Me vino a la cabeza algo que ya he presenciado en algunas campañas electorales en las que he participado durante los últimos años. Es frecuente el acercamiento de compañías especializadas en demoscopia para hacer encuestas electorales «a medida», como una herramienta más de la campaña, con el fin de servir al objetivo de la movilización o desmovilización de los electores. Nunca he visto un comportamiento que no fuera profesional, pero es evidente que la cercanía a una determinada candidatura introduce un sesgo voluntarista —especialmente cuando los resultados son muy ajustados— que podría condicionar, en cierto el modo, el resultado. Creo además que la utilización de las encuestas del CIS con fines electorales, durante los últimos años, ha podido influir y generar la necesidad en los partidos de distanciarse de las mismas y acercarse a compañías demoscópicas de carácter privado.

El fracaso de las encuestas no está en el tamaño de las muestras (el CIS ha manejado muestras de más de 19.000 entrevistas válidas), ni en la metodología (la que más se ha acercado, 40DB para PRISA, utilizaba encuestas online). El motivo está, desde mi punto de vista, en la manera en que los partidos nos hacen interpretar los números, especialmente en las encuestas internas y en las que incluso llegaron a estimar 160 escaños para el Partido Popular.

En palabras del sociólogo y catedrático Juan José Toharia, una de las voces más autorizadas en la desmoscopia española, «dejando aparte al CIS, que juega en otra liga y no acierta ni cuando se equivoca, tenemos que afinar más nuestra capacidad de captar ondas anímicas, que por ahora parecen quedar por debajo de lo que nuestro radar consigue medir con la debida precisión».

Lee en El Confidencial la tribuna completa de Juan Cardona, miembro del Consejo Asesor de PROA Comunicación.