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Construir más Europa

Hace escasa media hora se ha presentado en el Espacio de Fundación Telefónica la asociación  Friends of Spain in Germany. El impulsor de esta iniciativa es Germán Buceta y creo que estamos de enhorabuena. Este es un movimiento liderado y promovido por la sociedad civil . Se busca aumentar el interés y el conocimiento que existe en Alemania de la realidad española para fortalecer la credibilidad en nuestro país y en nuestro tejido empresarial. El principal medio de comunicación y de actuación es la plataforma web 2.0 para impulsar el diálogo, crear contenidos y facilitar las discusiones políticas y el debate. Fernando Vallespín, Catedrático de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma ha señalado que “Alemania solo va a seguir siendo solidaria con los países del sur si se siguen haciendo reformas y si las reformas dan resultados”. Vallespín también ha subrayado que “si estamos celebrando la amistad hispano-alemana, algo que dábamos por obvio, es que algo se había roto”. “Hay que impedir que siga profundizándose la fractura que existe entre Europa del norte y del sur y esta fractura sólo se va a superar desde una mayor y mejor cooperación”. Íñigo Méndez de Vigo ha pronunciado el discurso de clausura señalando que “buscamos estabilidad en los alemanes y poniéndoles como ejemplo porque los alemanes buscan coaliciones para poder hacer reformas. Los alemanes no se centran en lo que les separa sino en lo que les une”. El Secretario de Estado ha puesto el broche final al acto diciendo que “el gran éxito de la creación de Europa ha sido la Unión Europea. Hay que recuperar el espíritu comunitario dándole un papel importante a la Comisión Europea”.  Enhorabuena a Friends of Spain in Germany por esta iniciativa. Así sí que hacemos Marca España requetebién.

Lucía Casanueva

La elección

Vaya por delante que entendí la renuncia de Benedicto XVI como un síntoma de normalidad y de modernidad en la Iglesia católica. Que un hombre de casi 86 años quiera dejar sus responsabilidades, retirarse de los focos y acabar sus días alejado del mundanal ruido no sólo es comprensible y lógico, sino que es absolutamente razonable. Por eso, lo que más me ha sorprendido no es la decisión de Ratzinger, por muy histórica que sea, sino las extrañas interpretaciones que algunos han hecho de la misma.

Y digo extrañas porque el Papa alemán expuso con justeza y por escrito la razón que le ha llevado a tomar esta insólita decisión: “He llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio pretino”. El Papa no renunció por su avanzada edad. Renunció porque no se veía con capacidad suficiente para ejercer “adecuadamente” el cargo para el que fue elegido hace ocho años.
Pope Benedict XVI waves to the faithful as he arrives in St Peter's Square to hold his last general audience at the Vatican

La misión es doble: “gobernar la barca” y “anunciar el Evangelio”. Para el anuncio quizá baste con la palabra y con la oración. Pero gobernar significa mandar, decidir, enfrentar los problemas, resolver. Ninguna institución, tampoco la Iglesia, puede permitirse en el mundo de hoy, “sujeto a rápidas transformaciones”, el lujo de tener al frente a una persona inactiva, estancada. Como dice el propio Papa, el ejercicio del poder requiere “vigor tanto del cuerpo como del espíritu”. Requiere reflejos, cintura para adaptarse a los cambios, facultades para comprender y controlar situaciones complejas (no se olvide que la palabra ‘obispo’ viene del griego ‘epíscopo’, que significa el que vigila). Requiere, en definitiva, juventud o, al menos, una madurez activa.

Y aquí es donde creo que Ratzinger ha mandado un claro mensaje a los cardenales que tienen que elegir a su sucesor. El cónclave debe encontrar para la sede de Pedro a un hombre fuerte, capaz de llevar las riendas de una multinacional tan compleja como la Iglesia católica. Hasta Ratzinger, ningún romano pontífice había renunciado en 600 años. La elección del polaco Wojtyla rompió una tradición de papas italianos que duraba casi 500 años. ¿Vendrá la fumata blanca a recuperar las buenas costumbres?

Luis Sala

Sobre la incompetencia

En su célebre ensayo sobre la incompetencia militar (‘On The Psychology of Military Incompetence’), el doctor Norman Dixon expone una serie de aspectos que aparecen con sospechosa regularidad en la gestión de los grandes desastres militares de la historia. Son los 14 puntos de Dixon (se ve que los decálogos aún no estaban de moda en 1976):

– Un grave desperdicio de recursos humanos y el incumplimiento de uno de los primeros principios de la guerra: la economía de fuerzas.

– Un conservadurismo fundamental (aferrarse a tradiciones anquilosadas e incapacidad para sacar partido de la experiencia).

– Una tendencia a rechazar o ignorar informaciones que sean indigestas o que choquen contra prejuicios.

– Tendencia a subestimar al enemigo y a sobreestimar el potencial propio.

080313_dixon– Falta de decisión y tendencia a abdicar de la obligación de tomar decisiones.

– Una obstinada persistencia en llevar a cabo una determinada tarea, a pesar de la presencia de pruebas decisivas en sentido contrario.

– Desaprovechamiento de las posibilidades ofrecidas por una situación ventajosa.

– Falta de reconocimiento adecuado.

– Predilección por los ataques frontales, a menudo dirigidos contra el punto más fuerte del enemigo.

– Fe en la fuerza bruta.

– Falta de utilización de técnicas como la sorpresa.

– Indebida predisposición a encontrar víctimas propiciatorias para los reveses militares.

– Supresión o distorsión de las noticias del frente, justificada generalmente por la necesidad de conservar la moral o la seguridad.

– Creencia en fuerzas míticas, como el destino o la mala suerte.

Si hacemos el ejercicio de despojar al listado de sus connotaciones bélicas (algo tan simple como sustituir enemigo por competidor, militar por comercial o frente por mercado), obtendremos un valioso manual para evitar las conductas que llevan al desastre en nuestras organizaciones. Un manual para aquellos que ejercen el liderazgo al más alto nivel y que, en lo que a comunicación se refiere, menciona dos cuestiones de rabiosa actualidad: la tendencia a distorsionar o suprimir las malas noticias y la tendencia a rechazar o ignorar informaciones que choquen con nuestros prejuicios. La lección es sencilla: el camino hacia el desastre está empedrado de informaciones valiosas que, al margen de toda lógica, preferimos dejar de lado para seguir haciendo “lo que siempre se ha hecho”.

Luis Sala