Hoy se cumple un año de la elección de León XIV al frente de la Iglesia Católica. A escasos días del primer aniversario de su pontificado, el Papa impone un estilo comunicativo sobrio que invita a una “paz desarmada y desarmante” frente al ruido polarizador que toma el control de nuestras vidas. León XIV no ha necesitado gestos espectaculares para marcar un cambio de época. Lo ha hecho con las palabras. O, mejor dicho, con el modo en que las elige, las modera y las dirige. Frente a la comunicación torrencial y a menudo improvisada de su predecesor, el Papa Francisco, el nuevo Pontífice ha optado por una contención estratégica. Sus discursos son más breves, sus intervenciones están más preparadas y su tono, deliberadamente institucional y diplomático, no busca el titular fácil.
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