Hay expresiones que sobreviven al paso del tiempo porque encierran una verdad casi atávica. Una de ellas es que, históricamente, un negocio se cerraba con un apretón de manos. No sé si realmente cualquier tiempo pasado fue mejor, ni tengo ninguna intención de incorporarme al creciente club de los nostálgicos profesionales que encuentran decadencia en cada avance tecnológico y en cada cambio social. Pero sí creo que detrás de aquella imagen había algo extraordinariamente valioso que estamos perdiendo, esa palabra en peligro de extinción hoy en día. Confianza.
Y no hablo solo de la confianza en los gobiernos, en los medios de comunicación o en las instituciones. Hablo de algo más cotidiano y, probablemente, más importante. Hablo de la confianza como mecanismo básico de relación entre las personas. De esa certeza razonable de que quien tienes delante hará, más o menos, lo que dice que va a hacer.
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