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Manuel López Torrents —— “La gobernanza de las empresas está oxidada, impide la circularidad de la economía”

Manuel López Torrents es periodista económico de larga trayectoria. Tras más de 25 años de profesión, a sus espaldas se acumulan experiencias en medios como El Economista, El Boletín, Onda Cero, El Confidencial, Negocio, Vozpópuli, La Política on Line y ahora, Estrategias de Inversión. Fue promotor del evento Spain Investors Day y acaba de publicar su segundo libro con Planeta, a través de su sello Gestión 2000, llamado “De las puntocom al Bitcoin y las meme stocks”, basado en el pensamiento de Juan Carlos Ureta.

Antes de hablar de otras cosas, ¿de qué va tu libro?

Es un recorrido financiero por el Siglo XXI a través de un ‘time line’ de eventos relevantes que he ido rescatando y desmenuzando. Viene muy bien recordarlos porque, pese a su enorme importancia, muchos están olvidados o fuera del debate público. Dicho viaje se apoya, evidentemente, en numerosas reflexiones que Juan Carlos Ureta, fundador y presidente de Renta 4, ha ido escribiendo a lo largo de 20 años en sus cartas a los clientes en la página web R4.com. Además de financiero, Ureta es una de las principales personalidades económicas e intelectuales de este país. El libro está escrito en clave novela, de forma distendida y espero que amena, reproduciendo las ideas más interesantes de los escritos de Juan Carlos Ureta. Es apto para todos los públicos, no es un manual denso. El propio Ureta prefería mil veces eso antes que un libro de recopilación de artículos.

¿Qué conclusiones arroja?

Bueno, tal vez nace de la sorpresa, por mi parte, de saber que los bancos centrales llevan años comprando el 100% de la deuda pública de las principales naciones, España incluida. Estamos en una especie de matrix financiero, de dinero impreso, tipos negativos y nulo crecimiento, del que no se sabe a ciencia cierta cómo vamos a salir. Temporalmente, el primer hito que recoge es la salida a Bolsa de Inditex, aunque es de los escasos ítems españoles que aparecen. Es una obra en clave internacional. Y no sigo, porque invito a vuestros usuarios a que lo lean. Pero intenta rescatar elementos importantísimos que, sorprendentemente, están fuera de las mesas de debate relevantes, aunque es imposible que lo estén mucho más tiempo.

¿Cómo has visto la economía española desde tu puesto de periodista económico estos años?

Yo me considero hijo profesional de las privatizaciones de los 90. Cuando salí de la universidad, a mediados de los 90, la carrera de Periodismo era “la fábrica de parados”. Para mi sorpresa, un amigo que unas semanas antes había entrado en El Economista de becario; con gran envidia por parte de los demás del grupo, nos llamó con “aquí necesitan más gente”. No lo pensé dos veces. Entré de becario, y cobrando. En un año ya era fijo, ganando el doble… la Bolsa subía, no paraban de salir empresas públicas al mercado, la economía crecía, surgían nuevas tecnologías, nuevos medios, llegaban ofertas de todas partes… Fue una época genial, que no se estropeó en exceso por el pinchazo puntocom, que en España se cubrió sin problemas con la construcción. Me queda la duda de qué habría ocurrido si el PP hubiera seguido en el poder tras el 11-M: ¿habría sabido evitar la crisis de Lehman? Pizarro dice que sí y, al menos, la advertía, mientras que el PSOE de ZP la negó hasta el final, asegurando que estábamos blindados. Luego, le echó las culpas de todos los males.

Y luego, llega el mundo post Lehman, que seguimos sufriendo, pese a que ahora este sea el mundo Covid. Pero aun estamos en post Lehman: Impresión de dinero, bancos centrales todopoderosos, deudas elefantiásicas, comunismo (que es la realidad que esconde el eufemismo “populismos”), instituciones cuestionadas o desprestigiadas (ahí está el Brexit en la UE), falta de crecimiento real… Nadie parece tener un modelo de salida. La cosa pinta mal, con el conflicto con Rusia, que era lo que faltaba. Pero, aparte de la lucha sistémica en ciernes, de la que poca gente es consciente, lo cierto es que las economías son más pequeñas que en 2008 y ahí hay que señalar a políticos y a directivos de las grandes corporaciones, que sólo han sabido subir impuestos, reducir perímetro de sus empresas (es decir: despedir y malvender), sin tirar verdaderamente del carro. Ni una reforma destinada al crecimiento. El perdedor: el ciudadano. Sobre todo, el asalariado de clase media, sin olvidarnos del autónomo. Y la pyme.

¿Cómo ves a la empresa española ahora?

En primer lugar, frita a impuestos y trabas. No entiendo cómo cualquier Gobierno, sea del signo que sea, la primera vez que ve en la prensa salmón que tal firma del Ibex echa a x miles de empleados, no convoque a todas de urgencia y les pregunte: “¿qué necesitáis para dejar de despedir?”. Yo, es lo primero que haría si fuera presidente, como rezaba aquel programa de Tola. Les ofrecería facilidades para mantener plantillas, e incentivos no solo a la contratación, sino al incremento del gasto en proveedores, algo importantísimo para la circularidad de la renta. Eso sería un buen vector. El Ibex, junto a sus proveedores, son más del 20% de la economía. Si eso tira, lo demás irá también detrás.

Pero no solo es culpa de lo público. Desde lo privado, detecto hace tiempo un serio problema: la gobernanza. Las presuntas buenas prácticas para evitar corruptelas y despilfarro provocan que se perpetúe una élite cerrada. Si una pequeña empresa tiene un buen proyecto o una idea innovadora y se dirige a una Ibex o gran corporación, lo más probable es que el jefe de la sección al que le han presentado la novedad ni siquiera se la plantee. ¿Para qué? Si supone el más mínimo desembolso tendrá que elevarlo, pasará a algún comité de retribuciones y nombramientos y allí habrá varios miembros; algunos independientes, que no tendrán ni idea del día a día de la empresa. Digan lo que digan. Y que, para firmar cualquier gasto, querrán una terna de tres candidatos, con un asesor externo que conozcan que los bendiga. Es que está el “criterio de escepticismo” en los códigos de buen gobierno. Así es imposible. Tal como me han reconocido muchas veces, los ejecutivos medios no dan la cara por elevar novedades porque los comités tampoco la dan por firmar. Pasa lo mismo en Recursos Humanos, un departamento que tiene un poder exagerado en mí opinión. Son decenas los casos que conozco (algunos muy sonados) en los que un técnico de departamento quiere fichar a alguien que conoce del mercado, pero RRHH lo tumba, con un simple “no encaja en la filosofía de la casa”. Es decir, “la decisión es mía, no tuya”. Pero, mientras el técnico valora la trayectoria profesional del candidato porque la ha testado muchos años, RRHH sólo es capaz de valorar el expediente académico, los idiomas…

Entonces, ¿los Comités de Retribución y Nombramientos o RRHH no funcionan?

Como todo, hay mil matices y excepciones, pero si me exiges una respuesta binaria, diría sí: no son operativos. Impiden la circularidad de la renta. Tuvieron su sentido en su momento, para corregir desmanes del pasado; no digo que no, pero ahora la operativa de las empresas es desesperante. Perpetúa lo de siempre; lo conocido. No da juego a otros. En España hace falta un cambio estructural. Casi todo el Ibex es el mismo que hace 15 años. No es raro que sea el peor mercado de Europa.

¿Quiénes son tus empresarios o ejecutivos favoritos?

Por un lado, Amancio Ortega. Es imposible no hablar de él. Es un español de a pie que concibió una empresa que vendiera ropa con el estilo de las pasarelas de moda internacionales, con bajos precios. Que se extendiera por todo el mundo. Que tuviera su centro logístico en Galicia. Y ha sabido encontrar un modelo on line, cosa que muy pocos pueden decir. Pablo Isla, por supuesto. Otro crack, aunque ejecutivo en lugar de empresario. Juan Roig, aunque Mercadona tiene cosas que creo que debería pulir. Hay más, claro, pero tengo debilidad por los últimos agentes de cambio y Bolsa que, al poco de aprobar, les retiraron el statu quo con la nueva Ley del Mercado de Valores. Lejos de protestar, crearon sus propias sociedades, que dimensionaron los mercados de capitales domésticos, y acabaron vendiendo por un dineral a la banca internacional. Aun así, continuaron con una trayectoria de éxito, no se retiraron a contar billetes. Me refiero a Pedro Guerrero e Ignacio Garralda, los dos de AB Asesores y después en Bankinter y Mutua. Manuel Pizarro, que además se comió un sapo en toda regla como fue pasar por la política. FG, un señor de Galicia que se convirtió en el principal bróker español y luego puso en órbita Argentaria. Alierta, aunque no era agente de Cambio y Bolsa. Y, por supuesto, Juan Carlos Ureta, persona por la que siento una enorme admiración.

Siempre digo que ojalá pusieran a estos tíos al frente del país. Lo sacaban de la crisis en seis meses. Y me da igual que les saquen tal o cual muerto del armario. Lo que han hecho compensa con creces. Creo que siguen siendo de lo mejor que hay en España, aunque sean veteranos. Por cierto, mi anterior libro, De la Bolsa a la gloria, iba de estos personajes.

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