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Los retos de la Marca España

Javier Martín-Domínguez, presidente del Club Internacional de Prensa, ha analizado los retos de la Marca España en los vídeos del décimo aniversario de Proa Comunicación. Además, ha resumido la evolución de la comunicación y cómo ha influido la irrupción de las nuevas tecnologías, poniendo como ejemplo el papel determinante de las redes sociales en las corrientes de opinión del Brexit y las elecciones estadounidenses.

España, entre los diez países más atractivos para el talento digital

España es uno de los diez países más atractivos para atraer y retener al talento digital, uno de los grupos profesionales más demandados del mundo y, según determina un nuevo estudio realizado por Boston Consulting Group y The Network, alianza internacional de webs de empleo en la que participa Infoempleo, también uno de los grupos profesionales más dispuestos a reubicarse. Más de dos tercios de los trabajadores especializados en el ámbito digital están abiertos a mudarse a un país diferente para progresar en sus carreras, siendo EEUU el principal destino para expertos digitales en todo el mundo y Londres, su ciudad preferida. Además, España está considerada por estos perfiles como el octavo país más atractivo para trabajar, y Barcelona la quinta ciudad más popular.

Jorge Guelbenzu, director general de Infoempleo, asegura: “En España se están generando nuevas oportunidades de empleo en áreas funcionales en las que la transformación digital es ya un hecho. Sin embargo, existe un déficit de profesionales nacionales que cuenten con las competencias específicas  y la formación especializada para desarrollar estas funciones. Por eso, en ocasiones, las empresas tienen que buscar a los candidatos en el exterior para cubrir ciertas vacantes y, a la luz de estos datos, se pone de manifiesto que esos profesionales tienen muy en cuenta nuestro país para desarrollar su carrera”.

Por su parte, Pablo Claver, socio de BCG en España responsable del equipo de Personas y Organización, destaca que “atraer talento digital influye directamente en el éxito de la economía de un país,  y contribuye significativamente para posicionarse como uno de los líderes en desarrollo digital. Al igual que las empresas, gobiernos e instituciones pueden realizar un análisis de la demanda y oferta de talento digital en su país (strategic workforce planning) para plantear planes geográficos de fuerza laboral y desarrollar estrategias para convertirse en un centro para expertos digitales. Los datos demuestran que España tiene el potencial de ser un referente mundial en la atracción de talento digital lo que supone una ventaja competitiva”.

El informe Decoding Digital Talent se basa en una muestra de 27.000 encuestas realizadas en 180 países distintos a profesionales con conocimientos en áreas como la programación y el desarrollo web, el desarrollo de aplicaciones móviles, la inteligencia artificial, la robótica y la ingeniería.

El informe determina que el 80% de los expertos digitales posee un título universitario. Además, al contrario que la creencia popular, su principal preferencia es trabajar para una gran empresa, no para una startup. Además, el 68% son hombres, solo el 9% de estos perfiles está en la alta dirección y el 41% trabaja en puestos sin responsabilidades de gestión.

Los expertos digitales tienen habilidades en áreas donde la demanda está creciendo de manera significativa y urgente, específicamente en formas agile de trabajo (18%) y en el ámbito de la Inteligencia Artificial (IA) (14%).

Un 67% de los profesionales del ámbito digital están dispuestos a mudarse para avanzar en su carrera profesional, pero el interés varía enormemente según el país. Más de las tres cuartas partes de los expertos de India y Brasil se mudarían por razones laborales, mientras que, en países como China, menos de uno de cada cuatro se desplazaría por trabajo. En comparación, si tomamos en consideración otros grupos profesionales más allá del ámbito digital, el porcentaje de los que está dispuesto a reubicarse por motivos laborales es significativamente menor, ya que solo el 55% tomaría la decisión de cambiar de ubicación.

La voluntad de cambio de residencia es elevada para los expertos digitales de economías en vías de desarrollo, un 75% se mudaría para tener acceso a mejores oportunidades para progresar en sus carreras. “Al analizar los datos, también observamos que en muchas partes del mundo las personas con amplios conocimientos digitales están más interesadas en mudarse a un país cercano o a un lugar donde comparten el idioma o la cultura”, destaca Rainer Strack, socio de BCG y coautor del informe.

EEUU y Londres, país y ciudad más populares para trabajar en el extranjero

Además de EEUU y Alemania, los otros ocho destinos elegidos por los expertos digitales como más atractivos para trabajar en el extranjero son, en orden de popularidad, Canadá, Australia, Reino Unido, Suiza, Francia, España, Japón e Italia. Sin embargo, entre los profesionales no digitales, España se sitúa en sexta posición como país idóneo en el que se reubicarían. Los cinco primeros países no varían como destinos más populares en todo el mundo para cualquier persona interesada en cambiar de ubicación, tal y como se detalló en Decoding Global Talent 2018.

Respecto a las ciudades, Londres es la principal ciudad del mundo para cualquier persona que quiera reubicarse, también es el destino de trabajo principal para los expertos digitales, cuyas siguientes opciones en orden de preferencia son Nueva York, Berlín, Ámsterdam y Barcelona. El estudio por lo tanto determina que el atractivo de algunas de las ciudades mejor clasificadas supera al de sus países entre los expertos digitales.

Tal y como destaca el informe, los expertos digitales valoran el equilibrio entre la vida personal y las oportunidades de progreso y de desarrollo profesional, así como las buenas relaciones con compañeros y directivos.

Reto para países y recruiters: atraer y retener expertos digitales

Los expertos digitales capaces de codificar software o ejecutar análisis avanzados de datos de IA son un activo valioso. Las compañías que necesitan expertos digitales para dirigir o expandir una empresa se enfrentan a competencia muy dura por retener el talento que posee tales habilidades. Además de reclutar, las empresas pueden satisfacer las necesidades de sus expertos digitales ofreciendo programas de capacitación o reevaluación para formar a los empleados actuales en nuevos conocimientos digitales.

Del mismo modo, las ciudades y los países deben competir con otras áreas para reclutar o retener expertos digitales que podrían ser de vital importancia para su desarrollo económico. El primer paso hacia ese esfuerzo es llevar a cabo un plan estratégico de la fuerza laboral de un país o un área para trazar la oferta y la demanda de expertos digitales. Los gobiernos también deben lanzar programas de educación y crear una “marca” nacional o de una ciudad en concreto para captar talento digital.

“Cómo adaptarán los países y las compañías sus estrategias al déficit de conocimiento digital será crucial en los próximos años”, destaca Pierre Antebi, director de The Network y coautor del informe. “Los recruiters ya son conscientes de la importancia de encontrar y retener el talento digital, tanto es así, que más allá de hacerlo en sus propios países, también han expandido sus actividades internacionalmente. Deben ser más creativos que nunca y necesitan datos para tomar las decisiones relevantes. Este informe y los datos que contiene están especialmente dedicados a ellos”.

Alfredo Pérez Rubalcaba: si todos fueran como él

Por su valor narrativo y documental, nos hacemos eco en nuestro blog de dos tribunas de opinión que el pasado fin de semana se publicaron en ABC y El País sobre la figura del que fuera ministro del Interior y ex secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba.

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La primera de ellas, publicada en la Tercera de ABC, está firmada por el ex presidente de la Comunidad de Madrid, el socialista Joaquín Leguina. En ella, Leguina reflexiona sobre el virtud y la influencia del carácter político de Rubalcaba y su papel para evitar que su partido se hundiera en un momento muy complicado de su historia. Leguina se refiera al dirigente socialista como un amigo, colega y compañero con principios y objetivos similares.

Artículo ABC: “Alfredo”

La segunda, firmada por el ex director de El País, Antonio Caño, destaca su legado, su comportamiento siempre moderado y su carácter lleno de sabiduría. Caño reflexiona sobre Rubalcaba como una persona ejemplar y un buen líder político. Para el que fuera director del periódico más importante de España, sería bueno que se le recordara como un apasionado patriota que nunca antepondría sus ambiciones políticas a sus valores y principios.

Artículo El País: Si todos fueran como él

 

Dobles en tierra quemada

Situados en un punto intermedio, pero impreciso (y al parecer, móvil) entre el debate parlamentario y el mitin de partido, los debates televisivos han menudeado acrecentándose en múltiplos de dos: dos han sido los debates de los números uno, dos los debates de otros candidatos (por Barcelona, por ejemplo, en RTVE y TV3), los debates entre dos han sido entre cuatro,  o entre seis, y hasta el propio año electoral parece una cita a doble vuelta entre el 28 de abril y el 26 de mayo.

Ha habido debates a pares, sí, y a nones también, por los noes (y los “no es no”), las negaciones, la negatividad, las exclusiones. Ha habido debates, o momentos en los debates, que parecían propios de partidos de dobles entre izquierdas y derechas. De tenis, quizás (aunque sin ahorrar raquetazos a la pareja), sólo que no en tierra batida. Por la acumulación de bilis, por la energía mal dirigida, inquina verdadera o fingida, mala educación y prepotencia, parecían, antes bien, dobles en tierra quemada. No desdeño la palabra inglesa que, con mueca de disgusto que se le asemejaba, le oí a un profesor británico para resumirme lo que habían sido: nasty.

Pues, con toda la expectación que provocaban, la experiencia ha abocado a una paradoja decepcionante: cuanto más necesarios parecen, más saturados y estragados quedamos una vez concluidos. La peregrina sugerencia, recalcada por Pablo Iglesias, de que los debates electorales deben ser obligados y estar regulados por ley es un síntoma de esa peculiaridad tan hispana de querer resolver por vía jurídica con letra pequeña lo que debería pertenecer al espíritu vivificante de la palestra democrática.

Si de veras es tan perentoria esa demanda de debatir, ese espíritu no puede corporeizarse únicamente en prebostes de partido que acuden ritual o rutinariamente una noche cualquiera de campaña a un estudio de televisión a decirse de todo y más, sino en exigencias sobre las que no se puede legislar, pero que constituyen un mínimo cívico. En pocas palabras: no se deberían tolerar faltas que en otra forma de intercambio público servirían para dar por concluido el acto.

Pero si los encontronazos han sido tan broncos se debe a que constituyen una expresión muy pura de algo tan sumamente turbio como difundido: los modos destructivos de la dialéctica (es un decir) política española. Concebidos asimismo como estrategia, o eso parece, el tremendismo y la estridencia quieren conquistar el campo de juego, pero ¿lo han conseguido? Nótese que responder sencillamente sí o no se antoja muy ambiguo.

El campo de la discusión pública está sectarizado, y lo está en los medios, tanto o más, que en la propia política, de forma que no sólo se trasladan esas maneras a los platós televisivos, sino que, como en un bucle, tienen su continuidad en los medios mismos Por consiguiente, en vez de que el tono unánime de la prensa sea de repugnancia, cada cual está más pendiente de que salgan con bien sus patrocinados para poder declararlos algo así como victoriosos. Y a veces, se ha visto, en contraste acusado con el parecer de los especialistas.

De ahí que haya sido tan frecuente la comparación con los espacios televisivos de “vísceras”, más Mediaset que Atresmedia. O que se asemejaran a chillar en una discoteca con la música al máximo.

Ahora bien, en una sociedad hipertecnológica, la solución más rápida parece siempre la más eficiente. Sin embargo, aplicada al cuerpo social, esta receta no funciona así. Sería tanto como hacer equivalente la conmoción al convencimiento, salvo que no se persuade a puñetazos, ni siquiera dialécticos. De modo que algunos han obrado como los generales aliados en la Primera Guerra Mundial, en la confianza de que un bombardeo de saturación aniquila al enemigo para permitir avanzar en tierra de nadie. Sólo que éste queda cómodamente agazapado y no tarda en responder con fuego de ametralladora: menos contundente, pero más mortífero. Y de este modo no se ocupan trincheras, ni siquiera cuerpo a cuerpo.

Por contraposición, aventurarse a renunciar a esas formas, como hizo Pablo Iglesias en su segundo debate, era correr el riesgo de caer en la irrelevancia, al querer hacer ejemplo del contraejemplo. Y adviértase que para ello tuvo incluso que suplir a los moderadores en sus reprimendas. Fue otro rasgo llamativo: los moderadores estaban tan desnortados  en un medio ambiente tan recalentado, y tan ansiosos de que los contendientes no se sintieran ceñidos por ningún corsé de cortesía, que los debates acabaron por desmandarse. Es revelador que no recibieran luego los reproches que se le dedicaron a Manuel Campo Vidal en ocasiones parecidas en 2015 y 2016.

Añadamos que entre lo más insólito ha estado el hecho de tener dos debates en días sucesivos entre los primeros espadas de los cuatro principales grupos parlamentarios, y que ello se debiera, sobre todo, a una carambola, fruto involuntario de una decisión razonable de la Junta Electoral Central: dejar fuera a Vox en el debate previsto en Atresmedia. Razonable, no ya para el criterio técnico de carecer de representación parlamentaria, sino por el agravio comparativo con otros que sí la tenían. Con ello quedaba castigado el oportunismo de Pedro Sánchez, que se acogía a las virtudes de la televisión público sólo cuando no salía a su gusto la combinatoria de las privadas. A la fuerza ahorcan: hubo de acudir, no tenía otra, a ambas convocatorias, y eso influyó en su conservadurismo estratégico en la forma de debatir, y en sus malos modos.

No menos extravagante fue poder asistir a un debate en el que dos candidatas atacaban sañudamente y en primer lugar….¡al moderador!, impugnando, no su papel en el debate sino su cargo mismo, ¡y entregándole incluso su carta de dimisión ya redactada! Sucedió en Barcelona, con Inés Arrimadas y Cayetana Álvarez de Toledo frente a Vicent Sanchis, director de TV3. Era legítimo y acaso obligado pedir que Sanchis no moderase el debate, por estar procesado y reprobado parlamentariamente, como si la emisora no tuviera, además, otros  periodistas. Y no hay que descartar que Sanchis se sirviera del debate para realzar un perfil muy cuestionado. Pero una vez que se aceptan, hay que acomodarse a las reglas del guión.

Y oh paradoja, ahí va otra: el vicio político de abundar en falsedades sin rebozo, tan descarnadas y frecuentes en los debates de este año, ha estimulado en los medios informativos los grupos de fact-checkers, comprobadores de la veracidad de los datos (de El objetivo de la Sexta a La Vanguardia, por mencionar los más sobresalientes).

Con todo, ofrecer estas admoniciones político-morales no es óbice para administrar a la vez algunos consejos de índole decididamente técnica. Y es que la perplejidad personal no se limita en este caso al manido “qué políticos tenemos” (con signos, no de admiración, de resignación más bien) sino a un interrogativo y asombrado: “pero, ¿qué asesores son estos que tienen?”

En primer lugar, se hace patente un problema objetivo: aumentar el número de contendientes en un mar de indecisos supone que el candidato no sólo ha de persuadir, sino que debe empezar por buscar a su votante en esa masa ingente, lo mismo que el votante su opción. Y hay que imaginar estrategias al efecto para sobresalir sin carbonizar el debate.

Segundo, asombra que la última alocución de cada debate, el llamado, “minuto de oro”, que ha de ser resonante y para acabar en alto, haya sido tan mal utilizada.  Los símiles retóricos que aspiran a ser unívocamente memorables, de un modo simplón, y más impostados que vividos por actores poco naturales – la “niña” de Rajoy, el “¿escuchan el silencio?” de Rivera- pueden acabar bordeando el ridículo y son carne de meme. El mensaje entrecortado por el apremio de asestar los últimos varazos, como le sucedió a Casado, tampoco es precisamente recomendable. Ese minuto debe estar tan ensayado que ni siquiera lo parezca, debe prescindir de papeles, de cualquier distracción. Ha de ser resuelto, impecable, inevitable en el mejor sentido.

Tercero, igualmente llamativo ha resultado el uso y abuso de los llamados “elementos visuales” -fotos enmarcadas, tesis doctorales, libros, rollos de papel, gráficos y estadísticas sin fuente acreditada- que han salpicado el desarrollo de los debates de modo extemporáneo: recurrir a cualquier cosa que pueda caber en la mano, o en el exiguo atril (y era increíble que cupieran tantas). También han sido justo objeto de ridículo.

Todo lo cual lleva a concluir que, mañas dialécticas aparte, los debates precisan de una oratoria más profesional, pero sin las vacuidades retóricas a las que estamos, desgraciadamente, acostumbrados. Se debe entender que los debates pueden ser la ocasión de presentar alguna fórmula ideológica bien encarnada por el que pretende ser “líder”, pero hay que idear una estrategia consistente y persistir en formas constructivas: los modos virtuosos parecen inicialmente más endebles, pero si arraigan son más sólidos

Indiquemos para terminar que, si bien este análisis está en lo substancial meditado antes de conocer el resultado de las generales, invito al lector a que considere en qué medida la forma de proceder en ellos de los líderes políticos ha influido en sus respectivos resultados.

Y es que esto es sólo el fin del primer acto. Los debates del segundo, a buen seguro, podrán serán menos ásperos, mas no necesariamente mejores. Veremos.


                   

Pablo Carbajosa 

Responsable del Área de Oratoria de Proa Comunicación y coordinador del Club de Debate de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid

José Luis Martínez-Almeida, candidato del PP a la Alcaldía de Madrid, participará en el Observatorio PROA Comunicación

José Luis Martínez Almeida, portavoz y candidato del PP a la Alcaldía de Madrid, participará en una nueva edición del Observatorio PROA Comunicación titulado ‘Recuperar Madrid para todos’. El Observatorio se celebrará el viernes 10 de mayo de 2019 a las 09:00h el Hotel Welington (c/Velázquez, 8).

José Luis nació en Madrid en 1975. Licenciado en Derecho por la Universidad Pontificia de Comillas (ICAI-ICADE), es Abogado del Estado desde 2001. Ha ejercido en Gerona, Toledo y Madrid. Su carrera como abogado del Estado es amplia y, en concreto, ante los Juzgados de lo Social y en la Sala de lo Contencioso Administrativo.

En 2007 es propuesto como Director General de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid, cargo que ejercerá hasta 2011. Entre los años 2011 y 2013 fue Secretario General del Consejo de Gobierno de la Comunidad Autónoma de Madrid, Secretario General del Consejo de Administración de SEPI Desarrollo Empresarial (SEPIDES) desde septiembre de 2013 hasta abril de 2014, asumiendo también la Dirección de la Asesoría Jurídica.

En abril de 2014 es nombrado por acuerdo del Consejo de Ministros Director de la División Jurídico Institucional de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal.

Tras las Elecciones Municipales y Autonómicas de 2015 toma posesión como Concejal del GM PP y el 28 de abril de 2017 es elegido Portavoz del Grupo Municipal Partido Popular, puesto que ocupa en la actualidad. El pasado 13 de enero de 2019 fue designado Candidato a la Alcaldía de Madrid por el Partido Popular. Entre sus aficiones destacan el golf y su pasión por el Atlético de Madrid.

Venezuela en ocho días

El conflicto de Venezuela no se soluciona en ocho días, aunque Pedro Sánchez haya pedido ese plazo para la convocatoria de elecciones, liderando la débil posición común de la Unión Europea que también exige una disyuntiva entre un proceso electoral legítimo o el reconocimiento europeo de Guaidó. Pero el conflicto político iniciado por Chávez; fundamentado en las desigualdades provocadas por el petróleo y en las manipulaciones del populismo izquierdista caribeño; rociado de propaganda por los nuevos expoliadores bolivarianos; iliberal primero e ilegítimo después; y reconvertido finalmente en tragicomedia por Nicolás Maduro, ha producido una fractura social y una crisis económica de las que Venezuela tardará en salir.

Aunque la división interna y el caos político no son los únicos elementos que dificultan una solución negociada. En estos largos años de siglo, el conflicto de Venezuela se ha globalizado progresivamente hasta convertirse en una pieza más del tablero geopolítico. De un lado, se han situado los Estados Unidos, la mayor parte de los principales países latinoamericanos y la Europa democrática, que seguimos siendo. Y del otro Rusia, China y Turquía, que ven en Venezuela un peón intercambiable por una solución favorable en Siria y Ucrania, o por el alfil de la guerra comercial. Los venezolanos han pasado, de las colas y la hiperinflación al mundo de la política global, sin tener que llevarse a la boca.

Y Europa busca un lugar propio que se sitúe dentro de los parámetros democráticos pero fuera de las especulaciones norteamericanas que tienen una mano atada y la otra es la mano de Donald Trump. Un lugar que solo conoce bien Felipe González, que consiste en elegir la democracia, la economía y la energía, en vez del socialismo y la ruina. Pero el justo medio solo es justo si está situado entre dos males. Y por ello el equilibrio entre la democracia y la no democracia no es la democracia a medias o el ultimátum de ocho días. Si no, la restauración democrática legítima.

Por José María Peredo
Catedrático de Comunicación y Política Internacional de la Universidad Europea

Ana Sánchez de la Nieta: “Internet y las tecnologías han pillado a los medios con el pie cambiado”

La editora de “Conversaciones con”, Ana Sánchez de la Nieta, considera que Internet y las nuevas tecnologías no han supuesto una merma en la calidad del periodismo que se hace hoy, sino al contrario son herramientas que aportan enormes posibilidades y oportunidades para los profesionales de los medios. Ésta es una de las reflexiones que Sánchez de la Nieta ha compartido durante su participación en el Observatorio Proa Comunicación.

En el encuentro, la periodista hizo balance de su trayectoria profesional, señalando algunos de los cambios que se han producido en la profesión, ahora más deteriorada que nunca, especialmente por la precarización laboral que sufren los periodistas. Un deterioro que también se observa en el trabajo diario de los profesionales, que ejercen su oficio en muchas ocasiones sin medios, y de los medios, que han visto cómo Internet y las redes sociales han trastocado el modelo clásico de producción de las noticias y cómo esta revolución les ha pillado con el pie cambiado.

Sobre las redes sociales, precisamente, Sánchez de la Nieta destaca que son el mejor método que existe para “recibir el feedback” de los usuarios en tiempo real. Reconoce que por estas plataformas circulan muchas fake news, pero por este motivo es imprescindible que el periodista asuma su tarea esencial de contrastar y comprobar la veracidad de la información que se distribuye por las redes.

Dick Cheney, el último político en la sombra

Hace unos días, en la presentación del pre-estreno de El vicio del poder en España, organizado por el foro de periodismo Conversaciones con, Pablo Pardo, corresponsal del diario El Mundo en Estados Unidos, resumía así la relación del todopoderoso vicepresidente Dick Cheney con la prensa “Cheney decidió eludir a la prensa, no hablaba con los medios, se pasó años sin dar entrevistas y se enorgullecía de ello”.

En el magnífico biopic de Adam McKay, una de las películas favoritas en la carrera hacia los Oscar, se refleja bien ese ninguneo del político hacia los medios. Un desprecio que también se explica bien en la cinta. Cuando uno quiere acumular poder y, más concretamente, poder en la sombra, los medios son, claramente, un serio problema. Si no puedes manejarlos (que algo de esto se ve también) es mejor esquivarlos. La estrategia de Cheney, en el fondo, no fue otra que volar bajo radar.

Sin embargo, es interesante comprobar como en unos pocos años, eludir los medios se ha convertido en una misión imposible para los políticos. Quizás es viable todavía sortear el interés de algunos medios importantes, mirar para otro lado cuando los periodistas preguntan en una rueda de prensa, acudir a cuatro recetas de manual corporativo –de los malos- en una intervención (“yo he venido a hablar de mi libro y no me pregunten de otra cosa”) o incluso tirar de plasma para estar presente… sin estarlo en absoluto. Pero lo que no resulta factible ya es actuar y acumular poder lejos de la lupa de la opinión pública. Una opinión pública que antes tenía su atril en las cabeceras, cadenas de televisión o emisoras de radio y que hoy presume de millones de altavoces que trinan o postean en las redes. La información ha dejado de ser un codiciado y escaso bien en manos de los poderosos para convertirse en un torbellino de noticias donde emisor y receptor comparten roles y donde muchas veces el verdadero  papel del periodista es separar la new del fake.

Hay quien opina que en las empresas, instituciones, y por lo tanto en la política, la transparencia es una decisión. Se puede apostar por serlo o no. Se puede hablar con los medios o no. Se puede dialogar en las redes o directamente no estar. La tendencia, sin embargo, lleva a considerar la transparencia como un innegociable. Y de hecho, hasta políticos tan reacios a los medios como Donald Trump se han tenido que rendir a la evidencia de que lo que haces en la oscuridad termina saliendo a la luz, antes o después. Y cada vez más, antes. Y por eso, hasta quienes reniegan de los medios, han terminado acudiendo a ellos aunque solo sea para sembrar desinformación.

Hoy la postura de Dick Cheney sería imposible y de hecho, probablemente, el vicepresidente pasará a la historia –entre otras cosas- por ser el último político que pudo operar de espaldas a los focos. La política en las sombras ya es historia.

Por Ana Sánchez de la Nieta
Editora de Conversaciones con

Mensajes simples y directos, clave de la estrategia de Vox en las redes sociales

Las redes sociales se han convertido en los últimos años en el nuevo caladero de votos para los partidos y sus líderes. La inmediatez y la capacidad de viralización que ofrecen estos canales son dos ingredientes que vienen cautivando a los políticos a la hora de trasladar sus mensajes a la sociedad. Saben, además, que es el único vehículo a través del que pueden llegar a determinados grupos de la población más alejados de sus entornos naturales como son los jóvenes.

Es por ello que las formaciones políticas, especialmente las más nuevas, han puesto todo su foco en la comunicación digital, explotando al máximo las potencialidades de estas plataformas con argumentos simples, directos y basados en las emociones. Una característica ésta que cada vez es más común en la estrategia de redes sociales de partidos y líderes políticos.

Recurrir a mensajes sencillos, emocionales y muy visuales es lo que ha hecho Vox para cautivar al público de Instagram y convertirse en una opción plausible, según Antoni Gutiérrez-Rubí, experto en comunicación política. A su juicio, el ataque que ha recibido el partido outsider de otras formaciones políticas, como le ocurrió a Trump, ha servido para “colocar a Vox en el centro de toda la comunicación”.

El éxito que ha tenido Vox en Instagram se explica, entre otras razones, por el contenido visual que han sido capaces de elaborar durante el último año. Esto les ha ayudado tremendamente a crecer en esta red y a colocar fácilmente sus mensajes, como también ha ocurrido en el caso de WhatsApp, otro canal básico para su comunicación y para el auge de sus contenidos, según Gutiérrez-Rubí.

Mayor engagement con los contenidos

La comunicación a través de las redes sociales ha facilitado no solo la viralización de mensajes, sino la interacción o la conexión con los electores. “Quien comparte un contenido del partido se convierte en garante, en cómplice de ese contenido ante esos contactos personales, porque lo importante no es tanto que nos llegue ese contenido, sino que éste nos lo envío alguien conocido, y los conocidos superan en un 18-20% la credibilidad de los medios y las instituciones”, afirma el experto.

Por su parte, David Álvarez, analista y consultor en Social Media, admite que es aún muy pronto para establecer conclusiones definitivas sobre la rápida expansión de Vox en las plataformas sociales, pero considera que “en términos de crecimiento de sus comunidades y el engagement de éstas con los contenidos publicados por la formación de Santiago Abascal hay una diferencia notable a su favor respecto al resto de partidos”. No obstante, esto ya sucedió en el pasado reciente con otros partidos como Podemos y Ciudadanos.

La estrategia de Vox en estos canales responde, como asegura Álvarez, a la generación de mensajes simples y directos con los que sus seguidores se sienten plenamente identificados. Sin embargo, es muy importante también la forma o el modo en el que se presentan estos contenidos, porque “de eso depende que luego sus comunidades sean las que lideren su viralización”, agrega. Recurren por ello a formatos sencillos y basados en la emotividad que son fáciles de compartir, no solo en redes como Facebook o Twitter, sino sobre todo en WhatsApp.

Análisis en Twitter

David Álvarez ha analizado los nuevos seguidores en Twitter que han logrado cada partido durante los últimos 30 días (en el contexto de las elecciones andaluzas) y un dato realmente curioso es que el porcentaje de cuentas nuevas en el caso de Vox es mucho más bajo que en el resto de partidos. En concreto, y según su investigación, en este partido es de un 8,3% del total de su ganancia de seguidores mientras que en las demás formaciones ese porcentaje sube a un 26%.


Bárbara Yuste
Consultora de Proa Comunicación

La “tasa Google”, una solución a corto plazo

El pasado 21 de marzo de 2018, la Comisión Europea presentó un paquete de medidas relativas a la fiscalidad de la economía digital, entre las que se encontraba una propuesta de Directiva mediante la que se introducía un impuesto que gravaba la prestación de determinados servicios digitales (la conocida como “tasa Google”). En línea con la propuesta de Directiva comunitaria, el Consejo de Ministros informó el pasado viernes 19 de octubre de 2018 sobre el anteproyecto de Ley por el que se crea el Impuesto sobre Determinados Servicios Digitales. De esta manera, España sería el primer país de la Unión Europea en adaptarse a la propuesta de la Comisión.

A grandes rasgos, este nuevo impuesto indirecto tendría por objetivo gravar a un tipo del 3% el volumen de negocios generado -esto es, los ingresos brutos- mediante la prestación de servicios consistentes en: (i) la venta de espacio publicitario digital; (ii) poner a disposición de los usuarios plataformas digitales en las que se les permita interactuar entre ellos y que faciliten la prestación de servicios y entrega de bienes, y (iii) la transmisión de datos generados a partir de la actividad desarrollada por los usuarios.

No obstante lo anterior, únicamente quedarían sujetas al impuesto las entidades que obtengan, con carácter anual, ingresos globales superiores a 750 millones de euros, e ingresos provenientes de servicios sujetos al impuesto que superen los 3 millones de euros en España.

Con esta medida se pretende someter a imposición aquellos servicios digitales en los que hay una contribución de los usuarios. No obstante, tal y como viene señalando la OCDE, puede generar riesgos y repercusiones negativas en la inversión, la innovación y el crecimiento.

En todo caso, debido a que el impuesto se aplica donde están establecidos los usuarios, no parece solucionarse con esta medida temporal el actual problema a abordar: gravar los beneficios en la jurisdicción en la que se haya creado el valor.

Por Iván Moya, asociado del Área Fiscal de Écija