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La leche, un alimento fundamental para combatir enfermedades

«Es un perfecto alimento que contiene la proporción perfecta de carbohidratos y proteínas, útil para estimular la recuperación de los músculos«, le explicó a la BBC la experta en nutrición Renee McGregor.

Los nutrientes y los componentes de la leche pueden reducir hasta un 18-20 por ciento los factores de riesgo que producen las enfermedades cardiovasculares.

El aumento en la ingesta de las bebidas vegetales, “mal llamadas leches vegetales porque los códigos alimenticios – internacionales- sólo admiten como leche aquel producto obtenido a partir del ordeño”, supera el consumo de la leche animal. Una prueba de nuestra ignorancia y nuestra fragilidad ante el marketing y los bulos.

Ante la creencia popular de que la leche está sólo destinada a los mamíferos en crecimiento. La leche tiene micro ARN, que modifica la actividad de los genes, además de hormonas asociadas a los lípidos. La leche activa hormonas que favorecen el crecimiento. Nunca dejamos de crear tejidos, que han acabado su ciclo y los sustituimos por nuevos. La evidencia científica es firme: la leche no sólo alimenta, sino que tiene capacidades funcionales, endocrinas y genéticas que favorecen el desarrollo.  Para todas las edades se recomienda de dos a tres vasos al día. Especialmente recomendable después del gimnasio, entre otras cosas como hidratante.

La leche regula procesos fisiológicos para conservar la salud  porque sus péptidos penetran la barrera epitelial del intestino y funcionan con propiedades  inmunomoduladoras, antimicrobianas, antihipertensivas, y antitrombóticas. Consideren la tontería de las leches vegetales, cuyos componentes sólidos recomiendo consumir, de manera directa.

La leche contiene hidratos de carbono, y las vitaminas D, A, E, C, E y ácido fólico de todo el grupo B, y minerales, calcio, potasio, fósforo, magnesio, cinc, cobre, hierro, yodo, y ácidos grasos, de los cuales en torno al 60-70 por ciento son de cadena corta y no afectan a los niveles de colesterol.  Dos vasos de leche aportan el 60% de calcio, mineral imprescindible para la vida. La caseína, fosfopéptidos, lactosa y vitamina D se conjugan para hacer que el calcio sea asimilado por trasporte activo en el intestino.   Las grasas saturadas se encuentran en una proporción de 2,5 gramos por 100 mililitros de leche. las cantidades de colesterol no son lo suficientemente significativas como para causar el aumento de los niveles de colesterol sanguíneo.

Además, los ácidos grasos trans de la leche caracterizan por incrementar los niveles del colesterol HDL  (bueno) y APo A1 y no modifican tampoco la relación total del colesterol. La leche de cabra no tiene aglutininas lo que conlleva que el volumen de los glóbulos de la grasa sean pequeños, lo que la hace digestible, la que más. Y tiene mayor cantidad de ácido linoleico y ácidos grasos de cadena corta.

Los expertos en nutrición apoyan la recuperación de los lácteos en todo tipo de personas y sus dietas saludables porque no aumentan el riesgo cardiovascular, afectan poco a la colesterolemia y, en cambio, ayudan a reducir la tensión arterial.

Otro tanto ocurre con los lácteos fermentados ricos en grasa, como el queso o el yogur, hay evidencias de que la grasa saturada que contienen es neutra o incluso reduce ligeramente el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular y diabetes. Aunque a algunas personas el queso les puede incrementar el nivel de colesterol.

Esta es la principal novedad del informe Consenso Sobre las Grasas y Aceites en la Alimentación de la Población Adulta, elaborado por la Federación Española de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD) y coordinado por el doctor Emilio Ros, miembro del servicio de Endocrinología y Nutrición del hospital Clínic de Barcelona y jefe de grupo del CIBER Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición del Instituto de Salud Carlos III. El texto fue presentado en el marco del III Congreso de la FESNAD, que aglutina, entre otros, a la Sociedad Española de Nutrición (SEN), la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO). En él, el Dr. Ros explica que: “Esta nueva recomendación se basa en considerar que los lácteos, además de ácidos grasos, contienen multitud de otros nutrientes capaces de interaccionar con estos sobre vías metabólicas relevantes para la salud”.

Contra las dolencias cardiovasculares

Según el estudio, el consumo de lácteos recomendado para las personas con riesgo cardiovascular sería el mismo que para la población que no presenta esos riesgos. Además, el Dr. Ros recuerda que: “Una dieta baja en grasas y por tanto alta en hidratos de carbono de absorción lenta, resulta inútil para prevenir enfermedades cardiovasculares o diabetes”. Y en este punto, recuerda que la dieta mediterránea es la más idónea. Concluye el doctor Ros que “algo similar ocurre con las carnes no procesadas, que no afectan al colesterol ni al riesgo cardiovascular”.

Queda descartada cualquier posibilidad de autoengaño, tomando sustitutos de la leche no se sustituye nada, es una estafa que nos hacemos.

Con tres cucharadas de avena hago “leche” de avena en casa. He gastado tres céntimos y medio litro de agua, y ningún consumidor las tomaría y tan barata, y le faltan potenciadores del sabor, azúcar, conservantes  y otras. No sigan engañándose, no hay nada mejor para la salud que la leche, siendo conveniente y necesaria a cualquier edad. El contenido de esas “leche” de avena, nueces o lo que sea, es medio puñadito en medio litro de agua, por lo que no debemos considerar en serio su valor nutricional.


José Antonio Rodríguez Piedrabuena 
Especialista en Psiquiatría y Psicoanálisis. Especialista en formación de directivos, terapias de grupo y de pareja

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