En su artículo de opinión publicado en Dircomfidencial, la periodista y empresaria Lucía Casanueva —socia fundadora de PROA Comunicación— reflexiona sobre la sobreexposición comunicativa que caracteriza a nuestra época y reivindica el valor de la escucha activa como condición indispensable para una comunicación eficaz y humana.
Casanueva describe cómo vivimos obsesionados con «contar» y emitir mensajes constantes en todos los formatos posibles —posts, historias, opiniones, contenidos multimedia—, pero hemos perdido el hábito de escuchar de forma atenta y profunda. Esta emisión constante, señala, nos convierte en ruido de fondo, nos aleja de la realidad y genera una comunicación estancada, sin conexión con el contexto ni con los demás.
«Nos estamos perdiendo mucho de la vida si no aprendemos a escuchar, porque desplegar el sentido de la escucha nos da alas y replegarlo nos ensimisma hacia la subjetividad».
Denuncia que la mala comunicación surge cuando no se escuchan con atención las opiniones ajenas ni las evidencias del contexto, lo que conduce a diagnósticos erróneos y decisiones equivocadas. Por el contrario, la buena comunicación —especialmente en el ámbito empresarial— requiere ejercitar la escucha como herramienta estratégica para integrar diferentes perspectivas y alcanzar decisiones acertadas.
Casanueva sostiene que los líderes deben inspirar, persuadir y construir relaciones, y que todas esas capacidades son imposibles sin escuchar activamente a quienes los rodean. Recuerda que en el actual entorno de multitarea, teletrabajo y saturación tecnológica, «escuchar con los ojos» —es decir, prestar atención plena también a la comunicación no verbal— es clave para captar lo que el oído a veces no percibe.
Finalmente, defiende que la buena comunicación es un ejercicio de atención y humildad, que combate las distracciones y permite transmitir con lucidez. «La comunicación sana enciende el altavoz para escuchar sin saturarse de sí misma y transmite con claridad lo que los ojos escuchan con atención», concluye.