José Antonio R. Piedrabuena —— El estrés durante y después del confinamiento

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No estamos en condiciones de negar que el confinamiento, el ambiente tóxico de fragmentación creado y mantenido cada día por algunos políticos, y sus perversos globos sonda, ha creado estrés, y lo sigue produciendo -estrés adrenérgico, por la adrenalina-. Sumando esto a las múltiples inseguridades del ciudadano como consecuencia del virus. Un ciudadano necesita de estabilidad institucional, económica, jurídica, sanitaria, elementos todos atacados, casi a diario por el equipo que nos gobierna. Unas influencias ambientales que favorecen la progresión de muchos tumores, incluyendo el cáncer de mama. Y otros trastornos de la salud. Para poner en contexto, investigadores del CIBERCV en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa han descubierto que el estrés ambiental dispara el crecimiento de células malignas.

El clima de división creado y mantenido por ellos y del que ya no pueden salir,  atrapados por su ideología, como el Quijote, en esos interminables -por lo menos para mí- argumentos para su prepotente ingeniería social. Inmunes a los datos de la realidad. Todo lo cual está afectando a nuestra salud mental colectiva.

Todo esto puede contribuir a mantener situaciones crónicas de estrés emocional que aumentan los niveles de hormonas (catecolaminas) que actúan sobre las células cancerosas. Estas hormonas de estrés aumentan las proteínas GRK2 y HuR activando la producción de HIF-1 y de factores formadores de vasos sanguíneos, para nutrir a los nuevos tejidos invasores, metástasis.  ¡No se pueden divulgar estos nombres ni cambiarlos!

Por este mecanismo el estrés puede facilitar la supervivencia de las células malignas. El aumento de estas proteínas en tumores de mama puede ayudar a progresar en condiciones de estrés emocional, incluso esos mismos tumores que a priori tienen mejor pronóstico y tratamiento como los tumores dependientes de estrógenos”, concluye la investigadora del CIBERCV, Petronila Penela. En otro artículo explicaré cómo puede suceder.

El Centro del Cáncer MD Anderson de la Universidad de Texas tiene una línea de investigación centrada en el campo de la nutrición, en el que colabora la oncóloga Jennifer McQuade.

La dieta rica en verduras, frutas aceite de oliva y frutos secos, ha demostrado su gran influencia sobre la microbiota, destacándose los efectos antinflamatorios y pro inmunitarios, (conjunto de bacterias de nuestros intestinos). Incluso también tieve cabida como prevención y mejora del efecto de los tratamientos cuando el tumor está establecido. En tumores muy diversos: además de en cáncer colorrectal, otros en los que se investiga son melanoma, carcinoma renal y de pulmón.

La doctora McQuade afirma que: “Estos constituyentes de la dieta favorecen la colonización de  las bacterias que contribuyen a digerir la fibra, porque se alimentan de ella y fabrican para el intestino nutrientes imprescindibles para la salud de nuestros tejidos intestinales. Incluso los que van a iniciar la inmunoterapia y aquellos que siguen una alimentación alta en fibra [consumo habitual y elevado de frutas, verduras y cereales integrales, copos de avena] tenían cinco veces más probabilidades de responder al tratamiento”.

En mi libro Dieta Mediterránea y ejercicio físico, donde está todo esto ampliado, demuestro cómo nos afecta una dieta rica en fibra (alto consumo de verduras y fruta, cereales integrales y frutos secos), beneficiosa en muchos otros aspectos, como el cardiovascular, para el colesterol y el azúcar en sangre, glucemia.

Otro grupo de investigadores que analizó a pacientes franceses, descubrió que la mejor respuesta a los inhibidores de checkpoint se asociaba a la elevada presencia de Akkermansia muciniphila, bacteria característica de la microbiota de consumidores muy moderados de vino, frutos secos y chocolate. Estos concluyeron que “el proceso de fermentación que producen las bacterias de los que consumen dichos alimentos:  ácidos grasos de cadena corta que son el principal nutriente de los enterocitos, las células que conforman la capa mucosa del intestino, y que, a su vez, contribuye a la inmunidad. También se ha visto recientemente que los ácidos grasos de cadena corta pueden intervenir en cambios epigenéticos de los linfocitos citotóxicos que cité en otro artículo y en la conversión de  los linfocitos T efectores en células de memoria”. Así esperarán otro ataque del virus y no tienen que aprender de qué se trata o cómo atacarlo.

Además de la microbiota intestinal inadecuada y otros factores intervienen negativamente, como ya he escrito aquí mismo, en la inmunidad: el estrés, la falta de actividad física, el tabaco y cuando se acuesten tarde o duerman pocas horas. El poco dormir altera algunos componentes celulares del sistema inmunitario.

Además de la dieta citada, conviene señalar un estudio realizado por investigadores de las facultades de Medicina de Oviedo y de Medicina Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, los cuáles han evidenciado por primera vez en modelo animal que el jamón de bellota 100% natural, ejerce un efecto beneficioso sobre ciertas patologías digestivas mediadas por la inflamación, como es el caso de la colitis ulcerosa (CU), lo que amplía la lista de bondades sobre la salud ya conocidas de este producto cárnico curado tradicionalmente y uno de los referentes de nuestra dieta mediterránea.

Aporta altos niveles de ácido oleico monoinsaturado y una baja proporción de ácidos grasos omega-6 y producir importantes variaciones en la composición de la microbiota intestinal, potenciando el desarrollo de varios géneros bacterianos con actividad antiinflamatoria beneficiosa. Además, aporta altos niveles de ácido oleico, y antioxidantes. Sería suficiente con ingerir 50 gramos diarios de este jamón para conseguir el beneficio.

Sobre la posibilidad de conseguir estos beneficios mediante suplementos, no sería posible, la biodisponibilidad junto a sus micronutrientes no sería posible con píldoras. Al consumir jamón de bellota aumenta las actinobacteria, bacteroidetes y proteobacteria. El jamón de bellota reporta cambios muy significativos y aumenta la actividad antiinflamatoria en géneros bacterianos como alístipes, bacteroides, blautia, butyricimonas y parabacteroides, explica el Dr. Felipe Lombó, del grupo de investigación en Biotecnología y Compuestos Bioactivos y Nutracéuticos (Bionuc), del Departamento de Biología Funcional del Área de Microbiología de la Universidad de Oviedo.

Cabe la reproducción de este texto siempre que se mencione a PROA como su fuente original


 

José Antonio Rodríguez Piedrabuena
Especialista en Psiquiatría, y en formación de directivos, terapias de grupo y de pareja

 

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