Las elecciones, primera parte

Nuestro cerebro no ha sido construido para nosotros, viene de una serie de éxitos adaptativos conservados, módulos, partes, sistemas que vienen de muy atrás en la evolución, lo que explica porqué somos como somos. Es más, la estructura de nuestro cerebro es común a todos los animales que tienen vertebras. No podemos ser tan ingenuos que todo ese conjunto de características heredadas dentro de la estructura anatómica y funcional común a todos los animales con cráneo no vayan a participar en lo que somos. No tenemos argumentos para negar que somos animales. Los gusanos planos en el fondo del mar ya habían inventado las neuronas, este sistema les servía para coordinar acciones.

Somos una historia que se remonta a 550 millones de años de evolución de los componentes del sistema nervioso.

El cerebro es un todo, una unidad inseparable: Cerebro, cuerpo y ambiente, presente y pasado, familiar y ancestral, funcionando en sus tres dominios en una interacción instantánea y constante, absolutamente inseparable. Dentro de este conjunto se produce la mente, aunque no sabemos el cómo.

El cerebro es predictivo, anticipa: Toma medidas en base a sus predicciones de movimientos desde los sentidos y desde la mente. Pero con este cerebro común a todos los que tienen cráneo, nuestras predicciones y las suyas, se suelen limitar a lo que tenemos delante de las narices, al presente. Aquellos homínidos de hace dos millones de años, o un millón, o cuarenta mil años, estaban apremiados, urgidos, acosados por el día a día, llenos de peligros, inclemencias, y con una esperanza de vida cortísima. Ese cerebro se quedó y está en el nuestro actual. Esa falta de capacidad predictiva está detrás de todos los adictos, de las propuestas electorales para esta campaña, de la falta de predicción de futuro de los sedentarios, de los fanáticos, de los desajustados. No oímos hablar a nuestros políticos de la educación que habrá que hacer para los retos que nos esperan, ni del cambio climático, ni de hacer, como en cualquier empresa una auditoría sobre el funcionamiento de la burocracia, para que sea barata, eficiente, tecnificada y para facilitar la vida del ciudadano. Ellos y nosotros viendo y analizando desde nuestros grupos de pertenencia tan limitados todos circulando por la noche con las luces cortas de esta legislatura, de nuestra ideología y de nuestra pertenencia.

Cada cerebro que hace predicciones estará influido por otros cerebros y él a su vez influirá en otros

Principio explotado por el marketing con “el nuevo formato, el nuevo modelo, la última generación, proyecto progresista”. Vivimos con automatismos y representaciones internas que van a ser las guías de nuestras decisiones

Necesidad de interpretar la realidad con trazos gruesos para poder decidir en aquel ambiente de depredación o de oportunidades efímeras había que agarrarlas sin dilación. Y con el añadido de que los sentidos no ofrecen una lectura literal del mundo, porque el cerebro interpreta según contenidos almacenados, buscando que coincidan para ahorrar energía. Mantenemos mediante todos los mecanismos de defensa nuestra construcción personal del mundo, nuestra identidad, creencias, fobias y filias. Desde el principio de la evolución se crearon cerebros que debían decidir entre blanco y negro; entretenerse en detalles podía costar la vida y lo hemos conservado en la mente actual. Ven el porqué los simplismos, las mentiras, los bulos, las descalificaciones, los de izquierdas y de derechas, los poderosos que tanto le fascinan a algún político frustrado porque no ha podido alcanzar el cielo, lo de fachas, o los bancos y el capitalismo. Toda esa amalgama nos ha acompañado desde el principio de la civilización hasta ahora y todo este arsenal de emociones de las cavernas se utilizan como armas destructoras de la convivencia y contra la comprensión profunda y verdadera de los hechos.

Esto nos ha lastrado, porque esta necesidad biológica, pasada a nuestra psicología, nos coloca en situación de simplificar, de eliminar matices buenos y malos. Con muy poco interés ni capacidad para lo complejo que impedía decisiones rápidas. Un mitin debía durar unas horas en que el partido explicara su programa, esto no se hace porque no tenemos capacidad mental, ni interés, ni ganas de saberlo. Estamos emocionalmente en las cuevas de Altamira, y aquellos necesitaban cosas simples para salir a vivir. Los cambios en la naturaleza, en los cerebros necesitan millones de años para producirse, los genes no votan a ningún partido y en esto siguen engañándonos los progresistas. Actitud emocional básica, ya lo hemos dicho como deficiencia perfectamente explotada por demagogos, eslóganes, propuestas políticas, persecuciones y exclusiones. Que tienen éxito porque tenemos dentro resúmenes simplificados que utilizamos para todo, entre otros sobre nosotros mismos y el mundo en derredor. Estos resúmenes el cerebro los hace comparar con lo nuevo que se le presenta con la intención de que coincidan y no sea necesario cambiar de opinión ni de postura: ¡Esto ya me lo sé! ¡Si yo ya sabía que! Estamos programados para ser paranóicos, ¿Dónde has dejado mis calcetines? Crea un enemigo exterior y te seguirán. “¡La sociedad me ha…! En mi casa siempre votamos a…” “votaré a tal asta que me muera”. Trata de endilgar las culpas fuera y estimula nuestras simplicidades y te votaremos. Influenciados por simplezas y por encontrar a los culpables de… “Los incendios de Canarias ha sido culpa del capitalismo”, una manera “cabrona” de destruir y faltar a la verdad, pero explicable por lo que estoy narrando.

El cerebro busca contrastes que le den un trazo grueso de lo simple, pues lo complejo no permite decisiones rápidas y se evade de aquello que requiere un tiempo en el que la espera puede ser un peligro añadido al exigir un trabajo mental costoso en términos de energía.

La creación de grandes categorías del funcionar mediante el pensamiento dual…, se quedó con nosotros. Así ya tenemos las bases de la propaganda electoral, que nunca será la exposición detallada de programas porque los humanos no se concentrarían en estudiarlos; y, por lo demás, la política ha de tener las características emocionales de la religión. Véase Corea del Norte y el empeño de los comunistas actuales por llegar a algo parecido, porque Fidel, Maduro y el resto de la peña se han quedado a medias.


José Antonio Rodríguez Piedrabuena 
Especialista en Psiquiatría y Psicoanálisis