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La política, una subasta

Todos los seres vivientes siguen aquí porque muy pronto, desde sus etapas como unicelulares tuvieron que aprender a distinguir lo bueno de lo malo. En los seres humanos este arcaísmo biológico se traslada también a su mente y si la educación, la formación y demás características que la hacen humana no están desarrolladas no discrimina, califica y decide lo bueno o lo malo distorsionando lo que percibe. Es una explicación del porqué nos drogamos, tema que me impulsó a escribir un libro hace tiempo. Fue una necesidad vital, pero dado su origen como supervivencia se suele tomar desde las emociones primitivas en buena parte no conscientes, desde la disociación de la personalidad con la que se predica una cosa y se hace la contraria. Valoramos al virtuoso, pero aupamos al depredador. Predicamos, pero no damos trigo.

Todo ello da sentido al psicópata que ataca, pero primero divide para debilitar la sociedad civil, para quitarle poder, cuestionar las instituciones que obstaculizan sus  proyectos de demolición: la monarquía, la enseñanza, la religión, la reconciliación nacional que dio lugar a la Constitución que tenemos. Las democracias tontas, como definía Fidel Castro a las mismas y su delfín Chaves y el resto que queda vivo. Atacar la democracia hablando su lenguaje. Denigran la extrema derecha y pactan con extrema izquierda, y con todos aquellos que atacan nuestra unidad. “Ahora España” pero ahora pacto con los anti-España.

“El desprestigio de los líderes también ha vuelto a poner en plaza pública la flojera curricular de la clase política actual. Una buena parte de los diputados y senadores no han trabajado nunca fuera de la política. Es decir, no son ni social ni laboralmente representativos de la sociedad española”, dice Joaquín Leguina.

Antipatía y división

Los psiquiatras podemos saber qué es un psicópata o narcisista manipulador, contradictorio, sin empatía, aunque la simula, utiliza el odio porque aglutina a muchos resentidos por diversos motivos. Pero a semejante personaje le interesa el poder, el dinero y utiliza el alma colectiva para despertar el odio, la división social como arma para conquistar y perpetuarse en él. Ya están divididos, y los que están contra mi ya han perdido fuerza. Aquí y en todas las naciones, personajes con estas características están activando la potencia salvaje, inconsciente del animal humano dando libre expresión en protestas incendiarias en distintas partes de este nuestro mundo.

De esta manera, manejan los grupos sociales provocando antipatía, división en lugar de pertenecía a una Nación de todos, rompiendo la continuidad en la que estábamos. Esto mismo o parecido se puede decir de casi todos los regímenes occidentales. En las elecciones y en España también han utilizado técnicas de guerra señalando, denigrando al “enemigo”, la provocación, la transgresión, buscando choques con los que están dentro del cordón sanitario mediante pugnas incoherentes. No es que digan, publiquen y aseveren algo y al día siguiente lo contrario es que se trata de crear inestabilidad e impotencia en el ciudadano, es su táctica política aquí en otras naciones.

Su palabra carece de valor porque detrás de lo que dicen se oculta otra intención, una característica del psicópata; hemos perdido la confianza en la política, en los políticos y de paso se duda de las instituciones. “Lideres de los partidos como auténticos sátrapas que han hecho desaparecer el intercambio de posiciones y la discrepancia”.

Con sus programas populistas, que en ningún caso son fruto de la empatía, si no una táctica para sustituir lo que desde siglos ya han ofrecido las religiones, la ayuda al desfavorecido. Al querer eliminar las mismas, se quedan con ese papel, pero como nicho de votantes profesando la fe del carbonero y comunión con ruedas de molino. Es como decir que están rompiendo la distinción entre lo verdadero y falso, como nos lo demostró para siempre Cervantes en el Quijote, aquel ideólogo de las leyes de la caballería. Todavía no se había escrito el Capital, ni Hitler “Mi Lucha/Mein Kampf”, su evangelio. Los ideólogos tienen una relación problemática con la realidad cuando la miran, ya sea política, económica o social. Lo demuestran creando una desconfianza e incertidumbre porque su palabra carece de valor, su discurso, su promesa, se sustituye por otra de la noche a la mañana atacando la inteligencia del ciudadano al que desprecian.

Mente de esquizoides

Creo que en muchas naciones se están eligiendo como líderes, como gestores a personas inmaduras, que como he dicho son narcisistas, prepotentes, con casi todos los rasgos del psicópata, que no tiene otros valores que su propio progreso. Con su personalidad inmadura, insana, su mente esquizoide entre buenos conmigo y el cordón sanitario a los otros; activan nuestro cerebro que de por sí ya está funcionando buscando culpables en el afuera, con categorías elementales y trazos gruesos, necesitando localizar el mal. Y salen vencedores porque tienen equipos que los transforman en algo que coincide con la mente primitiva estimulada mediante sus conocimientos de marketing y con asesores sin escrúpulos como ellos. Estos sujetos manipulan, reactivan toda esta mente de esquizoides que tenemos. Diríamos que la lucha política que sostienen es un tóxico de gran potencia para la mente. Mentes intoxicadas votan con la nariz tapada y con venda en los ojos. Porque su lucha política, su conducta y su manera de enredar, tergiversar, mentir, está mermando la salud, el pensamiento, la reflexión y la libertad para pensar a nivel plantario. Estamos dando poder, o se lo toman ellos, a personas capaces de desestabilizar la salud mental colectiva. Su finalidad última es el poder absoluto sin oposición y les estorba la democracia con su separación de poderes, las instituciones, el ejército tal como está que debe ser también asambleario, la propiedad privada y los que con su trabajo han hecho fortuna. La envidia es un motor de mucha potencia para activar instintos depredadores de estos personajes que lo quieren todo.

Por eso han convertido la política en una subasta, en la que se vende España en porciones y en la que pujan descaradamente aquéllos que quieren destruirla. Puja de dineros y prebendas vendida como progreso, como unión progresista. Por fin tenemos “El primer gobierno progresista de la democracia”. Ya no hace falta programa, ni explicar nada, no entender lo que quiere decir esa declaración, es de tontos, está expuesta para crédulos. Cuestionarla puede que sea de fascistas. Pero la verdad pura y dura es que estos personajes que votamos o que se instalan en el poder dada nuestra ingenuidad democrática, son representantes de ciudadanos que, como ellos, tienen sus mismos instintos, sus mismos anoréxicos valores, su visión de todo para los míos, y para mi, y las cosas deben ser elementales porque es lo que se digiere mentalmente mejor. Yo y ustedes votamos con el que nos identificamos, que se parece a nosotros. ¡Dime con quién andas y te diré como eres!

No tiene sentido criticar a los políticos si no a sus votantes. Por lo demás qué se puede esperar de ciudadanos amamantados por la televisión, adictos a teléfonos, con una Historia fabricada para perpetuar la división, dejando de lado la cultura, el arte, la ciencia, los valores. Pero con fútbol, influenciadores y redes sociales. Con el idioma español que hablan los machistas en Cataluña y en Andalucía sin poder subir a un podio con la bandera española. Lo que es no tener ningún líder.


José Antonio Rodríguez Piedrabuena 
Especialista en Psiquiatría y Psicoanálisis

Líderes autoritarios, líderes progresistas

Alejandro Magno atacó directamente al caudillo persa que huyó espantado y su ejército se dispersó, se fragmentó. Hernán Cortés con solo cinco jinetes cargó contra Cihuacóatl azteca, lo derribó de una lanzada y el ejército se dispersó. Tito, el mariscal, se va a otra vida y Yugoslavia se fragmentó; Sadam Hussein, liquidado, su pueblo sigue peleándose entre sí. Franco se murió y volvimos a fragmentarnos, hasta el día de hoy. La dictadura produce fragmentación social, porque no cuenta o elimina a aquellos que no comulgan con su visión.

El líder autoritario puede aglutinar, de momento, fuerzas dispares presentes en todo grupo, grande o pequeño; intenciones encontradas, egoísmos, fuerzas de cohesión y de dispersión mientras él vive, luego se vuelve a lo anterior fragmentado que ha estado latente.

Cada cerebro instalado en su fortaleza dogmática, con sus creencias y opiniones inconmovibles, su dificultad para pensar de otra manera. Por tanto, en cualquier grupo, familia, nación encontramos lo humano; una reunión de seres igualados en ambivalencia emocional, con pensamientos y acciones automáticas sin cuestionarse, con amor y odio, con necesidad de ignorar o de atacar lo diferente, negando los “pecados” de sus dirigentes. Esto no lo van a cambiar las democracias actuales. Que dejamos en manos de personajes o movimientos emergentes encargados de actualizar la existencia del enemigo para votar contra el mismo. Las emociones manejadas, excitadas  es lo que cuenta para que las personas estallen, se enfrenten y se destruyan entre sí. Nos desquician, nos hacen regresivos, vean de hablar de política con amigos y familiares y aparecerán rupturas, agresión, descalificación. Su necesidad de vivir de la política mediante descalificaciones a falta de programas y comprensión profunda de lo que necesita la Nación, ha permeado a la sociedad

El líder verdadero, barrunta, casi adivina el futuro, es integrador, necesita de todos. Sin embargo, estos que tenemos  van de ganar unas elecciones, cabrear y enfrentar al personal.

Hay tácticas tan viejas como la humanidad, despertar esperanzas mesiánicas; se unieron para la cristiandad universal, para la revolución planetaria, o como un proyecto progresista. Otra táctica empleada en España, todos los días, es señalar al enemigo para que sientan que son atacados o amenazados y se unan en el proyecto descalificatorio primero y en adelante hasta poder llegar a la aniquilación del “enemigo”. Ambas tácticas producen depresión social, desencanto y gentes que se identifican con estos supuestos y la mayoría que se desilusiona y se deprime.

Ahora tenemos “la suerte” de contar con un gobierno progresista. Los que no lo somos seremos confinados detrás de un buen cordón sanitario.

El progresista, al declararse como tal, en esta España tiene una fuerza emocional brutal, es una acusación moral, un desprecio de los que no lo somos, se emplea para crear culpa, para excluir, es el narciso que se cree superior, por su categoría, su puesto, su clase o por ser de izquierdas y progresista. Todo lo contrario, a un proyecto unificador que necesitamos.

Un buen diagnostico de personalidad es saber el efecto que nos produce su lenguaje, sus expresiones, su presencia. Si nos sentimos sin argumentos, con miedo, acorralados, estamos ante un psicópata o un narciso patológico. En este caso, el gobierno progresista, formado por progresistas con la patente que los coloca del lado bueno, limpio, ideal, del lado honesto de la historia, con programas sociales, con su correspondiente necrofilia, con una buena limpieza de nombres de calles de aquellos indeseables, culpables, para colocar sus los buenos. Todo esto forma parte del progresismo -que no del progreso-. Hacer una historia que confirme su superioridad moral que se adjudican en su totalidad. De tal manera que yo y mis conciudadanos quedamos en el lado de los que se hace necesario colocar un cinturón, o algo que nos diferencie, como que somos de la derechona y otros epítetos menos inocentes. Es el truco perverso de siempre, los herejes, los infieles, que desencadenaron fuerzas sociales tremendas o los traidores de clase que acabaron en el paredón.

Ha sido difícil llegar a pactos porque martillean cada día sembrando diferencias, descalificaciones, en los procesos electorales, antes y después. No pueden pactar con la derechona y es natural, le falta esa superioridad de narcisista patológico que deviene en superioridad moral.  Tenemos una pareja con amor interesado. Ambos dan un braguetazo.

Elecciones como solución

Ahora otras elecciones y después otras en las que se va a volver a recordar que hay buenos y malos y a dividirnos, a enfrentarnos. Por tanto, se está tratando una enfermedad con una chapuza: elecciones. Pasan los días dividiendo, descalificando, ninguneando, y en algunas cadenas de televisión azuzando la división. A su cerebro, como el del Quijote, no le importa que puedan ser ovejas o molinos; sus lecturas, su credo de izquierdas, necesita que sean sarracenos y gigantes. El Quijote en su omnipotencia y en su intoxicación libresca, no podía si no inventarse enemigos de su talla. Es lo toxicómano de algunas ideologías.

En esta labor de zapa para tenernos fragmentados se dan los resultados electorales que sabemos. Yo diría que es un azuce perverso, una necesidad como aquel heroico caballero de defender sus ideales, sin ver la realidad que necesitamos, solo la que sale de su ideología. Todos sabemos que están en este corral de pueblo jugando a las cartas-escaños, mientras ocurren cosas que nos alejan de las tareas que tenemos por delante y frenan nuestro desarrollo como Pueblo. Es el resultado de este cerebro del que somos portadores: un conjunto de experimentos evolutivos primitivos conservados, de chapuzas, atajos y arcaísmos tendientes a eludir la complejidad y tirar adelante necesitamos trazos gruesos, definir los enemigos, permanecer viendo o sintiendo que estamos en la verdad y otras características que he descrito en artículos anteriores. Christian Salmón: “Una sociedad pilotada por medias verdades va directa al abismo”. Ha habido muchas en esta campaña electoral, se han creado historias a medida. “Ahora España” por ahora con los independentistas.

Los progresistas de Nicaragua ocuparon el poder y crean un estado de represión y de agresiones del gobierno a la población. Otro progresista en Colombia fragmentada como aquí de buenos y malos. Ecuador ha estallado también ante la política progresista de los gobiernos de izquierda; Cuba, Venezuela, modelo para algunos de nuestros jóvenes progresistas, que han contribuido para llevar el “progreso” a las naciones mentadas.


José Antonio Rodríguez Piedrabuena 
Especialista en Psiquiatría y Psicoanálisis

Gobiernos de papel

No sé vosotros, pero tengo la sensación de estar atrapada dentro de la serie “La casa de papel”, donde el objetivo es ganar tiempo como sea para seguir imprimiendo billetes. Nuestros gobiernos de papel nos marean sin compasión para seguir fabricando votos.

Debimos saberlo el día que EEUU eligió presidente a un actor de películas de Hollywood: Ronald Reagan inauguró esta fase tan confusa en la que la política, la celebridad y el entretenimiento se han fusionado. Votar se parece cada vez más a ponerle likes a una buena serie de Netflix.

Ahora nuestros líderes políticos razonan como la haría un Ronaldo o una Kardashian: ¿Qué foto debo hacerme con quien y en qué escenario prefabricado al más puro estilo instagram para ser trending topic hoy?

Todas sus declaraciones en la prensa son exageraciones estratégicas para presionarse unos a otros, o para hacernos creer algo que nos haga valorar más a unos y menos a otros en las encuestas: Pablo se queja de que Pedro no le ha llamado ni una sola vez desde este verano – como si fuese una amante ignorada por su querido – y Pedro se ha convertido en el primero que tuitea el pésame- calculadamente poético y lleno de altos sentimientos- a cada desastre, tragedia o fallecimiento que se produce en el globo.

Los del otro bando no andan mejor, con Santiago y sus declaraciones a lo vaquero del Oeste, o Cayetana y sus pataletas de indignación aireada. Qué decir de Trump, Boris Johnson, Salvini o Macron y Trudeau con sus calcetines de dibujitos y colorines.

Parece esto más un casting de actores aspirantes al Oscar que el escaparate de líderes políticos del mundo desarrollado. Nunca se nos van a olvidar las fotos de Pedro con gafas de aviador en el Falcon … yo sí le daría el Oscar, aunque solo sea porque se lo curra más que ninguno, o gasta más que nadie. Después de todo está rentabilizando ópticamente todos los recursos nacionales a los que tiene acceso gracias al puesto de presidente en funciones.

Todo esto da para muchas risas y satura ríos de tinta impresa y online. Pero francamente, ¿a qué estamos jugando? Como dijo Greta, la niña ecologista con Aspergers, “¡la casa se está quemando y no hacéis nada para apagar el fuego!”.

¿Qué se está quemando exactamente? Pues nuestro derecho a escuchar la verdad para empezar. Nos están tratando como a televidentes tumbados en el sillón en modo encefalograma plano con horas (o meses) por delante sin nada que hacer. Tanto es así que la economía se ralentiza, las operaciones se quedan en espera y nos dejan más horas libres para seguir secuestrados por el espectáculo mediático diario de nuestros líderes electos.

Para seguir  los problemas reales del país y del planeta están sin solución, sin plan, sin presupuesto y sin voluntad de resolución. Todo son declaraciones televisivas de medidas sin anclaje alguno en la experiencia o la práctica. Un brainstorming descabellado donde puntúa más levantar titulares de noticias que demostrar inteligencia, responsabilidad o madurez. Hasta tal punto que el que dice una cosa madura provoca una risotada general, acompañada de más declaraciones a los medios con segundas, entre todos los participantes.

¿Y ahora qué? ¿Qué hacemos? ¿Votar???? Pero nos han plantado una cámara oculta tipo “inocente inocente” o qué? ¿A ver cuántas veces vamos a votar sumisamente otra vez antes de montar en cólera? ¿Saldrán entonces los Pablos, Pedro, Albert y compañía riendo y aplaudiendo nuestra cara de incredulidad ante semejante broma siniestra, mientras gritan “Inocente”?

Desgraciadamente no tenemos la sartén por el mango. El mango lo tienen los secuestradores protagonistas de estos gobiernos de papel. Sólo ellos pueden acabar con las películas y calzarse una buena sacudida de realidad.

En mi negocio el cambio siempre empieza por tomar responsabilidad de los resultados: “me he dado cuenta de que he hecho o he dicho, o me he equivocado …” Se llama crecimiento personal. Es duro y sabe amargo, pero es la vía a convertirse en un líder de verdad y no de mentirijillas.

Podríamos pedirles a nuestros líderes políticos que se escribieran cada uno una carta secreta a sí mismo con todos los fallos y errores que se atrevan a poseer -como decimos en inglés, “own your mistakes”-. Luego tendríamos que obligarles a repetir la carta todas las veces necesarias hasta que dejasen de dramatizar a lo Paulina Rubio y empezasen a sentir su mano temblar con el sentimiento incontrolable de gravedad que entra al escribir la verdad.

O podrían ellos contratar a un coach que les dé un repaso de cojones -con perdón-. Si Rivera dice “jodidos” en el congreso, se abre la veda: todos podemos decir tacos impactantes cuando queremos llamarle la atención a él y a todos sus ecuaces. Podrían invertir algo de tiempo y dinero en contratar a alguien que les hiciese enfrentar lo que dicen con sus gestos y sus aspavientos mediáticos mientras pretenden convencernos de que están formando un gobierno sólido para la nación.

Pero no. No contratan a coaches así porque eso no da votos y no les hace ganar tiempo que no merecen frente a las cámaras ni les ayuda a seguir acumulando votos basados en percepciones manipuladas. Son capaces de gastarse una millonada en alquilar un plató de televisión para practicar sus gestos calculados y perfeccionar actuaciones de credibilidad antes de un debate. Es más de lo mismo: inversión en la mentira y huida de la verdad.

Con tal de salir por fin de esta eterna novela latinoamericana y no tener que votar quince veces más, yo le regalo gustosamente el coaching de la verdad, la responsabilidad y el servicio al ciudadano –en lugar de a sí mismo – al primero que me llame.


Pino Bethencourt 
Coach y fundadora del Club Comprometidos

Liderar sin mentiras, ¿es posible?

En nuestros tiempos el plástico lo ha invadido todo de tal manera que unos cuantos valientes – muy sufridos, hay que decirlo – presumen de vivir sin plásticos. Salen en reportajes en la televisión trabajando como tontos para no usar ni un solo envoltorio de plástico a lo largo del día. Hay que admirar su disciplina y su fervor. Pero más admirable aún sería llegar a liderar sin mentiras, ¿no os parece?

Sorprendida de cómo ha ido aumentando en estos años la cantidad de envoltorios plásticos que debo quitar de cualquier producto comprado para llegar a emplearlo o comerlo, constato que las mentiras para cubrir el expediente también han ido aumentando paulatinamente. O quizás sólo se han modernizado y escalado a una nueva dimensión gracias a la tecnología. ¿Se puede llegar a liderar empresas o países #sinmentiras en la era del #fakenews?

Hace poco una clienta me decía cómo estaba cansada y harta de tener que jugar el juego de las fotos y los eventos para mantener su reputación de ejecutiva solvente y consejera de primera. Fulanita, que así la vamos a llamar, es una mujer con una trayectoria profesional de más de treinta años en la que ha tenido que arriesgarlo todo más de una vez por mantener su integridad y ser fiel a su sentido del deber. Pero desde hace algunos años vive dividida entre la que quiere ser y la que tiene que ser. Y no es la única.

Fulanita se escapa a hacer largos viajes hasta el fin del mundo tres veces al año. Se larga de Madrid todos los fines de semana para disfrutar compulsivamente de la montaña o la playa como que no hay mañana. Su otro yo cumple con sus deberes de ejecutiva y consejera de lunes a viernes. Hasta aquí todo suena normal. El problema es que a menudo tiene que morderse la lengua en reuniones críticas por no ganarse fama de peleona. O debe sentarse a comer, sonreír y hacer conversación con otros ejecutivos o consejeros que todos conocemos por sus nepotismos, su sonrisa retorcida, sus abusos de poder o sus chapuzas interesadas.

Fulanita me cuenta que envidia lo bien que se mueve otra directiva importante, a la que llamaremos Menganita. Fulanita admira lo bien que Menganita aguanta desplantes en sus propios eventos, a los que vienen ciertos ejecutivos de moral “fluida” a robar clientes entre los invitados cuidadosamente seleccionados de Menganita. Mentirosos, negociantes que siempre barren para casa, cuyos amigos más cercanos suelen tener esa pinta tan pasada de rufianes de guante blanco, y que cuando te dan la mano te cogen un brazo y dos piernas.

Yo he presenciado a Menganita montar una bronca de órdago con un ejecutivo – lleno de títulos nobiliarios, condecoraciones de revistas empresariales y premios empresariales varios – porque le estaba tomando el pelo con esa confianza digna del que tiene la sartén cogida por el mango: “porque yo lo valgo” dicen sin pudor todos sus gestos igual que las modelos del conocido anuncio de cosméticos.

Menganita elige sus batallas. Las broncas necesarias en las que ha entrado para defender la verdad, la transparencia, la objetividad y la justicia le han salido caras. Se las han hecho pagar con salidas forzosas de puestos prestigiosos, o la pérdida de contratos jugosos. O la han ninguneado dejando de publicar ni una triste reseña sobre sus grandes logros mientras sacan un reportaje a doble página en color sobre lo estupendo que es el conde tres veces ganador del premio “Mejor de todos los mejores” de esta revista o ese periódico. Seguro que mientras me lees recuerdas a todas las fulanitas, menganitas y fluidos – con o sin títulos- de tus últimos diez años … esto no es nada raro, y tampoco es nada nuevo.

¿Qué significa ser un fake?

Para muchos este es el precio de hacer negocios. Es el precio que hay que pagar por pertenecer a ciertos grupos. No ocurre sólo en las élites. Todos los grupos humanos tienen sus pequeños secretos e intercambios ocultos. En todos se ha montado una jerarquía de poder, y en muchos, en muchísimos, esa jerarquía de poder ha recurrido al prácticas poco transparentes para mantenerse arriba durante generaciones.

Por eso es mucho más fácil vivir sin plásticos que vivir sin mentiras. Quienes osan desafiar los órdenes establecidos deben enfrentarse a todo el grupo que protege – y se beneficia – del orden establecido. No hay más que pasear por el barrio de Salamanca para escuchar en cualquier esquina el acento Chavista y contemplar cómo ese dinero sucio riega sin pudor la economía inmobiliaria de uno de los barrios más prósperos de Madrid.

¿Pero cuál es el precio que pagamos por dejarnos meter en las mentiras y contagiar por la suciedad de otros? Ese precio no es tan obvio porque no se paga en el momento. No dejamos de ganar dinero o recibir invitaciones a eventos inmediatamente. No. Seguimos jugando el juego de la mentira desdoblándonos en dos, como Fulanita. Sonreímos para la foto de portada mientras contenemos las náuseas por dentro. Náuseas que crecen año tras año, buscando sedativos que aplaquen la profunda desazón de saber que uno tiene más éxito por mentir y consentir que por lo que realmente aporta: alcohol, ansiolíticos, drogas o sexo, cualquier compulsión que apague un ratito ese sentimiento desagradable de ser un gigantesco Fake.

Ser un fake significa además vivir constantemente con el miedo a ser descubierto. Es una bola de nieve que llama a otra, y luego a otra, y uno va rodando cada vez más en una viscosidad espantosa que se le nota en la cara y se le ve en la mirada, sobre todo porque la esconde. Es un camino que nunca acaba bien. Aunque uno llegue a la tumba con tanta guarrería pudriéndole el alma, el legado físico y emocional que deja a sus herederos rezuma la misma culpa secreta. Véase la cantidad de herederos fastuosos cuyas vidas han sido tan perras que se han auto-liquidado a sí mismos sin previo aviso.

Liderar sin mentiras es para valientes. Requiere mucho coraje montarle una bronca al conde “porque yo lo valgo” y perderlo todo frente a su ejército de mentirosos y encubridores mutuos. Hacen falta corazones muy, muy grandes para cargar con el sufrimiento, las caídas en desgracia y las sutiles – ¡a veces voraces! – humillaciones que les caen a quienes cuestionan las jerarquías corruptas …

Y en un mundo dominado por Twitter, Facebook, ejércitos de bots programados para difundir bulos, o los nuevos “Deep fakes” (tecnología capaz de imitar la voz y los gestos de una personalidad pública en un vídeo diciendo o haciendo algo inimaginable), vivir sin mentiras se convierte en una desesperada aventura para tristes soñadores o locos sin donde caer muertos.

He aquí donde la poesía y los cuentos de héroes de toda la vida atrapan la política de altos vuelos y la élite ejecutiva del IBEX35 o el Forbes500. Donde todos los hombres somos iguales de nuevo. Donde nos definimos por nuestros actos y por nuestras omisiones. Más frente a nosotros mismos que frente a cualquier otro. Y donde todos, más aún los más villanos, admiramos profundamente a quienes se atrevieron a decir o hacer la verdad y sufrir las consecuencias.

Para quienes han llegado hasta aquí en este artículo y han elegido ser héroes, os dejo esta estrofa de una canción del grupo mexicano Elefantes (“Soy Así”, disponible en Youtube):

“A veces gano, a veces pierdo, pero prefiero naufragar a no salir nunca del puerto.  Y soy así, igual que tú. Quiero morir en el intento una vez más. Quiero vivir y no arrepentirme jamás. ¡Nunca más!”


Pino Bethencourt 
Coach y fundadora del Club Comprometidos

La droga del poder

Nuestros líderes políticos nos están dando la sopa. El dramatismo mediatizado que nos secuestra diariamente como rehenes para apretar sus negociaciones hace que las últimas semanas desde las elecciones parezcan años.  ¿Pero qué les pasa a estos tipos cuando acarician el poder?

Esta semana se presentó el nuevo libro de poesía de Antonio Garrigues, “Amores vivos, amores muertos”. Fue un evento íntimo y sentido en el que se recitaron varios de sus poemas. Carlos Rodríguez Brown leyó el último, dirigido a nuestros dirigentes políticos, y mientras lo leyó me resbalaron dos lágrimas por las mejillas sin darme cuenta. Salimos todos impactados.

Juan Fernández-Aceytuno, director de Sociedad de Tasación, nos preguntó a Mario Alonso Puig y a mí, “¿Pero qué le pasa a esta gente?” Y como era un cóctel en el que nos iban a interrumpir en cualquier momento, coincidimos los tres en resumirlo: “pierden el norte cuando llegan al poder”.

La pregunta es por qué. Ninguno de nosotros piensa que perderá el norte si de pronto le dan el máximo puesto de responsabilidad en su organización, y sin embargo, nos puede pasar a cualquiera. Sólo nos damos cuenta –los menos, eso sí – a posteriori, cuando miramos atrás y reflexionamos sobre nuestros propios excesos.

Creo que la forma más fácil de entender el efecto del poder es imaginarlo como una corriente de energía de proporciones oceánicas sobre la que debemos fluir o surfear en alguna dirección. Quien no ha tenido poder no puede entender lo que se siente al tenerlo. Es como si un chico opina desde la arena de la playa sobre lo que están haciendo mal los campeones mundiales de surf que se juegan la vida a cada instante sobre olas de decenas de metros de altura. El subidón de adrenalina y el esfuerzo físico que emplean son literalmente de vida o muerte.

Mandar en un país o codearse con la élite global del G20 genera el mismo efecto. Por un lado, tanta fuerza bajo nuestros pies nos descoloca física y mentalmente. Nuestras reacciones emocionales son tan intensas que nos desbordan y nuestra mente se nos escapa a algún lugar placentero de fantasía. La presión del teléfono, las oportunidades enormes que se abren ante nosotros y los chantajes terribles que vienen a buscarnos como tiburones hambrientos, nos queman tanto la piel y quitan tanto el sueño, que nuestra mente se evade hacia un estado de embriaguez auto-inflada. Igual que una raya de coca (imagino).

Por eso el poder es una droga, porque como nos satura o nos ahoga rápidamente, nuestra mente se evade a un escenario en el que somos máximos e invencibles. Nos convierte en súper hombres y súper mujeres para así mirar desde los cielos lo que está ocurriendo allá abajo entre los mortales. Y esto, os parecerá muy curioso, es básicamente lo que hacen las víctimas de traumas violentos cuando su mente no sabe cómo enfrentar la realidad sensorial de lo que les está ocurriendo. Se separan del cuerpo y ven la escena desde el techo.

El poder, por tanto, nos reta hasta nuestro máximo límite cada instante de cada día. Nos embriaga de placer auto-encumbrado y nos esclaviza con su presión y sus movimientos imprevisibles, descubriendo así frente a todos cualquier defecto de forma o de fondo de nuestra personalidad.

Aprender a surfear 

Así, por ejemplo, hemos visto de nuevo como Nicolás Sarkozy se esfuerza por parecer más alto que su esposa súper modelo en las fotos del Paris Match de esta semana. ¿Cómo un hombre con el éxito y el carisma que tiene él aún puede sentirse acomplejado por su altura? Casarse con la reina de la belleza y la sofisticación parisina lo encumbró socialmente, pero al hacerlo lo sometió al escrutinio de su propia mirada acomplejada. A nadie le importa la altura de Sarkozy más que a Sarkozy.

Cuanto más poder, más fuerte es la ola que debemos surfear. Y más fácil es descolocarnos, perder pie o rompernos, o hasta caernos de golpe de nuestra flamante tabla de presidentes Buzz Lightyear: “¡Al infinito y más allá!”, gafas de aviador en pose Falcon y todo.

El reto está, por tanto, en aprender a surfear la ola de poder sin descolocarnos, sin saturarnos, y sin dejarnos ahogar por la intensidad de las emociones de un puesto de máxima influencia. Para ello ayudan mucho los años de experiencia con todos sus disgustos, engaños y fracasos. Si uno hace locuras por amor, también las acaba haciendo por mantenerse en el poder.

Igual que un enamoramiento demasiado intenso, no hay como un enorme desengaño para recuperar la sobriedad súbitamente y darse cuenta de todas las cosas estúpidas y/o terribles que uno ha hecho con tal de ganar el duelo de pistolas a cualquier coste. Y si uno sufre varios desengaños, cada vez se pierde menos en sus fantasías, aprendiendo con los años a aceptar las realidades.

Puestos a dar consejos a los surfistas oceánicos del G20, aquí desde la playa desempoderada del coaching ejecutivo en un país muy resistente al auto-cuestionamiento, sólo puedo decir una cosa: Todo lo que uno invierta en crecimiento personal le preparará para surfear olas grandes y complejas. Hacer coaching – el que nos cuestiona y nos hace ver cosas nuevas; no el del halago pelota y la promesa de resolvernos el problema -, practicar meditación y mindfulness para gestionar mejor nuestras propias reacciones y emociones, retirarnos regularmente a espacios de reflexión, son las herramientas que funcionan.

A surfear se aprende surfeando. Si uno analiza qué falló cada vez que se baja de la tabla, mejora su forma de coger las olas. Sin milagros ni magia. Con esfuerzo y con el tiempo, aquél que sabe siempre mirarse al espejo para encontrar puntos de mejora acaba fluyendo con auténticos tsunamis de poder sin agarrarse a ellos ni quedarse colgado. Y estos campeones del surf de influencias son esos líderes que impactan con la mirada y sirven a los suyos de corazón.


Pino Bethencourt 
Coach y fundadora del Club Comprometidos

Qué valor aporta el lobby a una empresa y a nuestra sociedad

Rafael Cabarcos y Carlos Sánchez, expertos en lobby y diplomacia corporativa, detallan qué valor aporta el lobby a una empresa y a nuestra sociedad. Tal y como explican, el lobby es una acción diseñada, planificada y dirigida a los decisores públicos para aportar información de forma responsable y transparente sobre cuestiones que afectan a la actividad de los distintos actores sociales. La convergencia entre intereses públicos e intereses privados hoy más que nunca es una realidad. Esta convergencia, esta confluencia de intereses debe acomodar los intereses de unos y de otros para lograr la prosperidad de nuestra sociedad.

Los trabajadores, optimistas con el futuro del trabajo

BCG Henderson Institute y Harvard Business School han presentado Future Positive: How Companies Can Tap Into Employee Optimism to Navigate Tomorrow’s Workplace, un proyecto de investigación que detalla una previsión global sobre la percepción de 6.500 líderes empresariales y 11.000 trabajadores middle-skill sobre el futuro del trabajo. En un momento en que el debate público sobre el futuro del trabajo parece estar dominado por el temor generalizado al cambio, la investigación de BCG y HBS ha concluido que, en general, los trabajadores ven oportunidades en los cambios y son optimistas acerca de sus futuras perspectivas laborales.

De los 11 países analizados en el informe, los trabajadores españoles son, tras los franceses, los que mayor responsabilidad asignan al gobierno en su preparación para el futuro. Aun así, consideran que ellos mismos son los primeros responsables en formarse.

Las conclusiones del informe revelan que los líderes empresariales subestiman, a la hora de afrontar la transformación de sus organizaciones para adaptarse al futuro del trabajo, el optimismo de una fuerza laboral que afirma ser feliz en sus puestos de trabajo y que está ansiosa por hacer los ajustes necesarios. Para afrontar con éxito este desafío, los líderes empresariales tienen que dejar de lado ideas preconcebidas y salvar el abismo que separa sus percepciones de la visión positiva de los trabajadores.

“Los trabajadores que configuran y configurarán los entornos de trabajo en los próximos años son diversos. Lo que demuestran las conclusiones de este informe es que los líderes empresariales están pasando por alto a un socio clave en sus esfuerzos por prepararse para el futuro: su propia fuerza laboral”, sostiene Joseph Fuller, profesor de Harvard Business School y copresidente del proyecto Managing the Future of Work. “En lugar de temer el futuro del trabajo, los empleados de todo el mundo están absolutamente dispuestos a aceptar el cambio y tomar medidas. Es responsabilidad de los líderes empresariales reconocer esta oportunidad y ser proactivos para apoyar a sus empleados y generar planes de acción concretos”.

“Puede resultar sorprendente pero de manera generalizada en todos los países estudiados, los empleados no consideran a la tecnología como culpable de un futuro incierto, sino como una oportunidad. Los trabajadores que han participado en nuestra investigación son optimistas y miran hacia el futuro con confianza, además creen que la tecnología puede ser parte de la solución “, destaca Judith Wallenstein, socio de Boston Consulting Group (BCG) y director de BCG Henderson Institute Europa. “Los líderes empresariales necesitan aprovechar la buena voluntad de sus trabajadores para crear una organización de progreso y aprendizaje apta para el futuro”.

Los investigadores del informe solicitaron a trabajadores middle-skill y a líderes empresariales que describieran su punto de vista sobre las tendencias y fuerzas que pueden influir en su trabajo en los próximos años. Estas temáticas incluyen, por ejemplo, nuevas tecnologías, teletrabajo, responsabilidad gubernamental y cambios regulatorios.

El informe incluye recomendaciones concretas para las empresas, destacando una serie de compañías innovadoras que ya lideran la preparación de sus trabajadores y la adaptación de sus compañías para el futuro. Algunos ejemplos de iniciativas que las empresas han emprendido incluyen: la utilización de herramientas de inteligencia artificial para determinar si un candidato tiene la capacidad cognitiva de ser un trabajador de alto rendimiento, el compromiso de formar a los trabajadores para que aprendan nuevas habilidades a través de formaciones disruptivas, y el uso de la tecnología para proporcionar un modelo de negocio completamente orientado al servicio.

Datos del informe

Los directivos tienen una percepción errónea del planteamiento que manifiestan sus empleados ante el futuro del trabajo

  • El 39% de los líderes empresariales creen que la falta de empleados con nuevos conocimientos ya está teniendo un impacto en sus organizaciones. Además, citan con más frecuencia (29%) el temor de los trabajadores al cambio como la razón que más les impide prepararse para el futuro.
  • Casi la mitad de los trabajadores a nivel mundial (46%) se consideran personalmente responsables de prepararse para los cambios y el 45% cree que los cambios en el entorno laboral darán como resultado mejores salarios. El 75% sostiene que probablemente o definitivamente necesitará prepararse para adecuarse a las tendencias futuras del trabajo.

Los trabajadores middle-skill (sin formación universitaria) son felices en sus puestos actuales

  • El 52% de los trabajadores sin formación universitaria están felices en sus trabajos actuales.
  • Los trabajadores suecos son los más felices con su situación laboral actual (66%), por delante de los estadounidenses (64%).
  • Además, el 45% de los trabajadores en todo el mundo indica que su situación laboral ha mejorado en los últimos 5 años.

Mientras que los líderes empresariales tratan de averiguar qué tendencias serán clave para el futuro de las compañías, los temas más comunes señalados como significativos han sido:

  • Desarrollo y formación de la fuerza laboral (30%)
  • Cambios repentinos en las necesidades de los clientes (27%)
  • Expectativas de los empleados en relación a la flexibilidad laboral (27%)

Los líderes empresariales plantean varias razones por las que sus organizaciones no se están preparando para el futuro.

  • La mitad de los líderes empresariales (50%) creen que sus organizaciones tienen otras prioridades estratégicas.
  • El 39% cree que el impacto del cambio en su organización aún está lejano.
  • Más de un tercio (34%) de los líderes empresariales afirman que su organización carece de visibilidad sobre las tendencias futuras y sus impactos específicos.

Los trabajadores creen que los cambios y la tecnología tendrán un efecto positivo.

  • Casi la mitad de los trabajadores (45%) cree que los cambios en el lugar de trabajo darán como resultado mejores salarios.
  • En general, el 61% de los trabajadores es optimista sobre el impacto que la tecnología tendrá en su futuro laboral.

Los trabajadores y los líderes empresariales coinciden en no que no perciben el impacto de la tecnología como un tema prioritario.

 

Future Positive: How Companies Can Tap Into Employee Optimism to Navigate Tomorrow’s Workplace

Informe completo

Metodología

In order to understand the readiness of companies and workers to adapt to the broad array of forces affecting the workplace – beyond technology- Harvard Business School´s Project on Managing the Future of Work and Boston Consulting Group´s Henderson Institute conducted two global surveys. The first canvassed 11.000 middle-skills workers from 11 countries to learn how those with education levels less than a four-year bachelor´s degree perceive the effect of 15 forces of change (see Table I) on their future prospects. The second polled 6.500 C-suite and senior leaders in 8 countries to understand how prepared companies and their workforces were to tackle the 17 tectonic shifts (see Table 2) underway.

Los millennials y el papel político de la UE

Las elecciones europeas, la construcción de Europa y cómo perciben y afrontan estas cuestiones las generaciones más jóvenes ha sido objeto de un estudio impulsado por Vinces, consultora independiente especializada en Asuntos Públicos, y presentado hace unos días en Madrid. La elaboración del informe “Las elecciones europeas desde una perspectiva millennial” ha requerido el análisis del perfil de la generación Millennial, muy condicionada por el contexto socioeconómico en el que han crecido y que por supuesto tiene incidencia en su planteamiento político.

Entre las principales características que se recogen en las conclusiones del estudio destacan la eminente condición digital de la generación millennial, lo que hace de Internet su herramienta predilecta para informarse y actuar políticamente. Es, además, “la generación con los niveles más altos de educación de la historia. Entre otras cosas, porque muchos millennials optaron por seguir estudiante ante la imposibilidad de encontrar trabajo durante la crisis financiera”.

Asimismo, y según el informe, son “desconfiados” ante las promesas políticas y tienden a no creer en la actual configuración de los partidos, algo que, sin embargo, contrasta con su involucración en la sociedad civil. Dado que la crisis económica de los últimos años ha impactado tanto en las oportunidades laborales de los jóvenes, esto ha favorecido que retrasen determinados convencionalismos sociales como casarse o comprar una casa.

Como apunta el informe, los millennials “han crecido dando por sentada la globalización y la libre circulación de personas en la UE, lo que les convierte instintivamente en internacionalistas”. En este mismo sentido, se muestran proeuropeístas, si bien muchos de ellos no son conscientes de los derechos y de las garantías inherentes a la pertenencia a la UE”. Todo estas circunstancias están también en el alto grado de abstención que se registra entre esta generación en las citas electorales europeas. Su falta de conocimiento de cómo funciona la Unión Europea y cuáles son las implicaciones de votar o no hacerlo les ha llevado generalmente a no acudir a las urnas. Como en todos los temas, siempre hay un pequeño grupo de jóvenes que están inmersos en la vida política o tienen una interpelación directa con la UE, manteniéndose informados de asuntos clave como el fenómeno del Brexit.

El estudio incluye un apartado donde considera imprescindible que se realice un acercamiento desde las instituciones europeas a las prioridades que los millennials identifican como políticas fundamentales a desarrollar en la legislatura que ahora comienza. De este modo, se logrará conseguir que la UE se mantenga conectada a esta generación. Las prioridades marcadas por la consultora son cuatro:

-La lucha contra el desempleo y la mejora de las condiciones labores. El 78% de los jóvenes europeos se muestran preocupados por el desempleo juvenil.

-La lucha contra el cambio climático. Nada menos que un 77% de los millennials creen que la Unión Europea no está haciendo lo suficiente en materia de lucha contra el cambio climático. Esta generación reclama que se ponga en marcha una política real que vaya más allá de los simples gestos.

-Gestión de la crisis migratoria. Los jóvenes europeos consideran insatisfactoria la política comunitaria en este ámbito, aunque no existe unanimidad entre ellos a la hora de buscar soluciones.

-Mejora de la seguridad y defensa europea. A pesar de que es una medida controvertida, la mayoría de los millennials se muestran favorables a la creación de un cuerpo de seguridad propio de la UE.

Los tiempos siguen cambiando

La aceleración que ha contagiado nuestras vidas ha llegado también a los ciclos políticos. Un mes en el siglo XXI es mucho más que un año del siglo XX, y un año equivale a una década. Cuando la moción de censura que llevó al gobierno a Pedro Sánchez de la mano de un grupo heterogéneo de socios nos parece parte de la historia, la foto que sale del 26 de mayo deja antigua, en muy poco tiempo, la instantánea de los resultados electorales del pasado 28 de abril.

Hace menos de un mes, el PSOE lograba una mayoría parlamentaria amplia aunque débil, Vox había entrado con una fuerza inusitada en el panorama político español y Ciudadanos reivindicaba un lugar en la mesa de los mayores, y muchos se precipitaban en proclamar a Rivera el líder de la oposición. Poco queda de todo aquello, los resultados electorales de ayer vuelven a dibujar un mapa político que pocos se atrevían a vaticinar hace menos de un mes.

El cambio más llamativo está relacionado con el Partido Popular, al que muchos se precipitaron a enterrar en abril. En un mes el Partido Popular ha mejorado entre 4 y 6 puntos en porcentaje del voto (entre 400.000 y un millón de votos más en europeas y municipales), superando en ambas la simbólica barrera del 20%. A pesar de obtener un resultado peor que el de 2015, con más de 20.000 concejales en toda España, el PP está en condiciones de alcanzar el gobierno en más capitales de provincia (23), y en más ciudades importantes (45 de más de 50.000 habitantes), incluida la Comunidad de Madrid y la capital de España. Además, tienen el gobierno a golpe de pacto en cuatro comunidades autónomas (que se sumarían a Galicia y a Andalucía), casi la mitad de la población española, y tiene el Gobierno de Navarra al alcance de la abstención socialista, gracias a su unión con Ciudadanos y UPN.

Las elecciones de este domingo ponen de manifiesto que la única alternativa al PSOE en toda España es el Partido Popular. La diferencia con Ciudadanos es de entre 2 y 3 millones de votos (según que elección de ámbito nacional queramos escoger). Vox ha perdido entre la mitad y dos tercios de sus votos y el PP es la alternativa de gobierno al PSOE en todas las provincias y en todas las capitales de provincia de España.

Más allá de mantener el poder territorial estos resultados tienen una consecuencia estratégica esencial, al poner a Ciudadanos en una encrucijada estratégica que puede determinar su futuro político: volver a convertirse en un partido bisagra, que pone y quita gobiernos o, a pesar de los resultados, seguir trabajando para liderar la oposición, aunque sea dentro de cuatro años.

Pero, no lo duden, en los próximos meses todo puede volver a cambiar.



Rafa Rubio 
Experto en comunicación política

Segunda ronda: ¿Más de lo mismo?

Habría sido mucho esperar, y más que aventurado, creer en innovaciones retóricas y técnicas por parte de los políticos en liza para esta segunda ronda electoral. Quedaba, sin embargo, un margen de mejora, que más bien ha consistido en empeorar lo empeorable, sobre todo, cuando no se abandonan modos y maneras gratuitamente agresivas.

La diferencia podía provenía más bien del ámbito variable de estos comicios: de lo más distante a lo más próximo, de Bruselas y Estrasburgo, a la autonomía, a la ciudad, pueblo o aldea de cada cual.  Y a que, pese a todo, no había ese apremio asesino de las generales. Para lo que nos ocupa, hemos visto debates (así, por ejemplo, los de las elecciones europeas), donde los oradores eran hasta nueve, una cifra que es masa, multitud y purgatorio para cualquier asesor de comunicación. Sobresalir entre tantos, identificar al votante y ser identificado por él para comunicar un atisbo de mensaje parece ya de por sí un logro justamente notable.

Pero nuestras observaciones deben ir, con todo, acompañadas de dos salvedades. Primero, la muestra observable se ha limitado para quien esto escribe a los debates televisivos en Madrid (ciudad y región) y Barcelona, además de los correspondientes a las elecciones europeas. Por otro lado, no queremos, y sería un error, establecer relaciones entre las estrategias de comunicación y los resultados obtenidos. A la vista está que resultaría peregrino.

De lo primero, sólo cabe decir que aunque del iceberg sólo vemos una décima parte, lo que está bajo el agua no será visible, pero sí imaginable: todo es hielo, más de lo mismo. Sin menosprecio de otras ciudades y provincias, es improbable que nos hayamos perdido algo muy bueno por no ver más debates de otros lugares.

En cambio, sí fuimos testigos de experiencias más que insólitas. Pongamos por caso algo tan chusco como el debate entre los candidatos a la Comunidad de Madrid organizado por la SER y El País, al que no acudió Díaz Ayuso, candidata del PP, pero sí Errejón (sin los impedimentos de la Junta Electoral). Se discutía en buena medida la ejecutoria del Partido Popular en la última legislatura, con su representante ausente, mientras entre el público se encontraba el último presidente de la Comunidad, Ángel Garrido, ahora pasado a Ciudadanos con armas y bagajes. ¡A ver quién mejora eso!

No menos pintoresco resultó el debate, esta vez en TeleMadrid, entre los candidatos a la alcaldía capitalina, en el que la protagonista principal, una Carmena, aupada a un papel, más que carismático, mayestático, renunciaba castizamente a debatir en detalle, como por encima del bien y del mal.

El anticomunismo es inmortal

Pero entrando en materia, la más suspensa, la asignatura por aprobar, y en el ejercicio práctico,- salvo para los más listos de la clase, y son pocos-, sigue siendo el minuto de oro, el uso con aprovechamiento del minuto final. Hemos visto sesenta segundos – y pueden hacerse muy largos- temblorosos, confusos, aturullados, impotentes.

Ciudadanos ha porfiado, además, en el abuso de elementos visuales. Otra vez fotos, carteles, gráficos, y un ridículo verosímil para Silvia Saavedra, substituta de Begoña Villacís en el debate de TeleMadrid sobre la alcaldía capitalina. Con ribetes caricaturescos, muy explotados por las redes sociales, ese Lenin ladeado, acostado como su momia, parecía probar que el comunismo acaso esté muero, pero el anticomunismo es inmortal.

Y sin embargo, fue Ciudadanos, quien, por boca de Luis Garicano, trajo la novedad más reseñable, verídica además, y no pura invención: la revelación de que las listas de las coaliciones de partidos nacionalistas de la periferia muestran sólo a los candidatos de la autonomía en que se vota para engaño o disimulo frente a eventuales votantes

¿Y el tercer acto, dicho sea teatralmente (o la tercera ronda, más deportivamente)?: ¿qué nos podemos temer? La continuidad no será ya la de las campañas, sino la de los parlamentos mismos. Sería deseable, por lo menos si se quiere que la estrategia de comunicación política sea la que establezca la diferencia, alguna diferencia, que los responsables  de los partidos estudien estas campañas recién pasadas, y se apliquen a remediar lo peor de ellas. No sólo, caritativamente, por nuestro bien: a ellos también les va la vida –política- en esto.


                   

Pablo Carbajosa 

Responsable del Área de Oratoria y Escritura Eficaz de Proa Comunicación y coordinador del Club de Debate de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid