Retos de la economía global en la década 2020-2030

En estos días de confinamiento he estado leyendo el libro Crisis Economics escrito por Nouriel Roubini y Stephen Mihm en el año 2010. Roubini analiza en detalle las crisis económicas mas relevantes vividas en nuestra reciente historia desde el siglo XIX y las políticas económicas aplicadas para su contención. Aunque cada crisis es diferente, hay ciertos detonantes que se han repetido en la historia como burbujas de activos y exceso de deuda que han llevado a una intervención de los Gobiernos y bancos centrales aplicando políticas monetarias expansivas combinadas con grandes medidas de estímulos fiscales para volver a incentivar el consumo y el gasto publico. Todo esto con el fin de poder relanzar el crecimiento económico.

En este articulo me gustaría presentar las reflexiones de Nouriel Roubini, sobre los posibles escenarios y tendencias futuras que nos podemos encontrar en esta década. Actualmente, más de una década después de la gran crisis financiera del 2007 – 2009,  nos encontramos ante una situación económica global muy frágil que continúa teniendo los riesgos y desequilibrios estructurales heredados de las políticas económicas aplicadas en la ultima década. La crisis del COVID-19 no ha hecho más que intensificar y acentuar estos desequilibrios que, si no se corrigen en algún momento de esta década, nos puede llevar a una gran depresión económica. En este año 2020 previsiblemente los paquetes de estímulos fiscales de los Gobiernos y bancos centrales  a nivel global son de tal magnitud que aunque acabemos en una severa recesión económica evitarán una gran depresión.

Los posibles escenarios económicos futuros se pueden ver afectados por las siguientes tendencias:

1.-  Déficit publico: deuda y efectos colaterales

La respuesta de los Gobiernos y bancos centrales a la pandemia del COVID-19 implica un incremento masivo y sin precedentes del déficit fiscal superando el 10% del producto interior bruto (PIB), en un momento en que la deuda publica en muchos países esta en niveles casi insostenibles. El indicador económico -ratio- Deuda total/ PIB a nivel mundial en 2019 era de 322%. En el 2020 este ratio estará cercano al 350%. España cerró el 2019 con un ratio del 95.5%. En España las previsiones para el 2020 contemplan un potencial escenario de caída del PIB anual del 10%, el déficit publico alcanzaría un 12% (2.7% en 2019) y el ratio  Deuda total/PIB se situaría entorno al 120%. La pandemia producida por el COVID-19 ha impactado directamente el mercado laboral con un incremento significativo del desempleo y la perdida de ingresos del sector privado con una deuda dentro de este que en muchos casos será insostenible aumentando los impagos de créditos y prestamos y las quiebras de empresas. El incremento del desempleo a nivel global combinado con los aumentos significativos de deuda en muchos países y la caída del PIB reflejan un escenario de profunda recesión económica.

2.- Demografía y cobertura sanitaria

La crisis del  COVID-19 nos ha demostrado la inminente necesidad de aumentar la inversión publica en las infraestructuras sanitarias y la cobertura medica de la población. Más aún si consideramos que en los países desarrollados tenemos una población envejecida. Los Estados y Gobiernos tienen una deuda implícita presente y futura en la financiación de llamado “estado del bienestar” que incluye la financiación de las estructuras de soporte social (seguridad social, cobertura e infraestructura sanitaria y las pensiones). Esta creciente deuda implícita supone un incremento adicional del déficit publico.

3.-  Incremento del riesgo de deflación y posterior estanflación

Además de tener un muy alto nivel de deuda global, nos enfrentamos a un shock de demanda de bienes y servicios (sobrecapacidad productiva y maquinaria inutilizada), un mercado laboral con altos niveles de desempleo y un colapso del precio de las materias primas como el petróleo y otros metales industriales.

Es la tormenta perfecta para un escenario de “deflación de deuda”, basado en la teoría del economista Irving Fisher, según la cual el valor real de la deuda aumenta por la deflación  incrementando el riesgo de impago de la deuda de particulares y empresas y la consecuente insolvencia de negocios y empresas.

Los bancos centrales van a centrar sus esfuerzos en combatir la deflación y controlar los riesgos inflacionistas derivados de la acumulación masiva de deuda, para lo que utilizarán unas políticas monetarias y fiscales  menos convencionales y de mayor impacto. En el corto plazo los bancos centrales van a continuar con un proceso agresivo de monetización de los déficit fiscales, Quantitative Easing, para evitar la depresión económica y la deflación. Se ha venido aplicando esta política desde la gran crisis financiera del 2007 – 2009 (tipos de interés en mínimos históricos y un incremento de la base monetaria pero con un crecimiento anémico del PIB a nivel global). El crecimiento de los déficit fiscales a nivel global y las expectativas, que se van a seguir financiando con más deuda en un futuro, pueden crear escenarios inflacionistas que combinado con un estancamiento económico causarían estanflación.

4.- Disrupción digital de la economía

Con millones de personas perdiendo sus empleos, o trabajando con salarios reducidos, en las economías del siglo XXI se producirá un aumento de la brecha entre las clases sociales ricas y las pobres. Para protegerse de futuras rupturas en las cadenas productivas, las economías avanzadas interiorizarán la producción desde países con bajo coste de mano de obra a cadenas de producción domesticas con un mayor coste de mano de obra. Pero este movimiento proteccionista, más que ayudar a los trabajadores locales, va a acelerar los procesos de automatización en las empresas, poniendo todavía mas presión a la baja en los salarios, generando descontento social y fomentando movimientos populistas y nacionalistas.

5.- Desglobalización y fragmentación de las economías

La pandemia del COVID-19 está acelerando la tendencia hacia una balcanización y fragmentación de las economías, tendencia que ya estaba en marcha en la ultima década. Los Estados Unidos de América y China se van a desacoplar con más rapidez, y la mayoría de los países desarrollados van a adoptar políticas proteccionistas para proteger las industrias y trabajadores locales frente a posibles disrupciones globales. El mundo pospandemia va a estar marcado por fuertes restricciones en el comercio de bienes de equipo, servicios, capital, mano de obra, tecnología, información y datos. Esto ya está pasando en el sector farmacéutico, bienes de equipos médicos y sector de alimentación donde los Gobiernos están imponiendo restricciones a la exportación y otras medidas proteccionistas en respuesta a la pandemia.

6.- Crisis medioambientales y cambio climático

Otro riesgo que no se puede ignorar es el riesgo de crisis medioambientales que como nos esta enseñando la pandemia del Covid-19 puede tener un efecto económico mas devastador que la gran crisis financiera del 2007-2009. Las epidemias recurrentes (VIH desde los años 80, SARS en el 2003, H1N1 en el 2009, MERS en el 2011 y el Ébola en 2014 – 2016) son como en el caso del cambio climático, eventos catastróficos generados por el ser humano bajo unas condiciones de bajos estándares sanitarios y de salud, y los cuales son expandidos por la gran interconectividad de un mundo globalizado. En el futuro es de esperar que nuevas pandemias y efectos destructivos del cambio climático sean mas frecuentes más virulentos y más costosos.

Conclusiones

Las tendencias enumeradas anteriormente pueden representar la tormenta perfecta para que las economías estén inmersas en fases de profunda recesión económica durante esta década. Para minimizar, mitigar o intentar resolver los problemas planteados necesitamos a nivel global un liderazgo político muy competente que estimule un orden internacional mas inclusivo, cooperativo y estable, así como políticas económicas, monetarias y fiscales muy coordinadas entre los bancos centrales. En esta década nos vamos a encontrar con déficit fiscales desorbitados en algunos países cuyos Gobiernos lo financiarán mayoritariamente con mas deuda publica al disminuir la recaudación impositiva directa e indirecta. Haciendo referencia a Europa, el Banco Central Europeo es el mayor inversor de deuda publica que acabará financiando estos déficits. En esta década no es descabellado  pensar que algunos países en Europa tengan que reestructurar su deuda publica y pedir un rescate a las autoridades pertinentes. La historia se repite con nuevas crisis pero está en la naturaleza del ser humano superarlas. Cada crisis es diferente, pero tiene solución.


Carlos López Jall

Socio- Senior Advisor de Beka Finance