Con la llegada de la Semana Santa, muchos buscan un respiro. Este año, sin embargo, se abre con tristeza: a los 89 años falleció Mario Vargas Llosa, cerrando el capítulo de una de las generaciones literarias más importantes de la historia. Entre los numerosos homenajes, destaca el de Álvaro Pombo, Premio Cervantes y académico de la RAE: “Vargas Llosa ha sido un indudable maestro para todos nosotros, además de un caballero en su amabilidad y trato. Y eso vale oro”.
Esa amabilidad, tan necesaria hoy, contrasta con un mundo acelerado y sobrecargado de estímulos. Comenzamos las vacaciones con el cortisol disparado, agobiados por la incertidumbre nacional e internacional. Por eso, esta pausa invita a reconectar con nosotros mismos y a buscar bienestar a través de actividades simples pero efectivas: un paseo por la naturaleza, una película, una obra de teatro, escuchar música o sumergirse en un buen libro. Como recordaba Vargas Llosa, la pasión por la lectura es un placer que crece con los años y que nos enseña a mirar el mundo con mayor profundidad.
Vivimos tan aturdidos que silenciar la mente se vuelve urgente. Solo en el silencio descubrimos que nuestras preocupaciones son producto de la mente y que la verdadera sabiduría se percibe en la calma. Este tiempo de descanso es una oportunidad para liberarnos del exceso de información trivial que nos anestesia y recuperar la serenidad.
La vida y la obra de Vargas Llosa nos recuerdan que la literatura y el arte son un refugio de belleza y perfección. Aprovechemos estos días para reencontrarnos con lo esencial, cultivar la serenidad y abrirnos a un modo de vivir más consciente y pleno.