es curioso, sólo la mano derecha). En general, los oradores de Vox se adaptaron a los diversos formatos para sacarles su mejor partido, no corrieron los riesgos de sus colegas de la derecha, y ensayaron otros comportamientos, de modo que aparecieron antes como ofendidos agraviados que como agresivos desaforados (salvo, tal vez, en el caso de Ortega Smith). Hablo de las formas, no del fondo.

No puedo dejar de citar el ejemplo más virtuoso en su forma de explicarse, de hacer tangibles las medidas de un programa, de aceptar culpas generales en lugar de echarlas sobre los demás, de perseguir una retórica constructiva y un objetivo de gobernabilidad (en nombre, oh paradoja, de un partido que sólo se presenta en tres provincias).

Es Aitor Esteban, del PNV. ¡Aitor for President, Esteban a La Moncloa! Habrá quien diga que es más por viejo que por diablo, que su preocupación es sólo la de la “agenda vasca”, pero su técnica de “compartir” con el espectador y mantener el tipo y las formas sin desdeñar alguna vez la contundencia (como en sus agarradas con los representantes de Vox), merece estudiarse con atención.

Ideología como retórica

Sería una broma afirmar que ha habido algo así como debate “ideológico” o verdadera confrontación de ideas, esa que suele reclamar ejemplarmente Ignacio Urquizu. Pero la retórica “ideológica”, aunque sea de modo conceptualmente extraviado, no podía estar ausente.

Es hasta sintomático que la palabra que brillara por su ausencia, la favorita de estos últimos años, fuese “populista”, y en cambio haya regresado con vigor el término “comunista”. Acaso sea así porque de haber menudeado “populista”, se habría tenido que emplear para referirse a Vox.

Ya nos referimos a la variedad conservadora angloamericana de algunas fórmulas de Vox. Súmese a ello que Monasterio parafraseó la célebre alocución de Margaret Thatcher en su entrada en Downing Street en 1979, basada en una plegaria de San Francisco de Asís.

Hombres y mujeres

La insistencia en la necesaria paridad en la composición de las listas electorales, la búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres de modo que estas no puedan estar ausentes de ningún espacio político hizo que, por defecto, el debate principal, el del lunes, 4 de noviembre en la Academia de la Televisión, pareciera de partida, intolerablemente masculino. Es indicio a la vez de progreso, porque no podemos dejar de sentirlo así, y de regresión

La foto de los cinco hombres, más jóvenes que viejos (según las convenciones hoy en boga), muñequitos de traje, de chaqueta sin corbata o corbata sin chaqueta, bien plantados y agresivos, bordeaba lo estremecedor o lo ridículo, como ese Equipo “E”, debidamente caricaturizado en la Red por el “deepfake” de Face to Fake (https://www.youtube.com/watch?v=dj5M4s-cdAw).

Y es que se sumó, por cierto, un efecto “estético” contraproducente. Todos los lideres tienen menos de cincuenta años, no hay candidatos calvos, barrigones o provectos. Tienen todos buena facha y todos resultan, vistos en conjunto, más amenazantes que empáticos. No son ninguna “manada”, claro, pero piensen en un debate en el que los participantes fueran, es un suponer, Rajoy, Iceta, Girauta, Lllamazares y Vidal Quadras. Nos habría parecido también insoportablemente masculino, pero acaso no tan tóxico.

De ahí que la iniciativa de La Sexta, de contrarrestar, ya que no contraprogramar, con un debate sólo de mujeres resultase tan acertada, tanto más cuando resultó el debate más ordenado y límpido.

Se trata de algo que tienen que arreglar la sociedad y la política, algo para lo que la televisión no tiene remedio, sólo alivio. Pero mientras siga habiendo, por defecto, debates sólo de hombres, habrá que compensarlos con debates sólo de mujeres, aunque ambas cosas resulten, al fin y a la postre, raras.

Comprobar, contrastar, desmentir

Si creemos, además, que la última palabra es la del votante, es imprescindible que la de los políticos sea sometida a examen por una instancia fiable, también después de los debates electorales. Es buena noticia que se haya convertido en corolario del debate la labor de comprobar, contrastar y desmentir las afirmaciones, falacias o hipérboles con lo que se conoce como “fact-checking”. Iniciativas como https://maldita.es/ o Newtral – Periodismo, fact-cheking, tecnología y datos no pueden ser más bienvenidas.

Sólo que, así como hay ya un Defensor del Espectador en muchas cadenas, estos departamentos deberían existir en todas, empezando por aquellas de titularidad pública.

Y por último….

¿A qué género pertenece los debates televisivos? En ningún lugar está escrito que tengan que ser amenos y, mucho menos, divertidos (aunque conviene atenderlos con un descomunal sentido del humor). A diferencia de su prima hermana, la noche electoral, más dinámica y emocionante (si bien más frustrante en potencia), las demandas que se hacen al debate electoral no siempre se condicen con lo que el medio televisivo pide.

Pero no hay que resignarse a que todo sea tierra quemada. Se puede sembrar esperando que algo crezca. Puesto que los debates son necesarios, deben ser claros e instructivos, deben ser educados e instruidos por parte de los oradores en liza. No perdamos de vista que se han vuelto más frecuentes, más plurales y quizás más rigurosos. Son mejorables, dicho sea no como expresión de buenos deseos sino como posibilidad ya realizable técnica, periodística y políticamente. Y quien no (los) mejore quedará en evidencia.

Artículo relacionado: Repetición (I): La cara A

Pablo Carbajosa

Responsable del Área de Oratoria de Proa Comunicación

¿Creces o te entretienes?

Uno de los mayores problemas del mercado de servicios de formación y coaching en habilidades directivas es que fácilmente confundimos el entretenimiento con crecimiento. No sólo los clientes, sino incluso los propios formadores confunden el arte de crecer como persona y como líder con la enorme diversión de jugar a los tests de personalidad. ¿Y tú? ¿creces o te entretienes?

Veamos algunos ejemplos de entretenimiento. El primero y más típico es el conferenciante. Un comité de dirección quiere hacer teambuilding sin que le toquen mucho las ampollas. Hablamos de hombres y mujeres que viven y trabajan a la defensiva desde hace años para escaquearse de los marrones que no pueden resolver y maximizar los resultados de su trabajo. Son escépticos a todo lo que no se exprese con números, digamos.

Recursos Humanos contrata a un conferenciante estupendo que cuenta exactamente el mismo rollo en todos los sitios a los que va. Es un rollo bonito, intelectualmente estimulante, sazonado con la dosis justa de experimentos de neurociencia y estudios de Harvard, y lo cuenta con gracia y voz de locutor de radio. Muy bien. Los directivos escuchan embelesados un montón de verdades que no dejan de ser puro sentido común, y si se aburren consultan emails en su teléfono o envían whatsapps durante la conferencia.

No importa realmente si atienden o no al rollo del conferenciante. Al conferenciante le encanta escuchar su propia voz. Nadie les pone en el aprieto de responder a una pregunta personal, y como mucho les piden debatir sobre una tercera persona o un “caso de negocio”, de modo que no arriesgan nada y pueden ofrecer opiniones alegremente sin consecuencias. Luego se pegan una cena opulenta, se abrazan y se dicen algunas cosas bonitas después de unos vinos, y todos a casa. En realidad no ha cambiado nada en este equipo. Siguen hablándose con palabros estratégicos para evitar entrar en el histórico de problemas y malos rollos que se mueve cual fantasma sobre el techo de la sala de juntas. Pero han cumplido con la tarea de formación en habilidades y pueden quitar este deber de su lista de tareas.

Otro ejemplo de entretenimiento son las decenas de encuestas con licencia de uso al estilo americano, en las que el directivo responde a 200 preguntas para que le envíen un informe chulísimo lleno de colores y gráficos en el que le dicen que es un tipo determinado de persona, o un perfil de jugador, u otras versiones intelectualizadas y sofisticadas de lo que viene a ser un test de personalidad como los de las revistas femeninas de toda la vida.

Vaya sacrilegio acabo de decir. ¡Con las décadas de investigación académica que justifican los cuantiosos precios de las licencias a pagar cada vez que un ejecutivo rellena esta encuesta! Es muy entretenido porque está lleno de datos, colores y gráficos. Pero no cambia el comportamiento. Como mucho nos señala alguna tendencia que deberíamos pensar en cambiar. Cómo cambiarlo ya no saben cómo decirnos.

Y bueno, en los últimos diez años todo el mundo se ha hecho experto en neurociencia y nos puede llegar a montar un circuito de preguntas, ejercicios y diversiones intelectuales de lo más sofisticado apoyado en conclusiones de estudios que siguen siendo incapaces de explicar los misterios de la mente humana. Más entretenimiento.

No estoy diciendo que no sea de mucha calidad, y no dudo de que es divertido y se pasa un buen rato haciendo estas actividades de formación. Lo que digo es que el entretenimiento no es crecimiento. Y sin crecimiento, no hay un cambio de comportamiento real ni duradero.

Un cliente hace poco me dijo que la primera vez que lo había llevado a él y a su equipo a la montaña y les había pedido que hablasen sobre lo que ocurría en sus reuniones se habían sentido prácticamente violados. Es un cliente muy bromista y exagera totalmente con la expresión, pero está apuntando a una sensación muy incómoda que uno no tiene cuando está jugando al entretenimiento.

El crecimiento es un cambio irreversible de la percepción. Un cambio a más, de modo que uno empieza a ver cosas que antes no veía. Y una vez que las ve, ya no puede dejar de verlas. Y sólo por verlas, empiezan a cambiar cosas en su forma de comportarse. En el caso de este cliente yo les había señalado que la dinámica de interacción del equipo era llamativamente agresiva. Con bromas, ironías y dobles sentidos volaban puñales entre ellos. Pero ellos no se daban cuenta porque lo hacían desde siempre.

Cuando volví a llevar al mismo equipo a hacer otro programa dos años después había desaparecido por completo esta agresividad. Las bromas, ironías y dobles sentidos seguían animando sus conversaciones, pero habían aprendido a volcar la frustración y los conflictos en sitios seguros para que no afectasen al clima del equipo. Ni al clima de los equipos que cada uno dirigía a su vez.

“Me he dado cuenta de que antes yo…”

El momento en el que un experto como yo llega a decirle a un señor hecho y derecho que observa un vicio, o un exceso o carencia en su comportamiento, no tiene absolutamente nada de entretenido. Es el tipo de feedback que trastoca nuestros esquemas mentales y nos hace sentirnos muy vulnerables. Y cuanta más razón tiene el experto más duele escucharlo, porque según caen las palabras en nuestra mente se alinean ante nosotros todas las situaciones pasadas en las que hemos hecho las cosas peor de lo que pensábamos.

“Me he dado cuenta de que antes yo …” es el tipo de reflexión que sale de una acción de formación que ha generado crecimiento real. Este es el cambio de percepción que abre la puerta a mejores progresivas del comportamiento en los meses siguientes. Y esta forma de formularlo demuestra una toma de responsabilidad sobre cómo hacíamos las cosas antes y cómo empezaremos a hacerlas ahora.

Si te estás dando cuenta de que has estado haciendo muchas formaciones divertidas que no generaron incomodidad ni cambios de percepción en tu mente, probablemente acabas de entender la enorme diferencia que hay entre hacer crecimiento personal y disfrutar del entretenimiento ejecutivo.

Y cuando aprendes a hacer crecimiento personal todos los entretenimientos empiezan a resultarte aburridos porque te picas con el misterio que es tu propia mente y el reto que supone reinterpretar tu propia historia para desafiar a tu destino.

Crecer como persona es un camino lleno de aventuras que desvela al héroe anónimo escondido dentro de nosotros mismos, y ningún líder que se precie debería conformarse con menos, por muy entretenido que llegue a ser.


Pino Bethencourt 
Coach y fundadora del Club Comprometidos

“Hay que recuperar el valor de la palabra para acercarse a la verdad”

Alfonso Armada, presidente de la sección española de Reporteros Sin Fronteras, ha repasado la situación de la prensa y la profesión periodística en los vídeos de Proa Comunicación con motivo de su décimo aniversario. En referencia a los principales retos de los medios y los periodistas, considera necesario recuperar la verdad porque “en España está en entredicho y en regresión”.

Por otro lado, también ha abordado temas como la libertad de prensa en el mundo, las diferencias entre periodismo y comunicación, ha detallado la actividad de Reporteros Sin Fronteras y ha explicado cómo diferencia sus facetas como periodista y escritor teatral. Como conclusión, ha señalado que “hay que recuperar el silencio para pensar. Hay que intentar recuperar el valor de la palabra para intentar acercarse a la verdad”.

Alfonso Armada es un periodista, escritor, dramaturgo y poeta español. En su trayectoria como periodista ha cubierto conflictos como el cerco de Sarajevo o el genocidio de Ruanda. Fue corresponsal para África en el diario El País durante cinco años y de 1999 a 2005 corresponsal en Nueva York para el diario ABC. Es también autor y director teatral de obras como ‘Carmencita jugando’, ‘Sin maldita esperanz’a, o ‘La edad de oro de los perros’. En la actualidad es editor y director de la revista digital FronteraD. Además, desde noviembre de 2017 es presidente de la sección española de Reporteros sin Fronteras.

Las elecciones, primera parte

Nuestro cerebro no ha sido construido para nosotros, viene de una serie de éxitos adaptativos conservados, módulos, partes, sistemas que vienen de muy atrás en la evolución, lo que explica porqué somos como somos. Es más, la estructura de nuestro cerebro es común a todos los animales que tienen vertebras. No podemos ser tan ingenuos que todo ese conjunto de características heredadas dentro de la estructura anatómica y funcional común a todos los animales con cráneo no vayan a participar en lo que somos. No tenemos argumentos para negar que somos animales. Los gusanos planos en el fondo del mar ya habían inventado las neuronas, este sistema les servía para coordinar acciones.

Somos una historia que se remonta a 550 millones de años de evolución de los componentes del sistema nervioso.

El cerebro es un todo, una unidad inseparable: Cerebro, cuerpo y ambiente, presente y pasado, familiar y ancestral, funcionando en sus tres dominios en una interacción instantánea y constante, absolutamente inseparable. Dentro de este conjunto se produce la mente, aunque no sabemos el cómo.

El cerebro es predictivo, anticipa: Toma medidas en base a sus predicciones de movimientos desde los sentidos y desde la mente. Pero con este cerebro común a todos los que tienen cráneo, nuestras predicciones y las suyas, se suelen limitar a lo que tenemos delante de las narices, al presente. Aquellos homínidos de hace dos millones de años, o un millón, o cuarenta mil años, estaban apremiados, urgidos, acosados por el día a día, llenos de peligros, inclemencias, y con una esperanza de vida cortísima. Ese cerebro se quedó y está en el nuestro actual. Esa falta de capacidad predictiva está detrás de todos los adictos, de las propuestas electorales para esta campaña, de la falta de predicción de futuro de los sedentarios, de los fanáticos, de los desajustados. No oímos hablar a nuestros políticos de la educación que habrá que hacer para los retos que nos esperan, ni del cambio climático, ni de hacer, como en cualquier empresa una auditoría sobre el funcionamiento de la burocracia, para que sea barata, eficiente, tecnificada y para facilitar la vida del ciudadano. Ellos y nosotros viendo y analizando desde nuestros grupos de pertenencia tan limitados todos circulando por la noche con las luces cortas de esta legislatura, de nuestra ideología y de nuestra pertenencia.

Cada cerebro que hace predicciones estará influido por otros cerebros y él a su vez influirá en otros

Principio explotado por el marketing con “el nuevo formato, el nuevo modelo, la última generación, proyecto progresista”. Vivimos con automatismos y representaciones internas que van a ser las guías de nuestras decisiones

Necesidad de interpretar la realidad con trazos gruesos para poder decidir en aquel ambiente de depredación o de oportunidades efímeras había que agarrarlas sin dilación. Y con el añadido de que los sentidos no ofrecen una lectura literal del mundo, porque el cerebro interpreta según contenidos almacenados, buscando que coincidan para ahorrar energía. Mantenemos mediante todos los mecanismos de defensa nuestra construcción personal del mundo, nuestra identidad, creencias, fobias y filias. Desde el principio de la evolución se crearon cerebros que debían decidir entre blanco y negro; entretenerse en detalles podía costar la vida y lo hemos conservado en la mente actual. Ven el porqué los simplismos, las mentiras, los bulos, las descalificaciones, los de izquierdas y de derechas, los poderosos que tanto le fascinan a algún político frustrado porque no ha podido alcanzar el cielo, lo de fachas, o los bancos y el capitalismo. Toda esa amalgama nos ha acompañado desde el principio de la civilización hasta ahora y todo este arsenal de emociones de las cavernas se utilizan como armas destructoras de la convivencia y contra la comprensión profunda y verdadera de los hechos.

Esto nos ha lastrado, porque esta necesidad biológica, pasada a nuestra psicología, nos coloca en situación de simplificar, de eliminar matices buenos y malos. Con muy poco interés ni capacidad para lo complejo que impedía decisiones rápidas. Un mitin debía durar unas horas en que el partido explicara su programa, esto no se hace porque no tenemos capacidad mental, ni interés, ni ganas de saberlo. Estamos emocionalmente en las cuevas de Altamira, y aquellos necesitaban cosas simples para salir a vivir. Los cambios en la naturaleza, en los cerebros necesitan millones de años para producirse, los genes no votan a ningún partido y en esto siguen engañándonos los progresistas. Actitud emocional básica, ya lo hemos dicho como deficiencia perfectamente explotada por demagogos, eslóganes, propuestas políticas, persecuciones y exclusiones. Que tienen éxito porque tenemos dentro resúmenes simplificados que utilizamos para todo, entre otros sobre nosotros mismos y el mundo en derredor. Estos resúmenes el cerebro los hace comparar con lo nuevo que se le presenta con la intención de que coincidan y no sea necesario cambiar de opinión ni de postura: ¡Esto ya me lo sé! ¡Si yo ya sabía que! Estamos programados para ser paranóicos, ¿Dónde has dejado mis calcetines? Crea un enemigo exterior y te seguirán. “¡La sociedad me ha…! En mi casa siempre votamos a…” “votaré a tal asta que me muera”. Trata de endilgar las culpas fuera y estimula nuestras simplicidades y te votaremos. Influenciados por simplezas y por encontrar a los culpables de… “Los incendios de Canarias ha sido culpa del capitalismo”, una manera “cabrona” de destruir y faltar a la verdad, pero explicable por lo que estoy narrando.

El cerebro busca contrastes que le den un trazo grueso de lo simple, pues lo complejo no permite decisiones rápidas y se evade de aquello que requiere un tiempo en el que la espera puede ser un peligro añadido al exigir un trabajo mental costoso en términos de energía.

La creación de grandes categorías del funcionar mediante el pensamiento dual…, se quedó con nosotros. Así ya tenemos las bases de la propaganda electoral, que nunca será la exposición detallada de programas porque los humanos no se concentrarían en estudiarlos; y, por lo demás, la política ha de tener las características emocionales de la religión. Véase Corea del Norte y el empeño de los comunistas actuales por llegar a algo parecido, porque Fidel, Maduro y el resto de la peña se han quedado a medias.


José Antonio Rodríguez Piedrabuena 
Especialista en Psiquiatría y Psicoanálisis

Repetición (I): La cara A

Aunque no algo inesperado, es de lo más inusual que las cautelas y reparos a los debates televisivos de candidatos a senadores y diputados tengan que repetirse, como las elecciones mismas, sólo seis meses después.

Si ya en primavera de este año cuatro convocatorias electorales (generales, europeas, municipales, autonómicas) en dos citas, de abril y mayo, provocaron una indigestión al espectador benevolente de este género de intercambios, esta vez el hartazgo viene, si acaso, comedido sólo por tratarse de la campaña más corta, aunque más desconcertante, desde 1977.

Una campaña en la que parece haber solo un debate, jaleado por las teles como una final de Eurovisión o un choque de la Champions. Pero este cronista ha visto al menos cinco en tres cadenas distintas y sus observaciones vienen dictadas por todos ellos. Este artículo no quiere ser, pues, el único, sino sólo el primero de una serie.

Con tres criterios principales: juzgar sobre la base de lo (mejor) que deben y pueden hacer los candidatos en un debate, de la comparación con el desempeño de sus rivales a lo largo del mismo y, por último, de la consistencia entre lo que han hecho en el debate y las estrategias retóricas o dialécticas necesarias para transmitir sus mensajes y programas.

La cara A

Así que, aunque este rayado, muy rayado, este disco, más de fracasos que de éxitos, tiene su cara A y su cara B.

En la cara A, la de ayer noche, 4 de noviembre, en Madrid, en el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo, en la Academia de la Televisión, en casi todas las cadenas, el debate era enteramente de varones, totalmente de machos alfa (y se notó), en el debate ganaban numéricamente los barbudos a los lampiños (3 a 2), las derechas a las izquierdas (3 a 2 también), sólo había un descorbatado y no era de la izquierda extrema sino de la derecha radical.

Peor que el debate  

 Tan plomiza o animada perspectiva no se resolvió políticamente en nada. En esto ha sido para mal muy distintiva esta ocasión, la más contraproducente que se recuerde: el pesimismo del votante espectador no procede de haber asistido a un reparto de fuego y cenizas en el que, con todo, se haya podido mover a votar y mover el voto, sino a una confirmación de que, aun votando, dado lo repartido y divisivo de las opciones, el bloqueo, a lo que parece, persistirá. Algo deprimente, no ya por el debate en sí, sino porque no deja traslucir ninguna solución gobernable.

Sin embargo, aun en sus cualidades negativas, el debate desplegó por momentos una viveza que no es despreciable y un número de paradojas superior al de contendientes en liza.

Labilidad de las fórmulas verbales

¿Quién habló de que gobierne la “lista más votada”? ¿Casado? No, Sánchez. ¿Quién remachó cada dos por tres eso del “orden constitucional? ¿Rivera? No, Abascal. ¿Quién se refirió a “la derecha cobarde”? ¿Abascal? No, Sánchez. ¿A quién no se le cae la Constitución de la boca? ¿A Casado? No, a Iglesias. ¿Quién afirmó que “sí, se puede?” ¿Iglesias? Sí, ¡y también Rivera!

Pero Obama lo dijo primero, se podría argüir… Es notorio, aunque de momento no muy transcendente, creo, que las fórmulas de la política norteamericana las importa ahora Vox, algunas de cuyas afirmaciones parecían salidas directamente de los manuales de campaña de Trump y Bannon (por ejemplo, en lo referido a Bruelas). Ya en un debate anterior, Espinosa de los Monteros habló de “retomar el control”, recogiendo la expresión, lo mismo falaz que eficaz, de Farage, Gove y Johnson en la malhadada refriega del Brexit.

Quede para el expediente, además, que Vox ha sacado a sus cuatro dirigentes principales (Abascal, Espinosa Ortega Smith y Monasterio), a fajarse en los debates y sus resultados dialécticos han sido estimulantes para la formación y dignos de un análisis detallado. Volveremos sobre ello.

Extraños modos para no perder posiciones

Por el contrario, el penoso espectáculo de la parte final del debate, en el que un presidente del gobierno en funciones rechaza responder, interpelado e interrogado sumariamente por Rivera y Casado y, bordeando lo pasivo-agresivo, no levanta la vista de los papeles, haciendo como que subraya y escribe, y sale del entuerto pasando a otras cuestiones, confirma algo preocupante: Pedro Sánchez carece de capacidad dialéctica. O no quiso ejercitarla, lo cual no es mucho mejor. Y a mayor abundamiento, no es preocupante tanto por lo que pase en esta clase de debates como por la (futura) actividad parlamentaria.

Rivera no se descuelga del recurso de los elementos gráficos y materiales de apoyo, adoctrinando hasta con el adoquinado, y proporcionando gran diversión a las redes sociales.

Pero para eso (también le sucedió a Casado) hay que asegurarse de que la realización televisiva va a recogerlo con la técnica adecuada. En el primer debate de candidatos en RTVE el jueves anterior (31 de octubre), la cámara no enfocaba en primer plano las evidencias que algunos blandían. Ni se veían ni se leían. En este, la cámara llegaba hasta ellos, pero la iluminación se reflejaba de modo deslumbrante y no podía descifrarse apenas nada.

Iglesias venía con una fórmula que había sido exitosa en su última comparecencia: la moción constructiva al debate destructivo, el círculo virtuoso. Por eso se entiende mal que su técnica del “minuto de oro” fuera tan torpe, ideal para desconcentrar, o desconcertar al receptor de su mensaje, al remitirse a un caso particular, por ejemplarizante que se crea, a un dramático “trozo de vida”. Y eso cuando ya se había visto fracasar en ese empeño, y en ese mismo minuto, a Irene Montero y Noelia Vera con idéntico planteamiento (más la lanzada a Florentino Pérez) la semana anterior.

Casado ha afinado sus maneras, pero carece de fórmula ganadora: la que tiene también es de bloqueo. Al menos evita todos los errores, seguramente de carácter, de su portavoz, Cayetana Álvarez de Toledo, modelo en tantas cosas de lo que no ha de hacerse en un debate, Pero en esto nos centraremos en la próxima entrega.

Pablo Carbajosa

Responsable del Área de Oratoria de Proa Comunicación

Banca privada: modelos para el crecimiento en un entorno complejo

Las recientes estimaciones publicadas por la consultora DBK sobre el mercado de banca privada en España, confirman que éste sigue siendo un nicho muy apetecible para los operadores en este sector.  Según su último informe, a cierre de 2019, el volumen total alcanzará 480.000 millones de euros, y habrá 420.000 personas cuyo nivel de patrimonio financiero es el suficiente para engrosar la base de clientes de este segmento.

Otra conclusión del informe DBK es que tres cuartas partes del mercado se gestionan desde unidades de banca universal, y el resto desde un abanico diverso de formatos y modelos: bancos exclusivos de banca privada españoles y extranjeros, wealthtech, empresas de servicios de inversión, compañías de seguros, family office, o banca de inversión.

Ante este complejo escenario, cabe preguntarse ¿cuál es el modelo de crecimiento idóneo para reforzar el negocio en un entorno de reducción de márgenes, por la implantación de Mifid II, la incertidumbre en los mercados, y la inestabilidad política? La respuesta es que cada modelo, se apoya en una serie de fortalezas diferenciales, que soportan su eficiencia y su capacidad para crecer.  Y por ello, tiene puntos fuertes y débiles. Lo realmente importante es que consiga la fidelidad y la plena confianza del cliente.

Las fortalezas del tamaño

Los bancos universales, que gestionan el 77% del mercado, utilizan la segmentación como criterio para identificar y aportar servicios exclusivos a los clientes de Banca Privada, al tiempo que comparten algunos recursos con otros segmentos de la base de clientes.  El tamaño es una de sus mayores fortalezas de marca, porque destila valores intangibles pero muy apreciados por el cliente como solvencia, solidez, o seguridad.

El resto de entidades gestionan la estructura de oferta propia para poder centrarse tanto en los servicios clave identificados en Mifid II  (asesoramiento en materia de inversiones -independiente y no independiente-, y gestión discrecional) como en otros servicios:  planificación del patrimonio, comercialización, o ejecución.  Muy pocas aportan financiación y/o transaccionalidad, que requieren elevado tamaño del balance.

Modelos no bancarios

Las Empresas de Servicios de Inversión (Agencias y Sociedades de Valores, EAFs) son las que más necesitan adaptarse al nuevo entorno. Algunas se encuentran inmersas en procesos de fusión,  otras han decidido diversificar su estructura en entidades diferenciadas que prestan servicios de distribución, gestión, y asesoramiento.  La oferta de Asesoramiento Independiente basada en el cobro explícito al cliente y sin incentivos, les está resultando compleja.

Las grandes compañías de seguros han decidido aportar oferta de Banca Privada para sus mayores clientes, aprovechando que, dada su idiosincrasia, han construido a lo largo del tiempo amplias bases de clientes muy fieles.  Se apoyan en la distribución de IICs -fondos y planes de pensiones- y en la gestión discrecional, así como el asesoramiento patrimonial.

La irrupción de la tecnología como herramienta para ahorrar costes y mejorar la relación del cliente con su entidad, está siendo un factor cada vez más relevante. Teniendo en cuenta que todas las entidades deben invertir en tecnología para cumplir requerimientos Mifid II, y que este entorno refuerza la desintermediación, se han lanzado ofertas que optan por automatizar la distribución, el asesoramiento, y la gestión .

Son modelos que aportan carteras gestionadas, selección de fondos adecuados a un perfil predeterminado, o propuestas de inversión en función de niveles de riesgo, entre otros. Productos diseñados y manejados todos ellos con algoritmos. Su principal ventaja es el sustancial ahorro de costes, aunque no contemplan un elemento fundamental, la relación personal con el gestor del cliente.

Modelos bancarios

Los bancos exclusivos de Banca Privada, tanto locales como internacionales, siguen creyendo firmemente en el potencial del mercado español. Sus esfuerzos se han centrado en la ampliación de la oferta via arquitectura abierta, a través de fondos de terceros, y además con activos  alternativos como capital riesgo, activos inmobiliarios, etc.

Este reforzamiento de la oferta se explica porque el papel del gestor de relación es clave, como canalizador e interlocutor único que distribuye todas las soluciones a medida del cliente. Como complemento, y para evitar el impacto de la creciente desintermediación financiera, estos bancos venden  productos (sobre todo fondos, propios y de terceros) a través de plataformas digitales o marketplaces.

Los servicios de asesoramiento independiente, al igual que con las ESI, no han calado todavía lo suficiente entre sus clientes.  Por otra parte, algunos bancos internacionales disponen de sus equipos de gestión fuera de España, donde sólo trabajan los gestores de relación con el cliente. Un factor que, por tanto, genera ahorro en costes.

Otros modelos

Por último, hay operadores que entran en Banca Privada desde otros negocios. La banca de inversión, porque la actividad de asesoramiento hacia clientes corporativos en fusiones y adquisiciones, estrategias de expansión, o financiación, entre otros, ha generado el nivel de confianza suficiente entre aquellos clientes dueños y altos ejecutivos de las compañías, como para fidelizarles con una oferta de servicios Wealth Management.

Los Family Office, entidades que asesoran a las grandes fortunas en la selección de sus inversiones y la planificación integral de su patrimonio, se han posicionado como Banca Privada para los mayores patrimonios familiares,  en la medida que requieren de una plena confianza en el gestor de relación que cumple el papel de canalizador de las mejores soluciones financieras y no financieras para los objetivos patrimoniales del cliente.


Javier Ferrer
Director del Área de Comunicación Financiera de Proa Comunicación

Estilo de vida y dieta mediterránea contra el envejecimiento

El Doctor Ángel Durántez, experto en Medicina del Deporte y Age Management (gestión de la edad), explica cómo la dieta mediterránea influye en la esperanza de vida en España y su relación con un envejecimiento saludable: “hay estudios que relacionan la dieta mediterránea con la longevidad”.

El Dr. Ángel Durántez es el médico pionero en España de la Medicina Preventiva Proactiva y la Age Management Medicine −Medicina para el Envejecimiento Saludable−. Actualmente dirige su clínica en Madrid donde atiende a sus pacientes aplicando de manera integrativa los últimos avances de la medicina de las 7P; Preventiva, Proactiva, Participativa, Predictiva, Personalizada y Placentera. Es médico de numerosas personalidades del mundo de la empresa, las finanzas, la política, el arte, el espectáculo, los medios de comunicación y el deporte.

Lo que somos

Consideren que la basura moral que nos inunda (por ejemplo, en televisión) está incidiendo en nuestros genes y no nos defendemos desde el momento en que los que rompen con sus programas, una estructura de milenios, que se van de rositas, teniendo la ligereza que da la falta de moral, atiborrados de derechos para dejar maltrecha la sociedad. Derecho a la información. En un barrio de Madrid los que, debido a nuestra tontería, pereza mental y sentimiento oculto de culpa, llamamos okupas patrullan la calle y, cuando detectan un entierro o una salida de la familia para ir al hospital, entran de seguido y ocupan su piso, roban la propiedad, allanan la vivienda y producen destrozos, y no se los puede desalojar o acusar directamente de ladrones o de robo con violencia. Chorrea agua del piso de arriba adonde están estos protegidos por nuestras leyes y la familia denuncia y no pasa nada, el seguro no se puede hacer cargo de ello, y así llevan medio año. Si quieren les doy el teléfono de esa familia para que se lo cuenten en primera persona.

Lo justo sería estudiar las causas que mantienen a esos colectivos, a los que hay que añadir los violentos de todo tipo, los que pegan fuego, los que estafan, cómo se originan, qué pasó en sus primeros años, cuál es su familia, qué evolución han tenido hasta llegar a vivir de esa estrafalaria manera, así podríamos ayudarles. Probablemente, estos seres no tuvieron la familia adecuada. Pero es igual, no se les investiga. Si se investigara las causas de esa conducta de ladrones, fanáticos, violentos, imitadores de crímenes contra mujeres y otros seguramente se podría hacer algo efectivo para ayudarles de la mejor manera.

Si funciona el hogar de manera adecuada -asegura J.M. Fuster-, “tendremos un niño feliz, seguro y con confianza en sí mismo; si no, el niño mostrará ansiedad, inseguridad y recelo. Los valores éticos, en particular la confianza y la responsabilidad, crecen sobre una base filética de afectos e instintos elementales”. Estas son afirmaciones de un científico del cerebro, J.M. Fuster -ni siquiera de un psiquiatra o psicólogo-, base para los ideólogos que quieran cambiar la sociedad y se dejen de monsergas de siglos pasados. Tenemos hasta los diez años para influir en el desarrollo de la emocionalidad, de la ética y de la inteligencia general para salir adelante en la vida. Después de manera moderada, porque hay que sumar a los compañeros de generación que pueden cambiar los valores familiares.

Unos huevos han sido sometidos a ruidos y factores estresantes durante la incubación, si los huevos empollándose entre esos factores se colocan al lado de otros no estresados para terminar su incubación, les transmitirán la sensación de peligro mediante vibraciones en la cáscara y ambos correrán a resguardarse al nacer. Saldrán con miedo al exterior, han construido una imagen básica de lo que les espera y tendrán menor desarrollo. El estrés bloquea parcialmente la hormona del crecimiento. Podremos decir que es equivalente a la vida fetal humana y las madres estresadas. Somos muy frívolos si seguimos negando estas cosas como sociedad.

Sin amor y cuidados, que están detrás de muchas familias de los arriba mentados, aunque pueda parecer lo contrario desde fuera, no puede haber mucha ética, ni empatía y sí una sensación de pobreza, de que les debemos y somos causa de sus desviaciones. Actitudes de ataque a los que no comprenden, a los normales, e incapacidad de hacer una vida de mejora continúa en la que estamos los demás.

No podemos pensar que, si en una familia se declara heredero a un componente, los demás no se van a sentir excluidos, menos valorados. No se podrá “curar” este fracaso de los no agraciados, porque no se habla en familia. Esta “injusticia” será intolerable y se proyectará sobre España. Excluyo porque he sido excluido, ataco porque he sido atacado. Aquella falta de valoración de los no herederos puede crear en ellos un mecanismo compensatorio de sobrevaloración de lo mío y una necesidad de reconstruir la identidad con exageración, aquella familia que frustró crea ahora otra familia que da identidad colectiva. Igualmente, nosotros acomplejados utilizamos el inglés para sobresalir y estar a la última. Los complejos de inferioridad dan muchos síntomas compensatorios.

Como los pollitos aludidos, un embarazo estresante y una familia poco entregada de cuerpo y alma a los hijos, el sujeto puede quedar ciego para valores comunes, porque desde su punto de vista emocional, aquella no era una familia. Los científicos del cerebro afirman que la política no tiene en cuenta la biología. Sin embargo, somos todos víctimas de aquella. La ciencia cambia, ellos siguen con su matraca. Un político acusa a otro de que no tiene un proyecto de país. Si este caballero hubiera tenido que diseñar el plan de negocio de una multinacional o de una gran empresa para los próximos cinco años, se atará los machos antes de hacerlo, ¿le encargaría el plan de negocio a un grupo político que diseñe algo infinitamente complejo, como España, con historia de quinientos años y sus múltiples vicisitudes? Necesitaría ayuda de los otros partidos y algunos sabios. Nunca veremos algo así, y no percibimos la omnipotencia que conlleva no hacer Pactos de Estado, imposibles entre los de la “superioridad moral” y los otros que no tienen esa categoría que aquellos se han adjudicado.

Superiores al resto de criaturas 

El 95% del cerebro es subcortical, el cerebro trabajando por debajo de la conciencia. El inconsciente forma parte del estudio de la neurociencia y la neurología actual, como antes fue la psicología.  Los millones de datos que manejan entre sí todas estas 295 zonas, no podemos verlas ni medirlas. No tenemos medida para valorar nuestras insuficiencias, lo limitado que supone militar en un partido político, y no digamos si tratamos de comprender la sociedad con teorías de hace cien años desde ellas. Uno de estos partidarios ha pasado el verano leyendo a Antonio Gramsci que nació al terminar el siglo diecinueve y, con ese bagaje, quiere conquistar nuestras mentes en las próximas elecciones; y, si puede, hacer ingeniería social desde la superioridad científica y antropológica de aquel autor.

Nos creemos superiores al resto de las criaturas, pero si se trata de resolver problemas, ejecutar tareas, tener memoria, analizar el ambiente, comunicar mediante señales moleculares, organizar tareas de grupo…, las bacterias ya lo hacían excelentemente. Les debemos ese monumental bagaje molecular. Otra cosa es escribir, pintar, crear cultura que nos emocione, construya o nos destruya, rectificar, reconocer nuestros errores, pedir colaboración y respetar (ya me ocupé hace unos años de estos temas en un libro “La mente de los Creadores”).

Esos iluminados prepotentes que quieren cambiar la sociedad deberían explicarnos en base a qué ciencia, por qué razones y con qué conocimientos de la vida sobre la tierra cuentan. Querían suprimir las procesiones de Semana Santa, una tradición de quinientos años en Sevilla. Ellos saben más que todos esos cientos de años de convivencia y hermandad. Después de los “experimentos para el hombre nuevo”, ¿en qué han cambiado los rusos, alemanes del Este, camboyanos, chinos y cubanos a través del comunismo? Es inexplicable que sigan insistiendo, porfiando en aplicar esos modelos de cambio. El humano y por motivos de la estructura de su cerebro es capaz de creer cualquier cosa, y siempre mirando al futuro con expectativas mesiánicas que aprovechan algunos ideólogos.

Excepto la alta cultura, las guerras y ataques a los humanos, la destrucción de valores, tradiciones, hábitos para sustituirlos por una nueva religión en la que adoremos a humanos -nada sobrenaturales- en todo lo demás somos como el resto de los seres que colonizan la tierra. En Corea del Norte lo han logrado, tienen un dios viviente.

Grossman: “Han logrado distorsionar la realidad entera, sustituyendo cierto mundo de costumbres y valores por una religión basada en la voluntad del Partido (…) encarnación de la verdad científica de un partido monolítico”. Lo dicho, que la razón crea monstruos de éxito cuando activa en la mente las expectativas mesiánicas: “La revolución planetaria”.