El ex presidente de Chile, Ricardo Lagos, el primer mandatario de izquierdas en llegar al poder luego de la dictatura de Pinochet, acuñó una frase en 2011 que podría valer para cualquier democracia y, más aún para la española por estos días: “Dejemos que las instituciones funcionen”. Socialista, pero demócrata, ante todo, ha sido defensor del respeto a la independencia de los poderes del Estado y a evitar que las presiones políticas -directas o indirectas- interfieran, por ejemplo, en los procesos judiciales.
¿Por qué es importante que las instituciones funcionen? La respuesta parece sencilla. Si las instituciones dejan de funcionar y el poder político las corrompe, el sistema democrático se comienza a erosionar y las “malas prácticas” se transforman en lo habitual. Las líneas rojas y el listón cambian y se normalizan conductas y prácticas poco éticas, que pueden incluso, rozar en lo ilegal.
Aquí puedes leer el artículo completo: