Líderes autoritarios, líderes progresistas

Alejandro Magno atacó directamente al caudillo persa que huyó espantado y su ejército se dispersó, se fragmentó. Hernán Cortés con solo cinco jinetes cargó contra Cihuacóatl azteca, lo derribó de una lanzada y el ejército se dispersó. Tito, el mariscal, se va a otra vida y Yugoslavia se fragmentó; Sadam Hussein, liquidado, su pueblo sigue peleándose entre sí. Franco se murió y volvimos a fragmentarnos, hasta el día de hoy. La dictadura produce fragmentación social, porque no cuenta o elimina a aquellos que no comulgan con su visión.

El líder autoritario puede aglutinar, de momento, fuerzas dispares presentes en todo grupo, grande o pequeño; intenciones encontradas, egoísmos, fuerzas de cohesión y de dispersión mientras él vive, luego se vuelve a lo anterior fragmentado que ha estado latente.

Cada cerebro instalado en su fortaleza dogmática, con sus creencias y opiniones inconmovibles, su dificultad para pensar de otra manera. Por tanto, en cualquier grupo, familia, nación encontramos lo humano; una reunión de seres igualados en ambivalencia emocional, con pensamientos y acciones automáticas sin cuestionarse, con amor y odio, con necesidad de ignorar o de atacar lo diferente, negando los “pecados” de sus dirigentes. Esto no lo van a cambiar las democracias actuales. Que dejamos en manos de personajes o movimientos emergentes encargados de actualizar la existencia del enemigo para votar contra el mismo. Las emociones manejadas, excitadas  es lo que cuenta para que las personas estallen, se enfrenten y se destruyan entre sí. Nos desquician, nos hacen regresivos, vean de hablar de política con amigos y familiares y aparecerán rupturas, agresión, descalificación. Su necesidad de vivir de la política mediante descalificaciones a falta de programas y comprensión profunda de lo que necesita la Nación, ha permeado a la sociedad

El líder verdadero, barrunta, casi adivina el futuro, es integrador, necesita de todos. Sin embargo, estos que tenemos  van de ganar unas elecciones, cabrear y enfrentar al personal.

Hay tácticas tan viejas como la humanidad, despertar esperanzas mesiánicas; se unieron para la cristiandad universal, para la revolución planetaria, o como un proyecto progresista. Otra táctica empleada en España, todos los días, es señalar al enemigo para que sientan que son atacados o amenazados y se unan en el proyecto descalificatorio primero y en adelante hasta poder llegar a la aniquilación del “enemigo”. Ambas tácticas producen depresión social, desencanto y gentes que se identifican con estos supuestos y la mayoría que se desilusiona y se deprime.

Ahora tenemos “la suerte” de contar con un gobierno progresista. Los que no lo somos seremos confinados detrás de un buen cordón sanitario.

El progresista, al declararse como tal, en esta España tiene una fuerza emocional brutal, es una acusación moral, un desprecio de los que no lo somos, se emplea para crear culpa, para excluir, es el narciso que se cree superior, por su categoría, su puesto, su clase o por ser de izquierdas y progresista. Todo lo contrario, a un proyecto unificador que necesitamos.

Un buen diagnostico de personalidad es saber el efecto que nos produce su lenguaje, sus expresiones, su presencia. Si nos sentimos sin argumentos, con miedo, acorralados, estamos ante un psicópata o un narciso patológico. En este caso, el gobierno progresista, formado por progresistas con la patente que los coloca del lado bueno, limpio, ideal, del lado honesto de la historia, con programas sociales, con su correspondiente necrofilia, con una buena limpieza de nombres de calles de aquellos indeseables, culpables, para colocar sus los buenos. Todo esto forma parte del progresismo -que no del progreso-. Hacer una historia que confirme su superioridad moral que se adjudican en su totalidad. De tal manera que yo y mis conciudadanos quedamos en el lado de los que se hace necesario colocar un cinturón, o algo que nos diferencie, como que somos de la derechona y otros epítetos menos inocentes. Es el truco perverso de siempre, los herejes, los infieles, que desencadenaron fuerzas sociales tremendas o los traidores de clase que acabaron en el paredón.

Ha sido difícil llegar a pactos porque martillean cada día sembrando diferencias, descalificaciones, en los procesos electorales, antes y después. No pueden pactar con la derechona y es natural, le falta esa superioridad de narcisista patológico que deviene en superioridad moral.  Tenemos una pareja con amor interesado. Ambos dan un braguetazo.

Elecciones como solución

Ahora otras elecciones y después otras en las que se va a volver a recordar que hay buenos y malos y a dividirnos, a enfrentarnos. Por tanto, se está tratando una enfermedad con una chapuza: elecciones. Pasan los días dividiendo, descalificando, ninguneando, y en algunas cadenas de televisión azuzando la división. A su cerebro, como el del Quijote, no le importa que puedan ser ovejas o molinos; sus lecturas, su credo de izquierdas, necesita que sean sarracenos y gigantes. El Quijote en su omnipotencia y en su intoxicación libresca, no podía si no inventarse enemigos de su talla. Es lo toxicómano de algunas ideologías.

En esta labor de zapa para tenernos fragmentados se dan los resultados electorales que sabemos. Yo diría que es un azuce perverso, una necesidad como aquel heroico caballero de defender sus ideales, sin ver la realidad que necesitamos, solo la que sale de su ideología. Todos sabemos que están en este corral de pueblo jugando a las cartas-escaños, mientras ocurren cosas que nos alejan de las tareas que tenemos por delante y frenan nuestro desarrollo como Pueblo. Es el resultado de este cerebro del que somos portadores: un conjunto de experimentos evolutivos primitivos conservados, de chapuzas, atajos y arcaísmos tendientes a eludir la complejidad y tirar adelante necesitamos trazos gruesos, definir los enemigos, permanecer viendo o sintiendo que estamos en la verdad y otras características que he descrito en artículos anteriores. Christian Salmón: “Una sociedad pilotada por medias verdades va directa al abismo”. Ha habido muchas en esta campaña electoral, se han creado historias a medida. “Ahora España” por ahora con los independentistas.

Los progresistas de Nicaragua ocuparon el poder y crean un estado de represión y de agresiones del gobierno a la población. Otro progresista en Colombia fragmentada como aquí de buenos y malos. Ecuador ha estallado también ante la política progresista de los gobiernos de izquierda; Cuba, Venezuela, modelo para algunos de nuestros jóvenes progresistas, que han contribuido para llevar el “progreso” a las naciones mentadas.


José Antonio Rodríguez Piedrabuena 
Especialista en Psiquiatría y Psicoanálisis