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Pilar Urbano —— “La desinformación es la peor de las tiranías”

Con motivo del Día Mundial de la Libertad de Prensa, PROA recibe a la ilustre periodista Pilar Urbano (Valencia,1940), autora de varios libros sobre la monarquía, como La Reina muy de Cerca o El precio del Trono, y de otros temas políticos, como 11-S: El secreto de la Casa Blanca, La gran desmemoria o Yo entré en el Cesid. Después de estudiar Filosofía y Letras, se embarcó al mundo del periodismo trabajando en varios periódicos como ABC, El Mundo o Ya, y en radios tan destacadas como COPE y Onda Cero. Con más 50 años de experiencia, Pilar estuvo presente durante el 23-F en el Congreso de los Diputados. Fue una de las personas que permaneció de pie. Allí fue consciente “de un modo definitivo que la libertad vale más que la vida”.

-Elon Musk ha comprado Twitter por 45.000 millones de dólares, en nombre de la libertad de expresión. ¿Puede Twitter ser más influyente en la opinión pública que los medios?

-Musk no la ha comprado en nombre de la libertad de expresión; su objetivo es la ganancia, juega a su ambición. Twitter influye sobre todo en los jóvenes; pero por lo general las personas culturalmente adultas y con un razonable sentido crítico no se informan a través de Twitter, ni construyen su juicio o su opinión, sobre una realidad importante, en las redes sociales. Estas plataformas son para quien no tiene tiempo o ganas de leerse un libro o un artículo de fondo o un reportaje de investigación. Twitter, Facebook… o las retahílas de comentarios de lectores anónimos no aportan información, más bien son espacios para el desahogo y el exabrupto. Y demasiadas veces desinforman. Hay que tener mucho cuidado con esto, porque, tanto si se emite desde un Gobierno o de una cátedra o de un mass media, la desinformación es la peor de las tiranías.

 -Es evidente que los medios no son tan rentables como hace veinte años, ¿su fragilidad económica los ha hecho más dependientes de los intereses políticos y empresariales?

-Absolutamente, sí. Hoy día, la libertad de prensa está en manos de los propietarios y accionistas. Hasta el director está en manos de ellos. El otro día, hablaba yo con un conocido de La Vanguardia y me decía que era muy difícil ser un periódico neutral y aséptico informando a la vez sobre el Gobierno y la oposición, dirigiéndose a lectores con sentido nacional o con sensibilidad nacionalista. Pero es que los periódicos no están para agradar a los lectores, ni para contentar al corro, sino para transmitir la actualidad tal cual es, sin abdicar de ser cancerberos de la actividad política, o económica o social.

Los medios digitales nacen con la pretensión de ser independientes. Sacan pecho declarando su independencia; pero, cuando llega una noticia comprometedora, no son capaces de publicarla. Hay noticias incómodas, que van a la basura, porque les dan miedo.

Sí.  Miedo. Todos los periódicos dependen del dinero; y el dinero siempre es miedoso. Lo ideal sería tener periódicos corporativistas, cuyos dueños fuesen los propios periodistas.

– ¿No es un idealismo?

– Sí, ¿y qué? Las utopías no, pero los ideales se deben realizar. Es bueno soñar alto y con audacia. Si uno arriesga su dinero, su tiempo y su trabajo, y pone toda la carne en el asador, seguro que hará buen periodismo, porque hará un periódico libre, valiente, veraz, y lo venderá bien, porque será un periódico fiable y atractivo…

– España tiene buenos periodistas, pero la sociedad no lo percibe así. ¿Qué opina de la calidad periodística actual?

– Hmmm. Salvo algunas excepciones, la calidad es nula, ‘cero coma cero’. Primero, los periodistas escriben cada vez peor. Segundo, son muy copiones, fotocopias unos de otros. Una vez me llamaron de tres radios distintas en una semana para preguntarme sobre el mismo tema: el Rey emérito; y los tres periodistas me hicieron las mismas preguntas. Antes había un esfuerzo por diferenciarse, por sorprender ofreciendo novedad y enfoques diferentes. Hoy las portadas son iguales y tratan de los mismos asuntos y hasta titulan igual. Un mimetismo informativo deprimente. Algo está fallando.  No me explico tal falta de originalidad y de ingenio.

– ¿De verdad no cree que en España hay buenos periodistas?

– Sí, los hay, pero… se están jubilando. O se dedican a su columna semanal y a sus libros.

– ¿Estamos abusando de un periodismo de declaraciones y etiquetas?

– El problema es que actualmente, aunque parezca contradictorio, existe menos libertad. Los periodistas publican lo que ‘dictan’ los políticos. Repiten. ¿Desde cuándo los etiquetadores somos nosotros? Si lo quiere hacer un político, estupendo, pero nosotros tenemos que ser el contrapoder y la réplica. Los periodistas deberían ser más valientes, tener más agallas para denunciar lo que va mal en el escenario público. No se trata sólo de dar la noticia, hace falta analizarla, y muchas veces criticarla. Hoy en las redacciones, por temor al paro, hay mucho timorato obediente. Falta raza, impulso crítico. O es un problema de juventud, que mejorará con el paso del tiempo. Se trata de un servicio al lector, no al dueño del periódico, y mucho menos al gobernante.

– ¿Gobiernos sin periódicos o periódicos sin gobiernos?

– Esa frase de Jefferson es bonita pero simplista, porque los periódicos están precisamente para vigilar a quien gobierna. Son, como le dije, los cancerberos del poder, los ‘guardianes del heno’. La esencia de la democracia no se basa tanto en que existan o no los periódicos, sino en que el gobierno gestione la res pública desde el pueblo, para el pueblo y con el pueblo.

En España, si un gobierno miente o incumple, y si -aun antes de ser gobierno- deriva y pervierte el sentido del voto ciudadano para amalgamar una mayoría espuria, falsificada, de componendas oscuras, de concesiones y apoyos indeseados, ese gobierno está faltando a la ética política y a la pureza democrática.

El problema hoy y aquí es que se cuida el contenido –para ser ‘políticamente correctos’–, pero no las formas: se da de mamar al bebé desde el escaño del Congreso, los diputados van en camiseta, se impone el estilo faltón, etc. En el Parlamento apenas hay discurso con razonamientos; en cambio, abunda el insulto, el zasca, la gresca, no el debate, ni la controversia. Y los periodistas que han de relatarlo no pueden trasladar al público qué va a hacer el Gobierno en tal o cual asunto de interés general. Entiendo la discrepancia en el fondo de las cuestiones, ¡pues claro!, pero hablar con claridad no impide el respeto las formas. Por ejemplo, admito tu derecho a defender el aborto y la eutanasia, aunque para mí sean unas prácticas abyectas que pisotean dos derechos humanos.

– Hay gobiernos que quieren ser periódico al mismo tiempo…

– Sí, y financian periódicos o emisoras de radio y televisión, que vienen a ser panfletos propagandistas de lo que interesa al gobierno. Eso tiene un nombre: usurpación del derecho a la información libre, independiente y veraz. Una forma agazapada de dictadura.

Otra fórmula es, por ejemplo, la del presidente Biden, ’demócrata’, elegido para luchar contra las demagogias de Trump. Este señor ha creado un Ministerio de la Verdad. ¿Desde cuándo determinar qué es verdadero y qué es falso depende del dedo del gobierno? Y para más inri, ese Ministerio se integra en el Departamento de Seguridad Nacional. Sin comentarios.

– Por último, quería preguntarle sobre la Monarquía. Durante la Transición hubo un pacto de silencio respecto al tratamiento informativo de la Familia Real. En los últimos años, hemos visto todo lo contrario. ¿Qué opina de esta evolución?

– El ‘pacto de silencio’ nunca existió; sólo un editorial conjunto de los directores de periódicos, para defender la democracia tras el 23-F. Lo que realmente había era un profundo respeto al Rey Juan Carlos y a la monarquía parlamentaria; respeto que cae hecho trizas ante la foto de Botsuana… No pocos periodistas sabíamos desde hacía tiempo un montón de aventuras y amoríos no ejemplares del Rey; pero no teníamos datos concretos y documentados de sus negocios. Y por prudencia callábamos. Pero después de aquella foto, y de la troupe que acompañaba al monarca en esa cacería, todo empezó a desvelarse en público: en columnas, reportajes y libros se fue plasmando con pelos y señales el lado oscuro de la vida del Rey. Pero censurar un mal tramo en la vida de un monarca no puede desembocar en una enmienda a la totalidad de la Monarquía. Como la deplorable gestión de un jefe de Gobierno, no autoriza a poner en la picota a la democracia.

 

Cabe la reproducción de esta entrevista siempre que se mencione a PROA como su fuente original

Análisis

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