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El mal del narcisista

El trastorno narcisista de la personalidad tiene algunos de los siguientes rasgos: carácter y palabrería camaleónicas y un vacío que se tapa con el cultivo de la imagen. Al narcisista le interesa el poder, -el resto no cuenta-, es amoral, vanidoso, envidioso, con empatía estratégica, exigente con los demás y extraordinariamente tolerante con sus trampas. Calculador, trabaja para ensuciar la imagen de los otros, aliándose solo con quien le favorece. Tramposo y vengativo. Manipulador dando o recibiendo, porque de verdad ni da ni recibe. Autoritario y cobarde porque no puede dar la cara ni admitir errores propios. Simpático si le conviene. Con valores de quita y pon. Suele conseguir sus metas de mando y poder porque no tiene moral para valorar los cadáveres que deja en el camino. Tiene la facultad de paralizar la mente de los otros, así como su moral, su valentía. Por eso pueden llegar a ser magníficos dictadores. Exhibicionistas, no toleran que alguien esté por encima, les falta la capacidad de reconocer la valía, la autoridad, la ciencia de otros. De manera espontánea se sientan en la presidencia hasta que el ujier les advierte.

No reconoce la valía de nadie, porque tiene el instinto de ver a sus semejantes por su capacidad para seguirle, hasta cuando llega a las masacres. En la vida corriente no valora a nadie porque se cree por encima de todos y ha de tapar ese desprecio con halagos y valoraciones falsas. Quizá el punto grave es que no se conoce como es, no tiene interior; la vida es un espejo para acicalarse.  No  se pone límites, puede embarcarse en cualquier tarea, aunque no tenga capacitación para ella. Porque suelen ser buenos imitadores, falsificadores y representar cualquier papel. Algunos pueden ser buenos falsificadores. Sus palabras son un instrumento como la seducción, la mentira o la impostura.

Sánchez dijo que se iba porque con su renuncia deseaba contribuir a dar a la política un sentido de fidelidad a la palabra dada, y un sentido del compromiso que vaya más allá de la conveniencia personal. Su socio también se mostró así de claro: “El rollo de los políticos que viven en Somosaguas, en chalés donde no cogen el transporte público”. Era septiembre de 2015 y Pablo Iglesias le confesaba a Ana Rosa abriéndole las puertas de su hogar que estaba “bien a gustito” en su piso de 60 metros cuadrados. Antes, en 2012, dejó escrito en Twitter: “¿Entregarías la política económica del país a quien se gasta 600.000 euros en un ático de lujo?”, en referencia al entonces ministro de Economía, Luis De Guindos. Y añadió, respondiendo a una interpelación tuitera: “Que la política económica la dirija un millonario es como entregar a un pirómano el Ministerio de Medio Ambiente”. Entonces, ¿sería prudente alejar a este nuevo millonario de la caja registradora?

“El resentimiento y la envidia siempre están presentes en cualquier sociedad y especialmente en algunas ideologías. La derecha, extrema o no, cree en la eficacia de los pactos tácitos o explícitos que ponen fin a las guerras civiles. La izquierda los desprecia y, si parece admitirlos alguna vez, lo hace por consideraciones tácticas. Pero sólo confía en la continuidad de la guerra de clases bajo el simulacro de las paces o de las treguas” (Jon Juaristi, en El Cultural, 22-11-2019).

La Transición ha sido una tregua para ellos. Es necesario retomar la República y la fragmentación de España. Con la ayuda de la izquierda salvífica y progresista injertada ahora de Cubas,  Venezuelas y Bolivias, quieren imponérsela a los españoles.

Sería verdaderamente progresista dejar de manipular y atender a algunas urgencias y hacer números y mostrarnos el dineral en gasto sanitario, que nos cuesta ahora y costará después, el que un tercio de las muertes que se producen en España están relacionadas con factores de riesgo evitables: 67.000 se deben al tabaquismo, 52.000 están vinculadas a la mala alimentación, 32.000 al consumo de alcohol y 95.000 a la escasa actividad física. Sin contar las adicciones de los adolescentes al botellón y a las nuevas tecnologías. Sería muy progresista encarar de una vez estos temas y dejarse de dividirnos y utilizar nuestros votos para acelerar que España sea, todavía más, un Estado en demolición.

¿Y la ciencia?

Y progresista. La falta de adecuación entre las plazas que se ofrecen para formar nuevos médicos, la escasez de especialistas, una tecnología con falta de actualización y las necesidades reales que habrá en el futuro de médicos.

Otro. El cambio climático. Red Eléctrica no ha autorizado este año decenas de instalaciones de energía solar solicitadas, con argumentos diversos, para tapar las deficiencias de sus redes y gastar dinero en ampliarlas. Se lo ha gastado en una compra en el exterior. ¿Le interesa eliminar la contaminación? La dirige un progresista. La ciencia en España está enferma. Muy enferma. Desde hace muchos años, y aunque su enfermedad tiene cura, no se le dan ¡qué buen destino para esas propuestas de progresismo!

¿Es por el coste económico? ¿Necesita que se le inyecte más financiación pública? Por supuesto que la inyección de dinero desde la administración pública sería un aliciente. Pero no la solución. El mayor problema al que nos enfrentamos, a nivel científico, es la falta de una relación simbiótica que conecte el mundo académico con el empresarial, y las necesidades reales del día a día, beneficiando a ambas partes. Ayudaría al desarrollo de soluciones que la empresa necesita y, a su vez, a emprender nuevas líneas de investigación paralelas.

La gran mayoría de estas plazas, se accede por un mecanismo totalmente obsoleto en ciencia, como es el de las oposiciones. Tenemos la mitad de los investigadores con ansiedad y depresiones.

En definitiva, que dejen la lamentable intoxicación ideológica que nos aleja de los problemas reales de nuestra minúscula sociedad, insertada en una gigantesca complejidad mundial, y que no tratan en su revolución progresista. Mientras, negocian con los enemigos de España para hacerse con el poder y seguir su progreso personal mientras lideran el camino hacia atrás, hacia las repúblicas. Dejando de lado unificarnos para el presente y futuro complejo, ya con suficientes amenazas como para ponernos a trabajar juntos, cosa incompatible con la vuelta atrás que lideran para lo que les resulta necesario desactivar consensos y reactivar la mente primitiva que tenemos con la que votamos. El ciudadano debería saber que vota a aquellos con los que se identifica, a representantes iguales a su manera de ser y ver.


José Antonio Rodríguez Piedrabuena 
Especialista en Psiquiatría y Psicoanálisis. Especialista en formación de directivos, terapias de grupo y de pareja

Repetición (y II): La cara B

¿Otro artículo sobre debates electorales en televisión? ¿Otro artículo más sobre los seis debates retransmitidos, dos de RTVE, dos de la Sexta, uno de TVE-3 y uno, el primero en celebrarse, de Barcelona Tribuna-La Vanguardia? Eso querría leerlo yo, dirá alguno, más que verlos (como dieta para una sola semana es de gravosa digestión).

Pero, ¿un artículo sobre esos debates televisivos después de las elecciones mismas, luego de una campaña electoral correosa y una noche electoral amarga para casi todos? Se corre un serio riesgo de que la atención se haya ido irremisiblemente a otro capítulo de la inacabable serie política, no menos dramática, pero forzosamente más sosegada, sólo sea por agotamiento. O bien que el gusto estragado por tanto análisis a posteriori no quiera saber más de candidatos y partidos durante algún tiempo.

Sin embargo, a beneficio de inventario, y con la ventaja de mirar atrás y en perspectiva a un objeto todavía cercano, aparece con más nitidez la impronta de varias lecciones prácticas, de algún pequeño progreso, de ciertas posibilidades dignas de explotarse. Ya hay periodistas, justo es decirlo, profesionales de la televisión, que han sacado conclusiones al respecto.

Una cuestión de formatos

Diría que si una cosa ha quedado patente es que el formato del debate ha de garantizar buena conducta, un comportamiento presentable, ya que no irreprochable, de parte de los políticos que intervienen. ¿Qué significa esto y cómo se consigue?

Estos espacios televisivos no funcionan como correccionales ni son guarderías de menores, pero tampoco pueden responder al modelo populista (por usar la palabra por una vez con propiedad) que induce al conflicto como forma de espectáculo inacabable, inextinguible, cual es el caso de buena parte de la programación de Tele 5 (donde pueden verse cosas como “Gran Hermano 7: el Debate”, no se olvide).

En realidad, el formato de debate se ve generalmente escindido, y así lo sienten los periodistas, entre el deseo de un intercambio dialéctico vivo y reñido, que puede lindar con la acritud y la demagogia, y la exigencia de rigor en lo que se dice. Y lo común es que una cosa vaya en detrimento de la otra. No perder la fe en que ambos extremos son compatibles y que los mejores debates se producen cuando se combinan los dos tiene que ser la clave guía.

Todo esto viene a cuento de lo observado esta semana: la contraposición entre debates supuestamente más “sueltos” que corrían, y caían, en el riesgo de degenerar, de volverse monotemáticos (sobre Cataluña) y maleducados, y debates en los que un formato más riguroso, más “vigilado” forzó a los participantes a no salirse de la calzada, a no acabar en la cuneta, a no pasarse al carril contrario y arrollar al que viene de frente respetando las normas. Este fue el caso del debate sólo de mujeres en La Sexta el jueves, 7 de noviembre, y en la mesa redonda posterior dirigida por Antonio García Ferreras, los periodistas fueron bien conscientes de esa ventaja.

La diferencia puede parecer superficial para un espectador no avezado, pero también puede ser considerable. Pongamos por caso el primer debate de TVE, donde la obsesión del moderador (y moderado) Xabier Fuertes por “favorecer el debate” y que fluyera espontáneamente se vio ensombrecida por momentos en los que no es que se entrecruzaran opiniones, sino que se superponían voces, anulando al orador en el uso legítimo de la palabra.

En estos casos, los de peores modos, los más reduccionistas y obsesivos se imponen a los más corteses, que parecen, sin más, apocados (véase la diferencia entre Cayetana Álvarez de Toledo e Inés Arrimadas frente a Irene Montero y Adriana Lastra en ese mismo debate de RTVE).

Aquí topamos con un problema grande en la vida pública española. A saber, lo de siempre: están por un lado las reglas y, por otro, la forma de hacer caso omiso de ellas. Si la manera habitual de conducirse se decanta más por romperlas que por respetarlas, el resultado final es que todo se degrada y los aprovechados hacen su agosto. Ergo, lo que se penaliza, al final, es respetar las reglas.

Por eso mismo, hay que garantizar la igualdad de oportunidades. De nada sirve darse pisto con la excelencia técnica de que el tiempo lo controlan árbitros deportivos profesionales (así se recalcó en el primer debate de RTVE y en el de la Sexta Noche conducido por Iñaki López) si no hay garantía de que se puede jugar limpio sin temor a embestidas antirreglamentarias del contrario.

No estaría de más, cabría añadir, y dicho sea con ironía, que los periodistas fueran los primeros en predicar con el ejemplo. Antes de embarrarse, el debate de La Sexta Noche pareció más civilizado precisamente por comparación con el que le había parecido, el habitual de los sábados noche, con sus enfrentamientos, muy poco edificantes, entre plumíferos de opuesto signo (más de exclamación que de admiración). Lo cual nos lleva a la melancólica interrogación de si no estará el espacio público más contaminado todavía por la mala sangre que corre en los medios que por la bilis de los profesionales de la política.

Efectos secundarios

Pero hay un efecto añadido que no cabe olvidar. Cuando los debates se concentran en las obsesiones de campaña, el resto (de las cuestiones, de los intereses, de los puntos programáticos) queda relegado de tal modo que sólo se cita impostadamente como recetario, como lista de la compra, como añadido. Los políticos han de aprender que cada cosa tiene su importancia, y los periodistas deben no sólo recordárselo, sino apremiarles a discutirla a su tiempo. Y eso es más fácil en un formato por bloques.

Se dirá que todos lo son, pero no es lo mismo un debate nominalmente temático que otro en el que el moderador obliga a ceñirse al tema e interroga con precisión.

Así se obliga (recalco esto) a centrarse en asuntos específicos, a ofrecer propuestas factibles. Valga un ejemplo, el de Ana Pastor (la periodista) preguntando por medidas precisas para combatir el cambio climático. Dado que Vox no parece creer en el fenómeno, Rocío Monasterio se puso en evidencia.

Saber estar y estar sin saber

Con la cautela como norma, pero no como límite, los candidatos han de saber con claridad qué quieren sacar de un debate y cómo lograrlo. ¿Comunicar directamente con sus electores, batir al adversario, ser protagonistas, para bien o para mal?

Ser protagonista del debate no significa ganarlo, signifique esto lo que signifique, sobre todo si se genera más rechazo que adhesión.

Este sigue siendo el problema de Cayetana Álvarez de Toledo, y no se resume en dar la impresión de ser aún más arrogante que agresiva. Se cifra, antes bien, en que su retórica es básicamente de oposición, más que propositiva, de aspirante al gobierno, como si estuviera en un debate a cara de perro en el Parlamento. Pero también es un problema de competencia. Si se ataca al PSOE no se puede hacer sólo con palabras gruesas, se han de respaldar estas con datos y nombres y fechas y casos.

Es llamativo que Iván Espinosa de los Monteros diera una impresión mucho más “profesional” por esa precisión a la hora de ofrecer datos y porcentajes (levantando gestualmente, ya es curioso, sólo la mano derecha). En general, los oradores de Vox se adaptaron a los diversos formatos para sacarles su mejor partido, no corrieron los riesgos de sus colegas de la derecha, y ensayaron otros comportamientos, de modo que aparecieron antes como ofendidos agraviados que como agresivos desaforados (salvo, tal vez, en el caso de Ortega Smith). Hablo de las formas, no del fondo.

No puedo dejar de citar el ejemplo más virtuoso en su forma de explicarse, de hacer tangibles las medidas de un programa, de aceptar culpas generales en lugar de echarlas sobre los demás, de perseguir una retórica constructiva y un objetivo de gobernabilidad (en nombre, oh paradoja, de un partido que sólo se presenta en tres provincias).

Es Aitor Esteban, del PNV. ¡Aitor for President, Esteban a La Moncloa! Habrá quien diga que es más por viejo que por diablo, que su preocupación es sólo la de la “agenda vasca”, pero su técnica de “compartir” con el espectador y mantener el tipo y las formas sin desdeñar alguna vez la contundencia (como en sus agarradas con los representantes de Vox), merece estudiarse con atención.

Ideología como retórica

Sería una broma afirmar que ha habido algo así como debate “ideológico” o verdadera confrontación de ideas, esa que suele reclamar ejemplarmente Ignacio Urquizu. Pero la retórica “ideológica”, aunque sea de modo conceptualmente extraviado, no podía estar ausente.

Es hasta sintomático que la palabra que brillara por su ausencia, la favorita de estos últimos años, fuese “populista”, y en cambio haya regresado con vigor el término “comunista”. Acaso sea así porque de haber menudeado “populista”, se habría tenido que emplear para referirse a Vox.

Ya nos referimos a la variedad conservadora angloamericana de algunas fórmulas de Vox. Súmese a ello que Monasterio parafraseó la célebre alocución de Margaret Thatcher en su entrada en Downing Street en 1979, basada en una plegaria de San Francisco de Asís.

Hombres y mujeres

La insistencia en la necesaria paridad en la composición de las listas electorales, la búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres de modo que estas no puedan estar ausentes de ningún espacio político hizo que, por defecto, el debate principal, el del lunes, 4 de noviembre en la Academia de la Televisión, pareciera de partida, intolerablemente masculino. Es indicio a la vez de progreso, porque no podemos dejar de sentirlo así, y de regresión

La foto de los cinco hombres, más jóvenes que viejos (según las convenciones hoy en boga), muñequitos de traje, de chaqueta sin corbata o corbata sin chaqueta, bien plantados y agresivos, bordeaba lo estremecedor o lo ridículo, como ese Equipo “E”, debidamente caricaturizado en la Red por el “deepfake” de Face to Fake (https://www.youtube.com/watch?v=dj5M4s-cdAw).

Y es que se sumó, por cierto, un efecto “estético” contraproducente. Todos los lideres tienen menos de cincuenta años, no hay candidatos calvos, barrigones o provectos. Tienen todos buena facha y todos resultan, vistos en conjunto, más amenazantes que empáticos. No son ninguna “manada”, claro, pero piensen en un debate en el que los participantes fueran, es un suponer, Rajoy, Iceta, Girauta, Lllamazares y Vidal Quadras. Nos habría parecido también insoportablemente masculino, pero acaso no tan tóxico.

De ahí que la iniciativa de La Sexta, de contrarrestar, ya que no contraprogramar, con un debate sólo de mujeres resultase tan acertada, tanto más cuando resultó el debate más ordenado y límpido.

Se trata de algo que tienen que arreglar la sociedad y la política, algo para lo que la televisión no tiene remedio, sólo alivio. Pero mientras siga habiendo, por defecto, debates sólo de hombres, habrá que compensarlos con debates sólo de mujeres, aunque ambas cosas resulten, al fin y a la postre, raras.

Comprobar, contrastar, desmentir

Si creemos, además, que la última palabra es la del votante, es imprescindible que la de los políticos sea sometida a examen por una instancia fiable, también después de los debates electorales. Es buena noticia que se haya convertido en corolario del debate la labor de comprobar, contrastar y desmentir las afirmaciones, falacias o hipérboles con lo que se conoce como “fact-checking”. Iniciativas como https://maldita.es/ o Newtral – Periodismo, fact-cheking, tecnología y datos no pueden ser más bienvenidas.

Sólo que, así como hay ya un Defensor del Espectador en muchas cadenas, estos departamentos deberían existir en todas, empezando por aquellas de titularidad pública.

Y por último….

¿A qué género pertenece los debates televisivos? En ningún lugar está escrito que tengan que ser amenos y, mucho menos, divertidos (aunque conviene atenderlos con un descomunal sentido del humor). A diferencia de su prima hermana, la noche electoral, más dinámica y emocionante (si bien más frustrante en potencia), las demandas que se hacen al debate electoral no siempre se condicen con lo que el medio televisivo pide.

Pero no hay que resignarse a que todo sea tierra quemada. Se puede sembrar esperando que algo crezca. Puesto que los debates son necesarios, deben ser claros e instructivos, deben ser educados e instruidos por parte de los oradores en liza. No perdamos de vista que se han vuelto más frecuentes, más plurales y quizás más rigurosos. Son mejorables, dicho sea no como expresión de buenos deseos sino como posibilidad ya realizable técnica, periodística y políticamente. Y quien no (los) mejore quedará en evidencia.

Artículo relacionado: Repetición (I): La cara A

Pablo Carbajosa

Responsable del Área de Oratoria de Proa Comunicación

Incendiarios y violadores

Nos sorprende que un cocodrilo sea tan tierno como para transportar los huevos, de un sitio a otro hasta que nacen sus hijos, o que una pantera sea amorosa y coja con sumo cuidado por el cuello a sus hijos. En otra escena veremos a ambos con una ferocidad inusitada. Ese es el funcionar de todos los cerebros y del nuestro. Se pasa de la empatía a al ataque feroz.

Lo que pasa es que el resto de animales no proyectan sus contenidos mentales, biográficos, sus envidias, sus venganzas; no tienen habitantes en su mente, ni historias personales, personajes nefastos  a los que atacar proyectándolos en el afuera. Para los ataques no necesitan darse explicaciones porque forman parte de su subsistencia.

Y el humano está habitado por historias biográficas, por presiones grupales y otros incentivos para romper las barreras que impiden que seamos la pantera que ataca. Seres con débiles defensas para mantener bajo control los instintos en este caso de muerte dado su escaso desarrollo como humanos. Porque un violador quiere matar la esencia de la persona. Y el incendiario odia la vida, quiere vengarse. Traté  a uno de ellos, el ataque era contra su padre, proyectado en un bosque de pinos. Una persona con un bloqueo emocional y una débil inteligencia.

Multitud de humanos que viven imitando. Se ha creado para ellos los influenciadores. Hasta llegar a ser una manera de vivir. Y esto está en el fondo de los violadores, de los incendiarios.

El hecho de que los medios visuales pongan con todo detalle un incendio y jamás una descripción detallada, hecha por biólogos, ambientalistas y otros expertos que describan el daño terrible que supone a la vida de todos. Hace que solo vean lo que les escita, en muchos casos sexualmente. El incendio. Este cocodrilo humano a pasado a un funcionar feroz, y anteayer era un ser amable. Y que se publique que la catástrofe de Canarias la produjo un señor que está en la calle con cargos. Indica que la sociedad, todos nosotros, los jueces y los políticos que legislan, tienen un sentimiento vago, difuso de lo que significa para el planeta y el cambio climático los incendios. Acuso a ellos y  mis vecinos que dejan secar los arbolitos de sus aceras de esa frialdad  de la mirada, que se adivina en los ojos del felino previo al ataque. Forma parte de la falta de sensibilidad para sentir lo vivo.

Los violadores aparte de pasar a un funcionar cerebral con estructuras de los animales depredadores que tenemos dentro, también imitan, pero hay algo más, no conocen la sexualidad humana, son unos frustrados porque solo le funciona el órgano si hay violencia, si discuten con su pareja. Desconocen el amor-sexo. Y otra cosa, es que lo hacen en grupo para demostrar a los amigos que son muy hombres, que la manada entera los es, porque como todos los seres imitativos no saben, ni están seguros si son suficiente hombres o no. Por eso nos levantamos cada mañana temiendo la aparición de otra manada. U otra conducta imitativa, el ultimo que se ha caído en un precipicio haciéndose una autofoto, otra conducta de imitación para pertenecer al grupo de los “auto”, para dar alimento a un leve exhibicionismo. De pertenecer a un grupo.

Y el punto final. Los medios deben ser acusados de desconocer lo elemental del ser humano, rectifico, en parte viven de eso, de dirigirse a la parte elemental con sus televisiones basura y sus titulares de lo más excéntrico, violento o canalla.  Creo que están activando a las personalidades imitativas, personalidades “como sí” poniéndoles delante la ocasión es para imitar.

Ya los políticos que no perciben la naturaleza, ni la ciencia, ni la cultura y se manifiesta en sus programas y en su conducta, que podría aplicarse en la mejora como humanos.


José Antonio Rodríguez Piedrabuena 
Especialista en Psiquiatría y Psicoanálisis

Vamos a hablar de los políticos

Todas las criaturas vivientes, y hasta algunos virus, viven, vivimos, en grupos. Podemos referirnos a su identidad individual y puede que atinemos. Pero todos tenemos la experiencia que según en el grupo en el que estemos se ponen en marcha aspectos, recursos, cualidades y hasta defectos, que de manera individual o en pareja no asoman. Los políticos de estas sesiones de investidura, si opinamos de ello, creo que resulta evidente que han estado sometidos a dinámicas de grupo, de grupo grande, de parejas. Con dinámicas manifiestas y latentes.

Cuando estamos en grupo podemos entrar en regresión, por ejemplo, grupos con expectativas mesiánicas, recurriendo a excitar emociones simples sin dudas, con certezas salvadoras. O estar en grupos de los que viven en una superioridad moral, que es como estar sanos en una leprosería, o antiguamente en un sanatorio de tuberculosos, la higiene debe ser máxima, el peligro de contagio evidente. Y lanzan aquello del cordón sanitario. Yo me pongo cerril, me defiendo con ferocidad máxima si no sé muy bien quién soy y temo perder lo poco que sé, mi espacio no bien definido, necesito no uno si no muchos cordones. La izquierda debe ser consciente de que no tiene mucho espacio para ser reconocida con presupuestos ideológicos del siglo pasado y ahora donde la globalización de la tontería, de las noticias, de la economía, de la manera de vestir, es global. Habrían de haber hablado de cual va a ser nuestro futuro encajados como estamos en una complejidad creciente y ellos siguieron con su matraca, con su corta visión de izquierda y derecha, como insultos: ¡Las derechas, la derechona! Imagen de madre degradada proyectada a su lenguaje de trabajo de demolición y activación de emociones arcaicas de la selva.

Grupo de ataque es una de las definiciones de este tipo de grupo. Grupo de ataque, grupo de dependencia, grupo mesiánico. Estas dinámicas tienen algo en común, sus miembros están atrapados por emociones simples, arcaicas, de supervivencia, atacados por lo que ellos son, pero proyectado sobre los de fuera. Atacados por el poder de otros, que puede destruir su deseo del mismo, como único fin es imponer su superioridad ideológica. Pues en ese aspecto los mentados grupos funcionan como los grupos de manada de muchos animales, lucha por el territorio, macho alfa que ha de imponerse etc. Resumen: no cabe en su mente que todos tenemos verdades parciales, verdades limitadas por nuestras creencias o especialidades, por lo que para conocer, analizar y resolver asuntos complejos, se necesita las visiones parciales de todos y eso sería lo que llamamos grupos de tarea, de trabajo: grupo democrático. Y para esta tarea pocos seres humanos pueden dirigir este grupo.

El cerebro prefrontal 

Se sigue en los hospitales, cuando se separan dos siamesas durante ocho horas, en las que los médicos y demás personal se turna, concentrados, aportando cada uno sus conocimientos. Ese es el grupo de trabajo, todos en un estado de animo similar conscientes de su identidad y trabajando para quien les pagan el sueldo, el ciudadano, las ciudadanas en este caso. Así se trabaja en los hospitales, en los grupos de alta ciencia, porque viven en sus carnes que sin el grupo de tarea no se puede acometer nada complejo. Una nación lo es en grado sumo, y ésta, la nuestra, donde los políticos, como todos los ciudadanos, son incapaces de ponerse de acuerdo para formar macro-cooperativas, de entender qué está pasando en el campo, cuales de nuestros males nos aquejarán: la falta de ciencia , de investigación, de modelos para la juventud, en fin, cientos de temas que deberán haberse puesto sobre el tapete y discutir la visión parcial de cada grupo y coordinar la respuesta global.

Los políticos pueden ser poco conscientes, y desde luego ni creo que se hayan formado en técnicas de trabajo en grupo, y la consecuencia es lo que hemos visto en la Cámara, subgrupos, cada uno con su dinámica y a su vez en una dinámica de grupo grande. Era una situación de mutuas barreras que se producen cuando nuestra mente se ha atado a una dinámica de grupo particular, que solo puede ver lo que pasa aquí y ahora, que pone en peligro mi creencia narcisista, mi ego personal y colectivo. Las emociones frenan el funcionamiento de lo que tenemos en el cerebro, exclusivamente humano, lo demás es igual a todos los bichos que vuelan o caminan. El  cerebro prefrontal.

Los que llevamos cincuenta años haciendo terapia de grupo, grupos grandes en empresas, dinámicas de grupo de familias enteras y terapia de pareja percibimos, sentimos, comprendemos y vemos lo intrincado que resulta dirigir uno de estos grupos y la enorme cantidad de detalles que se nos escapan. Un cerebro solo, aunque sea de un terapeuta entrenado, no creo que pueda ver demasiado lo que ocurre en un grupo. Por eso recurre a la ayuda de observadores con miembros del propio grupo cuando no tiene colegas a mano para hacer co-terapia. En este caso, somos los ciudadanos, los medios de comunicación, los que observamos, en este caso, bastante desolados.

Cuando uno está en un grupo al que pertenece achica su visión, deja de ver el contorno y todo lo que  siente, ve y actúa demuestra que su mente está intoxicada y que ve muy poco de lo que pasa fuera de su grupo. Lo vemos todos los días cuando un reportero nos narra la terrible tormenta de granizo, micrófono en mano lo cuenta, pero no vemos ese campo de viñas del rioja destrozadas, en este caso miles de hectáreas. Un concierto de la banda de música que se estrena en el pueblo y el reportero, alcachofa en mano, habla con un vecino que da sus impresiones de esta nueva orquesta, pero nos quedamos con las ganas de escucharla, anegados en una palabrería con la que el reportero ha de justificar su presencia en el evento. No queremos oírlo a él si no a la música de esta nueva banda. La feria de maquinaria: otro reportero con la misma rutina y nos quedamos con las ganas de ver la exposición. Estos ejemplos significan que somos muy limitados cuando vemos las cosas desde nuestra ideología, grupo, pertenencia y afiliación, desde nuestra formación, nuestro partido o nuestra especialidad profesional. Y sirviendo a la cadena de la televisión.

Eso tiene que ver con el debate de unos señores que al sentarse en la Cámara se han olvidado para qué están ahí, han ganado su puesto por votación delegada del ciudadano y se han olvidado del mismo; ahora a dedicarse a sus dinámicas. Ya no ven lo que pasa fuera, en los pueblos, al laborioso civil, en Europa, en el mundo, las amenazas de una Europa artrítica y burocrática, que será rodeada de la investigación, de la ciencia, del comercio, de planificaciones a muy largo plazo desde China, India y algunos otros. Todo eso también desapareció de los votantes al decidir su voto y ahora, en los sedentes de la Cámara que están ahí porque en buena medida nos han calentado los cascos durante meses hasta convertir nuestra mente en un funcionar que no va más allá de los tres años de edad, cuando, para el infante, el futuro no existe, y los papás son todavía como dioses idealizados y mesiánicos. Como los votantes de esos señores que tienen dogmáticamente claro que la sociedad necesita un despliegue de ingenieros sociales, pueblo a pueblo, cerebro a cerebro, donde han de borrar toda idea o creencia que entre en competencia con su mesiánica y dogmática propuesta.

Fábrica de emociones y demás componentes 

Todo ser vivo tiene un programa genético, sobrevivir, realizarse. Pero en los humanos se complica, porque la crianza no suele ser tan perfecta con el resto, quedamos a medio terminar en muchos aspectos, y hemos de completar, taponar, reconstruir, reparar y rematar nuestra infraestructura vital que, por lo general, no está terminada.

Aquí viene el qué elegimos. Muchos elegimos una profesión que tiene que ver con estas deficiencias. Pueden muchos políticos, creo que siempre los dogmáticos, extremistas y mesiánicos, haber elegido esta profesión como medio de reparar, reconstruir estas carencias y déficits de la educación en los primerísimos años. Pues bien, en la medida en que alguien no ha terminado su desarrollo necesita afiliarse a un grupo que lo termine, o al menos sostenga sus fragilidades, tapone sus dudas. Si son muchas, necesita dogmas, rotundidades. Son los grupos de pertenencia que necesitan proyectar y hasta atacar fuera aquellos conjuntos de aspectos que su debilidad estructural no puede soportar y crean grupos de ataque para aquello que ha sido externalizado.

Por otra parte, la educación familiar y la escolar ha ignorado la necesidad de que cada uno reconozca dentro de sí qué le conduce, le motiva y le mantiene atado a una adicción, a una afiliación, el porqué ha elegido determinado destino vital. Nos conducimos como si no existieran toda una enormidad de estructuras debajo de las cortezas modernas de nuestro cerebro, que, en todo tipo de cerebros, son la fábrica de emociones, instintos, placer, agresión, y demás componentes necesarios para que los organismos estén vivos. Esto podríamos resumirlo diciendo que el 80% de el cerebro los constituyen procesos por debajo de la conciencia. Esto dice la anatomía y la neurociencia, y nosotros, como cultura colectiva, lo negamos, no creemos que exista el inconsciente. Aunque como se ha visto en el debate de investidura, casi todos trataban de excitarnos y colocarnos en un estado emocional apto para seguir cerrados y decidiendo nuestro voto contra alguien. Como deseamos que nuestro equipo meta goles, y somos “del Betis manque pierda”.

Todos los grupos que se han creado para algo se enrolan en dinámicas intra-grupales y se suelen olvidar para qué se fundaron. En este caso, no aparecimos como nación, como proyecto, no se habló si no de “políticas” que pueden excitar nuestras emociones de espectadores. Por cierto que la Sexta cerró emisión a la primera frase de Abascal, magnífica definición de su ideología.

No conocen, diputados, creo, científicamente la existencia de lo inconsciente, pero su intuición les guía de manera acertada para hacer, dejar de hacer, decir o mostrar lo que nos fragmenta, divide y encona. ¡Muy certeros como perturbadores de nuestra salud mental!


José Antonio Rodríguez Piedrabuena 
Especialista en Psiquiatría y Psicoanálisis

La droga del poder

Nuestros líderes políticos nos están dando la sopa. El dramatismo mediatizado que nos secuestra diariamente como rehenes para apretar sus negociaciones hace que las últimas semanas desde las elecciones parezcan años.  ¿Pero qué les pasa a estos tipos cuando acarician el poder?

Esta semana se presentó el nuevo libro de poesía de Antonio Garrigues, “Amores vivos, amores muertos”. Fue un evento íntimo y sentido en el que se recitaron varios de sus poemas. Carlos Rodríguez Brown leyó el último, dirigido a nuestros dirigentes políticos, y mientras lo leyó me resbalaron dos lágrimas por las mejillas sin darme cuenta. Salimos todos impactados.

Juan Fernández-Aceytuno, director de Sociedad de Tasación, nos preguntó a Mario Alonso Puig y a mí, “¿Pero qué le pasa a esta gente?” Y como era un cóctel en el que nos iban a interrumpir en cualquier momento, coincidimos los tres en resumirlo: “pierden el norte cuando llegan al poder”.

La pregunta es por qué. Ninguno de nosotros piensa que perderá el norte si de pronto le dan el máximo puesto de responsabilidad en su organización, y sin embargo, nos puede pasar a cualquiera. Sólo nos damos cuenta –los menos, eso sí – a posteriori, cuando miramos atrás y reflexionamos sobre nuestros propios excesos.

Creo que la forma más fácil de entender el efecto del poder es imaginarlo como una corriente de energía de proporciones oceánicas sobre la que debemos fluir o surfear en alguna dirección. Quien no ha tenido poder no puede entender lo que se siente al tenerlo. Es como si un chico opina desde la arena de la playa sobre lo que están haciendo mal los campeones mundiales de surf que se juegan la vida a cada instante sobre olas de decenas de metros de altura. El subidón de adrenalina y el esfuerzo físico que emplean son literalmente de vida o muerte.

Mandar en un país o codearse con la élite global del G20 genera el mismo efecto. Por un lado, tanta fuerza bajo nuestros pies nos descoloca física y mentalmente. Nuestras reacciones emocionales son tan intensas que nos desbordan y nuestra mente se nos escapa a algún lugar placentero de fantasía. La presión del teléfono, las oportunidades enormes que se abren ante nosotros y los chantajes terribles que vienen a buscarnos como tiburones hambrientos, nos queman tanto la piel y quitan tanto el sueño, que nuestra mente se evade hacia un estado de embriaguez auto-inflada. Igual que una raya de coca (imagino).

Por eso el poder es una droga, porque como nos satura o nos ahoga rápidamente, nuestra mente se evade a un escenario en el que somos máximos e invencibles. Nos convierte en súper hombres y súper mujeres para así mirar desde los cielos lo que está ocurriendo allá abajo entre los mortales. Y esto, os parecerá muy curioso, es básicamente lo que hacen las víctimas de traumas violentos cuando su mente no sabe cómo enfrentar la realidad sensorial de lo que les está ocurriendo. Se separan del cuerpo y ven la escena desde el techo.

El poder, por tanto, nos reta hasta nuestro máximo límite cada instante de cada día. Nos embriaga de placer auto-encumbrado y nos esclaviza con su presión y sus movimientos imprevisibles, descubriendo así frente a todos cualquier defecto de forma o de fondo de nuestra personalidad.

Aprender a surfear 

Así, por ejemplo, hemos visto de nuevo como Nicolás Sarkozy se esfuerza por parecer más alto que su esposa súper modelo en las fotos del Paris Match de esta semana. ¿Cómo un hombre con el éxito y el carisma que tiene él aún puede sentirse acomplejado por su altura? Casarse con la reina de la belleza y la sofisticación parisina lo encumbró socialmente, pero al hacerlo lo sometió al escrutinio de su propia mirada acomplejada. A nadie le importa la altura de Sarkozy más que a Sarkozy.

Cuanto más poder, más fuerte es la ola que debemos surfear. Y más fácil es descolocarnos, perder pie o rompernos, o hasta caernos de golpe de nuestra flamante tabla de presidentes Buzz Lightyear: “¡Al infinito y más allá!”, gafas de aviador en pose Falcon y todo.

El reto está, por tanto, en aprender a surfear la ola de poder sin descolocarnos, sin saturarnos, y sin dejarnos ahogar por la intensidad de las emociones de un puesto de máxima influencia. Para ello ayudan mucho los años de experiencia con todos sus disgustos, engaños y fracasos. Si uno hace locuras por amor, también las acaba haciendo por mantenerse en el poder.

Igual que un enamoramiento demasiado intenso, no hay como un enorme desengaño para recuperar la sobriedad súbitamente y darse cuenta de todas las cosas estúpidas y/o terribles que uno ha hecho con tal de ganar el duelo de pistolas a cualquier coste. Y si uno sufre varios desengaños, cada vez se pierde menos en sus fantasías, aprendiendo con los años a aceptar las realidades.

Puestos a dar consejos a los surfistas oceánicos del G20, aquí desde la playa desempoderada del coaching ejecutivo en un país muy resistente al auto-cuestionamiento, sólo puedo decir una cosa: Todo lo que uno invierta en crecimiento personal le preparará para surfear olas grandes y complejas. Hacer coaching – el que nos cuestiona y nos hace ver cosas nuevas; no el del halago pelota y la promesa de resolvernos el problema -, practicar meditación y mindfulness para gestionar mejor nuestras propias reacciones y emociones, retirarnos regularmente a espacios de reflexión, son las herramientas que funcionan.

A surfear se aprende surfeando. Si uno analiza qué falló cada vez que se baja de la tabla, mejora su forma de coger las olas. Sin milagros ni magia. Con esfuerzo y con el tiempo, aquél que sabe siempre mirarse al espejo para encontrar puntos de mejora acaba fluyendo con auténticos tsunamis de poder sin agarrarse a ellos ni quedarse colgado. Y estos campeones del surf de influencias son esos líderes que impactan con la mirada y sirven a los suyos de corazón.


Pino Bethencourt 
Coach y fundadora del Club Comprometidos

Qué valor aporta el lobby a una empresa y a nuestra sociedad

Rafael Cabarcos y Carlos Sánchez, expertos en lobby y diplomacia corporativa, detallan qué valor aporta el lobby a una empresa y a nuestra sociedad. Tal y como explican, el lobby es una acción diseñada, planificada y dirigida a los decisores públicos para aportar información de forma responsable y transparente sobre cuestiones que afectan a la actividad de los distintos actores sociales. La convergencia entre intereses públicos e intereses privados hoy más que nunca es una realidad. Esta convergencia, esta confluencia de intereses debe acomodar los intereses de unos y de otros para lograr la prosperidad de nuestra sociedad.

Los trabajadores, optimistas con el futuro del trabajo

BCG Henderson Institute y Harvard Business School han presentado Future Positive: How Companies Can Tap Into Employee Optimism to Navigate Tomorrow’s Workplace, un proyecto de investigación que detalla una previsión global sobre la percepción de 6.500 líderes empresariales y 11.000 trabajadores middle-skill sobre el futuro del trabajo. En un momento en que el debate público sobre el futuro del trabajo parece estar dominado por el temor generalizado al cambio, la investigación de BCG y HBS ha concluido que, en general, los trabajadores ven oportunidades en los cambios y son optimistas acerca de sus futuras perspectivas laborales.

De los 11 países analizados en el informe, los trabajadores españoles son, tras los franceses, los que mayor responsabilidad asignan al gobierno en su preparación para el futuro. Aun así, consideran que ellos mismos son los primeros responsables en formarse.

Las conclusiones del informe revelan que los líderes empresariales subestiman, a la hora de afrontar la transformación de sus organizaciones para adaptarse al futuro del trabajo, el optimismo de una fuerza laboral que afirma ser feliz en sus puestos de trabajo y que está ansiosa por hacer los ajustes necesarios. Para afrontar con éxito este desafío, los líderes empresariales tienen que dejar de lado ideas preconcebidas y salvar el abismo que separa sus percepciones de la visión positiva de los trabajadores.

“Los trabajadores que configuran y configurarán los entornos de trabajo en los próximos años son diversos. Lo que demuestran las conclusiones de este informe es que los líderes empresariales están pasando por alto a un socio clave en sus esfuerzos por prepararse para el futuro: su propia fuerza laboral”, sostiene Joseph Fuller, profesor de Harvard Business School y copresidente del proyecto Managing the Future of Work. “En lugar de temer el futuro del trabajo, los empleados de todo el mundo están absolutamente dispuestos a aceptar el cambio y tomar medidas. Es responsabilidad de los líderes empresariales reconocer esta oportunidad y ser proactivos para apoyar a sus empleados y generar planes de acción concretos”.

“Puede resultar sorprendente pero de manera generalizada en todos los países estudiados, los empleados no consideran a la tecnología como culpable de un futuro incierto, sino como una oportunidad. Los trabajadores que han participado en nuestra investigación son optimistas y miran hacia el futuro con confianza, además creen que la tecnología puede ser parte de la solución “, destaca Judith Wallenstein, socio de Boston Consulting Group (BCG) y director de BCG Henderson Institute Europa. “Los líderes empresariales necesitan aprovechar la buena voluntad de sus trabajadores para crear una organización de progreso y aprendizaje apta para el futuro”.

Los investigadores del informe solicitaron a trabajadores middle-skill y a líderes empresariales que describieran su punto de vista sobre las tendencias y fuerzas que pueden influir en su trabajo en los próximos años. Estas temáticas incluyen, por ejemplo, nuevas tecnologías, teletrabajo, responsabilidad gubernamental y cambios regulatorios.

El informe incluye recomendaciones concretas para las empresas, destacando una serie de compañías innovadoras que ya lideran la preparación de sus trabajadores y la adaptación de sus compañías para el futuro. Algunos ejemplos de iniciativas que las empresas han emprendido incluyen: la utilización de herramientas de inteligencia artificial para determinar si un candidato tiene la capacidad cognitiva de ser un trabajador de alto rendimiento, el compromiso de formar a los trabajadores para que aprendan nuevas habilidades a través de formaciones disruptivas, y el uso de la tecnología para proporcionar un modelo de negocio completamente orientado al servicio.

Datos del informe

Los directivos tienen una percepción errónea del planteamiento que manifiestan sus empleados ante el futuro del trabajo

  • El 39% de los líderes empresariales creen que la falta de empleados con nuevos conocimientos ya está teniendo un impacto en sus organizaciones. Además, citan con más frecuencia (29%) el temor de los trabajadores al cambio como la razón que más les impide prepararse para el futuro.
  • Casi la mitad de los trabajadores a nivel mundial (46%) se consideran personalmente responsables de prepararse para los cambios y el 45% cree que los cambios en el entorno laboral darán como resultado mejores salarios. El 75% sostiene que probablemente o definitivamente necesitará prepararse para adecuarse a las tendencias futuras del trabajo.

Los trabajadores middle-skill (sin formación universitaria) son felices en sus puestos actuales

  • El 52% de los trabajadores sin formación universitaria están felices en sus trabajos actuales.
  • Los trabajadores suecos son los más felices con su situación laboral actual (66%), por delante de los estadounidenses (64%).
  • Además, el 45% de los trabajadores en todo el mundo indica que su situación laboral ha mejorado en los últimos 5 años.

Mientras que los líderes empresariales tratan de averiguar qué tendencias serán clave para el futuro de las compañías, los temas más comunes señalados como significativos han sido:

  • Desarrollo y formación de la fuerza laboral (30%)
  • Cambios repentinos en las necesidades de los clientes (27%)
  • Expectativas de los empleados en relación a la flexibilidad laboral (27%)

Los líderes empresariales plantean varias razones por las que sus organizaciones no se están preparando para el futuro.

  • La mitad de los líderes empresariales (50%) creen que sus organizaciones tienen otras prioridades estratégicas.
  • El 39% cree que el impacto del cambio en su organización aún está lejano.
  • Más de un tercio (34%) de los líderes empresariales afirman que su organización carece de visibilidad sobre las tendencias futuras y sus impactos específicos.

Los trabajadores creen que los cambios y la tecnología tendrán un efecto positivo.

  • Casi la mitad de los trabajadores (45%) cree que los cambios en el lugar de trabajo darán como resultado mejores salarios.
  • En general, el 61% de los trabajadores es optimista sobre el impacto que la tecnología tendrá en su futuro laboral.

Los trabajadores y los líderes empresariales coinciden en no que no perciben el impacto de la tecnología como un tema prioritario.

 

Future Positive: How Companies Can Tap Into Employee Optimism to Navigate Tomorrow’s Workplace

Informe completo

Metodología

In order to understand the readiness of companies and workers to adapt to the broad array of forces affecting the workplace – beyond technology- Harvard Business School´s Project on Managing the Future of Work and Boston Consulting Group´s Henderson Institute conducted two global surveys. The first canvassed 11.000 middle-skills workers from 11 countries to learn how those with education levels less than a four-year bachelor´s degree perceive the effect of 15 forces of change (see Table I) on their future prospects. The second polled 6.500 C-suite and senior leaders in 8 countries to understand how prepared companies and their workforces were to tackle the 17 tectonic shifts (see Table 2) underway.

Los millennials y el papel político de la UE

Las elecciones europeas, la construcción de Europa y cómo perciben y afrontan estas cuestiones las generaciones más jóvenes ha sido objeto de un estudio impulsado por Vinces, consultora independiente especializada en Asuntos Públicos, y presentado hace unos días en Madrid. La elaboración del informe “Las elecciones europeas desde una perspectiva millennial” ha requerido el análisis del perfil de la generación Millennial, muy condicionada por el contexto socioeconómico en el que han crecido y que por supuesto tiene incidencia en su planteamiento político.

Entre las principales características que se recogen en las conclusiones del estudio destacan la eminente condición digital de la generación millennial, lo que hace de Internet su herramienta predilecta para informarse y actuar políticamente. Es, además, “la generación con los niveles más altos de educación de la historia. Entre otras cosas, porque muchos millennials optaron por seguir estudiante ante la imposibilidad de encontrar trabajo durante la crisis financiera”.

Asimismo, y según el informe, son “desconfiados” ante las promesas políticas y tienden a no creer en la actual configuración de los partidos, algo que, sin embargo, contrasta con su involucración en la sociedad civil. Dado que la crisis económica de los últimos años ha impactado tanto en las oportunidades laborales de los jóvenes, esto ha favorecido que retrasen determinados convencionalismos sociales como casarse o comprar una casa.

Como apunta el informe, los millennials “han crecido dando por sentada la globalización y la libre circulación de personas en la UE, lo que les convierte instintivamente en internacionalistas”. En este mismo sentido, se muestran proeuropeístas, si bien muchos de ellos no son conscientes de los derechos y de las garantías inherentes a la pertenencia a la UE”. Todo estas circunstancias están también en el alto grado de abstención que se registra entre esta generación en las citas electorales europeas. Su falta de conocimiento de cómo funciona la Unión Europea y cuáles son las implicaciones de votar o no hacerlo les ha llevado generalmente a no acudir a las urnas. Como en todos los temas, siempre hay un pequeño grupo de jóvenes que están inmersos en la vida política o tienen una interpelación directa con la UE, manteniéndose informados de asuntos clave como el fenómeno del Brexit.

El estudio incluye un apartado donde considera imprescindible que se realice un acercamiento desde las instituciones europeas a las prioridades que los millennials identifican como políticas fundamentales a desarrollar en la legislatura que ahora comienza. De este modo, se logrará conseguir que la UE se mantenga conectada a esta generación. Las prioridades marcadas por la consultora son cuatro:

-La lucha contra el desempleo y la mejora de las condiciones labores. El 78% de los jóvenes europeos se muestran preocupados por el desempleo juvenil.

-La lucha contra el cambio climático. Nada menos que un 77% de los millennials creen que la Unión Europea no está haciendo lo suficiente en materia de lucha contra el cambio climático. Esta generación reclama que se ponga en marcha una política real que vaya más allá de los simples gestos.

-Gestión de la crisis migratoria. Los jóvenes europeos consideran insatisfactoria la política comunitaria en este ámbito, aunque no existe unanimidad entre ellos a la hora de buscar soluciones.

-Mejora de la seguridad y defensa europea. A pesar de que es una medida controvertida, la mayoría de los millennials se muestran favorables a la creación de un cuerpo de seguridad propio de la UE.

Los tiempos siguen cambiando

La aceleración que ha contagiado nuestras vidas ha llegado también a los ciclos políticos. Un mes en el siglo XXI es mucho más que un año del siglo XX, y un año equivale a una década. Cuando la moción de censura que llevó al gobierno a Pedro Sánchez de la mano de un grupo heterogéneo de socios nos parece parte de la historia, la foto que sale del 26 de mayo deja antigua, en muy poco tiempo, la instantánea de los resultados electorales del pasado 28 de abril.

Hace menos de un mes, el PSOE lograba una mayoría parlamentaria amplia aunque débil, Vox había entrado con una fuerza inusitada en el panorama político español y Ciudadanos reivindicaba un lugar en la mesa de los mayores, y muchos se precipitaban en proclamar a Rivera el líder de la oposición. Poco queda de todo aquello, los resultados electorales de ayer vuelven a dibujar un mapa político que pocos se atrevían a vaticinar hace menos de un mes.

El cambio más llamativo está relacionado con el Partido Popular, al que muchos se precipitaron a enterrar en abril. En un mes el Partido Popular ha mejorado entre 4 y 6 puntos en porcentaje del voto (entre 400.000 y un millón de votos más en europeas y municipales), superando en ambas la simbólica barrera del 20%. A pesar de obtener un resultado peor que el de 2015, con más de 20.000 concejales en toda España, el PP está en condiciones de alcanzar el gobierno en más capitales de provincia (23), y en más ciudades importantes (45 de más de 50.000 habitantes), incluida la Comunidad de Madrid y la capital de España. Además, tienen el gobierno a golpe de pacto en cuatro comunidades autónomas (que se sumarían a Galicia y a Andalucía), casi la mitad de la población española, y tiene el Gobierno de Navarra al alcance de la abstención socialista, gracias a su unión con Ciudadanos y UPN.

Las elecciones de este domingo ponen de manifiesto que la única alternativa al PSOE en toda España es el Partido Popular. La diferencia con Ciudadanos es de entre 2 y 3 millones de votos (según que elección de ámbito nacional queramos escoger). Vox ha perdido entre la mitad y dos tercios de sus votos y el PP es la alternativa de gobierno al PSOE en todas las provincias y en todas las capitales de provincia de España.

Más allá de mantener el poder territorial estos resultados tienen una consecuencia estratégica esencial, al poner a Ciudadanos en una encrucijada estratégica que puede determinar su futuro político: volver a convertirse en un partido bisagra, que pone y quita gobiernos o, a pesar de los resultados, seguir trabajando para liderar la oposición, aunque sea dentro de cuatro años.

Pero, no lo duden, en los próximos meses todo puede volver a cambiar.



Rafa Rubio 
Experto en comunicación política

Segunda ronda: ¿Más de lo mismo?

Habría sido mucho esperar, y más que aventurado, creer en innovaciones retóricas y técnicas por parte de los políticos en liza para esta segunda ronda electoral. Quedaba, sin embargo, un margen de mejora, que más bien ha consistido en empeorar lo empeorable, sobre todo, cuando no se abandonan modos y maneras gratuitamente agresivas.

La diferencia podía provenía más bien del ámbito variable de estos comicios: de lo más distante a lo más próximo, de Bruselas y Estrasburgo, a la autonomía, a la ciudad, pueblo o aldea de cada cual.  Y a que, pese a todo, no había ese apremio asesino de las generales. Para lo que nos ocupa, hemos visto debates (así, por ejemplo, los de las elecciones europeas), donde los oradores eran hasta nueve, una cifra que es masa, multitud y purgatorio para cualquier asesor de comunicación. Sobresalir entre tantos, identificar al votante y ser identificado por él para comunicar un atisbo de mensaje parece ya de por sí un logro justamente notable.

Pero nuestras observaciones deben ir, con todo, acompañadas de dos salvedades. Primero, la muestra observable se ha limitado para quien esto escribe a los debates televisivos en Madrid (ciudad y región) y Barcelona, además de los correspondientes a las elecciones europeas. Por otro lado, no queremos, y sería un error, establecer relaciones entre las estrategias de comunicación y los resultados obtenidos. A la vista está que resultaría peregrino.

De lo primero, sólo cabe decir que aunque del iceberg sólo vemos una décima parte, lo que está bajo el agua no será visible, pero sí imaginable: todo es hielo, más de lo mismo. Sin menosprecio de otras ciudades y provincias, es improbable que nos hayamos perdido algo muy bueno por no ver más debates de otros lugares.

En cambio, sí fuimos testigos de experiencias más que insólitas. Pongamos por caso algo tan chusco como el debate entre los candidatos a la Comunidad de Madrid organizado por la SER y El País, al que no acudió Díaz Ayuso, candidata del PP, pero sí Errejón (sin los impedimentos de la Junta Electoral). Se discutía en buena medida la ejecutoria del Partido Popular en la última legislatura, con su representante ausente, mientras entre el público se encontraba el último presidente de la Comunidad, Ángel Garrido, ahora pasado a Ciudadanos con armas y bagajes. ¡A ver quién mejora eso!

No menos pintoresco resultó el debate, esta vez en TeleMadrid, entre los candidatos a la alcaldía capitalina, en el que la protagonista principal, una Carmena, aupada a un papel, más que carismático, mayestático, renunciaba castizamente a debatir en detalle, como por encima del bien y del mal.

El anticomunismo es inmortal

Pero entrando en materia, la más suspensa, la asignatura por aprobar, y en el ejercicio práctico,- salvo para los más listos de la clase, y son pocos-, sigue siendo el minuto de oro, el uso con aprovechamiento del minuto final. Hemos visto sesenta segundos – y pueden hacerse muy largos- temblorosos, confusos, aturullados, impotentes.

Ciudadanos ha porfiado, además, en el abuso de elementos visuales. Otra vez fotos, carteles, gráficos, y un ridículo verosímil para Silvia Saavedra, substituta de Begoña Villacís en el debate de TeleMadrid sobre la alcaldía capitalina. Con ribetes caricaturescos, muy explotados por las redes sociales, ese Lenin ladeado, acostado como su momia, parecía probar que el comunismo acaso esté muero, pero el anticomunismo es inmortal.

Y sin embargo, fue Ciudadanos, quien, por boca de Luis Garicano, trajo la novedad más reseñable, verídica además, y no pura invención: la revelación de que las listas de las coaliciones de partidos nacionalistas de la periferia muestran sólo a los candidatos de la autonomía en que se vota para engaño o disimulo frente a eventuales votantes

¿Y el tercer acto, dicho sea teatralmente (o la tercera ronda, más deportivamente)?: ¿qué nos podemos temer? La continuidad no será ya la de las campañas, sino la de los parlamentos mismos. Sería deseable, por lo menos si se quiere que la estrategia de comunicación política sea la que establezca la diferencia, alguna diferencia, que los responsables  de los partidos estudien estas campañas recién pasadas, y se apliquen a remediar lo peor de ellas. No sólo, caritativamente, por nuestro bien: a ellos también les va la vida –política- en esto.


                   

Pablo Carbajosa 

Responsable del Área de Oratoria y Escritura Eficaz de Proa Comunicación y coordinador del Club de Debate de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid