El mal del narcisista

El trastorno narcisista de la personalidad tiene algunos de los siguientes rasgos: carácter y palabrería camaleónicas y un vacío que se tapa con el cultivo de la imagen. Al narcisista le interesa el poder, -el resto no cuenta-, es amoral, vanidoso, envidioso, con empatía estratégica, exigente con los demás y extraordinariamente tolerante con sus trampas. Calculador, trabaja para ensuciar la imagen de los otros, aliándose solo con quien le favorece. Tramposo y vengativo. Manipulador dando o recibiendo, porque de verdad ni da ni recibe. Autoritario y cobarde porque no puede dar la cara ni admitir errores propios. Simpático si le conviene. Con valores de quita y pon. Suele conseguir sus metas de mando y poder porque no tiene moral para valorar los cadáveres que deja en el camino. Tiene la facultad de paralizar la mente de los otros, así como su moral, su valentía. Por eso pueden llegar a ser magníficos dictadores. Exhibicionistas, no toleran que alguien esté por encima, les falta la capacidad de reconocer la valía, la autoridad, la ciencia de otros. De manera espontánea se sientan en la presidencia hasta que el ujier les advierte.

No reconoce la valía de nadie, porque tiene el instinto de ver a sus semejantes por su capacidad para seguirle, hasta cuando llega a las masacres. En la vida corriente no valora a nadie porque se cree por encima de todos y ha de tapar ese desprecio con halagos y valoraciones falsas. Quizá el punto grave es que no se conoce como es, no tiene interior; la vida es un espejo para acicalarse.  No  se pone límites, puede embarcarse en cualquier tarea, aunque no tenga capacitación para ella. Porque suelen ser buenos imitadores, falsificadores y representar cualquier papel. Algunos pueden ser buenos falsificadores. Sus palabras son un instrumento como la seducción, la mentira o la impostura.

Sánchez dijo que se iba porque con su renuncia deseaba contribuir a dar a la política un sentido de fidelidad a la palabra dada, y un sentido del compromiso que vaya más allá de la conveniencia personal. Su socio también se mostró así de claro: “El rollo de los políticos que viven en Somosaguas, en chalés donde no cogen el transporte público”. Era septiembre de 2015 y Pablo Iglesias le confesaba a Ana Rosa abriéndole las puertas de su hogar que estaba “bien a gustito” en su piso de 60 metros cuadrados. Antes, en 2012, dejó escrito en Twitter: “¿Entregarías la política económica del país a quien se gasta 600.000 euros en un ático de lujo?”, en referencia al entonces ministro de Economía, Luis De Guindos. Y añadió, respondiendo a una interpelación tuitera: “Que la política económica la dirija un millonario es como entregar a un pirómano el Ministerio de Medio Ambiente”. Entonces, ¿sería prudente alejar a este nuevo millonario de la caja registradora?

“El resentimiento y la envidia siempre están presentes en cualquier sociedad y especialmente en algunas ideologías. La derecha, extrema o no, cree en la eficacia de los pactos tácitos o explícitos que ponen fin a las guerras civiles. La izquierda los desprecia y, si parece admitirlos alguna vez, lo hace por consideraciones tácticas. Pero sólo confía en la continuidad de la guerra de clases bajo el simulacro de las paces o de las treguas” (Jon Juaristi, en El Cultural, 22-11-2019).

La Transición ha sido una tregua para ellos. Es necesario retomar la República y la fragmentación de España. Con la ayuda de la izquierda salvífica y progresista injertada ahora de Cubas,  Venezuelas y Bolivias, quieren imponérsela a los españoles.

Sería verdaderamente progresista dejar de manipular y atender a algunas urgencias y hacer números y mostrarnos el dineral en gasto sanitario, que nos cuesta ahora y costará después, el que un tercio de las muertes que se producen en España están relacionadas con factores de riesgo evitables: 67.000 se deben al tabaquismo, 52.000 están vinculadas a la mala alimentación, 32.000 al consumo de alcohol y 95.000 a la escasa actividad física. Sin contar las adicciones de los adolescentes al botellón y a las nuevas tecnologías. Sería muy progresista encarar de una vez estos temas y dejarse de dividirnos y utilizar nuestros votos para acelerar que España sea, todavía más, un Estado en demolición.

¿Y la ciencia?

Y progresista. La falta de adecuación entre las plazas que se ofrecen para formar nuevos médicos, la escasez de especialistas, una tecnología con falta de actualización y las necesidades reales que habrá en el futuro de médicos.

Otro. El cambio climático. Red Eléctrica no ha autorizado este año decenas de instalaciones de energía solar solicitadas, con argumentos diversos, para tapar las deficiencias de sus redes y gastar dinero en ampliarlas. Se lo ha gastado en una compra en el exterior. ¿Le interesa eliminar la contaminación? La dirige un progresista. La ciencia en España está enferma. Muy enferma. Desde hace muchos años, y aunque su enfermedad tiene cura, no se le dan ¡qué buen destino para esas propuestas de progresismo!

¿Es por el coste económico? ¿Necesita que se le inyecte más financiación pública? Por supuesto que la inyección de dinero desde la administración pública sería un aliciente. Pero no la solución. El mayor problema al que nos enfrentamos, a nivel científico, es la falta de una relación simbiótica que conecte el mundo académico con el empresarial, y las necesidades reales del día a día, beneficiando a ambas partes. Ayudaría al desarrollo de soluciones que la empresa necesita y, a su vez, a emprender nuevas líneas de investigación paralelas.

La gran mayoría de estas plazas, se accede por un mecanismo totalmente obsoleto en ciencia, como es el de las oposiciones. Tenemos la mitad de los investigadores con ansiedad y depresiones.

En definitiva, que dejen la lamentable intoxicación ideológica que nos aleja de los problemas reales de nuestra minúscula sociedad, insertada en una gigantesca complejidad mundial, y que no tratan en su revolución progresista. Mientras, negocian con los enemigos de España para hacerse con el poder y seguir su progreso personal mientras lideran el camino hacia atrás, hacia las repúblicas. Dejando de lado unificarnos para el presente y futuro complejo, ya con suficientes amenazas como para ponernos a trabajar juntos, cosa incompatible con la vuelta atrás que lideran para lo que les resulta necesario desactivar consensos y reactivar la mente primitiva que tenemos con la que votamos. El ciudadano debería saber que vota a aquellos con los que se identifica, a representantes iguales a su manera de ser y ver.


José Antonio Rodríguez Piedrabuena 
Especialista en Psiquiatría y Psicoanálisis. Especialista en formación de directivos, terapias de grupo y de pareja