Madrid: modelo cultural a exportar

Suelo señalar la importancia que tiene la conquista del clima de opinión de Hayek, la filosofía de los no filósofos gramsciana o de los significantes flotantes de Laclau en materias como el feminismo, la sexualidad o el medio ambiente, a la hora de que el centroderecha español de la batalla cultural. Y lo hago recordando, sobre todo, la importancia de no discutir con el adversario utilizando su lenguaje porque implica comprar su marco para definir la sociedad y, por lo tanto, contribuir a la victoria de la izquierda en esta batalla.

Es importante que el centroderecha cree marcos narrativos propios desde los que presentar su perspectiva en diversas materias. Como explicaba Friedrich Hayek en su ensayo Los Intelectuales y el Socialismo, a través de la conquista del clima de opinión la persona promedio puede descubrir teorías filosóficas sin estudiarlas, sin ser explícitamente consciente de lo que son y reemplazar las ideas erróneas del socialismo.

Por ello, es importante abrir el discurso y dar la batalla en diversos campos sin olvidar que nuestro objetivo es un orden político que reconoce al individuo como sujeto de derechos y no la promoción de formas de organización social donde la naturaleza, la raza, el sexo o la orientación sexual son las correcciones a las cuales se debe someter la sociedad.

Pero no todo el trabajo está por hacer, existe un oasis en medio de España que, en materias como la fiscal, la libertad de elección educativa o el urbanismo, promueve que los individuos puedan perseguir sus fines individuales y proyectos vitales de manera libre. En la Comunidad de Madrid se ha conseguido que, en estas materias, a través de marcos mentales y discurso propio, la filosofía de los no filósofos o los significantes flotantes se haya conquistado por parte de la derecha moderada. En materia de tributación, urbanismo o libertad de elección educativa, el centroderecha ha conseguido que la persona promedio pueda descubrir las teorías filosóficas de la libertad sin estudiarlas y establecer el paradigma por el que se va a regir en las próximas décadas.

Fue seguramente el discurso sin complejos en materia tributaria del centroderecha madrileño y sobre todo la experiencia acumulada desde el año 2005, cuando los primeros presupuestos del gobierno de Esperanza Aguirre comenzaron la senda de rebajas fiscales en impuestos como el de donaciones, patrimonio o sucesiones (donde en los años 2007-2008 se eliminó completamente el segundo  y se bonificó al 99% para los familiares más cercanos el último) y que culminó en el año 2018 con una rebaja de medio punto en el tipo mínimo del IRPF, hasta dejarlo en el 9%, el tipo más bajo de toda España, lo que llevó a que el espectro de la derecha, a pesar de su división y de que el socialismo de Gabilondo pasara en primer puesto en las elecciones autonómicas por primera vez en varias décadas, sumara.

Y es que gran parte del programa de Gabilondo, y de sus posibles socios, se centró en un aumento del IRPF a partir “de cierta cantidad” o en que los madrileños deberían, nuevamente, “hacer un esfuerzo” sobre el Impuesto de Sucesiones y Donaciones a partir de “ciertas cantidades”. Todo esto en una región donde los sucesivos Gobiernos han mantenido un marco narrativo propio desde el que presentar su perspectiva moral en materia tributaria, y en el que los ciudadanos han experimentado como las bajadas de impuestos, no ha conllevado merma alguna en la calidad de los servicios públicos o como se ha recaudado 1.200 millones de euros más que en Cataluña y el doble que lo que recaudaba la Andalucía socialista.

Lo mismo ocurre en Madrid cuando se habla de libertad de elección educativa. Solo Ciudadanos a comienzos de la pasada legislatura tuvo un tibio coqueteo al renunciar a liderar este caballo de batalla para sumarse a la izquierda. Por eso no sorprende que los madrileños no compraran en las pasadas elecciones autonómicas a Isabel Serra un modelo donde uno de sus pilares fundamentales era la eliminación de 18 conciertos de colegios con modelos educativos diferenciados. En la Comunidad de Madrid el 46% de los alumnos de Enseñanzas de Régimen General se matricularon en centros concertados o privados.

Por último, y en cuanto a las victorias culturales del centroderecha en Madrid, es muy interesante leer una tribuna publicada en El Confidencial de Fernando Caballero Mendizabal titulada ¿Por qué Madrid es de Derechas?, donde afirma que “durante más de dos décadas se ha planificado y construido un modelo social y económico que genera unas lógicas de comportamiento liberal-conservadoras” […] “un estilo de vida del que no escapan ni los que se erigen como líderes progresistas, que también disfrutan en barrios donde el espíritu comunitario se disuelve en un modelo social de urbanizaciones con piscina y plaza de garaje”.

Pero el resto de España no es la Comunidad de Madrid, y el votante, incluso en aquellas regiones donde el centroderecha continúa siendo hegemónico o lo ha sido, no es como el de la Comunidad de Madrid. En Andalucía el centroderecha tiene mucho trabajo por hacer para que las políticas sobre bajadas de impuestos y el discurso que le acompaña gane la batalla cultural a una izquierda que ha sido hegemónica durante casi cuarenta años hasta las pasadas elecciones autonómicas. También hay quienes como el politólogo José Egea afirman que el éxito que el centroderecha vivió en la Comunidad Valenciana desde el año 96 se debe a que “se apropió de todas las señas de identidad del valencianismo”.  Además, podríamos preguntarnos porqué el votante de Castilla – La Mancha o Extremadura tras las breves experiencias fuera del socialismo han preferido volver a él.

Si acudimos a la herencia del “thatcherismo y su influencia en la “Tercera Vía” de Tony Blair. Vencer culturalmente a la izquierda no es solo importante porque permita tener buenos resultados electorales al compartir el clima de opinión pública mayoritario. Es importante porque le impones la forma de hacer política al adversario y garantizas que se mantienen principios mínimos que permiten al individuo desarrollarse en libertad.

Pero volviendo al futuro del centroderecha español, y al cortoplacismo. Exportar el modelo cultural de Madrid a regiones como Andalucía o Murcia o haberlo hecho en Valencia, Castilla – La Mancha o Extremadura, permite tener un electorado que cree en paradigmas de baja tributación o libertad de elección porque los ha vivido y los ha entendido. Para ellos no se trata de una entelequia soltada en un debate electoral.

Madrid no es el único ejemplo a seguir, ya Aznar nos cuenta en sus memorias, sobre su etapa de presidente de Castilla y León, lo siguiente: “el cambio de enfoque y discurso político que supuso nuestra llegada a la Junta: que hablásemos de disciplina fiscal, de recorte de gastos superfluos, de rigor y seriedad en la administración del dinero público […] Era un discurso que contrastaba radicalmente con la actitud socialista”.

Su ejemplo de gestión en una España gobernada por el socialismo desde el año 82 resultó fundamental para que en 1996 alcanzara la Moncloa. Si se quiere nuevamente emular la reunificación del centroderecha y volver a recibir la confianza de los españoles de forma mayoritaria, aquellas regiones en las que ha sumado tienen que ser el ejemplo cultural y de contraposición al Gobierno de España.

Nuevamente Madrid, y muy especialmente su alcalde, lo ha sido en esta reciente crisis del coronavirus. Almeida o Isabel Díaz Ayuso habían recibido la auctoritas de presidir la Junta de Gobierno del Ayuntamiento o el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid, pero en estos días se han ganado la potestas frente a su oposición de izquierda y derecha.


Alejandro Ruiz París

Consultor estratégico y de evaluación de políticas públicas. Politólogo y jurista por la Universidad Carlos III de Madrid y Máster en Relaciones Internacionales por la Universidad Pontificia Comillas (ICADE).

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