Venezuela en ocho días

El conflicto de Venezuela no se soluciona en ocho días, aunque Pedro Sánchez haya pedido ese plazo para la convocatoria de elecciones, liderando la débil posición común de la Unión Europea que también exige una disyuntiva entre un proceso electoral legítimo o el reconocimiento europeo de Guaidó. Pero el conflicto político iniciado por Chávez; fundamentado en las desigualdades provocadas por el petróleo y en las manipulaciones del populismo izquierdista caribeño; rociado de propaganda por los nuevos expoliadores bolivarianos; iliberal primero e ilegítimo después; y reconvertido finalmente en tragicomedia por Nicolás Maduro, ha producido una fractura social y una crisis económica de las que Venezuela tardará en salir.

Aunque la división interna y el caos político no son los únicos elementos que dificultan una solución negociada. En estos largos años de siglo, el conflicto de Venezuela se ha globalizado progresivamente hasta convertirse en una pieza más del tablero geopolítico. De un lado, se han situado los Estados Unidos, la mayor parte de los principales países latinoamericanos y la Europa democrática, que seguimos siendo. Y del otro Rusia, China y Turquía, que ven en Venezuela un peón intercambiable por una solución favorable en Siria y Ucrania, o por el alfil de la guerra comercial. Los venezolanos han pasado, de las colas y la hiperinflación al mundo de la política global, sin tener que llevarse a la boca.

Y Europa busca un lugar propio que se sitúe dentro de los parámetros democráticos pero fuera de las especulaciones norteamericanas que tienen una mano atada y la otra es la mano de Donald Trump. Un lugar que solo conoce bien Felipe González, que consiste en elegir la democracia, la economía y la energía, en vez del socialismo y la ruina. Pero el justo medio solo es justo si está situado entre dos males. Y por ello el equilibrio entre la democracia y la no democracia no es la democracia a medias o el ultimátum de ocho días. Si no, la restauración democrática legítima.

Por José María Peredo
Catedrático de Comunicación y Política Internacional de la Universidad Europea