Oscars 2020: una Academia parásita no evita el hundimiento de la audiencia

Desconcierta que la 92 edición de los Oscars haya sido histórica en el sentido más amplio del término. Desconcierta porque se produce tan solo un año después del encumbramiento de ‘Green Book’, y porque crítica y público habían dictado consenso en señalar 2019 como una de las mejores cosechas cinematográficas americanas de la última década. La apuesta de la Academia por una producción importada produjo un clímax tan inesperado como revelador, el dulce primer acto de ‘Parasite’ en Cannes provocó así un estallido en Hollywood.

Cuando la dirección del cambio que precisaban los galardones parecía conducir al streaming, la apuesta por la internacionalización ha hecho inesperada aparición. Quizá no tan inesperada si tenemos en cuenta el cambio del nombre de la categoría de Mejor película extranjera a Mejor película internacional. Conviene buscar aun así posibles razones en la propia configuración de la Academia. En los últimos cinco años, el número de votantes de los Oscars se ha incrementado un 35%, 8.469 académicos han votado esta edición frente a los 6.261 de 2015.

La Academia que privó a Roma del Oscar el año pasado no puede ser la misma que ha sobredimensionado al game changer ‘Parasite’. Resulta irresistible comparar a esos nuevos académicos con parásitos que, a juicio de los miembros más conservadores, habrán pervertido su personalidad y cambiado la tendencia desde dentro. Votantes anónimos reivindicaban días previos a la gala el patriotismo herido de unos premios que estaban dando excesivo protagonismo a producciones extranjeras, “I want an American director to win. The Oscars is an American thing; English things win BAFTAs and the French vote for the French”. El resto es historia.

En América, tal y como detalla un artículo en Indiewire, consideran que el premio trasciende lo cinematográfico y alcanza el plano social, confabulando incluso con un tinte político. “If we can go ‘Green Book’ to ‘Parasite”, rezaba un Tweet, “we can go Trump to Warren”. Palabras febriles propias de quien ha presenciado un hito que, irremediablemente, lo cambia todo.

¿Tiempos de cambio?

En la producción de Brian De Palma ‘Carlito’s Way’, el personaje interpretado por Al Pacino sentenciaba que “uno nunca cambia, solo pierde fuerza con el tiempo”. ¿Y si los Oscars no han cambiado? ¿Y si simplemente han perdido fuerza?

El streaming, con perdón de Laura Dern (Mejor actriz de reparto) y American Factory (Mejor documental), sigue siendo ninguneado. Ni siquiera importa que sea Scorsese quien lo abandere (histórico segundo puesto para ‘The Irishman’ de película con más nominaciones que no gana un Oscar). Es inevitable que Netflix protagonice los meses previos a la celebración por la elevada cantidad de nominaciones que logra cada año. Sin embargo, aún se le resiste el gran premio que, de una forma distinta, también contribuiría a evidenciar el cambio.

La sensación de que lo vivido el pasado domingo es un acto de enloquecimiento académico es inevitable. El balance del escepticismo frente al optimismo se ha equilibrado, pero la Academia tiene muchos retos por delante.

Una carrera enmudecida

Respecto al año pasado, ha sido una carrera excesivamente tranquila. Tranquila en cuanto a la campaña de los aspirantes y a las decisiones de la propia Academia. Tras un 2018 convulso, ningún hito previo ha sacudido en 2019 el interés por los premios. Recuperar ligeramente audiencia en la edición anterior impulsó a los organizadores a mantener, por segundo año consecutivo, el formato sin presentador. Los resultados de audiencia de esta edición, en mínimos históricos, demuestran que fue una mera ilusión.

Evolución de la audiencia de los Oscars en los últimos años


Álvaro Ramos Izquierdo
Consultor de comunicación senior y mitómano de los Premios Oscar.