Entrevista a Ignacio Gabaldón, exdirector del Departamento de Liderazgo de la Escuela de Guerra del Ejército de Tierra y Co- Fundador de Talentum Evolution
Ignacio Gabaldón es coronel del Ejército de Tierra, exdirector del Departamento de Liderazgo de la Escuela de Guerra y Liderazgo del Ejército y cofundador de Talentum Evolution. Con una amplia trayectoria en el ámbito militar y una sólida experiencia en la formación de equipos directivos en el mundo corporativo, Ignacio ha diseñado e impartido recientemente una formación en liderazgo para el equipo de PROA Comunicación. Conversamos con él sobre cómo se entiende hoy el liderazgo, las diferencias y similitudes entre los modelos civil y militar, y sobre qué papel juegan la confianza, el propósito y la comunicación en la cultura organizativa actual.
¿Qué es para ti el liderazgo y cómo ha evolucionado en los últimos años?
El liderazgo es el arte de manejar los intangibles —como la confianza, el compromiso o el propósito— para conseguir resultados tangibles. El modelo ha evolucionado porque el entorno ha cambiado, ahora es más rápido, más incierto. Antes el líder estaba en la cima tomando decisiones. Hoy, el liderazgo es inseparable del equipo. Ya no se trata de ser el mejor del equipo, sino el mejor para el equipo.
¿Qué cualidades necesita un líder en el siglo XXI?
Hay muchas, pero te diría una sola, y es que el líder debe tener equipo. Sin equipo no hay liderazgo. Luego vienen otras como la humildad, competencia técnica, capacidad de escuchar, gestionar emociones, crear entornos sanos. Pero todo empieza por construir un equipo de alto rendimiento, presidido por un propósito claro.
¿Y cómo se construye ese equipo? ¿Por dónde se empieza?
Por algo tan simple como hablar. Tomar un café, escuchar, interesarte. La confianza empieza con gestos pequeños. Luego se puede profundizar con dinámicas como la de Belbin, que ayuda a conocer los roles que cada componente puede aportar al equipo y, consecuentemente, las fortalezas y debilidades de éste. Pero sin confianza, ninguna herramienta funciona.
¿Cuál es el papel de la comunicación en todo esto? Es central. La comunicación genera confianza, cohesión, cultura y sentido de pertenencia. Hay que comunicar los retos, los problemas, los logros… y no solo desde lo institucional: también en los pasillos, preguntando por la familia, llamando a las personas por su nombre. Esa comunicación cotidiana crea vínculos emocionales y refuerza el liderazgo. Los líderes también comunican el propósito con hechos; eso también es comunicación. La diferencia entre la comunicación en un equipo pequeño y en una gran organización es solo de escala: en ambos casos, la comunicación moldea el clima y sostiene el sentido.
¿Qué diferencia hay entre liderar personas y gestionar recursos?
Son dos dimensiones distintas, con lógicas y tiempos diferentes. Gestionar recursos es aplicar procedimientos y optimizar procesos, con resultados visibles en el corto plazo. Liderar personas implica conectar con emociones, generar compromiso y trabajar con intangibles, cuyos efectos se perciben a medio y largo plazo.
Pero hay un tercer pilar que da sentido a ambos: el de los valores y el propósito. Es el pilar que alinea gestión y liderazgo, lo que une la eficacia operativa con la cultura y el sentido compartido. Es la referencia de nuestro trabajo, decisiones e iniciativa.
¿Se usa bien el concepto de propósito en las empresas?
No siempre. Muchas lo exhiben, pero no lo viven. El propósito debe ser la referencia que guía decisiones, comportamientos, motivaciones. Tiene que verse en cómo actúan los líderes. Tiene que bajar del frontispicio de la organización o del discurso de fin de año, a vivirlo en el día a día. Cuando eso ocurre, la gente confía. La coherencia con ese propósito comunica más que cualquier eslogan.
¿Qué diferencia hay entre el liderazgo militar y el empresarial?
Creo que las diferencias entre el liderazgo militar y el empresarial son cada vez menores. Tal vez residen en la intensidad de las acciones o en las consecuencias de las decisiones. En el ámbito militar, lideramos siempre orientados al combate, donde una cadena de errores puede acabar en féretros con la bandera de España. En el entorno civil, una cadena de malas decisiones puede derivar en expedientes de regulación de empleo, que también afectan profundamente a las vidas de las personas.
Pienso en la pandemia, por ejemplo, y veo decisiones del personal sanitario fueron tan críticas como las que se toman en zonas de operaciones. Ambos liderazgos están cada vez más cerca, y por eso es tan necesario que nos conozcamos más y aprendamos los unos de los otros.
¿Está el tejido empresarial español preparado para liderazgos basados en la confianza?
Creo que está avanzando. Se ve sobre todo en equipos pequeños, directivos, mandos intermedios. Pero debe crecer a nivel organizacional. Una cultura de confianza es clave para delegar, innovar y adaptarse. Como decimos en el ejército, primero un alineamiento con la misión y después dar permiso para decidir y actuar, sin permiso.
¿Cómo se toman decisiones en un entorno tan incierto como el actual?
En el siglo XX teníamos tiempo para buscar la decisión perfecta. Hoy no. Debemos decidir con oportunidad, aunque no sea la decisión perfecta. La intuición juega ahora un papel fundamental cuando no tienes ese tiempo, y se alimenta de la experiencia, de haber acertado y fallado y, consecuentemente, aprendido. La intuición es pensar sin pensar, diría yo.
¿Qué lugar ocupa la delegación en este modelo de liderazgo?
Delegar es confiar. Es dar responsabilidad, generar pertenencia, liberar el potencial de los equipos. La microgestión solo tiene sentido en casos muy escasos y concretos. Cada persona debe tomar decisiones dentro de su responsabilidad. No serán idénticas a las tuyas, pero serán suficientemente buenas y llegarán a tiempo.
¿Y qué consejo darías a alguien que acaba de asumir su primer equipo?
Que no tenga miedo a equivocarse. Que cuente con el apoyo de su jefe. Que escuche a su gente. Que se atreva a mostrar vulnerabilidad. Un líder que pregunta “¿cómo puedo ayudaros?” está dando un paso enorme hacia la confianza. Y esa confianza lo es todo.