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UnfakingNews o cómo combatir la desinformación

¿Por qué en este momento resulta más complicado reconocer La Verdad si nuestro conocimiento sobre lo que somos es mucho mayor de lo que había sido nunca? ¿Estar más informado significa hoy estar mejor informado?

El problema de la desinformación se ha situado en la actualidad como algo que parece imposible de comprender a través de los mecanismos de reproducción actuales. Como si se estuviera desarrollando una especie de empatía colectiva en torno a la desilusión de estar informado, como si la sensación individual de estar más y mejor informados que nunca supusiera el reconocimiento colectivo de que una mayor formación y una vida con más posibilidades de elección implican paradójicamente una mejor comprensión de nuestras limitaciones como civilización, cultura y sociedad.

UnfakingNews se presenta con la predisposición de explicar, explorar y contextualizar este nuevo fenómeno en el que junto al paraguas semántico que se ha ido construyendo en los últimos años en torno al concepto de fake news, aparecen otros como desinformación, posverdad, hechos alternativos, cámaras de eco, burbujas informativas, clickbait o granjas de contenidos.

Para comprender cómo hemos llegado al contexto actual se analiza la relación entre los medios de comunicación y las empresas tecnológicas en una aldea tecnolocal en la que las grandes corporaciones se han convertido en agentes de poder a nivel local y espejos de la realidad a nivel global. Como consecuencia de esta simbiosis artificial, se reflexiona sobre la relación entre votantes y consumidores de información, el papel de la publicidad segmentada y el big data; así como en las consecuencias que este Gran Hermano del Marketing tiene para el desarrollo y mejora de la calidad democrática de nuestras sociedades.

Resulta imposible no intentar esbozar este escenario a partir de los dos grandes agentes políticos que crean, distribuyen y colisionan en torno a las guerras informacionales del siglo XXI, EE.UU. y Rusia. Sin embargo, más allá del componente político, la desinformación tiene un claro objetivo económico. Con esa intención, se pretende poner cara a las llamadas granjas de contenidos y describir las consecuencias que tienen tanto su existencia como su éxito para nuestro ecosistema informativo.



Raúl Magallón
Profesor de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III de Madrid

Ismael Nafría: “El pago por la información es hoy una opción irremediable para la supervivencia de los medios”

Ismael Nafría, autor del libro “La reinvención de The New York Times”, lleva asesorando a medios de todo el mundo desde hace años. Conoce bien el negocio periodístico y los retos a los que se enfrentan los medios en estos momentos de cambios e incertidumbres. Repasamos con él algunos de los temas que más opiniones controvertidas están provocando últimamente como es el fenómeno de las fake news, al que prefiere denominar desinformación.

Es este asunto precisamente el que nos ocupa los primeros momentos de la charla. Para Nafría hay tres tareas que se han de tomar para combatir la propagación de las noticias falsas. El primer escenario, comenta, nos sitúa en las plataformas sociales, donde se difunden miles de fake news todos los días. A su juicio, estas plataformas han de intensificar el control de todas las fuentes que se dedican a desinformar. “Esta tarea es muy compleja y afecta especialmente a Facebook, WhatsApp, Twitter… o a las búsquedas de Google. Se han de establecer el máximo número de medidas de control posibles para que este tipo de cosas no sucedan”, añade.

La segunda tarea, en su opinión, es la alfabetización mediática del público desde el colegio. “Intentar crear una mentalidad más crítica por parte de la población a la hora de consumir determinados contenidos y hacerles ver si están o no leyendo temas fiables para que tengan un cuidado especial a la hora de redifundirlo en sus redes” es un objetivo fundamental que, según Nafría, debemos asumir como sociedad.

Finalmente, a los medios le corresponden dos tareas. “Los medios no tienen que contribuir a la desinformación. Tienen una responsabilidad muy grande a la hora de no difundir noticias falsas, porque los medios tienen la tarea profesional de informar”, afirma. “Aquellos medios que van difundiendo noticias falsas, sin contrastar, hacen un flaco favor a todo el sector”. En este sentido, lo tiene claro: es preciso ser más estrictos a la hora de aplicar las normas esenciales del periodismo, esto es, confirmar los temas, comprobar que las fuentes son fiables…

Pero, además de todo esto, es importante que los medios ayuden a entender cómo funciona el mundo de la desinformación y que identifiquen casos concretos. “No digo que les corresponda hacer un análisis continuo de todo lo que se difunde; no sería posible dada la cantidad de noticias falsas que circulan, pero sí explicar los casos más graves, ayudar a identificarlos y justificar por qué lo son”, subraya. Y esto junto a una voluntad firma de ser más transparentes: cómo se preparan las informaciones, cómo se verifican… Este tipo de acciones ayudarían mucho a atajar el problema de la desinformación.

Aunque este es uno de los temas estrellas que hoy ocupa a todos los medios, especialmente cuando se ven envueltos en algún escándalo de este tipo, lo cierto es que el modelo de negocio que sustentará a los periódicos sigue siendo la principal preocupación entre quienes dirigen los destinos de la prensa.

El pago, modelo de negocio

Preguntado sobre cómo pueden los medios convencer a la audiencia para que paguen por la información, Ismael Nafría admite que es un objetivo complicado, pero al mismo tiempo asegura que es una opción irremediable “si queremos garantizar su supervivencia”.

Para llevar a buen puerto esa tarea, está convencido de que los medios han de hacer información realmente de calidad y pertinente para su audiencia, sea ésta generalista o de nicho. A su juicio, una de las premisas que suele compartir con los responsables de los medios es que es mejor apostar por menos información, pero de mayor calidad, que por un volumen inmenso que no aporta ningún valor al público. “Creo que hay una saturación y la información genérica aporta muy poco valor”, apunta para añadir que “la gente está dispuesta a pagar por la información, pero no espera que le inundes y le satures, sino que le ofrezcas realmente cosas que tengan valor y con las que disfrute”, porque esto también es una función informativa. “Una historia bien contada es una maravilla”, sentencia.

Sin embargo, no son los únicos esfuerzos que han de tomar los medios para construir muros de pago en torno a sus contenidos. Hay otro ámbito donde hay mucho camino por recorrer y es la relación con la audiencia. Según explica Nafría, es vital que se involucre de verdad a la audiencia. Pero no solo a posteriori, como se viene haciendo habitualmente, sino con anterioridad a la información publicada. Se trata de conseguir que participen, que aporten sus contenidos, sus experiencias, su conocimiento sobre determinados temas. Y esto no es fácil de que ocurra. Hay ejemplos, no obstante, como la sección Reader Center de The New York Times, donde se atiende las consultas y peticiones de los usuarios, así como se pide su participación en múltiples asuntos de la actualidad. Los datos sobre su éxito son contundentes. “En su primer año desde su nacimiento ha gestionado 600 peticiones distintas a los lectores sobre temas muy diversos”, señala.

Ismael Nafría considera que la decisión de cobrar por la información ha de ir acompañada de otras medidas y una de las más importantes tiene que ver con la relación que se establece con el público. “Si quieres que tu audiencia pague, debes trabajar mucho y tenerla muy en cuenta”, apuntala. Y a partir de ahí experimentar con todos los formatos que permitan construir una relación directa y cercana con la comunidad en torno al medio. Uno de los formatos que está funcionando es la newsletter por ser una herramienta “muy eficaz de conexión y de engagement con la audiencia”. Otro de los formatos con más proyección y que se empieza a utilizar con frecuencia en algunos medios es el podcast, aunque en el caso español no es todavía una opción para muchos editores.

Que el pago por la información sea irremediable actualmente, no significa -aclara- que sea la solución a los problemas de ingresos de los medios. Pero sí se ha de ver como una vía adicional, que cada vez es más importante y que acabará siendo la principal como ya sucede en algunos medios como es The New York Times.

El caso español

Y ¿qué pasa en España? ¿Se decidirán finalmente los editores a cobrar por la información?

Nafría asegura que todo apunta a que los editores se decidirán a lo largo de este año por el pago. Ya hay algunos medios, agrega, que están cobrando por la información como es el caso de los periódicos regionales y locales del grupo Vocento o el diario catalán Ara.

Pero, ¿no perderán usuarios los medios que optan por el pago en detrimento de los “gratuitos”? Esta premisa, que se utilizaba hace años, no tiene validez como tal, según Nafría. Para él, aunque se puedan perder usuarios, lo más importante es que el medio sea capaz de lograr su fidelización. Estamos asistiendo al fracaso de un modelo, el basado en la caza de audiencia, que no solo no tiene sentido, sino que además no está funcionando. Por todo ello, es más sensato y beneficioso aumentar la audiencia fiel “con la que el medio podrá contar para aquello que necesite que aumentar la cifra de usuarios que pasan por el site una vez al mes sin darse cuenta”.

En cualquier caso, tiene claro que la pérdida de audiencia está siempre relacionada con el tipo de estrategia que el medio ponga en práctica. Pero, aunque perdiera usuarios, es más acertado poner el foco en ganar usuarios fieles y que se involucren con el medio.



Bárbara Yuste
Director de Comunicación digital de Proa Comunicación

Búsqueme un enemigo y ganará

Si hay dos episodios extraordinarios del escenario de noticias falsas difundidas por robots para redes sociales gestionados por consultoras de comunicación, son Cambridge Analytica y Birnbaum & Finkelstein. Del primero se conoce casi todo. Que Facebook “vendió” a Cambridge Analytica -con fines académicos-, información detallada de 50 millones de sus usuarios sin su permiso y violando las políticas de uso de esa red social.

“Mediante una aplicación ideada para contestar a un cuestionario sobre la personalidad e intereses políticos de los encuestados y de sus amigos, construimos modelos para explotar lo que sabíamos de ellos y apuntar a sus demonios internos” recuerda Christopher Wylie, el ex empleado de Cambridge que desveló el escándalo.

Donald Trump contrató en 2016 por más de 6,2 millones de dólares los servicios de esta consultora que se dedicó a propagar millones de mensajes personalizados con informaciones falsas sobre sus opositores (Obama, Hillary Clinton…) entre una audiencia dispuesta a creérselas. Cambridge conocía su predisposición a recibir estímulos personalizados en función de su estado emocional y político. Nadie duda de que esta campaña fue decisiva para la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. Pero poco se sabe de la demonización del financiero Georges Soros orquestada en todo el mundo por el tándem Birnbaum & Finkelstein, por encargo del primer ministro húngaro, Viktor Orban.

Según relata Hannes Grassegger en Buzzfeednews, el equipo del famoso inversionista y benefactor de origen húngaro, se vio sorprendido de repente por una avalancha de noticias falsas, todas negativas, referidas a él y su actividad profesional. Personaje perverso, traficante de drogas, extremista, conspirador nazi, judío, que ayudó al derrumbe de la Unión Soviética para llenar Europa de refugiados islamistas. Lindezas por respaldar al partido demócrata de los Estados Unidos y criticar el Brexit del Reino Unido. No hay más que echar un vistazo a la red para comprobar ese alud de insultos en numerosos idiomas, incluido el castellano.

George Eli Birnbaum y Arthur Finkelstein, judíos como el propio Soros, trabajaron en secreto desde 2008 para la campaña de Viktor Orban. Su victoria electoral les demostró el éxito de su estrategia.

Finkelstein, ya fallecido, había desarrollado un método convertido en guía práctica para el populismo moderno. Su premisa se basa en que cada elección se decide antes de iniciarse. “La mayoría de los electores saben por quién votarán, a qué apoyan y a qué se oponen. Es muy difícil convencerlos de lo contrario. Es mucho más fácil desmoralizar a las personas que motivarlas. Y la mejor manera de ganar es desmoralizar a los partidarios de tu oponente”. Eso es lo que Trump hizo con gran efecto contra Hillary Clinton, y lo que quiso decir cuando, después de las elecciones, agradeció a los negros norteamericanos no haber ido a votar.

No hay que ir muy lejos para constatar que el método se ha expandido. A los electores les motivan las cuestiones simples y a los consultores polarizar con el miedo sobre esas cuestiones simples. “Y el que no ataque primero, será la víctima, el derrotado”. De manera que todo lo que se exagere o mienta sobre el opositor para destruirlo es válido. Su consejo a los candidatos clientes es que no hablen de sí mismos, sino que centren su campaña en destruir a sus oponentes. Inundar, a través de las redes sociales y otras plataformas, caudales de noticias falsas o sospechosas del contrincante a derrotar.

Siempre eso sí, mediante la identificación de un enemigo; si no es Soros porque encarna el liberalismo o al peligroso capital extranjero será el temor a la islamización de Europa por los refugiados, a los inmigrantes que roban puestos de trabajo, a la ley de violencia de género que machaca a los varones, a los acuerdos con los independentistas que rompen España….



Inmaculada G. Mardones
Editora de Geotermia Online. Antes, jefa de sección en EL PAÍS y directora de comunicación del Ministerio de Fomento

Dick Cheney, el último político en la sombra

Hace unos días, en la presentación del pre-estreno de El vicio del poder en España, organizado por el foro de periodismo Conversaciones con, Pablo Pardo, corresponsal del diario El Mundo en Estados Unidos, resumía así la relación del todopoderoso vicepresidente Dick Cheney con la prensa “Cheney decidió eludir a la prensa, no hablaba con los medios, se pasó años sin dar entrevistas y se enorgullecía de ello”.

En el magnífico biopic de Adam McKay, una de las películas favoritas en la carrera hacia los Oscar, se refleja bien ese ninguneo del político hacia los medios. Un desprecio que también se explica bien en la cinta. Cuando uno quiere acumular poder y, más concretamente, poder en la sombra, los medios son, claramente, un serio problema. Si no puedes manejarlos (que algo de esto se ve también) es mejor esquivarlos. La estrategia de Cheney, en el fondo, no fue otra que volar bajo radar.

Sin embargo, es interesante comprobar como en unos pocos años, eludir los medios se ha convertido en una misión imposible para los políticos. Quizás es viable todavía sortear el interés de algunos medios importantes, mirar para otro lado cuando los periodistas preguntan en una rueda de prensa, acudir a cuatro recetas de manual corporativo –de los malos- en una intervención (“yo he venido a hablar de mi libro y no me pregunten de otra cosa”) o incluso tirar de plasma para estar presente… sin estarlo en absoluto. Pero lo que no resulta factible ya es actuar y acumular poder lejos de la lupa de la opinión pública. Una opinión pública que antes tenía su atril en las cabeceras, cadenas de televisión o emisoras de radio y que hoy presume de millones de altavoces que trinan o postean en las redes. La información ha dejado de ser un codiciado y escaso bien en manos de los poderosos para convertirse en un torbellino de noticias donde emisor y receptor comparten roles y donde muchas veces el verdadero  papel del periodista es separar la new del fake.

Hay quien opina que en las empresas, instituciones, y por lo tanto en la política, la transparencia es una decisión. Se puede apostar por serlo o no. Se puede hablar con los medios o no. Se puede dialogar en las redes o directamente no estar. La tendencia, sin embargo, lleva a considerar la transparencia como un innegociable. Y de hecho, hasta políticos tan reacios a los medios como Donald Trump se han tenido que rendir a la evidencia de que lo que haces en la oscuridad termina saliendo a la luz, antes o después. Y cada vez más, antes. Y por eso, hasta quienes reniegan de los medios, han terminado acudiendo a ellos aunque solo sea para sembrar desinformación.

Hoy la postura de Dick Cheney sería imposible y de hecho, probablemente, el vicepresidente pasará a la historia –entre otras cosas- por ser el último político que pudo operar de espaldas a los focos. La política en las sombras ya es historia.

Por Ana Sánchez de la Nieta
Editora de Conversaciones con

Borja Bergareche, director de Innovación Digital de Vocento, participará en el próximo Observatorio de PROA Comunicación

El próximo viernes 26 de octubre se celebrará en la sede de Degussa una nueva edición de los Observatorios de PROA Comunicación. Borja Bergareche, director de Innovación Digital de Vocento, participará mediante la ponencia: ‘Periodismo rentable en la era de las fake news y las plataformas de Silicon Valley’.

En la era de las fake news, el valor de la información y de la credibilidad ha adquirido una nueva dimensión. Los medios, en su propósito de adaptarse a los retos que les presenta el entorno digital, han de buscar otras fórmulas para rentabilizar sus contenidos. La innovación ya no es una opción, sino una obligación.

Borja Bergareche ha liderado la puesta en marcha del nuevo Vocento Media Lab y es responsable de impulsar la estrategia de transformación digital y los proyectos de innovación de la compañía. Abogado y periodista, ha sido subdirector digital, corresponsal en Londres y Redactor Jefe de Internacional en el diario ABC, y ha escrito además en El Correo (Bilbao), El País y La Nación (Buenos Aires).

En el ámbito internacional, es miembro del consejo asesor para Europa del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ por sus siglas en inglés) de Nueva York, y en 2011 publicó “Wikileaks Confidencial”, sobre las implicaciones de las filtraciones para la prensa y la diplomacia internacional. En el pasado ha trabajado como asesor para asuntos internacionales y constitucionales en el Parlamento Europeo y la Comisión Europea.

En el ámbito académico, es profesor de periodismo en la universidad San Pablo CEU de Madrid y da clases en el master de Periodismo de ABC/Complutense. Es licenciado en Derecho por la universidad de Deusto (Bilbao) y master en Relaciones Internacionales por la universidad de Columbia (Nueva York), con una beca Fulbright.

Para registrarte puedes enviar un mail a marta.gallardo@proacomunicacion.es