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José Antonio Rodríguez Piedrabuena —— La inteligencia artificial y la humana

Parece que se nos olvida qué es la inteligencia humana y lo que ha creado, no lo vivimos con plena conciencia. Nos comparan con la inteligencia emocional y hasta seguimos perdiendo ante ella.

¿Qué ha creado la inteligencia humana?

Las ciencias, los deportes, la cultura, el derecho, la ingeniería, la medicina, las instituciones, el arte, la música y solo cito una mínima proporción de sus logros. Y, asimismo, las guerras, el cinismo, la mentira, robos, asesinatos, dictaduras, los siete mil ataques físicos a médicos el pasado año, los falsarios o la contaminación de mares y ríos.

Ni pensar que cualquier inteligencia que no sea la humana podría hacer, crear, mejorar o destruir todo esto. Tal complejidad para lo bueno y lo malo, es posible debido a las características  y mecanismos del funcionar de nuestro cerebro que nunca será posible con otras inteligencias. Y que me propongo explicar mediante esta super simplificación (solo los Principios de Neurociencia del premio Nobel Erik R Kandel tiene 1.400 páginas).

No podemos olvidar que el “cerebro de una IA” piensa en ceros y unos, obedece a órdenes y su memoria, aunque casi infinita, carece de un razonamiento real. Saben hacer cosas, pero en realidad han tenido que introducirles millones de parámetros y sus programas requieren indicaciones muy específicas. Al llamarlas redes neuronales, se han dejado de lado propiedades fundamentales de lo que son las neuronas biológicas.

Además, necesitan una cantidad descomunal de datos para su entrenamiento. Para lograr que tuvieran menos del 5% de error en el reconocimiento de objetos, la emisión de CO2 sería la misma que generaría la Comunidad de Madrid en un mes, dada la ingente cantidad de datos que habría que añadir a sus memorias para lograrlo. En cambio, las neuronas y sus conexiones se configuran, cambian y se reconfiguraran adaptándose a la entrada de millones de señales desde el cuerpo, el exterior y de sus contenidos mentales, con un consumo de unos veinte vatios.

La inteligencia artificial sigue estando lejos de nosotros

Las neuronas poseen todas ellas diferentes características anatómicas, moleculares y genómicas. Hay que añadir el doble de otras células de menor tamaño, los astrocitos o la glía. En su caso las redes que comunican hacen que se conecten los múltiples sistemas de que consta un cerebro.  Una porción de tejido cerebral del tamaño de un grano de arena contiene 100.000 neuronas y más de mil millones de sinapsis (conexiones).

El cerebro está aislado y encerrado en el cráneo funcionando noche y día, por ello es el responsable del funcionamiento global del cuerpo y está al servicio de nuestra supervivencia. Entre sus funciones se encuentra la interpretación de las ondas sonoras desde el oído, de fotones desde los ojos, lo que le llega de millones de sensores de la piel y del resto del cuerpo, el sistema hormonal, etc. Tenemos neuronas, que emiten, reciben y fabrican mensajes químicos. Los mensajes en forma química están basados en neurotransmisores y neuromoduladores, hormonas, iones, gases, etc. Cada uno de estos componentes, puede modificar sus efectos, según las características de sus transportadores necesarios para llevarlos al lugar donde actuarán y también por la estructura de sus receptores. Todo ello termina en un cerebro, podíamos decir, eléctrico. Aquí vemos lo que nos separa de las llamadas neuronas de la AI.

Algunos de los neuromoduladores que han de producir un efecto, pueden dar lugar a funciones contrarias por las propiedades del destino al que llegan, los receptores. Por ejemplo, las cantidades de más o menos dopamina y serotonina pueden activar o frenar. Este proceder es una de las bases de su plasticidad y por el que no acabemos de entender, de verdad, cómo funciona el cerebro. Todo lo cual explica su inmensa funcionalidad para crear la inmensidad de la civilización desde las cavernas hasta aquí.

Pero toda esta complejidad es posible mediante el transporte de iones: calcio, cloro, potasio, magnesio, desde dentro a fuera de las neuronas y viceversa, que producirán energía eléctrica que se descargará, en algunos casos en una décima de milisegundo. Todo ello ha sido condicionado, inducido y moderado por el conjunto de los neuromoduladores y neurotransmisores. Vemos que no hay ningún parecido con la AI en toda esta complejidad.

También nos distingue el que toda la energía necesaria es producida por cada célula por su propio sistema de producción de la misma, y su posterior potente reciclaje de los transmisores y moduladores una vez utilizados, mediante un sistema paralelo de células y astrocitos que también participan en las comunicaciones, no solo neuronas. Amén de otros procedimientos enzimáticos del reciclaje de la química utilizada. Otra característica diferente a las cacareadas redes neuronales de la AI es la flexibilidad de las conexiones, siempre cambiantes o modificables o anuladas mediante la activación de genes y fabricación de sus proteínas. Es una simplificación confundir los prodigios del cerebro y sus redes neuronales con la AI.

No hemos entrado en la descripción de las estructuras cerebrales, que podíamos decir que sí se comunican entre sí mediante algo semejante a redes. Como el tálamo hipófisis, cortezas cerebrales, o la mígdala, estructuras en las que se originan todos los procesos, con una total interdependencia funcional con el resto de los órganos corporales, en dependencia constante de estímulos ambientales. El ser humano es una unidad inseparable que no podemos comprender viéndola como unos órganos más importantes que otros.

En los procesos mentales o emocionales y en nuestras decisiones participan, noche y día, todos sus órganos y aparatos. Como el digestivo, cardiovascular, el sistema inmunitario, el endocrino o el muscular, enviando señales químicas y recibiendo órdenes, todos interviniendo en la cognición. Todo lo dicho sobre el cerebro se resume en estrategias de supervivencia y cumplimiento de las leyes de la naturaleza común a todo lo viviente. Leyes que no queremos ver en su trascendencia. Y dada nuestra naturaleza, la IA nos traerá muchos beneficios como herramienta, pero como siempre también será utilizada para toda clase de fines perversos, demasiado peligrosos como para no prevenirnos. Especialmente en lo que atañe a las percepciones: imitará, engañará o suplantará.

*José Antonio Rodríguez Piedrabuena es especialista en Psiquiatría y Psicoanálisis, y en formación de directivos, terapias de grupo y de pareja.

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