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Análisis

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La reclusión en casa

Es un virus grande que cuando hablo o toso  se cae al suelo a solo un metro veinte. Es virus de  acido ribonucleico de una sola cadena, y tiene la glicoproteína en forma de espina que reconoce las células de los alveolos pulmonares  y las utiliza para replicarse, se mantiene sobre superficies un tiempo y si las tocamos cargamos nuestras manos de virus; esa proteína se disuelve con jabón.  Lo mejor, que no se queda en el cuerpo. Afecta ahora al 3 por ciento o sea  17 personas por millón. La gripe de cada año infecta a diez mil por millón. La gripe española de 1918 infectó una de cada veinte personas.  El 50% de los infectados del virus actual no va a tener síntomas y puede contagiar sin saberlo.

Todo esto quiere decir que el virus no está en el aire, que podemos evitarlo porque está en las superficies, que mantengamos el metro y medio de proximidad personal y nos lavemos las manos con jabón porque no hay mejor viricida que él, así como ninguno más barato.

La reclusión en las casas pone a prueba nuestra identidad porque somos un cuerpo hecho para moverse todo lo posible y que ahora está restringido.

Somos mamíferos sociales, nuestra mente tiene una parte de ella desplazada habitando el mundo en derredor siendo el mismo una parte de nuestra mente que ahora se achica y limita.

El confinamiento también limita lo que somos; constituidos de relaciones grupales, estamos conectados de noche mediante los sueños y de día con el entorno.  Nuestra identidad en una parte importante es lo que hacemos, en qué invertimos nuestro tiempo y ahora no podemos hacer lo de siempre.

Todo esto es frenado en la reclusión y causa estrés. Si a un animal en libertad lo confinamos, pasado un tiempo va tener señales, si es un perro, se le cae el pelo con trastornos somáticos después.

Si no nos movemos con mucha frecuencia a partir de la edad media de la vida vamos a tener molestias articulares, pues, aunque no lo parece la artrosis, como las placas de ateroma empiezan muy pronto. El ejercicio puede mejorar y frenar los procesos inflamatorios, mediante la producción de citoquinas anti inflamatorias. Si persiste la vida sedentaria un tiempo estas citoquinas van a pasar al cerebro y alterar algunas de sus estructuras, cuyo resultado será la depresión y la ansiedad. Si tenemos hipertensión leve nos subirá sin notarlo. Si no movemos los abdominales tendremos estreñimiento. Dormiremos mal a medida que abandonemos los hábitos saludables. Esto significa que debemos mover el cuerpo cada hora, el ejercicio físico incrementa el riego cerebral y articular, mejora el ánimo por la producción de dopamina y encefalinas, es así que debe ser lo fundamental.

Comidas ligeras con un 60% de frutas y verduras, lácteos y frutos secos, almendras, pistachos y nueces que, junto con aquella son sedantes y nos aportan vitamina D que en casa no va a poder sintetizarla nuestra piel por falta de sol. Como no movemos los músculos lo suficiente vamos a perder masa muscular, sarcopenia, lo que lleva a la necesidad de tomar carne, proteínas y otros alimentos que todos sabemos que las contienen para evitar la pérdida de masa muscular.

No debemos seguir comiendo como si estuviéramos activos, hagámoslo en pequeñas cantidades, mejorando el desayuno como comida principal, porque es la que menos engorda. Para los desayunos, recomiendo frutas variadas en la batidora añadiendo dos o tres frutos secos molidos previamente. Doy muchos datos sobre este tema en mi libro Dieta mediterránea y ejercicio físico.

Al tener una constitución grupal es crucial estar conectados con nuestros amigos, compañeros, familiares y con muy poca televisión que nos pone al día de los muertos, ya sabemos que podemos contagiar y ser contagiados, es suficiente.

Nuestro cuerpo necesita alimentos y ejercicio diario casi constante para nutrir a nuestra mente.

Esta necesita como alimento estímulos variados. Todos días leer a ratos el Quijote, libros de viajes, novelas de humor, Historia y temas profesionales. Por otra parte, nuestra vida mental se está curando, enriqueciendo,  porque los medios han dejado su labor demoledora de presentarnos personajillos del tres al cuarto en todos los ámbitos a mostrarnos lo que nos enriquece, estimula y capitaliza nuestra mente con personas de valía y mérito real: militares, policías, personal sanitario, profesionales en otros ámbitos que mantienen España funcionando, dando ejemplo de lo que tienen valor real. Y la crisis nos muestra algunos políticos a los que les importa lo suyo exclusivamente y que los ciudadanos no valemos nada para ellos, capaces de mentir, de interrumpir la tarea de salvación nacional en la que estamos para continuar su labor demoledora, disruptiva, de fragmentación de la unidad que necesitamos.

La música es un artículo de primera necesidad, a ser posible y según gustos, clásica, lo clásico es lo que sigue emocionándonos a través del tiempo. Una saeta, el flamenco, la canción española, ópera, así como cásicos como Mozart, Albeniz o Rodrigo.

Desgraciadamente nuestra sociedad desde hace años ha quitado de las programaciones televisivas abiertas y de pago, un elemento fundamental: el humor. Tenemos un humor disruptivo, con mala leche y la mayoría politizado o como soporte al poder. Nos han quitado las películas musicales, las de humor, de diálogos inteligentes, con tramas accesibles para los que no somos violentos ni nos atraen las catástrofes que los modernos efectos especiales nos presentan. Pero sería una buena receta poder ver películas con temas humanos, como digo, de humor, musicales, históricas, todo lo que estimulara emociones sanas. Incluso nuestros niños tienen dibujos animados deformes, extraños sin posibilidad de identificación con sus personajes.

Las comparecencias televisivas de nuestros militares, nos están haciendo mucho bien, porque nos presentan la honestidad y el bien hacer, ya que nuestra frágil confianza en unos políticos que, desde hace cien años de aquel virus respiratorio, como este, los ahora y provisionalmente ponderados y valorados como científicos ya sabían que vendría y vendrán pandemias con periódicas.

Termino diciendo que para mantener el cuerpo sano necesitamos la cultura y las artes. Tenemos todos los museos y bibliotecas abiertas, y disciplina y concentración en tareas diarias y ejercicios físicos. Pero sabemos que la mente necesita volverse obsesiva en los momentos de crisis, y centrase en un horario parecido al que teníamos. Es un fundamento de lo que llamamos higiene mental.


José Antonio Rodríguez Piedrabuena 
Especialista en Psiquiatría y Psicoanálisis. Especialista en formación de directivos, terapias de grupo y de pareja

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