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Virus de Wuhan: pandemia, mentiras y represión

Durante las primeras semanas del brote, el régimen de Beijing asumió una estrategia de censura y represión sobre su propia comunidad científica y población civil para negar la existencia del COVID-19. La pérdida de este tiempo precioso ha servido para que el coronavirus alcance las actuales dimensiones de epidemia global.

El mundo contiene el aliento por la ausencia de tratamiento específico ante el casi desconocido coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo grave (SARS-CoV-2), causa de la pandemia llamada COVID-19. El primer brote comenzó a finales de 2019 en la provincia china de Hubei, de cuyos 58 millones de habitantes forma parte su capital, Wuhan, con una población cercana a los 12 millones de personas.

Tras el análisis de su ADN, la comunidad científica internacional ha descartado que el virus fuera fabricado in vitro. No obstante, los cinco continentes se preguntan si el COVID-19 pudiera haber pasado accidentalmente al exterior desde el Instituto de Virología de Wuhan. El laboratorio es conocido por estudiar las consecuencias del coronavirus en los murciélagos, mamíferos a los que afecta como enfermedad endémica. Si bien en 2018 un miembro del Departamento de Estado de los EE.UU. manifestó a través de dos notas internas su preocupación por los bajos estándares de seguridad en dicho recinto, por el momento no existen pruebas que permitan concluir que el virus escapó de laboratorios chinos.

Con tales antecedentes, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido, Dominic Raab, tras un encuentro virtual del G-7 celebrado el pasado 16 de abril, manifestaron que en los orígenes del virus “pasaron cosas que desconocemos” y que China en el futuro “tendrá que contestar preguntas difíciles”. Pero más allá de las incertidumbres sobre su procedencia —que continúa investigándose—, cada día que pasa se encuentran bajo un más intenso escrutinio de la comunidad internacional los métodos del Gobierno chino para gestionar la crisis.

La reputación por encima de las vidas

El epicentro del brote epidémico se sitúa en Wuhan, en el popular mercado de alimentos de Huanan, situado a ocho millas del Instituto Virológico. Un mercado en el que se venden y cocinan mariscos y animales salvajes vivos —incluidos murciélagos, civetas, serpientes y pangolines— bajo prácticamente nulas condiciones de salubridad. The New York Times y The Economist se han hecho eco de la hipótesis relativa a que un investigador accidentalmente infectado del laboratorio de Wuhan habría ido a comer a este mercado. Por su parte, el presidente Trump, en unas declaraciones a la prensa, ha hablado en este contexto de “un terrible error”. Lo cierto es que ante la opinión pública internacional por ahora no hay pruebas concluyentes que permitan sostener tales afirmaciones.

Es evidente, en cambio, que la reacción del Ejecutivo chino fue ocultar los hechos una vez que el 20 de diciembre de 2019 se conocieron los primeros casos de personas infectadas.

En otras palabras, la Administración Pública del antiguo Imperio del Centro no actuó en primer lugar para proteger a los habitantes de la zona, sino para defender la reputación del Partido Comunista Chino a través del método más tosco: negar la existencia del problema y amenazar con represalias a quien sostuviera lo contrario.

El doctor Li Wenliang, el médico que el 30 de diciembre lanzó a sus exalumnos la alerta sobre el coronavirus, fue acusado de “difundir rumores”, delito penado con siete años de cárcel. Sus advertencias fueron silenciadas. Li fallecería el pasado 7 de febrero a causa de la enfermedad sobre la que advirtió, mientras que el Gobierno de Beijing trataba de sofocar tanto las muestras de apoyo hacia su persona como la marea de indignación contra las autoridades.

Al ocultar el brote epidémico a los medios de comunicación chinos, el público no dejó de visitar aquel mercado de alimentos hasta su cierre oficial, ordenado el 1 de enero de 2020. En las redes sociales y teléfonos móviles chinos la censura también obligó a suprimir palabras clave que aludían al brote, al tiempo que varios médicos y enfermeros fueron encarcelados por prevenir a la población.

Xi Jinping, presidente de la República Popular China y secretario general del PCCh, rechazó las ofertas iniciales de ayuda que durante un mes ofreció el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades estadounidense. Y pese a que los responsables chinos estaban en contacto con la Organización Mundial de la Salud (OMS), optó igualmente por ignorar sus consejos.

Los documentos de la Comisión Nacional de Salud china sobre el COVID-19 reconocían el obscuro panorama, pero fueron etiquetados como “internos” y su difusión pública se mantuvo prohibida durante el mes de enero. Mientras tanto, Li Qun, jefe del Centro de Emergencias de Control de Enfermedades de China, sostenía en la televisión pública que “el riesgo de transmisión de persona a persona es bajo”. La primera muerte reconocida por el régimen fue la de un hombre de 61 años de Wuhan que había visitado el mercado de Huanan. Falleció el 9 de enero. Dos días más tarde las autoridades confirmaban la identidad de virus, pero sin hacer referencia al inicio de la pandemia.

Oscurantismo en la cifra de fallecidos

Solo cuando el primer caso de coronavirus apareció fuera de China —el 13 de enero en Tailandia—, las autoridades comunistas descartaron su estrategia de ocultación; el descrédito habría sido mayúsculo si un país extranjero hubiera reconocido la epidemia antes que en el Estado de su procedencia. El presidente Xi realizó sus primeras declaraciones públicas acerca del virus el 20 de enero. El brote “debe tomarse en serio”, advirtió. La ciudad de Wuhan fue finalmente cerrada el 23 de enero. Según el estudio publicado el 13 de febrero por la Universidad de Southampton, Reino Unido, si el Gobierno de China hubiera actuado una, dos o tres semanas antes, el número de afectados en el país se habría reducido en un 66, 86 o 95%, respectivamente.

Las políticas del Gobierno chino están teniendo un fuerte impacto más allá de sus propias fronteras. La lenta reacción de la comunidad internacional no solo proviene del factor de impredecibilidad asociado a una enfermedad desconocida, sino del esfuerzo consciente que el aparato del partido-Estado ejerció durante un mes para, en primer lugar, censurar y perseguir a su propia población; en segundo término, ocultar datos significativos al concierto de las naciones; y, por último, llevar a cabo una gestión con serias muestras de ineficacia.

Varias agencias de inteligencia, incluidas las de EE.UU., estiman que la manipulación del régimen comunista también afecta a los datos que poseemos sobre la pandemia en la propia China. Ello genera una distorsión analítica que impide evaluar el efecto real del COVID-19 en la población mundial, lo que merma la eficacia de las estrategias sanitarias.

Es más, hay serias dudas sobre las cifras ofrecidas por China. Según los datos oficiales de Beijing, el número total de sus ciudadanos fallecidos ascendería a 4.642 personas de una población de 1.400 millones. En España, con 47 millones de habitantes, la cifra de fallecidos, también según datos oficiales, supera los 25.000 el día que se escribe este texto. Una mera extrapolación que cruce los datos españoles con el número de habitantes de China, ofrece la cifra de 700.000 fallecidos por el coronavirus en el país asiático, número que se quedaría corto al compararlo con cifras extraoficiales.

Fuertes presiones para intimidar a la Unión Europea

No es ningún secreto que el régimen de Beijing, consciente de que su imagen se encuentra seriamente dañada por sus tergiversaciones y ocultaciones sistemáticas, ejerce sobre Europa enormes presiones que se adentran en el campo de las amenazas más o menos veladas. El propio Servicio de Acción Exterior de la Unión Europea reconoce que estas tácticas desinformativas buscan, además, desacreditar la eficacia de las democracias occidentales para frenar la actual crisis y reforzar –por contraposición– el enr oque de Beijing en su modelo neocomunista.

La postura de la UE ante esta campaña de desinformación mundial en la que se ha embarcado el Gobierno chino viene definida por Josep Borrell, vicepresidente de la Comisión Europea y Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad Común. En este momento The Washington Post y The New York Times consideran una claudicación que Borrell haya autorizado la modificación de un informe para suprimir las facetas más críticas hacia China.

El Alto Representante ha reconocido la existencia de presiones chinas, pero niega cualquier cesión. La argumentación empleada por Josep Borrell consiste en que desde el principio él tenía en mente dos informes: uno, público, más suave; y otro, interno, con el 100% de la información, incluidos los contenidos más duros.

En cualquier caso, la consecuencia más dramáticamente cierta de este Chernóbil biológico es que en todo el mundo han fallecido —excluyendo los dudosos datos que proporciona China— más de 240.000 personas por el COVID-19 y peligra la vida de varios millones más. En cuanto al impacto económico que la pandemia generará en la economía mundial, resulta evidente que será enorme.

Mientras tanto, la dictadura neomarxista china de corte gramsciano aprovecha que la atención mundial se encuentra focalizada en el coronavirus para dar una vuelta de tuerca a su política represiva en la región semiautónoma de Hong Kong. Los líderes prodemocracia de la excolonia británica están siendo detenidos por el régimen. Así, catorce de sus dirigentes más prominentes, entre los que se encuentran editores de periódicos y representantes políticos, duermen entre rejas desde el 18 de abril. Este mes de mayo serán juzgados por organizar las multitudinarias manifestaciones de 2019.

Si algo pudiera tener de positivo la actual pandemia es que ha servido para hacer sonar la alarma de la opinión pública internacional acerca de los métodos y objetivos del régimen chino, objetivamente responsable de la extensión del COVID-19 por el mundo.

Este artículo fue publicado originalmente en Fundación FAES. Puede acceder haciendo click aquí.


José Barros

Periodista y consultor de comunicación.

Las consecuencias económicas y sociales de la pandemia: ante una recesión calculable (II)

En este segundo artículo, Ramón Tamames, catedrático de Estructura Económica, Cátedra Jean Monnet de la Unión Europea y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, analiza junto con Antonio Rueda la desaceleración económica en España y el colapso del mercado bursátil.

El estado de alarma

La economía española ya se encontraba en una fase de agotamiento de la expansión en el cuarto trimestre de 2019, con síntomas como la caída de la inversión por la incertidumbre institucional e internacional,  y el estancamiento del consumo. Variables que se compensaban por un sector exterior muy activo, y el aumento del gasto público.

La tardía reacción del gobierno se empezó a percibir con el primer Real Decreto-Ley del 10 de marzo, con medidas que no cubrían todo el espectro de problemas a afrontar. El posterior Real Decreto-Ley del 13 de marzo declaró el estado de alarma según el artículo 116 de la Constitución, que en su punto 2 dice:

    El estado de alarma será declarado por el Gobierno mediante decreto acordado en Consejo de Ministros por un plazo máximo de quince días, dando cuenta al Congreso de los Diputados, reunido inmediatamente al efecto y sin cuya autorización no podrá ser prorrogado dicho plazo. El decreto determinará el ámbito territorial a que se extienden los efectos de la declaración.

El estado de alarma viene a reconocer que existe un problema grave que requiere de todos los recursos del estado, sin que  ello genere la suspensión de ningún derecho, según establece el artículo 55 de la Constitución. El resultado fue el confinamiento de la población, medida cuyo anuncio fue visto por más de 35 millones de espectadores en televisión.

Fuente: El País

La tardanza del anuncio tras el Consejo de Ministros del viernes 13 de marzo, hace sospechar discrepancias internas sobre las medidas económicas y sociales a toma, medidas con fuerte impacto en los niveles de déficit y deuda pública establecidos por la UE. Discrepancias, al parecer, entre el sector de Podemos, que abogaba por centrarse en medidas sociales, y el socialista, o entre los ministros de economía Nadia Calviño, y de Seguridad Social, Jose Luis Escrivá.

Impacto en la economía y los mercados

Tamames analiza el impacto directo del coronavirus en cuatro variables económicas clave: paro, recesión, déficit y deuda, así como en la bolsa.

Respecto al paro, volverá a crecer por los EREs y ERTEs, alcanzando alrededor de cuatro millones de personas. La recesión sin duda se producirá en 2020, por la brusca caída del PIB del 12 por 100. El déficit público superará el 1,5 por 100 en términos de PIB, superando el límite del 3 por 100, que marca la Unión Europea, que previsiblemente flexibilizará sus exigencias.

Por último, la deuda pública crecerá, porque el gobierno no podrá contar con ingresos fiscales (que sin duda caerán) para financiar el estado del bienestar. España , por ello, podría rebasar el umbral del  100 por 100 deuda/PIB, aunque con un coste de financiación en los bancos centrales nulo. Escenario que ya reflejó la subida de la prima de riesgo al nivel 146,20 el 17 de marzo.

La diferencia de la crisis actual con la crisis financiera 2008/2013 es la  buena salud del sistema financiero. En la anterior,  el estado financió al sector con 61.000 millones de euros -40.000 procedentes del  MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad financiera,)-  y reflotó las cajas de ahorros, afectadas por créditos hipotecarios fallidos. Y ello pese a la inicial indecisión del gobierno de Zapatero, que tardó en reconocer el problema.

Por tanto, la crisis actual se afronta con el sistema crediticio saneado,  y con el BCE como garante para actuaciones de emergencia

Sin embargo, el impacto en la bolsa ha sido muy superior al de la pasada crisis financiera; en sólo una semana, el Ibex-35 bajó un 40 por 100. Así, el lunes 16 de marzo  el selectivo cayó a niveles de 5.900, niveles no vistos desde 2012, tras haber rozado el 10.000.  Una situación que sólo inyecciones de liquidez a los market makers podrá paliar.

Fuente: El País

Como explica el Nobel de Economía Akerlof (esposo de Janet Jellen, expresidenta de la Fed), caídas tan fuertes de la bolsa inciden psicológicamente en la economía, porque paralizan la inversión.

 


Ramón Tamames

Catedrático de Estructura Económica

Cátedra Jean Monnet de la UE

De la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

Las consecuencias económicas y sociales de la pandemia: ante una recesión calculable (I)

Ramón Tamames, catedrático de Estructura Económica, Cátedra Jean Monnet de la Unión Europea y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, expone su visión de los efectos del coronavirus en las economías mundiales, en una serie de tres artículos que resumimos a continuación para el Blog de Proa Comunicación.

Cisne negro

A la hora de valorar el impacto de la pandemia, debemos tener en cuenta las altas dosis de incertidumbre que rodean esta enfermedad. Porque ni se conoce el efecto final que tendrá en la actividad económica, ni las medidas contracíclicas que aplicará el gobierno, lento en su reacción inicial.

De momento, sólo podemos comparar lo sucedido con otras pandemias acaecidas en la historia. La gripe española de 1918, con 260.000 muertes, o las epidemias del SIDA en los años 80, o el SARS de China en 1983, con un número de muertes mucho menor. La actual es la mayor pandemia de la época moderna, de la que no tenemos datos suficientes porque el país de origen, China, es una dictadura y seguramente no comparte la información al completo.

El economista Nouriel Roubini, primero en vaticinar la crisis de Lehman Brothers en 2008, alertó de cisnes blancos (eventos no esperados con impacto en la economía) como las tensiones China-EEUU, el Brexit, o las tensiones en Irán. Margaret Frankin, Presidenta y CEO de CFA Institute, va más allá: “el coronavirus es un ejemplo vívido y dramático de las cosas impredecibles que pueden suceder en el mundo y su impacto en los mercados

Por tanto, el coronavirus se puede considerar un cisne negro. Porque los efectos de confinamientos masivos durante meses, pueden ser imprevisibles en un mundo con 7.800 millones de personas,

China como referencia

Teniendo en cuenta lo sucedido en China, foco del virus, la tasa de letalidad de la pandemia es mayor a medida que las edades de los enfermos son más altas: 9,6% septuagenarios, 16,6% octogenarios, 19% nonagenarios.

Y desde el punto de vista macroeconómico, China venía de una fase de desaceleración que situaba las previsiones de subida del PIB en algo menos del 6%. Las previsiones de la OCDE apuntan una bajada de medio punto en el crecimiento global, hasta el 2,4%.

El protagonismo de China en la intensidad de la crisis, ha hecho que la OCDE revise su propia estimación. Ahora cifra el impacto en cuatro veces el impacto del SARS en 2003. Ya que desde este año, el peso de China en el PIB global ha pasado del 5 por 100 a casi el 20 por 100.

Otros impactos en la economía

El catedrático Tamames repasa otros efectos del coronavirus desde el punto de vista económico. En primer lugar, el precio del oro, que pasó de un nivel de 1.200 euros en 2016, por onza de oro troy (de 31,1 gramos), a 1.518 euros el 15 de marzo de 2020, una subida del 26,5 por 100. La desconfianza en el futuro, y la caída de las bolsas, convierten al oro en refugio, tal y como predijo el economista J.M. Keynes.

El segundo, un declive más intenso de la economía española.  Desde 2018, el  nivel de ahorro familiar medido en volumen de depósitos en entidades bancarias,  pasó en 2016 de 2,14 billones de euros a 2,29 billones en 2019. 150.000 millones más, lo que refleja un hecho:  el menor  consumo e inversión responde al miedo de los ciudadanos a la subida del paro por la caída de la economía, por lo que hacen acopio de recursos monetarios.

Y por último, la bajada del crudo superior al 50 por 100 desde enero de 2020, desde una cotización en torno a 65 euros/barril, a escasos 33 dólares del barril Brent. Caída derivada en parte por el conflicto de Rusia con la OPEP, y el aumento de producción barata de Arabia Saudí para eliminar competidores.

La conclusión de Tamames es que “las cifras de caída del PIB como consecuencia de la pandemia, globalmente, podrían ser asombrosas, difíciles de imaginar”. Un ejemplo, lo acaecido en Japón, que ha visto caer su PIB el primer trimestre de 2020 un 2,7%, tasa difícilmente recuperable en lo que resta de año.

Reacciones

Ante la dimensión del problema, Tamames enumera las reacciones de los responsables políticos y económicos. Así, valora positivamente la reunión entre Pedro Sánchez, y el presidente de la  OCDE, Ángel Gurría, partidario de medidas  para proteger el empleo, facilitar liquidez a las pymes, y de que Bruselas sea más flexible con los objetivos de déficit.

La presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha pasado de las dudas iniciales (“que primero gasten sus municiones los gobiernos nacionales de la UE”) a darse cuenta del papel real del BCE como impulsor de la recuperación, en su caso lanzando inyecciones billonarias de liquidez. Algo ya percibido por Mario Draghi en 2010, que hizo “todo lo necesario para salvar el euro”, según declaró en su momento, y cumplió.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), dirigido por Kristalina Giorgeva, anunció, el 16.III.2020, su predisposición a movilizar un billón de dólares para combatir la pandemia. Este dinero supone toda su capacidad de préstamo. El Eurogrupo (los 19 países europeos con la divisa Euro)  mostró su determinación: “Tomaremos cualquier acción política coordinada y decisiva que sea necesaria, incluyendo medidas fiscales, para apoyar el crecimiento y el empleo”.

El G7 ha prometido contundencia pero sin concreciones: “Estamos comprometidos a hacer todo lo necesario para asegurar una fuerte respuesta global a través de una estrecha cooperación y una acentuada coordinación en nuestros esfuerzos”. Esto es, estímulos fiscales y monetarios, pero sin concretar cuánto. Los mercados reclaman menos palabras y más hechos, según Tamames.

 


Ramón Tamames

Catedrático de Estructura Económica

Cátedra Jean Monnet de la UE

De la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

Cómo afectará el coronavirus a los mercados y las economías global y española

La crisis del coronavirus está generando un impacto muy negativo tanto en la vida cotidiana de las personas como en los mercados, la economía y la política. Un reciente informe de Arcano Economic Research explica las consecuencias de esta enfermedad en estos ámbitos, y los escenarios que se pueden dar a posteriori. Según la entidad, el mayor reto que tienen los gobiernos es alcanzar un equilibrio entre cómo contener la pandemia, y cómo evitar el daño a la actividad económica.

Búsqueda de equilibrio

La gravedad de esta epidemia radica en que no existe todavía una vacuna.  Eso hace que los contagios se intensifiquen rápidamente, provocando el colapso de los sistemas hospitalarios. Para medir su nivel de infectación, los expertos manejan dos ratios: la tasa de contagio o Ro, que indica cuántas personas estarían infectadas si nadie, ni la gente ni los gobiernos, hiciera nada. Y la tasa de contagio efectivo o Re, que mide este nivel una vez se han aplicado medidas de contención. Sirve para medir hasta qué punto son efectivas.

Los gobiernos se han marcado como objetivo pasar del 2,3 de Ro a un nivel por debajo de 1 en el  Re. Porque llegar a esta cifra supone derrotar a la enfermedad con medidas de contención, lo que abre la puerta a retomar la actividad económica. China, Corea y Japón están llegando a este escenario.

Impacto en la economía global

El pánico que provoca la pandemia retrasa sine die las decisiones de consumo e inversión. Ello perjudica a la oferta, porque las compañías frenan la producción, y a la demanda, porque los consumidores dejan de consumir. Entre ambos generan el 80% del PIB, de ahí la relevancia de la enfermedad. Por ello, Arcano Economic Research estima que el crecimiento global pasará del 3,4% de media en los últimos 10 años, a menos del 2,5%, el peor desde 2009.

Por zonas, el mayor afectado será China, que sufrirá una caída muy intensa del PIB el primer trimestre, y los países emergentes. La zona OCDE sufrirá el impacto en el segundo trimestre. La recuperación llegará en el segundo semestre, pero a distintas velocidades; en China y emergentes en forma de “raíz cuadrada” (bajada seguida de crecimientos nulos o bajos varios trimestres) , y en el resto en forma de “U” (bajada seguida de crecimiento plano en un trimestre y subida brusca en el siguiente).

El motivo: China tendrá que asumir daños estructurales en su economía. La crisis de liquidez en las pequeñas compañías y el estallido de la burbuja inmobiliaria, afectarán al sistema bancario y provocarán la caída del PIB en el primer trimestre entre el 2-3%.

El modelo de crecimiento chino, basado en el outsourcing para el “supply chain” o cadena de suministro, tendrá que cambiar al “insourcing”, es decir, uso de recursos propios, no externos, lo que supondrá una amenaza para el sector industrial chino, que supone el 43% del PIB. A  lo que se añade la caída demográfica, que dura ya seis años. En este duro entorno, China tendrá que gestionar un alto nivel de deuda pública, lo que seguramente ralentizará la recuperación de su crecimiento.

Respecto a Europa y Estados Unidos, el impacto en el primer trimestre será cero, porque los datos de febrero no indican que la actividad está bajando.  Los indicadores ISM (encuestas a gestores de compras) sí muestran fuertes bajadas en el segundo trimestre, y habrá que ver en qué se traducen respecto al empleo. Otro dato a vigilar será la capacidad de los bancos de inyectar liquidez al sistema, especialmente a las pymes, que generan  la mayoría de puestos de trabajo.

En la zona emergente, se están produciendo las peores fugas de capitales en muchos años, debidas  a la  caída del precio de las materias primas. Una situación peligrosa, y que puede provocar quiebras en países que han abusado de la deuda, como ha sido el caso del Líbano.

Impacto en mercados: volatilidad

Al igual que en 2008, los mercados están sufriendo un shock de liquidez. Sin embargo, en aquel entonces los bancos de inversión facilitaban liquidez en las mesas de trading, lo que la regulación actual no permite. El resultado son unos mercados muy ilíquidos, un factor que impulsa la volatilidad.

Así, la bolsa americana ha alcanzado volatilidades del 50%, cuando su media histórica es el 19%. Sólo durante la crisis de Lehman Brothers, la volatilidad alcanzó el nivel récord de 89%, frente al 40% al que llegó en la segunda guerra mundial, cuando Hitler invadió Francia.

Hay otro factor que impulsa la inestabilidad en los mercados, el trading algorítmico o las ventas cuantitativas gestionadas por robots. Son herramientas que replican el comportamiento de la bolsa, tanto en las ventas como las compras, amplificando la volatilidad.  Se calcula que en sólo una semana, la bolsa USA perdió 50.000 millones de dólares por este motivo, aunque cuando llegue la contención de la epidemia, el rebote del mercado será mayor gracias a la gestión cuantitativa.

Impacto en las clases de activos

  • Bonos soberanos: Los inversores están buscando refugio en los bonos soberanos, pero discriminan y eligen los países más fuertes, por lo que aquellas economías emergentes más frágiles -por ejemplo, Turquía- pueden sufrir.
  • Divisas: Suben el yen, el franco suizo y el euro a costa del dólar. El motivo, los inversores se suelen poner largos (compradores) en divisas que pagan rentabilidad, y se financian en divisas con rentabilidad cero o negativa. Para obtener ganancias con el spread o diferencial.

En el entorno actual, se están vendiendo las divisas en las que el mercado ha estado largo, y se recompran aquellas con las que se ha financiado:  el yen, el franco, y el euro. En consecuencia, el dólar está en mínimos históricos, y crece la debilidad en divisas emergentes. Por lo que, si un país emergente se endeuda en dólares pero recauda en divisa local, tiene serios problemas de liquidez.

  • Mercados monetarios: Los mercados monetarios están viviendo una inundación de liquidez. En Estados Unidos, la Fed anunció que subía la intervención diaria a 150.000 mills dólares en el mercado de repos, para dar liquidez en el interbancario a los bancos que quieren prestar a otras entidades financieras asiáticas o europeas. Este escenario no es comparable al de 2008, cuando el sistema bancario tenía problemas de solvencia, lo que era peligroso para la economía. Hoy en día los sistemas bancarios son más solventes, y tienen acceso a liquidez con mayor facilidad. Por tanto, se trata de una situación temporal.
  • Mercado de crédito: El foco del mercado está puesto en el segmento Investment grade. En Estados Unidos, la falta de liquidez puede generar un problema si llega la recesión,  y se produce la reclasificación de los bonos BBB- a bonos BB+; en ese caso, no habría dinero para comprar bonos con este rating. Por el contrario, la situación de los mercados High yield es devastadora: sin liquidez, enormes caídas de precios, cierre del primario, y aumento de la tasa de default.
  • Renta variable: Nos encontramos en un bear market, con correcciones del 30% o superiores. El mercado está anticipando recesión, pero de las últimas siete situaciones de bear market, sólo en dos se ha confirmado la recesión. Por lo que, cuando se descarte este escenario, el dinero volverá rápidamente al activo equity.
  • Materias primas: Las más sensibles al ciclo atraviesan una fase de debilidad, caso del zinc y el cobre. El petróleo descuenta una demanda menor, por una cuestión geopolítica. En el pasado, el cartel de producción de la Opep intentó llegar a un acuerdo con Rusia para seguir produciendo. Sin embargo, Rusia se negó para encarecer el precio y perjudicar a EEUU.

En esta tesitura, Arabia Saudi ha decidido aumentar la producción para mantener los precios bajos y evitar quiebras en bonos corporativos (high yield) de distribuidores de crudo, y para sacar del mercado a Rusia. Un entorno de nerviosismo acentuado por el coronavirus. En el corto medio plazo son malas noticia para países como México, cuyos ingresos dependen en una cuarta parte del precio del petróleo.

Impacto en la economía española

El motor de la economía española es el turismo, porque el 12% del PIB español lo genera este sector. La mitad es internacional y la mitad doméstico, aunque el más relevante para nuestra economía es el internacional.

Parece razonable estimar una caída de ingresos de la temporada de Semana Santa del 50%. La Semana Santa supone el 15% del total de ingresos que genera el turismo internacional. Si el coronavirus se contiene antes del verano, la temporada de verano no se verá afectada.

Donde puede haber un impacto más serio es en la caída de las inversiones en el segundo trimestre: menos gasto empresarial, menos consumo, frecuentes ERES y ERTES en las pequeñas y medianas empresas, que representan el 60% del PIB y el 80% del empleo y un descenso de las exportaciones de bienes. Merece la pena destacar el caso de China, porque exportamos a este país por valor del 0,5% del PIB, y al año nos visitan 500.000 turistas chinos. Por último,  el mercado inmobiliario  sufrirá retrasos en la compra de viviendas por la caída de la demanda.

Pero no todo el impacto va a ser negativo. La caída de precios del petróleo puede beneficiar a nuestra economía, porque gastamos el 2% de nuestro PIB en crudo y productos derivados. Y a medida que China recupere su capacidad de producción y sus inventarios -está en una fase mucho más avanzada de contención de la epidemia que España-  el efecto beneficioso sobre la economía española será mayor.

En conclusión, los expertos de Arcano Economía Research vaticinan una caída del PIB español por el coronavirus del 0,6%. Y una subida del 0,2% por efecto de la bajada del precio del crudo. A cierre de 2020, la estimación de crecimiento se sitúa en el 1,3%, un nivel insuficiente para crear empleo.

Pese a ello, dado que la recuperación de nuestra economía será en forma de “U”, el cuarto trimestre volveremos a la normalidad, estableciendo las bases de un crecimiento más sólido y estable en 2021.

A nivel global, los analistas descuentan una vuelta a la normalidad en los meses de mayo-junio y un segundo semestre de crecimiento. En los mercados, la reacción puede ser muy positiva en algún momento del segundo semestre, teniendo en cuenta los precedentes. En 2008, el PIB mundial cayó -0,1%. Gracias a los síntomas de reactivación de la economía que se empezaron a notar en marzo, 2009 fue el mejor año de la historia en Bolsa.


Javier Ferrer
Responsable del Área de Comunicación Financiera de Proa Comunicación

Coronavirus: escenario, riesgos e implicaciones

La última actualización sobre el Covid-2019, también llamado Coronavirus de Wuhan, nos informa de que, aunque las muertes sigan creciendo, lo están haciendo a un ritmo más lento que las anteriores semanas. No obstante, nos encontramos con un riesgo cíclico en cuanto que no sabemos cuándo finalizará la pandemia. También representa un riesgo financiero por la gran presencia de China en los sectores productivos, económicos y financieros; ergo, lo que se aprecia es una clara desaceleración del ritmo de crecimiento, así como de los beneficios.

El Covid-2019 tiene una gran tasa de contagio, pero si la comparamos con otras pandemias que han surgido a lo largo de los años, vemos cómo este no presenta una tasa tan grande de mortalidad. Pero no hay que ser optimistas, la situación puede ser complicada en las regiones con menos capacidades de responder a la pandemia. La provincia de Hubei es la más damnificada, con más de cuarenta mil casos, con un 72%.

Lo que pueden hacer las empresas es invertir en medidas preventivas que eviten el contagio del Covid-2019 y se eviten nuevas amenazas. Ante esta amenaza, declarada internacional por la Organización Mundial de la Salud, hay que crear cadenas de resistencia en todos los procesos productivos y estrategias que tenga o con las que vayan a contar las empresas.

Estas conclusiones están recogidas en el informe realizado por el BCG Henderson Institute al que se puede acceder a través de este link