José Antonio Rodríguez Piedrabuena—— Alcohol y cáncer los productos lácteos y la salud

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A propósito de los botellones y las no fiestas

El consumo moderado de vino no acortó la vida. Por el contrario, los bebedores regulares muy moderados, exhibieron tasas de mortalidad algo más bajas y una mayor expectativa de vida que los abstemios. Esta superioridad no es grande en el bebedor moderado masculino y puede no ser significativa estadísticamente. Pero, ciertamente, no respalda la creencia casi universal de que el alcohol siempre acorta la vida, incluso en cantidades moderadas.

En el caso concreto del alcohol, sobre el que hay evidencia sólida, las asociaciones de la ingesta con el riesgo de cáncer de riñón y estómago se clasificaron con un “evidencia débil“; en cambio, la que lo relaciona con cáncer de mama pre menopáusico fue calificada con “evidencia convincente”.

“Los mecanismos biológicos que relacionan el consumo de alcohol con el cáncer de mama implicarían, principalmente, concentraciones de estrógenos circulantes e intracelulares alteradas y la posterior proliferación de receptores de estrógenos (RE) en las células epiteliales mamarias. Más específicamente, el consumo de alcohol se ha asociado con un aumento de las concentraciones de estrógenos y andrógenos circulantes en estudios observacionales, y el etanol promueve la proliferación de células de cáncer de mama ER+ pero no ER−”.

La ingesta crónica de alcohol, se ha asociado, además, con estrés oxidativo, (vejez prematura, arrugas en a la piel) disbiosis intestinal, se altera la composición de las bacterias intestinales sin las que no podemos tener salud ni vivir muchos años e hiperpermeabilidad a productos bacterianos luminales, porque daña las un iones estrechas entre las células intestinales,  lo que puede conducir al desarrollo de cáncer colorrectal, enfermedad hepática alcohólica y cáncer de hígado.

Los efectos carcinogénicos directos, y sus metabolitos son otro mecanismo potencial para la aparición del cáncer, ya que el acetaldehído, -uno de ellos, que luego será detectado con el alcoholímetro-, que el organismo tratará de eliminarlo hasta por la piel, y también se transforma en grasa abdominal.

Esta sustancia se une rápidamente al ADN y las proteínas y produce aductos de ADN, lo que da lugar a mutaciones puntuales en él. Aductos, formas de ADN que resultan de una exposición a carcinogénicos (en el caso de los fumadores, estos serían carcinogénicos componentes del humo).

Y el poder de la leche

Los productos lácteos pueden reducir el riesgo de cáncer colorrectal debido a su alta concentración de calcio. “Otras vías incluyen la regulación de la proliferación, diferenciación y apoptosis celular mediante la preservación de la integridad de las células epiteliales intestinales y el mantenimiento de la homeostasis inmunitaria en el intestino“.

Asimismo, apuntan que los estudios han demostrado que “las bacterias del ácido láctico – yogures, quesos y kéfir–  pueden absorber mutágenos de los alimentos cocidos, desactivar los carcinógenos intestinales y reducir la inflamación intestinal. Tomar queso en las comidas como se hace en Francia, y se hacía antaño, aquí en el ámbito rural.

Los productos integrales, copos naturales sin añadirles nada de cereales, semillas y frutos secos,  como agentes protectores frente al cáncer colorrectal, de lo que hay, dicen, “pruebas sólidas que lo respaldan”. Y es que contienen niveles altos de fibra dietética y otros nutrientes y sustancias con potenciales propiedades anticancerígenas. Específicamente, la fibra dietética “acorta el tiempo de tránsito intestinal, diluye el contenido colónico y promueve la fermentación anaeróbica de las bacterias intestinales. Como resultado, las sustancias cancerígenas están menos tiempo en contacto con las células epiteliales, mientras que se producen ácidos grasos de cadena corta”. Además, los productos integrales reducen las concentraciones de insulina en ayunas, que es un factor de riesgo establecido para el cáncer colorrectal.

El café

En relación al café, en este trabajo se ha comprobado que ha sido objeto de muchas investigaciones. “Encontramos evidencia que sugiere que la ingesta de café disminuye el riesgo de carcinoma de células basales de hígado y piel. Los efectos beneficiosos del consumo de café podrían deberse a las propiedades antioxidantes y antinflamatorias de sus compuestos fitoquímicos que pueden proteger contra enfermedades desencadenadas por inflamación como el cáncer. Además, el consumo de café se ha relacionado con un mejor perfil de marcadores de lesión hepática y, por ello puede reducir el riesgo de cáncer de hígado”. Pero no más de dos tazas al día, con cafeína o no.

Como conclusión, proponen que, en el ámbito de la salud pública y las políticas sanitarias, “los esfuerzos deben estar dirigidos a discernir los principales factores de riesgo de cáncer relacionados con la dieta, en particular la obesidad y el consumo de alcohol.

Los principales factores de riesgo dietéticos son un alto consumo de sodio y una baja ingesta de productos saludables, como los granos enteros,- copos naturales de avena- la fruta, los frutos secos, las semillas, el aceite de oliva  y vegetales. “El trabajo también resalta la necesidad de intervenciones que promuevan la producción, distribución y consumo de alimentos saludables en todo el mundo”, ha explicado Christopher Murray, director del Instituto de Métricas de Salud y Evaluación de la Universidad de Washington.

*Los textos reflejan el punto de vista del autor y son independientes de las opiniones de PROA

Cabe la reproducción de este texto siempre que se mencione a PROA como su fuente original

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