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Santiago Fernández-Gubieda —— Objetivo 2022: Distribuir la confianza

Reputación y sostenibilidad definen la rentabilidad a largo plazo de las empresas, según el líder de BlackRock

El pasado 18 de enero se hizo pública la carta anual más importante para la gestión empresarial. Larry Fink, presidente y fundador de BlackRock, la mayor gestora de fondos del mundo y con 10 billones de dólares en activos gestionados, escribió a los directores de sus compañías participadas algunas claves sobre la situación económica mundial. No es la primera vez que en su circular anuncia medidas en favor de la transparencia y la sostenibilidad. En esta ocasión, el líder empresarial centra su atención en cómo la pandemia ha acelerado cambios sociales y económicos que amenazan la confianza social en las empresas e instituciones. BlackRock es el segundo accionista de Apple y Microsoft y el tercero de JP Morgan; en España está presente en el capital de 18 compañías del Ibex 35. De los mensajes de Larry, en fin, conviene tomar nota.

El autor de la carta sostiene que en el actual mundo global e interconectado, una empresa sólo crea valor a largo plazo cuando cumple tres condiciones: ser una organización con propósito y valores consistentes, asegurar el beneficio mutuo de sus grupos de interés (empleados, clientes, proveedores, comunidades locales…) y contribuir al bien común en una relación de reciprocidad con el entorno.

En primer lugar, asistimos a un cambio de paradigma que inaugura un nuevo marco de relación entre la sociedad y la empresa. A juicio de Larry Fink, la crisis actual demanda a las empresas e instituciones liderazgos consistentes, con un propósito claro y compartido, una estrategia coherente y una visión a largo plazo. La misión de la empresa actúa como “estrella polar” en un entorno cambiante y disruptivo como el presente. La pandemia ha acelerado la transformación operativa y tecnológica de las empresas pero, sobre todo, ha tocado su fibra más sensible: nunca antes una relación había cambiado tanto como la que existe entre empleadores y empleados.

El segundo mensaje incide en la orientación relacional del capitalismo de los últimos años. Las empresas deben trabajar no sólo para sus accionistas, sino para todos sus grupos de interés y, en especial, sus empleados. Ya no es sólo una cuestión de salario y flexibilidad. Importan los temas de conciliación familiar y maternidad, la motivación intrínseca, la igualdad y la salud física y mental. Profundizar en el vínculo con los empleados es abrir sistemas de escucha e integrar sus expectativas en la toma de decisión de las organizaciones. Las empresas deben aspirar a tener una agenda social conectada con su propósito.

Por último, las organizaciones van a ser reconocidas no por el cumplimiento de sus objetivos, sino por el grado de contribución al bien común. El presidente de BlackRock recuerda de nuevo que el riesgo climático es riesgo de inversión, y anuncia grandes cantidades de capital asignadas a la descarbonización de la economía y la transición energética. Los mercados piden rentabilidad a largo plazo pero también un compromiso real con la sostenibilidad económica, social y medioambiental. La sostenibilidad (entender el presente para mejorar el futuro) ha demostrado tener un amplio consenso social, que justificaría fortalecer la colaboración entre los gobiernos y el sector privado. La pandemia ha sido, de nuevo, un buen observatorio de esta tendencia global.

El líder empresarial no esquiva las críticas recibidas a esta visión del capitalismo de los grupos de interés. Bien pronto en la carta recoge el guante: “El capitalismo de los stakeholders no es política; no es una agenda ideológica; no es cultura woke. Es capitalismo, impulsado por relaciones mutuamente beneficiosas entre usted y los empleados, clientes, proveedores y comunidades de las que depende su empresa para prosperar”. Sus ambiciones son claras: legítimas ganancias y rentabilidad a largo plazo. Pero eso sí, el mercado ha cambiado las reglas.

Larry Fink, finalmente, nos recuerda que la quiebra de la confianza de los stakeholders impacta en la reputación de las instituciones y sus expectativas de crecimiento económico. Es preciso tomar conciencia de que la recuperación de la confianza es vital para la propia sostenibilidad del sistema. Pero la confianza no es un activo tangible, es un principio intangible de gobierno. Que demanda con urgencia una revisión de los sistemas de gobernanza y un fortalecimiento de la gestión de la reputación de las organizaciones. Esto ya no va sólo de distribuir dividendos.

Santiago Fernández-Gubieda, director de Desarrollo del Centro de Gobierno y Reputación de Universidades de la Universidad de Navarra.

 

Cabe la reproducción de este texto siempre que se mencione a Compensa Capital Humano como su fuente original

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