La gestión de Asuntos Públicos se ha convertido en una pieza indispensable de la estrategia de todas las organizaciones. En un contexto cada vez más complejo, presidido por múltiples incertidumbres, cambios exponenciales vertiginosos y disrupciones permanentes provocadas por el cambio tecnológico, las organizaciones, cualesquiera que sea su visión y misión, deben tener un potente departamento de Asuntos Públicos con el que trazar una cartografía estratégica en el corto, medio y largo plazo.

Tradicionalmente se ha considerado que esta política de la organización estaba casi exclusivamente vinculada a las tareas de lobby para tener influencia en el conjunto de stakeholders identificados. Sin embargo, el escenario complejo al que antes se aludía, exige una visión mucho más amplia: Los Asuntos Públicos ni pueden ni deben agotarse en el trabajo tradicional del lobby.

Una estrategia y un plan de acción de Asuntos Públicos debe diseñarse al más alto nivel de la organización. Y debe hacerse activando diferentes palancas: comunicación estratégica, relaciones institucionales, protocolo, lobby, RSC, reputación y cualquier otra que sea considerada de interés. Muchas organizaciones tienen departamentos especializados en alguna de estas materias, pero suele ocurrir que no están alineados y trabajan de manera autónoma, sin una estrategia eficaz y eficiente que los atraviese de manera transversal.

Generar influencia

Cada vez es más necesario que los Asuntos Públicos sean globalmente considerados, bien centralizados en un departamento, bien en distintos departamentos que trabajen en red de manera coordinada. Pero ya no es una opción. Es una necesidad. El éxito de una organización depende cada vez más de muchos intangibles que están relacionados con la visión que tienen de nuestra organización los clientes, los ciudadanos, las empresas con las que trabajamos, los agentes políticos y sociales, y en definitiva, el conjunto de la sociedad. Si se quiere generar influencia, el camino pasa por un análisis y unas herramientas como las descritas, pero acaba siempre en la conexión con personas y organizaciones, tener credibilidad y al final generar confianza. Sin esa confianza nunca habrá influencia fértil y duradera. Y esto afecta cada vez más a la cuenta de resultados o a los objetivos que tengamos definidos.

Por Agustín Baeza, consultor de Asuntos Públicos y Comunicación y manager de Asuntos Públicos en la Asociación Española de Startups