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Análisis

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Ejercicio físico y cerebro

El cerebro como los músculos, maleable, plástico, se puede atrofiar, cuando no se le entrena. El ejercicio físico es antidepresivo, ansiolítico y por la liberación de endorfinas que produce eleva la autoestima, el bienestar, los pensamientos positivos y es una poli-píldora que evita muchas enfermedades. El ejercicio físico produce la liberación del factor de crecimiento similar a la insulina circulante en sangre, que entra en el cerebro para contribuir en la producción de neuronas nuevas en el hipocampo, necesarias para las nuevas memorias. La mayor parte del IGF circulante es de origen hepático  y según algunos estudios, ante la ausencia de actividad física, mueren al cabo de unos 21 días.

Los músculos al ejercitarse con intensidad moderada producen irisina, un factor de protección cerebral. Es por lo que mejora la memoria y, al incrementar la oxigenación del tejido cerebral, aporta como resultado mayor agilidad mental, mejor equilibrio. No tenemos dudas que es la mejor píldora anti-edad. He ahí el efecto deletéreo del sedentarismo sobre la inteligencia de las gentes. Y el efecto preventivo frente al deterioro mental. La estimulación cerebral y su mantenimiento en humanos se conseguiría a través de distintas experiencias estimulantes: aprender nuevas cosas, estudiar, escribir, relaciones humanas, equilibrio emocional, actividad mental sostenida… Conocemos los mecanismos a través de los cuales el ejercicio tiene una acción química directa en la proliferación y la supervivencia de las nuevas neuronas.

En estudios con resonancia magnética funcional (RMF) se han observado cambios en el flujo sanguíneo del giro dentado cuando se hace ejercicio. Las últimas investigaciones indican que el ejercicio regular moderado puede mejorar el sistema inmunitario. A ello contribuyen diversos mecanismos, como el aumento del número y la funcionalidad de las células NK (linfocitos, asesinas naturales), y del número de las células dendríticas, eje fundamental de nuestras defensas o los efectos anti-inflamatorios del ejercicio regular. La célula NK (del inglés Natural Killer) es un linfocito, y un componente del sistema inmunitario innato para la defensa del organismo. Interviene en la destrucción de las células ya infectadas y de las células cancerosas, además de regular las respuestas inmunitarias. Se observa, por tanto, cómo el ejercicio previene y cura.

También hay pruebas del papel relevante que juega la serotonina y el aprender y ejercitar la memoria. Y durante el ejercicio y después se produce serotonina, así como en una buena alimentación de nuestra flora intestinal que también la producen. Las aves antes de emprender sus vuelos migratorios segregan serotonina que les impulsa a formar grupo y emprender la ruta. Los antidepresivos pueden incrementar el volumen del hipocampo que disminuye en las depresiones sostenidas en el tiempo. La depresión tiene que ver con la inflamación del hipocampo.

Daños por atrofia que producen el sedentarismo, la rutina, el ambiente empobrecido, tan predominante, tan promovido, y contrario al pensamiento y al cultivo de la mente. Se ha presentado en España un informe del Centro de Estudios del Deporte de la Universidad Rey Juan Carlos que concluye que la inactividad física es responsable del 13% de las muertes. Se lleva por delante 52.000 vidas.

Otra vez he de mentar el dineral que gastamos en los muertos por tráfico -muy necesario-, pero no hacemos casi nada para este problema. Se dice que no podremos pagar las pensiones en un futuro y negamos que tampoco vamos a poder tratar los gastos que la obesidad va a ocasionar. Antes de morir gastamos muchos millones en tratamientos de enfermedades que causan esa vida sin ejercicio. Según previsiones, el 80% de los hombres serán obesos en diez años y gastaremos tres mil millones en mantenerlos vivos.

La función de la vitamina D

El ejercicio diario mejora la función pulmonar, la eficiencia transportadora del oxigeno en los glóbulos rojos, protege frente a todo tipo de cánceres. Si queremos prevenir las enfermedades vasculares y mantener en buen estado el corazón, recetémonos ejercicio físico, dieta mediterránea y sol sin protección en la piel en la primera hora de la mañana o la última de la tarde, también de la misma manera en los niños. Diez minutos al sol y si no podemos, hemos de analizar nuestra sangre para comprobar el nivel de vitamina D.

Si no tenemos el nivel adecuado de la misma, en el primer año de vida, durante el embarazo o la lactancia, o a partir de los 45, el cuerpo activará las glándulas paratiroideas que extraerán calcio de nuestros huesos y en los bebés dará como consecuencia la mala formación ósea, (osteomalacia) y en los adultos la osteoporosis, teniendo relación su carencia con las enfermedades inflamatorias. Actúa sobre el sistema inmunitario y sobre el buen funcionamiento de nuestro cerebro. La vitamina-hormona D la conseguiremos del pescado, de la yema de huevo, de los productos lácteos y en ningún caso de las bebidas vegetales que, de manera tontorrona, se han impuesto como sustitutos de un alimento imprescindible como la leche entera que la necesitamos por su aporte de calcio sin el cual la vitamina D no servirá sola.  El ejercicio físico diario de impacto y moderado de fuerza es generador de hueso y activa la función endocrina de los músculos que, entre otras sustancias, liberan irisina como anti-vejez, anti-cáncer, anti-diabetes.

No nos impacta la muerte lenta que se procuran tantos miles de personas por esa mentalidad de negar y no percibir los daños que nos estamos haciendo con el sedentarismo, la mala alimentación o a nuestro propio planeta, a nuestro idioma con el uso tontorrón del inglés, a nuestra cultura y a nuestra historia, a nuestra salud social y a todo aquello que fragmente la cohesión tan importante en este momento.

*Este artículo forma parte de mi próximo libro «El cerebro que tenemos. Con el que no iremos muy lejos».


José Antonio Rodríguez Piedrabuena 
Especialista en Psiquiatría y Psicoanálisis. Especialista en formación de directivos, terapias de grupo y de pareja

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