El comienzo de las limitaciones normativas en el ámbito de internet: el consejo asesor de contenido de Facebook

El continuo avance tecnológico, junto con la existencia de un mundo cada vez más globalizado y conectado, debe ir acompañado de una regulación normativa que establezca los límites de aquello que está permitido y aquello que supone una vulneración de derechos y libertades, así como también de instituciones u organismos que controlen y defiendan el cumplimiento de dichas limitaciones.

Hasta la fecha, no contábamos con ningún órgano experto y creado específicamente para resolver controversias producidas dentro del ámbito de Internet. En este sentido, ha sido Facebook Inc., de la mano de su fundador y CEO, Mark Zuckerberg, la compañía que ha creado el que puede considerarse como el primer “Tribunal” encargado de decidir exclusivamente sobre cuestiones relativas a vulneraciones de derechos dentro de la esfera digital (concretamente, en las redes sociales de Facebook: la propia Facebook e Instagram, por el momento), y que ha sido denominado como el Consejo Asesor de Contenidos.

No obstante lo anterior, ¿por qué el fundador de Facebook ha creado este Consejo Asesor de Contenido para controlar los contenidos vertidos en sus redes sociales por los usuarios? ¿tiene Facebook Inc., como sociedad titular de las redes sociales de Facebook o Instagram la obligación o responsabilidad de controlar y supervisar estos contenidos?

A este respecto, cabe destacar que una de las principales cuestiones que el titular de un sitio web se plantea, en relación con su deber de diligencia y gestión del site, es la relativa a la responsabilidad que pueda tener con respecto del contenido generado por los usuarios (comentarios, opiniones, manifestaciones sobre cualquier índole, etc.), y que se encuentra alojado en el mismo.

En este sentido, y en lo relativo a la normativa vigente en esta materia en España, debe tenerse en cuenta el artículo 14 de Directiva 2000/31/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 8 de junio de 2000, sobre el comercio electrónico, en el que se establece que “(…) el prestador de servicios no puede ser considerado responsable de los datos almacenados a petición del destinatario”.

Sin embargo, y teniendo en cuenta lo anterior, este precepto recoge igualmente dos condiciones para que el prestador de servicios o titular de un sitio web pueda eximirse de toda responsabilidad en cuanto al contenido existente en su site: (i) que no tenga un efectivo conocimiento de que la actividad generada por los usuarios es ilícita, y que (ii) en el momento en el que sea conocedor de la existencia e ilicitud de los hechos, el titular del sitio web actúe con diligencia y prontitud para retirar aquellos datos o información cuya publicación pueda ser un hecho constitutivo de delito, o, en su caso, hacer que el acceso a dicha información sea imposible.

De igual manera, el artículo 15 de esta misma ley recoge, en su primer apartado, que “los Estados miembros no impondrán a los prestadores de servicios una obligación general de supervisar los datos que se transmitan o almacenen, ni una obligación general de realizar búsquedas activas de hechos o circunstancias que indiquen actividades ilícitas (…)”, debiendo los titulares de sitio web únicamente comunicar “con prontitud a las autoridades públicas competentes los presuntos datos ilícitos o las actividades ilícitas llevadas a cabo por destinatarios de su servicio o la obligación de comunicar a las autoridades competentes, a solicitud de éstas, información que les permita identificar a los destinatarios de su servicio (…)”.

No obstante lo anterior, y a pesar de la existencia normativa de una exención a los prestadores de servicios web de la responsabilidad de controlar y supervisar los contenidos de sus sites, Mark Zuckerberg, en un intento por desprenderse de parte de este deber de diligencia con respecto al contenido alojado en sus redes sociales en todos aquellos casos considerados “de elevada relevancia o representatividad” en materia de libertad de expresión, ha creado este Consejo Asesor de Contenido, pasando de esta forma el testigo de la responsabilidad y última palabra en este tipo de casos a este organismo independiente.

En propias palabras de Mark Zucherberg, en noviembre de 2018, “Facebook no debería tomar tantas decisiones importantes sobre la libertad de expresión y la seguridad por sí mismo”.

Y es que, en lo que respecta a implicaciones legales, era hora de que existiera un órgano unificado, independiente y experto, al que los usuarios puedan acudir si ven mermados sus derechos, así como también de que se empiece a avanzar hacia una regulación que reconozca y establezca ciertos límites normativos en este ámbito digital donde aun nos encontramos con muchas lagunas legales.

Hasta la fecha, se venían produciendo resoluciones sin resultados evidentes, discutibles y unilaterales por parte de las compañías titulares de las plataformas web y redes sociales, que incluso han podido llegar a tener implicaciones importantes para la defensa del honor de las personas (como, por ejemplo, una sistemática impunidad ante la comisión de hechos que pudieran ser constitutivos de delito, como la difamación, el acoso, la injuria, la calumnia o amenazas), y para libertad de expresión (como, por ejemplo, la eliminación de manifestaciones políticas o religiosas, censura sobre determinados temas controvertidos, etc.).

A partir de ahora, el Consejo Asesor de Contenido decidirá exclusivamente sobre cuestiones “altamente representativas” en materia de libertad de expresión, y que por su naturaleza y relevancia social requieran de un mayor conocimiento y experiencia, y las decisiones que este organismo tome serán, como las de un juez en un procedimiento ordinario, vinculantes, debiendo Facebook acatarlas y llevarlas a cabo en todo momento, exceptuando aquellos casos que supongan la infracción de la ley.

Conclusiones

Teniendo en cuenta lo anteriormente expuesto, y si bien el cometido de este organismo de momento es únicamente revisar un porcentaje de casos “altamente representativos” (es decir, no entrará a valorar ni a decidir sobre la totalidad de los casos), esto supone un importante avance en materia de protección de la libertad de expresión en Internet, así como en materia de la defensa de derechos personalísimos como los relativos al honor de las personas, y ello puesto que a través de las decisiones finales que se tomen por parte de este Consejo Asesor de Contenido en cada caso, en su papel de organismo independiente, se producirá un claro establecimiento de precedentes que pueden ayudar a esclarecer la toma de decisiones de Facebook (e incluso, de titulares de otras redes sociales) para el resto de casos considerados como menos relevantes, y sobre los que la compañía seguirá decidiendo unilateralmente.


José María Baños Pita

Fundador y CEO del despacho LetsLaw, especializado en Derecho digital y mercantil.

Consciencia financiera: el cerebro triuno en las finanzas personales

“El dinero nunca hizo a un hombre feliz ni lo hará. No hay nada en su naturaleza que pueda producir felicidad.

Cuanto más tiene un hombre, más quiere. En vez de llenar un vacío, lo crea.

Si satisface un deseo, dobla o triplica aquel deseo en otra manera”

Benjamin Franklin

El modelo triúnico del cerebro de MacLean permite considerar por separado tres ámbitos de la vida psicológica de las personas que lo hacen muy fácil de aprender e interiorizar: una instancia racional, otra emocional y otra impulsiva. ¿Cómo aplicar estas tres áreas a nuestra economía personal? Te sugiero un ejercicio.

Antes de empezar es importante entender que no hay una respuesta correcta: lo que salga no es bueno, ni malo. Consciencia es la capacidad de reconocer y percibir la realidad, ser consciente es el camino que abre las puertas a saber quién eres y desde ahí acceder a la verdadera transformación. Solo cuando sepamos cómo somos, qué nos condiciona y qué nos mueve, podremos tomar acciones que nos lleven a cambiar aquello con lo que no estamos a gusto.

Consciencia versus Ignorancia: reconocer la realidad y reflexionar sobre ella versus tener creencias falsas y limitantes y no cuestionártelas. No es que no sepamos, es que sabemos mal. Observa tus resultados y cuestiona tus pensamientos. Solo desde ahí podrás reinventarte y gestionarte.

Recomiendo coger papel y bolígrafo o mejor una hoja Excel en el ordenador. No sirve sólo pensarlo: ver algo por escrito y sacarlo de la cabeza es terapéutico porque se ordenan las ideas y se reducen pensamientos “intrusivos”. Al escribir, la mente no trabaja sola: al quedarse en el pensamiento, la mente puede ir enredando ideas sin rumbo, pero al ponerlo “negro sobre blanco”, se estructuran mejor esos pensamientos.

Según MacLean, el primer cerebro que se desarrolló era el reptiliano, el cerebro primitivo que ha garantizado nuestra supervivencia a lo largo de millones de años. Por eso es bueno reflexionar primero acerca de este cerebro. Para comenzar a ser LIBR€$ hay que ser conscientes de qué es lo que realmente necesitamos para sobrevivir, aquellos gastos en los que tenemos que incurrir si o si: diferenciar lo que necesito de lo que quiero, necesidad y lujo.

  1. QUÉ NECESITAS: para activar el cerebro reptiliano, coge todos tus gastos y ordénalos por partidas. Marca los que son estrictamente necesarios y compara lo que pagas por estas necesidades básicas con lo que podrías pagar si solo sobrevivieses: se muy crítico y objetivo con esos gastos que no puedes eliminar a día de hoy por nada del mundo. Por ejemplo: cuanto pagas por la casa en la que vives de alquiler o hipoteca frente a una casa más pequeña, en otro barrio o sin zonas comunes; o el coche que tienes frente a uno que sólo te lleve, incluso transporte público más alquiler cuando vayas a viajar; analiza también las marcas y cantidad de comida que compras.

Por supuesto que no necesitas más ropa, ni cines, ni restaurantes, ni seguro médico privado: estamos hablando de supervivencia pura y dura. Se muy sincero y objetivo: es importante que seas exigente en este ejercicio. No se trata de vivir así: sugiero hacer el análisis para observar la situación financiera con objetividad e ir luego al siguiente paso. ¿Cuánto es lo que de verdad necesitas para vivir?

  1. CÓMO VIVES: una vez tengas el listado de gastos básicos con los que podrías sobrevivir (solo sobrevivir), compara estos gastos con los que realmente tienes. Escribe al lado de cada partida cuanto estás realmente pagando. Y cuando lo tengas, añade también los gastos en los que incurres fuera de la supervivencia y su importe: ropa, restaurantes, cine, ocio, viajes, libros… Esta segunda fase nos despierta el cerebro emocional, aquellas partidas que nos ayudan a sentir más, que nos dan placer, que nos cubren unas necesidades no básicas, que nos permiten vivir mejor.
  2. POR QUÉ GASTO: como hemos explicado anteriormente, la secuencia que lleva al éxito es pensar, sentir y actuar. Poner a trabajar el cerebro racional con los gastos, ayuda a controlarlos, entenderlos, aceptarlos y tomar medidas si se quiere o si es necesario hacerlo. Por ello finalmente te sugiero que analices por qué las diferencias entre los gastos básicos y lo que de verdad estás gastando y las partidas de placer. Analiza que te lleva a esos importes: pregúntate el por qué de todos ellos y anótalo. “Porque me gusta vivir cerca del colegio de mis hijos, porque necesito un coche caro que corra mucho para disfrutar el fin de semana, porque ir a un restaurante me relaja al no tener que limpiar la cocina, porque necesito ropa para verme más guapo, etc etc.”

Repito: no se trata de que te critiques ni juzgues. Lo importante es tomar consciencia y entender lo que pasa para actuar. A lo mejor te sorprendes: puede que en alguna partida estás gastando de menos o ahorrando en exceso.

La mayoría tenemos unos ingresos y un estilo de vida nada desdeñable: tenemos techo para dormir, dinero para ocio, móviles y ordenadores… Pero aun así, sentimos que no vivimos la vida que queremos. No es mala suerte, ni los planetas se han alineado en tu contra: seguramente el dinero se te escapa por un agujero negro que tienes que conocer. Solo cuando lo veas, lo solucionarás. Y todo se basa en entender la manera en la que manejas y gestionas tu dinero. Analiza qué piensas y por qué, piensa en aquello que te lleva a tratar y relacionarte con el dinero de la manera en la que lo estás haciendo.

Simplemente haciendo este ejercicio que sigue la secuencia del cerebro triuno de MacLean podremos empezar a ser conscientes de qué cerebro es preferente en nuestra relación con el dinero, qué pasa con nuestras finanzas y como mejorarlas. Al igual que cuando haces dieta o estudias una carrera, tener una economía saneada no se consigue de un día para otro: es un trabajo constante y paciente. Si empiezas hoy a entender por qué pasa lo que está pasando, podrás llevar a cabo acciones que solucionen la situación: no lo demores más.

Próxima Semana: Todo tiene sentido con el cuarto cerebro.


Rocío Ledesma del Fresno

Licenciada Summa Cum Laude en Dirección y Administración de Empresas con un Minor en Economía por The American University of Paris, además de haber realizado un Master en Finanzas en ICADE. Recientemente finalizó un Máster de Inteligencia Emocional en el Instituto Hune.

Durante 25 años fue Directora de los Departamentos de Innovación y Productos en Banif y Andbank. Actualmente es Manager en Dextra Corporate Advisors, boutique independiente de M&A y corporate, y consejera en Navis Capital Desarrollo, SGEIC, gestora de fondos de inversión alternativa registrada en CNMV. También forma parte de la asociación WA4STEAM, una comunidad internacional de mujeres business angels que buscan ampliar la presencia femenina en los campos STEAM, proporcionando no solo capital, sino también convirtiéndose en un socio estratégico para las futuras líderes.

Cabe la reproducción de este texto siempre que se mencione a PROA Comunicación como su fuente original.

Planes de sucesión: cambiar o no cambiar de líder en tiempos de pandemia

La pandemia del COVID-19 se ha llevado por delante muchas planificaciones estratégicas, obligándonos a reconfigurarlas para continuar siendo competitivos. Si en  la agenda del Consejo estaba el plan de sucesión del CEO, como parte de una jubilación bien planificada o quizá como la respuesta a un nuevo liderazgo por una salida a Bolsa ahora implanteable, desarrollos internacionales, no encaje…, o incluso frente a una situación imprevista como una marcha no anunciada, esta crisis puede habernos echado abajo todos los planteamientos previos que dieron con la argumentación y búsqueda del  candidato. Pero en este nuevo escenario ¿qué es lo más apropiado  si el  después puede exigir un ADN diferente? De hecho, en tiempos de grandes crisis suele aumentar el índice de rotación como ya se ha demostrado.

Aunque no hay respuestas matemáticas, el consejo de administración sí puede hacerse las preguntas clave para que su decisión apoye la creación del mejor escenario y en caso de considerar estratégico un nuevo sucesor, lograr que la transición se haga bien.  Así que, comencemos con las primeras elucubraciones: ¿Continúa siendo estratégico llevar adelante el plan de sucesión tal y como se había preparado antes de la aparición del COVID? ¿En una crisis de este calado es el momento de cambiar de líder? ¿O es mejor evitar cambios relevantes durante tiempos inciertos?

Pero antes de respondernos, valoremos los consejos de Dan Ciampa, ex Ceo, consejero y asesor de altos ejecutivos, además de autor de cinco libros incluido Transitions at the Top: What Organizations Must Do to Make Sure New Leaders Succeed, quien  propone cuatro preguntas encaminadas a elegir el camino correcto.

¿Quién puede ejercer el mejor liderazgo durante la crisis?

En principio, y a pesar de que el proceso de sucesión pueda estar en sus últimas fases, seguramente la mejor opción sea que permanezca el CEO saliente, claro está, en el caso de que tenga la confianza de la empresa y del Consejo. Parece lógico pedirle que se quede más tiempo en aras de dotar a la organización de la mayor estabilidad en todos los frentes. En momentos de gran estrés los empleados se pueden sentir más seguros con un directivo que conocen y respetan que con un ejecutivo que tiene todo por demostrar.

Dudas con esta opción surgen muchísimas, la primera el ego de un CEO que pueda ver en esta crisis su oportunidad para sentirse indispensable. Si no es el caso y ambas partes están convencidas de que es lo mejor, será necesario  negociar los límites de este nuevo acuerdo e incluir un marco que tenga en cuenta los signos de estabilidad que esta decisión debe dotar a la organización, normalmente ventas, EBITDA…

¿Cuándo sería el momento de que el sucesor externo se una a la empresa?

En el caso de que la búsqueda hubiera estado encaminada a incorporar un sucesor que trabajaría con el CEO durante un período de transición antes de asumir el mando, y si se hubiera identificado a un candidato final, la decisión óptima pasaría por contratar lo antes posible a esa persona para que se uniera a la empresa. En este contexto incorporarse antes de lo previsto permite al sucesor ganar credibilidad al formar parte del comité directivo mientras se enfrenta a la crisis, a la vez que puede usar este tiempo para conocer a la empresa y viceversa.

Ciampa nos hace dos advertencias. El sucesor debe usar este periodo para prepararse material y emocionalmente para su inicio, y el CEO debe asegurarse de que la organización esté lista para el sucesor. Si el nuevo ejecutivo puede comenzar antes, el CEO debe asegurarse de que los primeros días los utilice para completar la tarea de preparación; de lo contrario, la transición no será tan fluida o eficiente.

La otra advertencia habla del riesgo de que otros directivos de alto nivel (decepcionados por no haber sido los elegidos), se preparen para irse tan pronto como puedan, incluso durante la crisis. Antes del anuncio, el CEO y el Consejo deberían acordar un plan para garantizar que las personas clave se mantengan 100 % comprometidas, diseñando las adecuadas líneas de reporte y con medidas económicas acordes. Esta situación requiere de finura y tacto pues puede hacer tambalear a la empresa comprometiendo su credibilidad tanto interna como externa, y no solo para empresas cotizadas, con el consiguiente impacto en la deseada recuperación.

¿Cómo la crisis está cambiando a la empresa?

Cuanto más dure la crisis, mayores serán los cambios que enfrentará la empresa, lo que puede significar que el perfil que se necesitaba antes de la pandemia ya no tenga validez en la etapa pos-COVID.

Los escenarios están cambiando a la velocidad de la luz. Frente a entornos de crecimiento antes de la pandemia, nos podemos encontrar hoy con empresas estancadas e incluso cuestionadas. El liderazgo en una situación y otra es radicalmente distinto. Revisar las  expectativas en caso de tener un candidato casi seleccionado será lo mínimo y desde luego imprescindible. No es lo mismo un CEO en un contexto de buenos resultados y exceso de caja, en donde se espera que consolide el negocio, abra nuevos mercados, impulse el liderazgo… que un CEO en una situación como la actual en la que puede tener que abordar una reestructuración financiera, con enfoque en las operaciones, transformando y dirigiendo la empresa hacia una nueva realidad.

¿Qué puede aprender el consejo durante la crisis?

Si hay candidatos internos para ser el próximo CEO, la crisis presenta una prueba de fuego para valorar su capacidad de liderazgo. Observarlos de cerca revelará quién es  resolutivo ante la incertidumbre, quién puede tomar decisiones difíciles y mantener la calma bajo una presión intensa, quién ayuda a sus compañeros y gana la lealtad de su equipo para hacer ese esfuerzo adicional, y quién muestra compasión y empatía hacia los empleados de la primera línea.  Si se trata de candidatos externos, las mismas cuestiones deben ser probadas en las entrevistas y en la obtención de sus referencias.

En esta contingencia, los consejeros aprenderán tanto sobre los individuos como sobre  la propia personalidad de la organización que debería condicionar la agenda del próximo líder. Por ejemplo, cuán adaptativos son los procesos y sistemas cuando se extienden más allá de los límites de antes de la crisis, su resistencia frente a la adversidad y si las fronteras entre los departamentos se reducen y la cooperación reemplaza las viejas disputas.

La selección de un nuevo líder y el traspaso de un predecesor son desafíos delicados y difíciles incluso en los buenos tiempos. Cuando  los cambios tienen lugar durante una crisis, el reto es mucho mayor. Sin embargo, bien pensado, el Consejo  puede encontrar la dirección correcta en beneficio de la empresa tanto a corto como a largo plazo.



Carlos Recarte y Andrés Fontenla

Socios fundadores de Recarte & Fontenla

Medidas a adoptar en el ámbito del IVA tras la crisis del coronavirus, según Fernando Matesanz

Fernando Matesanz, director de Spanish VAT Services, detalla las medidas que existen en el ámbito del IVA y que se podrían adoptar para mejorar la liquidez de las empresas y contribuir a la reactivación de la economía tras el impacto del coronavirus. Todas las medidas que se adopten deben llevarse a cabo de tal forma que no vulneren la Directiva 2006/112, del IVA.

 

De Steiner a Scruton, la fuerza del humanismo

¿Qué es el nombre de la rosa? ¿Existe la esencia rosa o su concepto es una mera representación lingüística? La cuestión de los universales, que con el mundo de las ideas de Platón marca el inicio de la filosofía occidental, veinticinco siglos después sigue palpitando en la obra de George Steiner y Roger Scruton, ambos recientemente fallecidos.

Pese a su común perfil de célebres académicos, sus orígenes no podían resultar más dispares: George, el hijo de una culta y acomodada familia de judíos vieneses, criado entre París y Nueva York debido a la huida de sus padres ante la barbarie nazi; y Roger, el muchacho que viene al mundo tras la Segunda Guerra Mundial en un hogar modesto y de atmósfera laborista ubicado en un pequeño pueblo de las Midlands inglesas. Y, sin embargo, ninguno de los dos dejó nunca de preguntarse a través del arte, la literatura y la música por el significado de la palabra. ¿El idioma es creación del ambiente cultural en el que vivimos o es símbolo de una realidad más amplia, que nos antecede?

Los intentos de esquivar el misterio del lenguaje a través de explicaciones positivistas o deconstructivistas provocaban, por su insuficiencia argumental, no pocos recelos en el agudo e irónico Steiner. El flemático Scruton, por su parte, arqueaba las cejas con escepticismo ante quienes solo veían estructuras de dominación en cualquier manifestación cultural.

En efecto, en la lectura de un poema, la escucha de una cantata, la visión de un cuadro, de una escultura o de una película, uno y otro coinciden; nuestros dos autores estiman que la experiencia estética supera la mera dimensión física y biológica, pues de la materia -ya sea fonema, piedra, píxel, sonido o pigmento- emerge la comunicación de un significado tan bello como turbador.

Más aún, el espectador abandona entonces su condición de individuo autónomo y racional-discursivo para devenir en un , que establece una relación no con algo, sino con otro; con una persona que nos interpela; con una voz que desde su libertad dialoga con la nuestra. Son las “Presencias reales” de las que habla Steiner en su más famoso ensayo.

Cuanto mayor sea la vibración de lo originario en la obra de arte -de esa otredad irreductible, imposible de definir y estabilizar-, mayor será también la fuerza de su significado. Así, el lenguaje, la palabra, en especial a través de la poesía, se convierte -la influencia de Heidegger es notable en ambos autores- en esa casa del Ser, capaz de desvelar la identidad que tienen las cosas en sí mismas, fuera de su cotidiana instrumentalización técnica.

Pero Scruton y Steiner, ambos polemistas natos, van más allá. No tienen reparos a la hora de entender la creación artística como un reflejo del acto de creación divino. El chispazo de trascendencia llamea cuando el Otro, a través de su Persona profunda y misteriosa, existente pero inasible, otorga significación y belleza -una belleza que supera lo meramente formal o sensible- a los grandes y pequeños otros que poco a poco entran en la escena.

Todo entronca con la mejor tradición humanística, pero nada de ello es demostrable desde el método científico. Ante la aparente paradoja, Roger Scruton aportaba una respuesta perfecta: la música. Sus notas pueden describirse en una partitura, pero desde el punto de vista técnico-racional una pieza instrumental carece por completo de significado.

Ahora bien -y aquí viene la sorpresa-, un tema musical, mientras acontece en el espacio y el tiempo -pensemos, por ejemplo, en El arte de la fuga o el Adagio BWV 974 de J.S. Bach-, interpela al oyente y  provoca una experiencia intransferible que, al mismo tiempo, resulta plenamente real; surge el encuentro con una intencionalidad -con una persona- que, por la belleza que contiene en su propia presencia, traslada el espectador a un mundo distinto y más alto, donde la vida halla destellos de plenitud, hondura y propósito.

Tanto Steiner como Scruton comprendieron en carne propia que estos planteamientos avanzaban a contracorriente de las teorías literarias dominantes en el último medio siglo. De hecho, ambos detectaban en las diversas corrientes que confluyen en la Posmodernidad una serie de voladuras de los puentes que ligan las palabras a sus significantes esenciales.

Uno y otro, ante la presente tendencia hacia lo efímero y la auto referencialidad, denunciaban a ese yo autoral que, erigido en pretendido centro, no quiere ver en el lenguaje un cauce que vincula al sujeto con el mundo que le precede y con las otras personas. Y así, roto el contrato con la palabra primordial, el paisaje intelectual de nuestro tiempo se convertía, a juicio de Steiner en su ya citado ensayo de 1989, en esa “ciudad secundaria” que irradia paráfrasis o diversión.

Los dos protagonistas de este artículo, francotiradores de la alta cultura, no caminaron siempre solos. Pocos años más tarde, en 1993, otro intelectual europeo de origen judío y emigrado a EEUU, Zbigniew Brzezinski, partía de un ámbito académico diferente para llegar a conclusiones similares. En su libro sobre geopolítica Fuera de control, el ex consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca encuadró no pocas de las creaciones culturales de sus contemporáneos en las producciones efímeras de la “cornucopia permisiva”; metáfora que Brzezinski creó para describir la sociedad de consumo occidental tras la derrota de Marx a manos de Comte.

¿Hay salida al laberinto deconstructivista? Nadie acusó a George, que puso a sus memorias el título de Errata, ni a Roger, autor de un manual de autoayuda titulado Usos del pesimismo, de propensión a las desbordantes ingenuidades, máxime cuando eran conscientes de que la cultura no frenó a los fanáticos que devastaron gran parte del siglo XX. Es más, ambos advertían que de la idolatría hacia las abstracciones contenidas en los libros nace el virus de la alucinación política; una retórica ficticia que arrasa la realidad concreta y, con ella, a tantos millones de inocentes.

Con todo, pensaban que la esperanza razonable para el futuro seguía enraizada en el vigor del canon occidental; justo lo contrario a lo promovido por los actuales planes de enseñanza que, en palabras de Steiner, “cada vez se asemejan más a una amnesia institucionalizada”.

El estudio riguroso de los clásicos supone un ejercicio -sostenía Scruton- de eso que Platón llama anamnesis: el traer a la conciencia las cosas olvidadas. Solo de este modo dejaremos de vivir nostálgicos y alienados, encontraremos el hogar y, con él, el nombre de la rosa.


José Barros

Periodista y consultor de comunicación.

¿Cómo se defiende nuestro cuerpo del COVID-19?

Cuando entra un patógeno, el hígado forma parte del ejercito para eliminarlo. Acelera su metabolismo aumentando la producción de proteínas, en este caso, proteínas de fase aguda y la proteína C reactiva, que van a estar en todas las membranas de las células del cuerpo, al recubrir las partículas virales para convertirlas en dianas del ataque de los linfocitos gigantes: los macrófagos.

Cuando empieza la lucha contra el virus con el resto de las fuerzas defensivas, el hígado decrece su producción. Por ello, como índice de gravedad, se mide a los enfermos en los hospitales el nivel de proteína C reactiva.

Las células del sistema inmunitario se generan en la médula ósea, y desde ella van a parar al timo, al bazo, los ganglios linfáticos y tejidos linfoides que residen en todas las mucosas donde van a madurar a formas maduras. Tenemos desplegados por todo el cuerpo fuerzas de ataque en forma de células y de sustancias letales para los intrusos.

Nada mas picarnos una avispa se produce una hinchazón, sin miramientos ni esperas. Ha actuado un sistema primitivo de defensa común a todos los seres vivientes, de lo puro arcaico que es: la inmunidad innata.  Se ha producido una hinchazón y han llegado casi en el acto citocinas e histamina que han dilatado las arteriolas, y todos los demás componentes de la reacción inflamatoria producida por el sistema de defensa innato.

Tenemos de manera estable un retén, una guardia pretoriana, fija o patrullando, a la espera de enemigos como bacterias, células viejas, células cancerosas, virus, tóxicos, y todo lo que no se reconoce como propio del cuerpo, que será engullido y digerido.

También se deben incluir a los leucocitos que patrullan de continuo, y otros estacionarios, algunos son fagocitos, que tragan, envuelven y digieren mediante enzimas a los virus o colocan en su superficie fragmentos del mismo como señal para el ataque de otros, además de producir las famosas citocinas. Es de mencionar que tenemos un billón de linfocitos en todo momento.

Este ejército permanente incluye algunas moléculas en el líquido entre células, a las que se unen las sustancias emitidas por los patógenos. Todas estas señales atraen a los leucocitos. Entre la vanguardia del ejército estable entre los tejidos se encuentran unas células grandes -macrófagos- con capacidad de englobar y atacar estos mediante enzimas, como el superóxido. Estas salen de su centro de producción la médula ósea, llamándose monocitos, y cuando llegan a los tejidos crecen y se transforman en los temidos macrófagos. Atacan al virus envolviéndolo, encerrándolo e introduciéndolo  dentro de sus estructuras -lisomas y lisosomas-, cargadas de enzimas -hasta veinte-,  que destruyen las proteínas del virus. Los fragmentos que quedan los colocan en su membrana exterior con la ayuda de aquellas proteínas que estaban de guardia, entre los tejidos con capacidades destructivas por sí mismas, llamadas proteínas de complemento que unidas a esos fragmentos quedan en la superficie como señales para los linfocitos que iniciarán el ataque final, algunos anticuerpos se unirán a este letal complejo de proteínas.  Sintetizadas en el hígado, en los epitelios y una de ellas en las células grasas, adipocitos. Están de “guardia”, de patrullaje, tan solo activándose cuando empieza la batalla. Puede que todo este ejército haya funcionado para los pacientes asintomáticos, aunque la batalla no ha terminado y puede haber recaídas.

Todo esto quiere decir que unas buenas defensas requieren un buen hígado, salud de los epitelios y no demasiado llenos  de grasa los adipocitos. Por eso los obesos tienen pocas defensas frente al COVID-19. Con esas condiciones de buena salud nos defenderemos mejor del virus. Los que fuman y beben demasiado o  tienen mal el hígado, los muy sobrepasados de peso y las personas que por lo general tienen mal los epitelios, como los hipertensos y diabéticos, o los que tienen mucha edad, y los que no hacen ejercicio, tendrán muy difícil su defensa.

En esta batalla participan los leucocitos -glóbulos blancos-, linfocitos, monocitos, neutrófilos, que engullen el virus mediante la fagocitosis, proceso que consiste en envolver al virus y atacarlo en una guerra química. Los eosinófilos y basófilos  desplegarán los gránulos tóxicos de su interior, con su gran poder destructivo. Antes hemos mencionado al de más tamaño que ataca los virus y deja restos en su membrana para atraer a los linfocitos. Y empieza el trabajo en equipo de las distintas clases de linfocitos.  A la señal colocada en la superficie de su membrana, los macrófagos, acuden los linfocitos facilitadores que toman nota y a continuación activan a sus hermanos llamados T, que a su vez inducen al ataque a los linfocitos asesinos naturales de ataque directo, y a los linfocitos B, que atacan mediante anticuerpos, -igual a inmunoglobulinas-, destruyendo las estructuras del virus o bloqueando su entrada.

Pero pueden acudir demasiados de estos o de otros, por lo cual,  unos  hermanos que se llaman linfocitos reguladores se encargan de limitar su número, y los que queden puedan emplear su arsenal citotóxico. Es de aprecir que durante la pandemia se observa una caída de linfocitos, seguramente como o muestra de la mortalidad en combate.

Los linfocitos T se llaman así porque producidos en el sistema óseo se dirigen al timo, que es el centro de su maduración  y entrenamiento para que no ataquen a las propias células de nuestro cuerpo, como pasa en las enfermedades autoinmunes, donde este proceso ha fallado. Durante este confinamiento son sometidos a prueba y entrenados para que no inicien un ataque al propio cuerpo, para después soltarlos a la batalla.

El timo recibe una regulación por el cerebro desde parte del sistema emocional: la amígdala desde el hipotálamo, y un control proveniente desde el sistema simpático. Esto tiene que ver con lo que observamos en algunas personas después de una época de gran estrés aparece este tipo de enfermedades. Y, sobre todo, es una muestra de la influencia de nuestras emociones en el estado de nuestras defensas inmunitarias.

Los linfocitos B se llaman así porque se activan en el bazo y en los ganglios linfáticos. Hay nueve clases de linfocitos B, estos no atacan directamente si no mediante inmunoglobulinas -comunmente llamados anticuerpos-.  Producen anticuerpos supresores que destruyen las estructuras del virus y se interponen entre el virus y las células, bloqueando su paso. En estos anticuerpos estaría una buena vacuna. Y, que podemos usar extraídos del suero de los que han ganado la batalla al virus.

No solo atacan, sino que activan aquellas proteínas que están en todas las  caras externas de las membranas de las células, las de complemento que hemos citado, que activan las diversas respuestas defensivas celulares activando los receptores -entradas-, para anticuerpos.

La inmunoglobulinas o anticuerpos son las que medimos con los test después de haber sido infestados. Son producidos por los B, pero se han transformados en las llamadas células plasmáticas de mejor tamaño y armamento.

Las inmunoglobulinas como las IgG que ya están presentes en la vida intrauterina, las  IgA que marcan a los virus para poder ser fagocitados, digeridos; las  IgM activan aquellas proteínas que hemos señalado como las  del complemento, son la respuesta temprana, por eso se buscan por si se ha padecido el ataque del virus.  No se ha demostrado que unas u otras tengan que ver con la gravedad de la infección, pues presentan gran variabilidad según las personas en esta batalla.

A ver cómo remediamos este sistema automático con suplementos o con dietas milagro.

Empieza el virus a introducirse en las células

Tiene que hacerlo desde una entrada, en una puerta o receptor que está en todos los epitelios, el ACE2, por tanto, sus síntomas pueden ser tan diferentes como las entradas que ha logrado penetrar con facilidad en los alveolos pulmonares. Podemos decir que, debido a su diseminación, sería una enfermedad de los endotelios. Sobre los que he hablado en el artículo anterior.

Teníamos esperando, para virus y bacterias, un sistema de 30 proteínas en el suero, en forma inactiva, que en el momento que el virus se ha colado dentro de las células, los linfocitos desencadenan  una cascada enzimática, un complejo ataque a la membrana de las bacterias y mediante las perforinas forman poros gigantes en ella, para que entren unas enzimas que envían los linfocitos que ya están aquí, han acudido a la llamada de los macrófagos. En estas perforaciones entra agua también iones que deshacen su estructura.

Los virus pueden se neutralizados mediante anticuerpos

Con respecto a los anticuerpos y las vacunas basadas en ellos,  dos anticuerpos neutralizantes se unen al pico de glucoproteína del virus (se ve en forma de salientes puntiagudos en sus cuerpos redondeados) bloqueando su capacidad para unirse al receptor ACE2 humano y mediar la entrada viral en las células huésped. Es el receptor que emplea la angiotensina I para convertirse en la forma II y subir la tensión arterial. Está en todos los tejidos, y es por eso por lo que puede haber síntomas en cualquier órgano, hasta en el cerebro y el sistema nervioso periférico, porque hasta allí puede llegar su ataque

Esta característica también significa que si uno de los epítopos virales, -porciones de la espina de su superficie-,  muta de una manera que impide la unión de uno de los dos anticuerpos (un fenómeno conocido como escape inmune), el otro anticuerpo aún puede retener su actividad neutralizante. La combinación de estos dos puede neutralizar la entrada del virus en las células y funcionar como vacuna.

Si se ha curado del virus, se van a producir células de memoria que reconocerán al intruso y organizarán la batalla cuando vuelva otra vez. Ya tenemos la inmunidad activa.

Como ven, el sistema inmune es demasiado complejo como para ser potenciado con determinadas dietas. Todos los anticuerpos son proteínas, por lo que podemos decir que una dieta baja en proteínas iría en contra, pero los billones de células sanguíneas que intervienen necesitan 50 elementos nutritivos para su producción y mantenimiento, solo mediante la dieta mediterránea podremos ingerirlos. Por otro lado, hemos visto al sistema activador simpático, actuar y el sistema emocional intervenir sobre el centro de maduración y entrenamiento de linfocitos, el timo. La vejez mal llevada y poco o nada cuidada en alimentación, la falta de ejercicio y relaciones humanas, la hipertensión, la obesidad y, en concreto,  el tabaco parecen darle todas las facilidades al virus.


José Antonio Rodríguez Piedrabuena 
Especialista en Psiquiatría y Psicoanálisis, y en formación de directivos, terapias de grupo y de pareja.

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El pretexto de Cleopatra

“Marco Antonio es un mujeriego, un borracho y un simple títere de Cleopatra”. La campaña de descrédito que lanzó Octavio para acabar con la carrera política de Marco Antonio, en la que acuñó monedas con mensajes contra su adversario político, es uno de los primeros ejemplos de propaganda sistematizada que sirvió, tres décadas antes del nacimiento de Jesucristo, para estimular la cuarta guerra civil de la República y encumbrar a Octavio, bajo el nombre de Augusto, como el primer emperador romano de la historia.

El uso de la propaganda y la desinformación es tan antiguo como la palabra escrita. El conflicto político y bélico siempre ha ido acompañado de su propio relato, bien para incentivar al grupo afín o para desmoralizar al rival. Como explica Natalie Nougayrède, columnista de The Guardian, “el uso de la propaganda es antiguo, pero nunca hemos tenido tecnología tan efectiva para diseminarla”.

En enero de 2020, la población mundial se situaba en torno a 7.750 millones de habitantes, contaba con más de 4.500 millones de usuarios de internet,  3.800 millones en redes sociales, y 5.190 millones de dispositivos capaces de emitir contenidos desde cualquier lugar del planeta.

En las dos últimas décadas se han fracturado los esquemas de la comunicación tradicional con la aparición de millones de emisores, la desintermediación de la información, la aparición de las grandes plataformas que han erosionado el modelo publicitario sobre el que se asentaba el negocio de los medios, y la proliferación de los contenidos falsos.

En este contexto, la mayor investigación sobre la desinformación que se ha llevado a cabo en España ofrece conclusiones preocupantes: más de la mitad de la población es vulnerable a este fenómeno. El estudio, que ha publicado esta semana el Laboratorio de Periodismo de la Fundación Luca de Tena con el apoyo de Facebook, ha contado con un grupo de 16 investigadores interdisciplinares de las universidades San Pablo CEU y Rey Juan Carlos, que han trabajado sobre la base de 4.351 encuestas y un análisis cualitativo que se prolongó durante dos meses a través de una comunidad virtual con amplia diversidad de perfiles.

A grandes rasgos, los jóvenes -en especial los adolescentes- y los mayores se muestran más vulnerables ante la desinformación. El nivel de renta o de estudios también influye: a mayor riqueza o formación, menor exposición. En cuanto a los canales, la trayectoria o reputación de un medio destaca como un aval en la credibilidad de sus informaciones. En general, se otorga mayor credibilidad a medios con una línea editorial más moderada que a aquellos que adoptan una posición ideológica más escorada.

En todo caso, la mayor o menor credibilidad de una noticia “es un fenómeno multivariante en el que destaca como factor más relevante la vía por la que se descubre”, según apuntan los investigadores. El estudio revela que cuando el contenido de la información llega a través de familiares, amigos o referentes del receptor, adquiere mayor credibilidad; y pone de relieve el papel de la disonancia cognitiva, al subrayar la propensión a asumir como válida la información alineada con las creencias del sujeto.

Avanzamos hacia un nuevo estadio de la desinformación, un entorno en que se consolidarán nuevas fórmulas para promover contenidos engañosos. La tecnología basada en inteligencia artificial ya facilita la manipulación de videos en los que se puede tergiversar la voz, el semblante o la acción de cualquier personaje. El problema es que cada vez es más fácil construir este tipo de contenidos y ya hay expertos que se dedican a comercializarlos. Los deep fakes tendrán cada vez mayor capacidad para sembrar o aprovechar el caos en situaciones de alarma.

Por este motivo es fundamental profundizar en la búsqueda de soluciones. Los expertos que han desarrollado la investigación proponen tres grandes líneas de actuación: garantizar mayor transparencia del ecosistema digital, promover una mayor responsabilidad de los actores tecnológicos y favorecer la promoción de la alfabetización mediática para fomentar el espíritu crítico.

Ignacio Jiménez Soler, autor de La nueva desinformación: veinte ensayos breves contra la manipulación, añade una más: la responsabilidad personal. “La solución pasa por el esfuerzo personal por preguntar, por enfrentar conceptos, por estresar el contexto (…) por empeñarnos en indagar para trascender de la opinión y forjar criterios que aniden encima de ella. Más criterio y menos opinión”.

Aunque la posverdad es un fenómeno de cuño reciente, descrito por la Real Academia Española de la Lengua por primera vez en 2017 como la “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”, lo cierto es que esta fórmula no es novedosa y basta con observar al escenario político para entender el fenómeno en toda su amplitud. El pretexto de Cleopatra sigue en boga.


José Suárez de Lezo

Periodista y experto en comunicación política y corporativa. Arrancó su carrera profesional en el diario ABC en 1999 y en 2004 prosiguió como responsable de comunicación en diferentes organismos del Gobierno central y de la Comunidad de Madrid. En 2007 se responsabilizó de la dirección de comunicación de Vocento y en 2009 la de la Asociación de Medios Online (MediosOn), donde posteriormente asumiría la dirección general. En 2015 se incorpora a la Asociación de Medios de Información y, paralelamente, en 2016, participa en la creación del Laboratorio de Periodismo de la Fundación Luca de Tena, que dirige en la actualidad.

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Gema Aznar: “La comunicación es la clave de todo”

Gema Aznar, directora general de Mary Kay España, participa en un nuevo vídeo de PROA Comunicación en el que destaca la importancia de la comunicación. La directiva de la compañía líder en innovación para el cuidado de la piel pone también en valor el teletrabajo porque “permite tener los objetivos mucho más claros y aumenta la productividad”. Además, detalla cómo cree que esta situación cambiará la forma de gestionar las compañías en el futuro.

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Consciencia financiera: utiliza tu cerebro para tomar buenas decisiones

“La gente no compra lo que haces sino por qué lo haces”.

Simon Sinek

El cerebro triuno de Paul McLean sugiere que nuestro cerebro tiene tres grandes zonas de procesamiento de información y cada una de ellas representa una parte de lo que somos: desde nuestro lado más primitivo que nos emparenta con los reptiles, pasando por el centro de procesamiento de las emociones hasta la zona de las funciones superiores, aquel lado racional que nos distingue como especie. Estas tres áreas diferenciadas son claves a la hora de tomar decisiones y como las utilicemos y organicemos marcará tanto nuestro presente como seguramente nuestro futuro.

Si antes de tomar una decisión, parásemos y pensásemos, partiríamos del por qué: cuál es la razón que hay detrás de lo que vas a hacer. Lo importante no es tanto qué es lo que haces como por qué lo haces: lo esencial es saber por qué haces lo que haces. Estas dos preguntas se completan con el cómo al que hacía referencia Nietzsche: “Quien tiene un porqué, encontrará casi siempre el cómo”.

Por el contrario, actuar en modo supervivencia activaría primero el cerebro reptiliano (¿qué?), después el límbico (¿cómo?) y por último el neocortical (¿por qué?). Razonaríamos después de actuar, cuando ya no podemos hacer nada.

El cerebro reptiliano toma decisiones de forma automática con el objetivo básico de la supervivencia: es instintivo. Se estima que es responsable de hasta un 35% de las decisiones de compra que tomamos. Si ese cerebro antiguo es el que determina finalmente las decisiones más elementales de tu vida, ¿quieres sentir que te puede el cerebro de un reptil?

Además de los impulsos, hay que tener en cuenta otros aspectos. ¿Por qué compras marcas caras? ¿Qué te hace desear tanto ese par de zapatos que viste? ¿Por qué cuando has discutido con alguien y haces la compra, te llevas comida que no vas a comer sin sentirte culpable? La respuesta está en tus emociones. El cerebro emocional es responsable del 50% de las decisiones que tomamos: las preferencias de compra se llevan a cabo en esta parte de nuestro cerebro. Aunque no lo creas, siempre entran en juego las emociones y posteriormente las racionalizamos para justificarlas.

Nos quedaría entonces que el cerebro racional, el neocórtex, es responsable del 15% restante en la toma de decisiones de compra. Al no ser determinante, esta estructura es la que menos se intenta estimular en cuestiones de marketing, publicidad y ventas. Piensa en los anuncios de los nuevos smartphones, coches o perfumes: ¿recuerdas megabytes, potencia del motor o ingredientes en su composición? Los vendedores tratan de tocar la fibra sensible para vender una sensación asociada al producto, más que el producto en sí.

Los deseos, que por su propia naturaleza son impulsos físicos y emocionales, no surgen de la nada, pueden ser tanto conscientes como inconscientes. Por eso, si cogemos el hábito de parar y pensar antes de gastar, seremos conscientes de las razones y podremos decidir de manera racional. Si eres muy impulsivo y el cerebro reptiliano decide por ti, hay que parar antes de actuar. Si eres muy emocional y gastas en cosas que luego no son útiles o has utilizado para compensar otras necesidades, hay que parar antes de actuar.

Lo de fuera es reflejo de lo de dentro. Esta afirmación es una gran noticia: si lo material tiene origen en lo inmaterial, cuando controles tus emociones y pensamientos obtendrás control sobre los resultados. Saber explicar por qué hacemos lo que hacemos es la única forma de aceptar las consecuencias y vivir en coherencia y paz. Cuando el resultado no sea el esperado, entenderás por qué pasó y podrás actuar para cambiarlo o simplemente aceptarlo. Las personas que pueden explicar su por qué tienen mayor posibilidad de éxito.

Siempre tienes una buena razón para hacer lo que haces. Identificando por qué haces algo que no te gusta, como puede ser comprar o ahorrar en exceso, verás qué necesidad satisfaces y podrás encontrar una manera más adecuada de hacerlo. Si no, será muy difícil conseguir cambios duraderos. Las emociones que curas con dinero son tan fuertes y primarias y tan necesaria su satisfacción, que merece la pena pensar cómo puedes cuidarte teniendo consciencia de cómo lo haces hasta ahora y si estás contento con los resultados obtenidos

Hay que analizar los instintos y las emociones para decidir bien. Hay que utilizar el “¿por qué?” para apelar a la emoción. Pensar, sentir y actuar es la secuencia que lleva al éxito. Si nos decidimos a tomar el mando y a ser más astutos que nuestra mente, podemos convertirla en nuestra mejor aliada. Pero si la dejamos a su aire, puede llegar a transformarse en nuestro enemigo interno más temible. Que tus acciones sean el resultado de tus pensamientos.

Próxima semana: El cerebro triuno en las finanzas personales.


Rocío Ledesma del Fresno

Licenciada Summa Cum Laude en Dirección y Administración de Empresas con un Minor en Economía por The American University of Paris, además de haber realizado un Master en Finanzas en ICADE. Recientemente finalizó un Máster de Inteligencia Emocional en el Instituto Hune.

Durante 25 años fue Directora de los Departamentos de Innovación y Productos en Banif y Andbank. Actualmente es Manager en Dextra Corporate Advisors, boutique independiente de M&A y corporate, y consejera en Navis Capital Desarrollo, SGEIC, gestora de fondos de inversión alternativa registrada en CNMV. También forma parte de la asociación WA4STEAM, una comunidad internacional de mujeres business angels que buscan ampliar la presencia femenina en los campos STEAM, proporcionando no solo capital, sino también convirtiéndose en un socio estratégico para las futuras líderes.

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Por qué EE.UU. acaba de endurecer su política con China

La Administración estadounidense ha dado un salto cualitativo en la dureza de su relación con China. El 29 de mayo le acusó directamente de la expansión mundial del COVID. Durante las primeras semanas del brote, el régimen de Beijing asumió una estrategia de censura y represión sobre su propia comunidad científica y población civil para negar la existencia del virus. La pérdida de este tiempo precioso ha servido para que el COVID-19 alcance las actuales dimensiones de pandemia.

El mundo contiene el aliento por la ausencia de tratamiento específico ante el casi desconocido coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo grave (SARS-CoV-2), causa de la pandemia llamada COVID-19. El primer brote comenzó a finales de 2019 en la provincia china de Hubei, de cuyos 58 millones de habitantes forma parte su capital, Wuhan, con una población cercana a los 12 millones de personas.

Tras el análisis de su ADN, la comunidad científica internacional ha descartado que el virus fuera fabricado in vitro. No obstante, los cinco continentes se preguntan si el COVID-19 pudiera haber pasado accidentalmente al exterior desde el Instituto de Virología de Wuhan. El laboratorio es conocido por estudiar las consecuencias del coronavirus en los murciélagos, mamíferos a los que afecta como enfermedad endémica. Si bien en 2018 un miembro del Departamento de Estado de los EE.UU. manifestó a través de dos notas internas su preocupación por los bajos estándares de seguridad en dicho recinto, por el momento no existen pruebas que permitan concluir que el virus escapó de laboratorios chinos.

Con tales antecedentes, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido, Dominic Raab, tras un encuentro virtual del G-7 celebrado el pasado 16 de abril, manifestaron que en los orígenes del virus “pasaron cosas que desconocemos” y que China en el futuro “tendrá que contestar preguntas difíciles”. Pero más allá de las incertidumbres sobre su procedencia —que continúa investigándose—, cada día que pasa se encuentran bajo un más intenso escrutinio de la comunidad internacional los métodos del Gobierno chino para gestionar la crisis.

La reputación por encima de las vidas

El epicentro del brote epidémico se sitúa en Wuhan, en el popular mercado de alimentos de Huanan, situado a ocho millas del Instituto Virológico. Un mercado en el que se venden y cocinan mariscos y animales salvajes vivos —incluidos murciélagos, civetas, serpientes y pangolines— bajo prácticamente nulas condiciones de salubridad. The New York Times y The Economist se han hecho eco de la hipótesis relativa a que un investigador accidentalmente infectado del laboratorio de Wuhan habría ido a comer a este mercado. Por su parte, el presidente Trump, en unas declaraciones a la prensa, ha hablado en este contexto de “un terrible error”. Lo cierto es que ante la opinión pública internacional por ahora no hay pruebas concluyentes que permitan sostener tales afirmaciones.

Es evidente, en cambio, que la reacción del Ejecutivo chino fue ocultar los hechos una vez que el 20 de diciembre de 2019 se conocieron los primeros casos de personas infectadas.

En otras palabras, la Administración Pública del antiguo Imperio del Centro no actuó en primer lugar para proteger a los habitantes de la zona, sino para defender la reputación del Partido Comunista Chino a través del método más tosco: negar la existencia del problema y amenazar con represalias a quien sostuviera lo contrario.

El doctor Li Wenliang, el médico que el 30 de diciembre lanzó a sus exalumnos la alerta sobre el coronavirus, fue acusado de “difundir rumores”, delito penado con siete años de cárcel. Sus advertencias fueron silenciadas. Li fallecería el pasado 7 de febrero a causa de la enfermedad sobre la que advirtió, mientras que el Gobierno de Beijing trataba de sofocar tanto las muestras de apoyo hacia su persona como la marea de indignación contra las autoridades.

Al ocultar el brote epidémico a los medios de comunicación chinos, el público no dejó de visitar aquel mercado de alimentos hasta su cierre oficial, ordenado el 1 de enero de 2020. En las redes sociales y teléfonos móviles chinos la censura también obligó a suprimir palabras clave que aludían al brote, al tiempo que varios médicos y enfermeros fueron encarcelados por prevenir a la población.

Xi Jinping, presidente de la República Popular China y secretario general del PCCh, rechazó las ofertas iniciales de ayuda que durante un mes ofreció el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades estadounidense. Y pese a que los responsables chinos estaban en contacto con la Organización Mundial de la Salud (OMS), optó igualmente por ignorar sus consejos.

Los documentos de la Comisión Nacional de Salud china sobre el COVID-19 reconocían el obscuro panorama, pero fueron etiquetados como “internos” y su difusión pública se mantuvo prohibida durante el mes de enero. Mientras tanto, Li Qun, jefe del Centro de Emergencias de Control de Enfermedades de China, sostenía en la televisión pública que “el riesgo de transmisión de persona a persona es bajo”. La primera muerte reconocida por el régimen fue la de un hombre de 61 años de Wuhan que había visitado el mercado de Huanan. Falleció el 9 de enero. Dos días más tarde las autoridades confirmaban la identidad de virus, pero sin hacer referencia al inicio de la pandemia.

Oscurantismo en la cifra de fallecidos

Solo cuando el primer caso de coronavirus apareció fuera de China —el 13 de enero en Tailandia—, las autoridades comunistas descartaron su estrategia de ocultación; el descrédito habría sido mayúsculo si un país extranjero hubiera reconocido la epidemia antes que en el Estado de su procedencia. El presidente Xi realizó sus primeras declaraciones públicas acerca del virus el 20 de enero. El brote “debe tomarse en serio”, advirtió. La ciudad de Wuhan fue finalmente cerrada el 23 de enero. Según el estudio publicado el 13 de febrero por la Universidad de Southampton, Reino Unido, si el Gobierno de China hubiera actuado una, dos o tres semanas antes, el número de afectados en el país se habría reducido en un 66, 86 o 95%, respectivamente.

Las políticas del Gobierno chino están teniendo un fuerte impacto más allá de sus propias fronteras. La lenta reacción de la comunidad internacional no solo proviene del factor de impredecibilidad asociado a una enfermedad desconocida, sino del esfuerzo consciente que el aparato del partido-Estado ejerció durante un mes para, en primer lugar, censurar y perseguir a su propia población; en segundo término, ocultar datos significativos al concierto de las naciones; y, por último, llevar a cabo una gestión con serias muestras de ineficacia.

Varias agencias de inteligencia, incluidas las de EE.UU., estiman que la manipulación del régimen comunista también afecta a los datos que poseemos sobre la pandemia en la propia China. Ello genera una distorsión analítica que impide evaluar el efecto real del COVID-19 en la población mundial, lo que merma la eficacia de las estrategias sanitarias.

Es más, hay serias dudas sobre las cifras ofrecidas por China. Según los datos oficiales de Beijing, el número total de sus ciudadanos fallecidos ascendería a 4.642 personas de una población de 1.400 millones. En España, con 47 millones de habitantes, la cifra de fallecidos, también según datos oficiales, supera los 25.000 el día que se escribe este texto. Una mera extrapolación que cruce los datos españoles con el número de habitantes de China, ofrece la cifra de 700.000 fallecidos por el coronavirus en el país asiático, número que se quedaría corto al compararlo con cifras extraoficiales.

Fuertes presiones para intimidar a la Unión Europea

No es ningún secreto que el régimen de Beijing, consciente de que su imagen se encuentra seriamente dañada por sus tergiversaciones y ocultaciones sistemáticas, ejerce sobre Europa enormes presiones que se adentran en el campo de las amenazas más o menos veladas. El propio Servicio de Acción Exterior de la Unión Europea reconoce que estas tácticas desinformativas buscan, además, desacreditar la eficacia de las democracias occidentales para frenar la actual crisis y reforzar –por contraposición– el enr oque de Beijing en su modelo neocomunista.

La postura de la UE ante esta campaña de desinformación mundial en la que se ha embarcado el Gobierno chino viene definida por Josep Borrell, vicepresidente de la Comisión Europea y Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad Común. En este momento The Washington Post y The New York Times consideran una claudicación que Borrell haya autorizado la modificación de un informe para suprimir las facetas más críticas hacia China.

El Alto Representante ha reconocido la existencia de presiones chinas, pero niega cualquier cesión. La argumentación empleada por Josep Borrell consiste en que desde el principio él tenía en mente dos informes: uno, público, más suave; y otro, interno, con el 100% de la información, incluidos los contenidos más duros.

En cualquier caso, la consecuencia más dramáticamente cierta de este Chernóbil biológico es que en todo el mundo han fallecido —excluyendo los dudosos datos que proporciona China— más de 240.000 personas por el COVID-19 y peligra la vida de varios millones más. En cuanto al impacto económico que la pandemia generará en la economía mundial, resulta evidente que será enorme.

Mientras tanto, la dictadura neomarxista china de corte gramsciano aprovecha que la atención mundial se encuentra focalizada en el coronavirus para dar una vuelta de tuerca a su política represiva en la región semiautónoma de Hong Kong. Los líderes prodemocracia de la excolonia británica están siendo detenidos por el régimen. Así, catorce de sus dirigentes más prominentes, entre los que se encuentran editores de periódicos y representantes políticos, duermen entre rejas desde el 18 de abril. Este mes de mayo serán juzgados por organizar las multitudinarias manifestaciones de 2019.

Si algo pudiera tener de positivo la actual pandemia es que ha servido para hacer sonar la alarma de la opinión pública internacional acerca de los métodos y objetivos del régimen chino, objetivamente responsable de la extensión del COVID-19 por el mundo.

Este artículo fue publicado originalmente en Fundación FAES. Puede acceder haciendo click aquí.


José Barros

Periodista y consultor de comunicación.