José Suárez de Lezo —— El pretexto de Cleopatra

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“Marco Antonio es un mujeriego, un borracho y un simple títere de Cleopatra”. La campaña de descrédito que lanzó Octavio para acabar con la carrera política de Marco Antonio, en la que acuñó monedas con mensajes contra su adversario político, es uno de los primeros ejemplos de propaganda sistematizada que sirvió, tres décadas antes del nacimiento de Jesucristo, para estimular la cuarta guerra civil de la República y encumbrar a Octavio, bajo el nombre de Augusto, como el primer emperador romano de la historia.

El uso de la propaganda y la desinformación es tan antiguo como la palabra escrita. El conflicto político y bélico siempre ha ido acompañado de su propio relato, bien para incentivar al grupo afín o para desmoralizar al rival. Como explica Natalie Nougayrède, columnista de The Guardian, “el uso de la propaganda es antiguo, pero nunca hemos tenido tecnología tan efectiva para diseminarla”.

En enero de 2020, la población mundial se situaba en torno a 7.750 millones de habitantes, contaba con más de 4.500 millones de usuarios de internet,  3.800 millones en redes sociales, y 5.190 millones de dispositivos capaces de emitir contenidos desde cualquier lugar del planeta.

En las dos últimas décadas se han fracturado los esquemas de la comunicación tradicional con la aparición de millones de emisores, la desintermediación de la información, la aparición de las grandes plataformas que han erosionado el modelo publicitario sobre el que se asentaba el negocio de los medios, y la proliferación de los contenidos falsos.

En este contexto, la mayor investigación sobre la desinformación que se ha llevado a cabo en España ofrece conclusiones preocupantes: más de la mitad de la población es vulnerable a este fenómeno. El estudio, que ha publicado esta semana el Laboratorio de Periodismo de la Fundación Luca de Tena con el apoyo de Facebook, ha contado con un grupo de 16 investigadores interdisciplinares de las universidades San Pablo CEU y Rey Juan Carlos, que han trabajado sobre la base de 4.351 encuestas y un análisis cualitativo que se prolongó durante dos meses a través de una comunidad virtual con amplia diversidad de perfiles.

A grandes rasgos, los jóvenes -en especial los adolescentes- y los mayores se muestran más vulnerables ante la desinformación. El nivel de renta o de estudios también influye: a mayor riqueza o formación, menor exposición. En cuanto a los canales, la trayectoria o reputación de un medio destaca como un aval en la credibilidad de sus informaciones. En general, se otorga mayor credibilidad a medios con una línea editorial más moderada que a aquellos que adoptan una posición ideológica más escorada.

En todo caso, la mayor o menor credibilidad de una noticia “es un fenómeno multivariante en el que destaca como factor más relevante la vía por la que se descubre”, según apuntan los investigadores. El estudio revela que cuando el contenido de la información llega a través de familiares, amigos o referentes del receptor, adquiere mayor credibilidad; y pone de relieve el papel de la disonancia cognitiva, al subrayar la propensión a asumir como válida la información alineada con las creencias del sujeto.

Avanzamos hacia un nuevo estadio de la desinformación, un entorno en que se consolidarán nuevas fórmulas para promover contenidos engañosos. La tecnología basada en inteligencia artificial ya facilita la manipulación de videos en los que se puede tergiversar la voz, el semblante o la acción de cualquier personaje. El problema es que cada vez es más fácil construir este tipo de contenidos y ya hay expertos que se dedican a comercializarlos. Los deep fakes tendrán cada vez mayor capacidad para sembrar o aprovechar el caos en situaciones de alarma.

Por este motivo es fundamental profundizar en la búsqueda de soluciones. Los expertos que han desarrollado la investigación proponen tres grandes líneas de actuación: garantizar mayor transparencia del ecosistema digital, promover una mayor responsabilidad de los actores tecnológicos y favorecer la promoción de la alfabetización mediática para fomentar el espíritu crítico.

Ignacio Jiménez Soler, autor de La nueva desinformación: veinte ensayos breves contra la manipulación, añade una más: la responsabilidad personal. “La solución pasa por el esfuerzo personal por preguntar, por enfrentar conceptos, por estresar el contexto (…) por empeñarnos en indagar para trascender de la opinión y forjar criterios que aniden encima de ella. Más criterio y menos opinión”.

Aunque la posverdad es un fenómeno de cuño reciente, descrito por la Real Academia Española de la Lengua por primera vez en 2017 como la “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”, lo cierto es que esta fórmula no es novedosa y basta con observar al escenario político para entender el fenómeno en toda su amplitud. El pretexto de Cleopatra sigue en boga.


 

José Suárez de Lezo
Periodista y experto en comunicación política y corporativa

 

Arrancó su carrera profesional en el diario ABC en 1999 y en 2004 prosiguió como responsable de comunicación en diferentes organismos del Gobierno central y de la Comunidad de Madrid. En 2007 se responsabilizó de la dirección de comunicación de Vocento y en 2009 la de la Asociación de Medios Online (MediosOn), donde posteriormente asumiría la dirección general. En 2015 se incorpora a la Asociación de Medios de Información y, paralelamente, en 2016, participa en la creación del Laboratorio de Periodismo de la Fundación Luca de Tena, que dirige en la actualidad.

Cabe la reproducción de este texto siempre que se mencione a PROA Comunicación como su fuente original.

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